🪡 Primera parte 🪡
La primera vez que BaekHyun vio a ChanYeol fue en su trabajo.
Nada especial. Como otro día, BaekHyun abrió la clínica, y en la entrada de los clientes ya en lista, le sorprendió encontrar a alguien que por rostro no conocía.
“¿Cuál es su nombre?”
“Park ChanYeol. Hum, mi amigo JinKi me ha hecho la cita,” le escuchó, mientras él lo revisó en su agenda de entrecejo junto. Entonces, lo encontró, y en un asentimiento, otra vez lo miró con su sonrisa. “No estoy seguro si lo ha confirmado. Dijo que llamarían, pero nunca he recibido ninguna respuesta.”
“No, a veces olvido confirmar citas. Pero eso no es problema, siempre hay alguien que llega para ocupar un lugar liberado,” le contó, sin razón y con risa. En la normalidad de un trato, con la atención que el chico le estaba prestando, BaekHyun hizo de esto más natural (a su perspectiva). “Todo está en orden, tengo su cita. Le tocaría después de la chica que ve ahí sentada,” señaló, y en ese intervalo que el chico miró atrás, tomó las hojas de su estantería. “Tenga, necesito que me llene esto, y cuando pase, me la entrega, ¿de acuerdo?”
Sin respuesta, ChanYeol solo asintió al tomarlas, y aunque fue un gesto vacío, a BaekHyun no le fue extraño.
Casi toda persona que iba con él tenía su misma pinta: ligero titubeo, desubicación, los ojos planos sobre bolsas de un cansancio claro en pieles demasiado blancas. Para rematar, ChanYeol complementó la imagen con ropa grande, gris y floja, que si estaba ocultando un cuerpo grande, escuálido o menudo, él no sabría.
Al menos por ahora.
BaekHyun solo dejó que él se fuera con pasos arrastrados, y en su distancia, llamó al primero de su lista.
“¿Cha EunWoo?”
Por un segundo todo se puso negro. Esa fue su primera chispa, nada en particular, pero cuando BaekHyun volvió después de su cliente anterior y la vista corrió de aquella sala donde toda la gente se sentaba a su agenda, le vino la segunda.
“¿Kim TaeYeon?” Su voz debió asustarlo, eso pensó, porque su siguiente llamado no fue aterrador. De voz serena y en la creencia de que aquella disposición de sala hogareña con muebles de tonos suaves victorianos, mesas bajas, arreglos vintage y alfombras entre paredes y pisos de madera no había razón para que ChanYeol botara como lo hizo.
E igual lo hizo. Ahí estaba ahora: viéndolo como si la muerte misma hubiese hablado. BaekHyun no quiso incomodar, al ver cómo el sujeto había tirado su pluma con la que estuvo llenando sus formatos, le sonrió sobre otra risa.
La que ChanYeol no correspondió y no le preocupó mucho. Con venia y una disculpa sin musitar, BaekHyun partió ya que la mujer a quien llamó se hubo levantado con sus cosas.
Otra vez no había nada.
Solo hasta ChanYeol aparecer era que veía cómo todo volvió. BaekHyun llamó como era usual, y en cuanto el chico se paró y fue a donde estaba junto a su puerta, a la sala especial, comenzó el verdadero intercambio.
Eso que provocó una tercera chispa para hacer de él algo particular como en ninguna otra persona.
“Bien, ¿puede sentarse en el reclinable? Si trae pertenencias, déjelas sobre la mesa. Voy a tomarlas cuando crea–”
“Maese Byun,” lo había llamado en esa débil voz que apenas debió escuchar después de cerrar puerta y estar hablando. BaekHyun no la pudo pasar cuando le tomaron su saco. Se giró y vio aquellos ojos grandes y negros llenos de una inseguridad... que tampoco le era nueva. “Hm, ¿usted de verdad podrá ayudarme?”
Como era usual, BaekHyun solo observó otro segundo en lo que pensaba contestar. Tiempo suficiente para que BaekHyun alzara su rostro, y en la sorpresa de que aún retenía su medio saco de aquella división que hacía la tela de otro largo debajo, lo soltó, avergonzado. Por más que él le sonrió, reconciliador.
“Por supuesto, señor Park. Debe saber que mi trabajo es excepcional. Si ha sido recomendado, además...”
“No, pero... yo no hablo de eso, si no...” mordisqueó su labio, de nuevo al dañarlo. BaekHyun fue paciente como con todos. Al final, sabía que no cualquiera iba ahí por voluntad. Y esos ojos que lo volvieron a mirar necesitaban tanto entenderlo. “¿En serio podré sanar de esta forma?”
Su pregunta fue algo que sí lo puso contra esquina, porque si a BaekHyun le cuestionaban, algo muy dentro decía una cosa, mas, él ahí con su sonrisa...
“Claro. Es infalible mi trato, señor Park. Le aseguro que saldrá de aquí con una sonrisa,” ya no hubo otra pregunta. Al ver que así era, fue a retomar con una mano enguantada hacia la mesa. “Si pudiera poner sus pertenencias.”
ChanYeol no dijo nada. En la instrucción, le hizo caso. También de ahí vinieron sus hojas, y BaekHyun revisó que todo estuviera en orden, con firma y pacto sellado. ChanYeol lo había aceptado.
Iba ahora al procedimiento.
“Bien, quiero que se relaje y cierre los ojos, señor Park,” eso le dijo cuando fue a regresar donde lo mandó. ChanYeol ya estaba en el reclinable. En esa sala no había nada más, todo un inmenso espacio para un solo mueble y mesa, pero a BaekHyun le fue suficiente en su trabajo.
Al colocarse detrás y acomodar su medio saco blanco al frente por división a modo de cruz lleno de pedrería plateada sobre su saco largo debajo y pantalones del mismo color (casi como un doctor con brillo), sacó de estos agujas, y se preparó quitándose sus guantes plateados.
“Respire hondo, por favor,” pidió e hizo su conexión. En lo que ChanYeol se ponía en paz, él llevó sus índices a sus sienes, donde sintió el calor de esa piel cuarteada. “Y ahora piense en esa persona por la que ha venido.”
Como siempre, un ceño se dibujó en el rostro de su cliente, pero BaekHyun lo supo controlar al mantener su conexión.
“¿Cuál era el nombre de ella?”
“Zzar,” ChanYeol declaró, lo que fue tan extraño. Algo que BaekHyun no calculó en esto.
Lo hizo particular de un segundo a otro.
“¿Zzar?”
“Sí, ella... no, no era una persona. Era mi mascota.”
No estaba acostumbrado a que la gente viniera para tratar de una mascota. Esto sí era nuevo. Si alguien venía a la Clínica de los Olvidos siempre era para olvidar la muerte de un ser querido, el dolor de una ruptura, las malas decisiones y situaciones escabrosas.
Nadie jamás le pidió olvidar una mascota.
“Ella murió hace tres semanas y yo...” ChanYeol continuó hablando, sin que él dijera nada. Lo escuchó, aún con su conexión abierta, a pesar del dolor en su tono. “No puedo soportarlo. Todo este tiempo que sufrió es demasiado para mí. No quiero más recordar, tan solo ver cada día cómo ha muerto en mis brazos... Por favor, Maese Byun, sane mi herida.”
Fue tan potente ese dolor. Uno sin igual, BaekHyun tuvo que reconocerlo. Por lo mismo, no fue sorpresa que al fin tomase ese recuerdo entre sus manos.
Al sacar ese pequeño hilo blanco de la sien izquierda, BaekHyun lo vio brillar por un segundo. Y lo enredó en su aguja antes de que se fuera.
La magia se hizo de la memoria.
“Hábleme más de Zzar. ¿Cómo la obtuvo?”
“Zzar... vino a mí como una cachorra, regalo de Navidad cuando tenía veinte años y yo... pasaba por una fuerte depresión en ese tiempo.”
BaekHyun siguió enredando el recuerdo. De él salió más y más, mientras ChanYeol hablaba. Él lo tejió y toda su historia se hizo en un hilo que giró alrededor de la sala. Incontrolable. Cuando ChanYeol tenía recuerdos fuertes y emotivos, no era fácil de maniobrar.
Aún supo controlarlo. Tan especializado como estaba en su magia de la mente, lo consiguió. Y ese hilo se fue perdiendo en sus agujas.
“¿A ella la tuvo en su casa?”
“Sí, cuando vivía con mis papás. Recuerdo que en las noches, si lloraba, me iba hasta su cama y sacaba un cuento de mi infancia para leerlo. Como si fuera mi hija o algo,” ChanYeol soltó una risita.
BaekHyun notó que de eso hubo otra reacción. Sobre la mesa, donde ChanYeol dejó una caja, algo salió: en alto y sin gravedad, un libro apareció ante sus ojos.
BaekHyun se lo acercó y solo una leída al título le dijo lo que era.
Cuentos infantiles de todos los tiempos.
Ahí estaba, el recuerdo. BaekHyun lo presionó con fuerza entre sus agujas y con un destello este se borró como sus palabras.
“Dígame más. ¿Qué hacía para jugar con Zzar?”
Las cosas en su caja se fueron desapareciendo en lo que hablaba. Cada posesión y objeto que de Zzar tuviera memoria, BaekHyun la fue borrando. De la misma forma, ChanYeol perdió el dolor en sus gestos y tono.
“¿Cuáles fueron los últimos momentos que pasó con Zzar?”
“Ella estaba enferma. La diagnosticaron con una infección, pero resultó que sus riñones ya no funcionaban. Lo que me recomendaron hacer fue dormirla...” ahí a BaekHyun le vino un papel. Resultados de estudios, nada que él entendiera, pero fue claro qué fue si ChanYeol lo dijo. Él lo desapareció igual con el llanto que de ChanYeol brotó, aun de ojos cerrados. “Yo no podía. No quería, ¿cómo podía despedir a mi mejor amiga así? ¿S-Sin luchar?”
“Debió ser algo muy complicado.”
“Sí... pero ella ya no podía más. No estaba comiendo nada, apenas tomaba la papilla, se veía en los huesos, cansada. Yo no podía darle más...”
“No era una vida que mereciera.”
“Pero ¿en serio no hubo más que yo hiciera? Porque siempre que lo recuerdo solo me pongo a pensar: ¿lo he hecho todo? ¿En serio la ayudé hasta donde tuve posibilidad?”
“Señor Park...”
“Y eso cada noche me atormenta. Ahora solo quiero regresar a los días donde desperdicié mi tiempo haciendo nada para irla a abrazar, sacarla otro día más a pasear como sé que tan poco lo hice–muy ocupado yo con mi vida adulta–, aunque ella siempre me esperara ahí, lista para darme un consuelo si yo estaba triste o desanimado.”
“Señor Park,” BaekHyun lo quiso parar. Cada palabra tenía una consecuencia. La fuerza de esa emoción reverberaba, y BaekHyun no pudo controlar cuando ese hilo voló suelto en espiral, contaminado.
No era el recuerdo que borraba, era un pesar. El peor de todos: remordimiento. Y colmar esto con la memoria siempre le tambaleaba en el trabajo.
“No sé si Zzar lo pensó algún día, si yo le hice daño sin saberlo. Si ella creyó que yo no la amaba, porque cuando ella murió en mis brazos después de haberse caído en mi terquedad por hacer que saliera a comer en vez de darle su descanso...”
“¡Park ChanYeol!” Lo llamó y ChanYeol lo vio. Sus ojos se abrieron en ese remolino de hilo que los estaba enclaustrando.
En ese brillo de un recuerdo rojo, lleno de algo anormal como él no bien podía tratar hasta que:
“Lo siento mucho, Zzar,” ChanYeol tocó el hilo y en él apareció la imagen de esa perrita, bien, feliz, viva como él podía recordarla. En la sonrisa que colmó de lágrimas su rostro. “Te amo tanto.”
Fue un breve segundo, pero esa intervención lo reguló. BaekHyun vio que el hilo de rojo pasó otra vez a blanco, y cuando se calmó en velocidad, consiguió atraparlo.
Luego, lo amarró. Con fuerza para no permitir más escapes. Un último artículo salió, una foto de ChanYeol con esa perrita en sus brazos. BaekHyun solo borro, como era su trabajo.
“Tranquilo, señor Park. Ahora su pena se ha ido,” declaró y ChanYeol volvió a caer en el reclinable, dormido. La imagen desapareció, lo último del hilo se deshizo y él quedó con el final para desvanecerlo todo. En otra nueva oscuridad dada por sus cortinas echadas. ChanYeol se vio ahí en paz, y tan tranquilo como no había estado en un inicio cuando su sola voz lo asustó afuera, BaekHyun tan solo lo admiró antes de guardar sus agujas y ponerse sus guantes de nuevo: “Tenga por seguro que a Zzar le dio cuanto podía. Ella lo supo y también le amo. Pero usted ya no va a recordarlo.”
Acomodó un mechón de su flequillo negro antes de susurrar, inclinado en su respaldar junto a su oreja:
“Despierte.”
Lo trajo a la vida. ChanYeol abrió sus ojos de una y en su lejanía, miró todo con duda. Desorientado, quizá de no saber por qué estaría ahí ahora.
“Señor Park, ¿cómo se encuentra?”
Quizá ChanYeol ya no tenía a Zzar en su memoria, pero lo que hizo y en dónde estaba no lo podría olvidar. Y aun de esa forma, ChanYeol le dio una sonrisa.
“Gracias, Maese Byun.”
“No hay nada que agradecer. Su sonrisa me basta.”
Cumplió lo que le dijo, y como cualquier otro, salió para no regresar.
O eso se dijo BaekHyun, pero no estaría aquí ahora si hubiera sido de esa forma.
ChanYeol volvió a su vida después de darle una chispa. Como un recuerdo que él podía marcar, cuando volvió a verlo fue en algo tan inesperado.
“¿Kim KiBum?”
“Sí, él está aquí, tan solo si me permite para que salga,” en otro día donde BaekHyun trabajaba, esa cara familiar le apareció. Fue tan distinta, estaba enmarcada con una sonrisa como la última vez que lo vio, solo no fue amistosa ni encantadora, más bien de disculpa, que a ChanYeol le hizo dudar.
“¿Señor Park?”
“Ah, Maese Byun, ¿me recuerda?” Le preguntó con esa sonrisa suya que ahora quizá algo le podía provocar. No iba a aventurarse en eso aún. BaekHyun tan solo se dio a rememorar el cómo miró a ChanYeol con duda cuando asomó su rostro al exterior por la puerta, como si a alguien buscase y no fuera inusual tenerla abierta.
“Claro que lo hago, digo... es difícil olvidar cuando los clientes fueron casos distintos, pero disculpe la pregunta: ¿qué está pasando?”
“No es nada, solo espero a quien le ha hecho la cita.”
“Oh, ¿es usted quien llamó para hacer la cita de Kim KiBum?” Preguntó, ahora curioso al ver de nuevo su agenda. Otro par de personas ya esperaban en fila, él poco les hizo caso cuando más vio a ChanYeol que siempre lograba encenderle esa chistosa chispa.
“Sí. Él es mi amigo, y solo... espere un minuto, es que no quiere bajar... ¡KiBum!” ChanYeol le señaló. Entonces, todo ese gesto de sostener la puerta y moverse entre el interior y el exterior de la clínica fue claro.
ChanYeol le hacía gestos a una persona fuera, que por lo que él recordaba, estaba en un auto, sin darle mínimo interés a su trato.
ChanYeol lo miró de vuelta, y en otra sonrisa avergonzada, gesticuló en sus dedos lo que dijo:
“Permítame un segundo. KiBum,” con menos volumen se escuchó el nombre al final. Y desde ahí, BaekHyun plagado de intriga, se asomó solo para ver cómo su cliente distinto estaba frente al carro, con golpes suaves de ventanilla en su llamada. “KiBum, por favor, baja. Te están llamando. KiBum...”
“Señor Park,” él dijo, pero ChanYeol no le hizo caso. Tan enfocado en su trabajo, abrió la puerta y jaloneó al dicho KiBum fuera.
“Vamos, demonios. Sal ya.”
“No. No, ChanYeol, carajo, déjame en paz. Te he dicho que no quería.”
“Sí, pero ya es hora. Te toca, necesitas pasar. Si no estarás–”
“¡Maldita sea! ¿Qué te importa cómo esté yo? Si estoy triste, desubicado y listo para reír y llorar, ¿a ti en qué te afecta?”
“Me afecta porque te está haciendo daño,” BaekHyun fue ahí un intruso más, quizá no debió escuchar, solo no se detuvo. Al ver cómo ChanYeol siguió jalando hasta que se dio por vencido, se fue a insistir con su tono lleno de dolor en su boca. “No puedo dejar que sigas de esta forma. Lo necesitas superar, vamos. El Maese Byun es tan bueno, verás que cuando salgas, te sentirás–”
“Pero ¡yo no quiero olvidar! Entiende, ChanYeol. Yo no quiero olvidarlo. Si acaso a ti te ha funcionado olvidarte de Zzar para seguir con tu vida, para mí no. No será igual. Yo no quiero olvidarme de JongHyun.”
“KiBum...”
“¡No voy a olvidarlo jamás!”
“KiBu–”
“Señor Park,” él intervino, y esta vez lo hizo más claro. Al irse hasta donde estaban, se puso ahí en medio. Así salió a colación, y le ayudó en lo que creyó ser necesario: “Perdone, pero si el señor Kim no desea pasar por el tratamiento de la clínica, no puedo permitir que le siga obligando.”
“Pero–”
“Le recuerdo que este tratamiento es cien por ciento a consciencia. Ningún ser debe ser exigido a olvidar. Por algo llena un formato para dar completa autorización de un pacto.”
Eso fue todo. ChanYeol lo entendió, y aunque su sonrisa desapareció para cambiar a un ceño de brazos cruzados, no dijo más.
BaekHyun se fue ahora con el de atrás.
“Lamento las molestias, señor Kim. Le recuerdo igual que si usted desea, siempre puede venir a la clínica, cuando esté listo o en algún caso–”
“Sí, no me interesa. No pienso caer en su negocio asqueroso. Espero se vaya al diablo usted y su magia maldita,” KiBum lo empujó después de eso, lo que fue tan inesperado. Lo había descolocado tanto para hacerlo trastabillar.
Por suerte, no se cayó ni nada. Si se quedó en ese plano fue por la inquietud del momento. Luego...
KiBum se había ido. Tomó el carro y al cambiar de pasajero a piloto, partió en la misma sorpresa que en ChanYeol dejó atrás.
“Oye, KiBum, ¡KiBum! ¡Maldita sea!” Este salió atrás, con manos arriba para llamar en la calle su atención, el carro nunca paró. ChanYeol fue olvidado, como él en su turbación. Hasta que esos grandes ojos lo miraron, de nuevo, con disculpa: “Lamento mucho lo que mi amigo le ha hecho. El cómo lo ha tratado y lo que dijo...”
“No es nada. No sería el primero que me maldice por brujo. Al menos no me mandó a la hoguera.”
“¿Hay gente que de verdad le dice eso, Maese Byun?”
“No quisiera saber todo lo que me han dicho, señor Park,” la incertidumbre y ligera preocupación en su rostro fue algo que lo intrigó ahora, mas, BaekHyun poco le dio ahí importancia. Al reírse como era usual, desestimó la cosa por enfocarse en otra. “Pero usted se ha quedado sin transporte. Le puedo ayudar para conseguir uno.”
“Oh, no es problema. KiBum se fue, pero yo aún puedo–”
“Ya acabo de llamar un taxi,” él mencionó, y en el chasquido de dedos por magia, dio su respuesta. El taxi apareció como dejó la boca abierta del contrario. “Listo. También está pagado. Espero llegue a casa sano y salvo.”
“Maese Byun, pero no debía...” puso un dedo arriba, enguantado por su tela blanca. ChanYeol solo lo vio sin decir más que sacar una sonrisa. “Gracias. Espero recompensarlo por esto otro día.”
“No es necesario. Que tenga buen viaje de regreso, señor Park,” y ahí le abrió la puerta sobre otro chasquido.
Con el que ChanYeol rio.
Al menos, antes de detenerse con la mano sobre la puerta, y al verlo tronó otra chispa que marcaría su vida.
“Maese, ¿le puedo preguntar...?” Como casi nunca le había pasado en su experiencia laboral de diez años y más. “¿Quién es Zzar?”
No supo contestar. Callado, pero de boca abierta, BaekHyun quedó sin respuesta.
Hasta que ChanYeol rio, y en un movimiento de muñeca, desestimó su pregunta.
“No importa, no me lo diga. Seguro no es nada. Gracias de nuevo por esto, Maese Byun. Le prometo que lo recompensaré luego.”
“Sin problemas,” alcanzó a contestar, y cuando vio otra vez esa sonrisa, se fue con tranquilidad.
Sin contar que BaekHyun desde ahí no pudo dejar de pensar en Park ChanYeol.
No tardó mucho en encontrar la siguiente ocasión en la que ChanYeol y él se reencontraron. Si algo agradeció fue saber que no lo hizo de nuevo en su trabajo.
Por más que BaekHyun no dijese que su trabajo era malo–en su totalidad–, la magia del olvido podía ser peligrosa. Muchas personas eran adictas a ella; una vez que la probaban, no la querían soltar y había gente que olvidaba su persona misma por descontrol de esta. BaekHyun no era quién para tratarlo, como Maese que había jurado atender a quien buscara sus servicios, no había forma de pararlos. No cuando muchos de ellos aún a consciencia pactaban el trato.
Que ChanYeol apareciese en su vida fuera de su trabajo era un gusto de verdad. A pesar de que lo hizo de una forma igualmente inesperada.
“Lo siento, yo no quería–”
“¿Maese Byun?” Mientras hacía la compra, BaekHyun oyó esa voz que lo nombraba. Miró arriba, lejos de donde su carrito chocó con el que apareció del pasillo horizontal. Entre pasillos de comida, se encontró con esos amplios ojos que él imitó en su sorpresa, con la sonrisa que no supo replicar, más intrigado porque alguien quisiera reconocerlo afuera de la clínica. “Qué coincidencia. No esperaba encontrarlo por acá. ¿Vive cerca?”
“Oh, señor Park...” no era posible ignorar que ambos se conocían. ChanYeol podría tenerlo en cuenta por ser su medicina, pero él estaba sujeto a olvidar. Después de todo, personas y casos cruzaban sus puertas a cada rato en cada día. Muchos para nunca regresar. Ya había dicho que ChanYeol era distinto, desde un inicio, ahora era más, era especial. “Yo... no, no vivo cerca, solo estaba... comprando algunas cosas en mi pasada.”
No vio cómo hablar. Lo habían sacado de su zona. ChanYeol estaba ahí, en ese sábado por la noche, donde ya casi cerraban la tienda comercial igual que él. Y mientras sonreía con su semblante arriba–aún tan diferente al primero que vio, si acaso no era mucho mejor a la segunda ocasión–, esa simple chaqueta de cuero que cubría una playera negra ajustada debajo–que le hacía notar a cambio cómo esa figura no era escuálida ni menuda como pensó en un principio bajo anchas prendas, sino todo lo contrario– y unos pantalones a juego, él solo quedó en la nada misma.
Con su expresión aturdida.
Al menos contestó a la pregunta para que el otro de ahí le siguiera.
“Oh, es una pena. Por un segundo pensé que seríamos vecinos y no lo habría notado. Entonces, solo estaba de paso.”
“Sí, hum... no suelo comprar cosas cerca de casa.”
“¿No?”
“Bueno, no hay muchas tiendas tan grandes como esta por donde vivo,” ChanYeol asintió y en la confianza que inspiró, BaekHyun recordó cómo sintió la seguridad de decirle como si nada: “Y en realidad no me siento tranquilo de ir a comprar por mi casa.”
“¿Por qué lo dice?” ChanYeol le preguntó, con auténtica curiosidad, más como una sorpresa en la mezcla de porcentaje preocupado que en su ceño podía mostrar.
“Bueno, porque yo... sabe cómo es esto,” ChanYeol siguió, atento a su respuesta. Como el lugar estaba casi vacío a esa hora, a nadie molestaron por quedarse obstruyendo la entrada al área de lácteos. “La gente no suele ser muy amable con personas como yo.”
“¿Como usted?”
“Sí...” ChanYeol se inclinó sobre el manubrio con brazos cruzados, en lo que respondía: “Personas con magia.”
“¿Qué tienen de malo las personas con magia?”
“Pues nada,” contestó con honestidad, más sorprendido él de que ChanYeol no viese las razones obvias. Eso le dijo que él no pensaba igual. Y lo alegró para decir con calma: “Pero la gente piensa cosas malas. Que somos demonios o entes malignos que solo buscan sacar algo de los civiles sin magia. Que es pura falacia y los estamos estafando. O que lo que hacemos va en contra de lo natural. Que somos insensibles y no tomamos responsabilidad sobre las consecuencias.”
“La gente es muy tonta. Se asusta de lo que no conoce y juzga sin permitirse saber más,” ChanYeol se encogió de hombros, y por lo que dijo, le nació un sentimiento sin nombre en ese tiempo. Algo hermoso que se multiplicó cuando puso de añadidura: “Pero ya somos dos. La gente tampoco es muy amable con alguien como yo.”
BaekHyun arqueó una ceja, mas, ver que ChanYeol mostrase un collar debajo de su playera, uno de un dije multicolor que era obvio qué representaba, le hizo entender todo.
Con una sonrisa de labio que ChanYeol correspondió antes de guardarlo.
“¿Le molesta si lo sigo haciendo la compra?”
“En realidad, me encantaría.”
Lo que pasó de ahí no fue la gran cosa. BaekHyun recordó que la plática fue menor, pero ChanYeol y él compartieron algo. Entre cómo paseaban por pasillos tomando las cosas que cada uno buscaba de su lista–BaekHyun supo que ChanYeol era intolerante a la lactosa, ChanYeol que BaekHyun no comía harinas, los dos coincidieron que el pepino era un asco–, el recorrido acabó y ambos pagaron lo suyo, en camino a la salida.
“Mi carro está aquí a la izquierda. ¿Dónde dejó el suyo?”
“No tengo, viajo en escoba,” él dijo, con ChanYeol que enarcó las dos cejas. Después, se rio. “Es broma. Pero en verdad no traigo auto. No necesito cuando fácil puedo reaparecer en mi casa.”
Con eso, en un puf sus bolsas desaparecieron, para él seguras en su casa–ya hasta organizadas–, y para ChanYeol solo fueron ejemplo de lo que decía.
“Increíble. Si más gente aceptara la magia, la crisis ambiental se arreglaría tan pronto.”
“Bueno, la magia no es sencilla, tampoco es una cura de todo mal. Siempre hay algo que debes dar a cambio de un hechizo.”
“¿Y qué se da a cambio de teletransportarse a casa?”
“Oh, eso es algo sencillo. Tan solo una cana,” dijo al mostrarle la que ahora veía en su flequillo negro. ChanYeol rio en su lugar.
“No suena tan mal.”
“No, y gracias a los humanos, ahora puedo cubrirlas con tintes y otras cosas.”
“Creí que a los magos les gustaba mostrar sus canas.”
“Lo hacen,” dijo, cohibido por saber que ChanYeol conociera un poco más de lo que creía sobre su tipo. Alguien hizo su tarea. “En realidad, me gustan. Demuestra mi sabiduría y experiencia en la magia.”
“Es algo lindo. Mi abuela decía que reflejaba el brillo de la luna en nosotros. Como un beso.”
“¿Tu abuela era...?” ChanYeol sonrió, de una forma que a BaekHyun le dijo tal vez había hablado más de lo necesario. “Bueno, son canas bien ganadas. Aunque algunas solo representen mi flojera en caminar o tacañería por irme en taxi o autobús.”
“Le puedo llevar, ¿sabe?”
“Oh, no, no es necesario,” señaló con palmas enguantadas arriba. A diferencia de en la clínica, BaekHyun hoy vestía con traje negro; pantalones a la cintura, una camisa igual y gabardina. Era su atuendo de noche, para no llamar la atención, después de todo, el blanco simbolizaba su magia, pero era vistoso y más con pedrería. “Lo estaría desviando. Yo vivo realmente lejos de esta zona.”
“Entiendo. Bueno, si así desea, lo dejo. Pero aún no olvido que le tengo una compensación pendiente por lo que pasó en la clínica,” él frunció el ceño, con ChanYeol que demostró nerviosismo al rascarse la oreja. “Ya sabe, por mi amistad...”
“Claro. Cierto. Pero le he dicho que no necesita–”
“¿No desea que lo invite a cenar?” Lo calló de boca abierta. ChanYeol igual lo salvó de verse como un idiota. “Aunque si usted no desea, comprendo. No tiene que–”
Un idiota por perderse esa oportunidad de rechazarla.
“Oh, no, sí tengo que. Quiero decir–” se cortó en la evidente sonrisa de ChanYeol. A BaekHyun lo avergonzó, aunque era verdad y se veía evidente cómo pensaba, no quería ser muy obvio. Apenas se conocían... “Me agradaría tener esa cena con usted, señor Park.”
“Excelente. Entonces, es una cita,” se alegró con esa respuesta. Fue solo el inicio de algo. “Oh, y puede decirme ChanYeol, Maese Byun.”
“En ese caso, puede decirme BaekHyun.”
“¿Y lo tuteo ahora?”
“Si no le importa,” ChanYeol asintió entre una risita.
“Tú igual, BaekHyun.”
“Ok, ChanYeol.”
La ceña que compartieron después de que ese día intercambiaran números, sonrisas, diversión y alegría fue solo la primera de muchas.
Tanto que las siguientes veces en las que BaekHyun se lo encontró ya no fueron sorpresa o causalidad. Su vida se empezó a llenar de Park ChanYeol de una forma tan linda.
Entre su día a día, en el trabajo y lo que era su vida, ChanYeol apareció en ella como algo normal. Otra parte más que le daba solo un toque extra a su vida e ilustraba sus noches de felicidad, entre mensajes a horas tardías, citas a cafés y atracciones por igual, con roces de manos...
Que llegaron a más ese día de su cumpleaños.
“¡Alto! ¿No vas a pedir un deseo, BaekHyun?” ChanYeol le preguntó mientras estaban sentados sobre sus piernas en el suelo. Después de tres meses quizá, BaekHyun se había animado a invitarlo. Su amigo, SuHo, le dijo que no lo hiciera como su confidente usual, y le contó que si planeaba traer a ChanYeol a casa era una invitación a su cama.
BaekHyun no vio el por qué no, estaba también ilusionado. En el deseo de que eso se volviera verdad–ya fuese por ir hacia algo más o sexo de una noche–, no pensó retroceder en lo que hacía.
SuHo podría preocuparse por lo que él iba a sentir y cómo iba a quedar después de esa, pero él tenía el poder de decisión al final.
Quería que pasara... lo que debiese pasar con ChanYeol ahora.
En su cumpleaños 30, rodeado de nada más que un sillón-cama detrás y el pastel que él prendió–por magia–, por más que ChanYeol estuviera listo para prender sus velas con encendedor, BaekHyun miró a ChanYeol con una sonrisa, a través de las velas.
“¿De qué hablas? ¿Por qué pediría un deseo cuando tengo magia?” Se rio en respuesta. ChanYeol se sonrojó por igual, mas, no se bajó de su idea.
(Si acaso no se le hizo raro que solo él fuera invitado a la fiesta, BaekHyun tuvo esperanza. En la creencia de que tal vez ChanYeol pensaba lo mismo: primera ocasión en su casa, tarde por la noche, ellos solos...)
“Pero es la tradición. Vamos, ¿o acaso no hay nada que desees en este mundo?”
BaekHyun dudó. ¿Si le decía a ChanYeol ahí y ahora que a él lo quería, iba a obtener su misma sonrisa?
Tres meses no era mucho para conocer en su totalidad a una persona. Quizá para unos, no para otros. Había mucho más que podían vivir juntos, y aún...
BaekHyun quería a ChanYeol.
“¿Se supone que no debo decir mi deseo?” Preguntó medio en conocimiento de la tradición. ChanYeol asintió. “Bueno...”
Entonces, lo miró sobre ese sonrojo de lo que pensaba.
Sopló después las velas. Quedaron en la oscuridad, hasta que ChanYeol aplaudió y sus luces volvieron a iluminarlos.
“Woo. Bravo,” sonrió por su alegría. “Oye, BaekHyun, ¿quieres que te muestre algo?” Lo miró de nuevo con curiosidad de las sorpresas que ChanYeol siempre traía. “Te voy a hacer un truco de magia.”
“Oh, ChanYeol,” se rio, pero ChanYeol lo detuvo. De mano arriba, recorrió su espacio y dejó el pastel junto a ellos, olvidado un rato.
“Espera, espera, hablo en serio. No es un truco como el de cualquier civil en las calles o algo.”
“Oh, ¿no vas a intentar adivinar cuál es mi carta?”
“No. He estado practicando. Estudiando algo sobre la magia blanca y...” arqueó una ceja. “Voy a intentar adivinar lo que piensas.”
“¿En serio?”
“Aja. Exactamente sé que ahora piensas que miento,” se rio. Bueno, eso era cierto. “Y que soy un charlatán.”
“ChanYeol.”
“Sé que crees que esto es una broma. Pero no lo es. Así como tampoco sería que cumpliera tu deseo al pedirte ser mi pareja,” eso lo dejó mudo. Sin palabras y la sonrisa perdida, BaekHyun lo vio, mientras ChanYeol se alegraba más y más solo. “¿Verdad que he acertado?”
“C-ChanYeol...”
“¿Era ese tu deseo, BaekHyun?”
“Sí. Sí, cielos, sí.”
“¿Sí? ¿Sí quieres ser mi novio o–?”
“¡Sí! Si es mi deseo, claro que quiero, tonto. ¿O acaso ya no lees lo que pienso?”
“La verdad eso sí fue mentira, solo esperaba no arruinar–” lo calló con un beso. Al tomarlo de la playera blanca, unió sus labios como tanto deseaba, y en ese roce único, sobre un chasquido al separarse, BaekHyun se vio reflejado con cariño. “Me gustas mucho, BaekHyun.”
“Y a mí igual, ChanYeol,” hubo un ligero espacio para que ambos se admiraran. BaekHyun con esos jeans rotos y playera holgada, una simple decoración que hizo en su cabello fue ponerse un gorro con trencitas de tela y cuenta en la comodidad de no estar en clínica más; ChanYeol con sus pantalones verde militar, flojos y de grandes bolsillos, más su playera justa y ese cabello corto de lado.
Nada importó de ese físico cuando BaekHyun se animó a besar de nuevo sus labios. Lo hizo con tal agresividad que golpeó un poco a ChanYeol para tirarlo atrás. Y al ChanYeol querer sostenerse por una mano cayó en el pastel para llenar de betún rosa su palma.
“Oh... ups, lo siento,” rio en respuesta, pero ChanYeol lo vio, con esa adoración antes de manchar su nariz e iniciar una guerra.
Si acaso pensó que esa noche acabarían en la cama desnudos, ahí terminó la idea.
BaekHyun y su lado competitivo–que ChanYeol también tuvo– salieron para jugar, y entre mancharse el uno al otro de betún, robarse besos y perseguirse por el piso con pastel para embarrar, el cumpleaños siguió tal como debió ser (y no quería).
ChanYeol fue su recuerdo más bonito desde ese día y más.
¿Cómo todo había acabado de esta forma?
En la oscuridad, BaekHyun pensó.
Esos recuerdos eran hermosos. Todo iba tan bien, era una vida linda.
En la inseguridad de lo que estaba haciendo, se preguntó ahora qué iba a ocurrir. ¿De verdad tenían que ser así las cosas? ¿Esta era su única solución?
Tal vez se había equivocado.
“BaekHyun. BaekHyun.”
¿Podría revertirlo...?
“¡BaekHyun!”
“¡BaekHyun!”
“¿Ah?” Ahí estaba de vuelta, en ese comedor donde SuHo lo había citado. Vendían desayunos, malteadas, jugos y cosas muy fit del estilo que a BaekHyun solo le gustó por tener opciones sin harina muy poco caras. Claro que eso a SuHo no le importó cuando le dijo que era urgente verse ahora. Mirarlo frente a él con ese ceño y la inquietud de qué había hecho mal trajo a BaekHyun arriba, más derecho al componer: “Perdón, ¿qué has dicho?”
“Oh, nada, ya sabes, yo solo estoy aquí hablando mientras mi mejor amigo me ignora por su celular. No te preocupes, continúa, no es como si tuviéramos dos meses y medio sin vernos. Quizá nos veamos en otros seis más, pero qué importa.”
Si bien creyó que era solo él siendo un dramático como en cualquier otro día y pudo contestar con un comentario burdo que relajara, BaekHyun vio que iba más allá de eso.
Después de todo, SuHo tenía razón. Había estado ignorándolo un poco y no era justo, por lo mismo que dijo y describía, mucho peor. BaekHyun debía disculparse y no hacer burla.
“Perdona, SuHo, yo solo estaba...” miró a lo que había en sus manos. El celular del que SuHo habló tenía una aplicación abierta, en especial, un chat. Pero él lo dejó. Bloqueado y puesto sobre la mesa, se fijó en su amigo de nuevo con su sonrisa lastimosa. “Lo siento. No es nada. En serio, ya. ahora sí, ¿qué me decías?”
“No debió ser ‘nada’ como has dicho si me has puesto de lado por esto,” SuHo apuntó con la barbilla al celular, y aunque BaekHyun ya no miró, el vibrar en la mesa le dijo que recibía mensajes por igual, mientras SuHo arqueaba una ceja. “¿Es ChanYeol?”
“Sí,” admitió, avergonzado. “Pero ¡de verdad! No es nada, él puede esperar. Le dije que estaríamos juntos hoy, así que ha de entender si no respondo.”
“Y si él sabía que nos íbamos a juntar, ¿por qué te sigue trinando el chat ahora?” Quiso abogar, pero lo cierto fue que el constante vibrar entre ambos no dio cabida. SuHo se cruzó de brazos y él solo puso en ‘no molestar’ su celular con un chasquido. “¿No crees que es un poco intenso?”
“Así siempre es ChanYeol. Es una persona que habla mucho, y le gusta mandar mensajes cortos por separado. No es cosa rara, solo si hay día en el que no respondo, se pone paranoico y llama...”
“Pero hoy no lo hará porque estamos juntos, ¿no?” Sacudió en negación. Fue un poco lento, cuando lo hizo, su celular vibró para mostrar una llamada. ChanYeori leía en su pantalla, y SuHo solo apretó los labios.
“T-Tal vez se le olvidó que saldríamos...”
“Hm.”
“SuHo...”
“Ya dile al niño que esté en paz y al rato le hablas,” BaekHyun asintió, y aunque ignoró la llamada, en un parpadeo escribió su mensaje para decirle eso. ChanYeol solo le respondió un ‘oki’ con muchos corazoncitos–que él imitó– antes de dejarlo solo. Miró a SuHo otra vez con disculpa.
“SuHo...”
“¿Sabes? No me molesta que seas así recién teniendo una pareja,” BaekHyun calló, de labios pegados. Lo escuchó como el sabio que era, su Maese amigo mayor y confidente por tantos años. Fueron a escuelas de magia juntos, se criaron en su lejana comunidad y decidieron venir a Seúl en su mayoría de edad para aventurarse a una vida fuera de protección que les daba mamá y papá para abrirse en este mundo globalizado, atento a nuevas corrientes y reglas, curiosos por magia. Juntos. Todo eso juntos, por algo siempre lo iba a escuchar, y que hablara tan serio hoy como hace mucho no hacía... con él, el que era como su hermano menor... BaekHyun pensó que algo debía hacer al respecto. “El cielo sabe que yo no fui mejor cuando salí con Wendy...”
“O SeHun,” él añadió, con SuHo que rodó la mirada.
(Incluso cuando en su comunidad estaban más abiertos a todo tipo de relación, seguro SuHo veía aquellas relaciones con otros ojos. Había sido en su juventud, muy pronto, solo un deseo de curiosidad. Nada que hubiera prosperado, menos cuando ambos se fueron y ningún mago deseó escarbar por una relación... a distancia).
“Sí, o SeHun. Y sé que aparte es tu primer novio como en toda tu vida...”
“Tampoco es como si fuera malo.”
“No, claro, tú dedicaste tu vida un poco más al estudio. Perfeccionaste en lo mejor tu magia de memoria, y yo... bueno, quedé solo en los trabajos de agua, la conexión del yo con el mundo espiritual y auras,” BaekHyun no dijo más, aún en la escucha, tomó de su malteada de fresa y siguió atento a ese suspiro. “Pero a eso no voy, sino a que, a pesar de que yo entiendo todo es algo nuevo y un proceso para ti, no puedo dejar de pensar que... ¿no te sientes extraño en tu relación?”
“¿Extraño?” Preguntó tras bajar la pajilla y fruncir el ceño. “¿Cómo extraño?”
“Pues, sí, como que ChanYeol es un poco apasionado.”
“¿ChanYeol?”
“O sea, se pone así de intenso cuando no le contestas,” miró otra vez su celular en esa moción, y como no hubo nada, fijó sus ojos en su amigo. Casi esperaba que ChanYeol hablase por arte de magia–badum. “O que apenas se conocieron y ya te pidió ser tu novio. Ni siquiera salieron un tiempo, ustedes dos fueron directo. No tanto directo a la acción, pero sí algo...”
“Pero él y yo salimos. O sea, fuimos en citas, por tres meses nos conocimos.”
“Sí, tres meses, después de que él hubiera sido tu paciente.”
“SuHo...”
“Y eso de que no te he visto desde tu cumpleaños, solo un ratito, ni siquiera en el mismo día, sino después porque quisiste pasarlo solo con ChanYeol. ¡Todo lo que hiciste dos meses y medio atrás fue hablar de ChanYeol!”
“Pero–”
“Sin contar los mensajes que me envías para hablar más de él, sin responder nada.”
“Sí te respondo.”
“Reaccionar con un sticker o un emoji no es respuesta, BaekHyun, conoces cómo soy para saberlo.”
“¿Te molesta?”
“¡Sí! Pero no como piensas,” SuHo dijo con manos arriba. Al palmearlas sobre su pierna, del otro lado de esa mesa circular, lo oyó suspirar en lo que volvía a entenderlo. “Es solo que creo que te estás ofuscando de una manera que no me parece sana.”
“P-Pero...”
“Tu vida no gira alrededor de ChanYeol, BaekHyun. Ni la de él sobre la tuya,” bajó los ojos, en la duda. “Recuerda lo que pasa con las personas que crean una obsesión. Siempre terminan en nuestros consultorios.”
“ChanYeol y yo no somos de ese modo.”
“¿No?”
“¡No! O sea, él y yo... sí, sé que nos hemos apresurado, pero tal vez es lo que el destino quiso. Quizá es para bien, porque él y yo somos... ¿almas gemelas?”
“¿Crees que ChanYeol y tú se conocieron en otras vidas?” Titubeó, sin saberlo, porque, aunque sintiese este inmenso amor por ChanYeol ahora, ¿qué se lo aseguraba? SuHo tenía razón, era su primera pareja, y lo hacía tan feliz experimentar algo juntos, pero cómo distinguir de un amor nuevo a uno eterno. Uno real a una obsesión. “BaekHyun, no quiero ser pesimista ni aguarte la fiesta, pero leí tus cartas.”
“¿Tú hiciste qué?”
“Sé que prometimos no hacerlo, pero fue por algo bueno.”
“¡SuHo! Eso no es–”
“¡Lo hice porque te amo! Como mi amigo y mi hermano, me preocupas.”
“Pero yo jamás–”
“Las cartas dijeron que lo suyo era tragedia,” él negó con sacudidas, sin querer escuchar y sin poder evadirlo cuando SuHo siguió. “Dijeron que ustedes dos llorarían.”
“No. No es cierto.”
“BaekHyun, ellas dijeron que tú ibas a desgarrarte de ira. Te enloquecerá.”
“No.”
“Y que ChanYeol va a–”
“¡Lo que dicen las cartas no es verdad!” Clamó con enojo. Tras azotar su bebida en la mesa y pararse al arrastrar su silla, la gente en el comedor lo miró. Algunos. Y si él se avergonzó por atraer atención, bajó el tonó. No lo que dijo hacia SuHo: “No es cierto.”
“Las cartas no mienten, BaekHyun. Mis ángeles y guías...” SuHo negó, con el ardor que fue brotando desde su pecho a su garganta.
“Pues, si no mienten, entonces, se equivocaron,” siguió con la boca de SuHo abierta para reclamarle. Claro que no lo dejó. Al recoger sus cosas y sacar dinero puesto en la mesa de lo propio, continuó en su punto. “ChanYeol y yo estamos perfectamente ahora. Somos una pareja feliz, nos queremos, nos amamos, y él y yo jamás terminaríamos como tus guías dijeron.”
“BaekHyun...”
“Fue un gusto vernos después de tanto, SuHo. ¿Reagendamos para dentro de seis meses como has dicho?” Lanzó con agudeza.
“BaekHyun,” no lo oyó, lista hasta su propina cuando salió de su asiento. Al menos avanzó hasta pasar junto a SuHo, porque lo tomó de la mano. “¿Qué vas a hacer cuando ChanYeol se entere de lo que le has hecho?”
Frunció el ceño, sin entender. Aunque fue obvio. SuHo se lo dijo directo.
“¿Si ChanYeol descubre que le has quitado una parte de su vida para quedártela...? Por favor, BaekHyun, no quiero que te hagas daño. Escúchame.”
“¡Suéltame ya!” Gritó y se zafó con una ola de hilos que de él destellaron. Estos como onda, llena de fuerza, empujaron a SuHo con todo y su silla clavada en el piso para romper los azulejos blandos y mostrar el cemento debajo, igual que al impactar contra la pared del fondo, lejos de todos, pero listo para dañar su infraestructura con pintura verde caída.
Si antes llamó la atención, ahora lo hizo más. La gente se asustó, lo miraron con ojos llenos de incredulidad, asco, asombro, y sobre todo... terror.
Como si fuera alguien malo.
“Yo... yo...” eso no debía pasar, él siempre había tenido control sobre su magia, cuando usaba sus guantes...
Pero SuHo tenía uno en una mano. En el forcejeo debió quitárselo.
Murmullos se escucharon a su alrededor. Monstruo. Demonio. Y las quejas no faltaron. Esas personas con magia...
“BaekHyun” SuHo aún lo llamó con una mano en su costado. “Siempre estaré para ti. Cuando decidas regresar.”
“No...” negó entre las más voces que reclamaban, puestos para gritar, apuntarlo y decirle todo lo malo que era. Él solo chasqueó para poner más dinero en la mesa, y después, sin voltearse hacia SuHo ni a nadie más, cerró los ojos. “Lo siento.”
Desapareció en el siguiente parpadeo.
Así es como les traigo su historia especial para este cumpleaños de BaekHyun 2024. Quizá lo lean en su momento o más tarde en otro día, igual espero hayan llegado con ganas de llorar, porque a eso vinimos a esta historia 😀
En serio, esta historia es angst, tengo advertencias en la sinopsis (que espero lean). Así no hay reclamos luego~
🪡 Mientras, díganme, ¿qué les pareció? ¿Opiniones sobre la primera parte de este 2S?
🪡 ¿Qué piensan que pasará con este par en esta historia? 👀
🪡 ¿Ideas sobre lo que les dijo SuHo y han leído ahora?
Espero leer sus comentarios de la historia y ver sus reacciones. Muchas gracias por darle otra oportunidad a otra de mis historias. Nos estaremos leyendo pronto en más (y en la siguiente—última— parte de esta, ¡hasta entonces! 💙
Pd. Esta historia fue publicada aquí, en Wattpad, AO3 y también en Twitter/X como tweetfic por si quieren leerla en otra plataforma o formato, pueden encontrar mis diferentes perfiles en mi Linktree de bio.








