Promesas Rotas

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Sinopsis

El raro, el que nadie hace caso, de la clase, pronto descubre que la vida le depara algo mas que continuar en la gris esquina de la que él se ha mantenido y la luz y la oscuridad de la vida le muestran los matices que nunca espero vislumbrar y vivir.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Omar Miguel
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

- I -

Su nombre es Remy Bazán, con una vida… patética, con muchos sueños que son aplastados por la realidad. Que realmente se ha propuesto poco en la vida, y piensa que sus sueños jamás se harán realidad...Alguien con poca fe… parece… poco falta para que su fe desaparezca por completo. ¿Qué o quien se lo impedirán?


Algo podría pasar… Alguien podría ser...


Es un lunes cualquier en la vida de Remy, solo que en este lunes se regresa de vacaciones. Remy cursa el quinto semestre de bachillerato y ya es hora de volver a la escuela, su realidad. Esto no le causa alegría alguna.

Todo es igual en su óptica, la misma gente, los mismos profesores, nada parece cambiar. Como en el tablero de ajedrez, parecen ya todos los roles definidos y cada quien juega su parte. Algunos haciéndolo con mas gusto que otros; Remy es de los segundos.


Siendo tarde salió con una presteza acelerada y entonces, después de dar una gran muestra de ciclismo por la calle y ser casi atropellado mas de un par de veces; llego con mucha apremio... se quedó dormido, para variar.

Los pasillos no son angostos, pero no es el único en ellos, parece que la mayoría durmió hasta tarde y los pasillos parecen un periférico intransitable.


Parecía que Remy llegaría antes de lo previsto… hasta que tuvo un choque inesperado.

En su ansia de poder llegar puntual, o lo mas parecido, tropezó bruscamente con una chica. Ella no cae de puro milagro, pero sus libros si. Sin mirarla detenidamente, la urgencia y la prisa le pisan el acelerador y en un intento de saber de quien se trata, de un reojo disimulado, solo puede ver una cara bonita y un par de ojos cafés, mirándolo nerviosamente sin ningún rasgo de enojo por el incidente. Debería haberla ayudado, pero no quiere que se malinterprete la situación, la lista de rechazos es muy grande y no desea tener uno mas y exponerse a burlas. A modo de excusa solo logra murmurar un magro: “Disculpa”. El cual ni siquiera logra ser respondido y como una desconcertada espectadora mirando como, él se va de la misma intempestiva forma con la que le choco el instante anterior. Y sin palabras la joven recoge sus libros, sorprendida por el suceso.


Con una llegada digna de una carrera de la formula uno, y con final de fotografía, alcanza a llegar antes que el profesor...


Con la agitación de llegar al aula, y con el corazón en la garganta, observa los lugares vacantes y logra ver a su único amigo. Eduardo, quien al verlo le ofrece el asiento contiguo y se saludan como comúnmente hacen. (Ya se habían visto durante todas las vacaciones)


Como es de costumbre el profesor de un aspecto muy pulcro y con seño muy orgulloso, se sienta apaciblemente en su escritorio, como si de un trono se tratara. Se inclina para beber un trago de su café oscuro y observa la lista de alumnos que tendrá en el semestre. Acto seguido echa un ojo a cada uno de ellos. Se pone de pie, erguido totalmente como una lanza, emitiendo una, fría, fija y penetrante mirada a cada alumno; escudriñando su territorio. Era un recorrido fila por fila, mesa por mesa, nadie se escapaba… era su clásico recorrido para demostrar que su autoridad estaba sobre todo y todos. Terminado aquello el profesor ocupa a uno de sus alumnos, una de ellos siendo la preferida, comienza a pasar lista mientras él se postra ante el pizarrón y comienza a escribir en el.


Pensando que puede aprovechar el momento como oportunidad, Remy después de aquella silenciosa inspección, ansiosamente comienza a relatar con Eduardo la razón de su retraso.




¡Ah! Por poco no llego. –expresa con deshago-


Como siempre te quedaste dormido, ¿cierto? –deduce con éxito su amigo Eduardo-


¿Cómo supiste? –pregunta en tono jovial mientras esboza una sonrisa- Además me tropecé con una chica y…




Sin darse cuenta el profesor ya vigilaba sus actos y exclama casi a gritos, y haciendo dar un salto a Remy, interrumpiéndolo.



¿Y que sucedió después Sr. Bazán? –exclama el profesor con tono fúrico atrayendo la atención de toda la clase- ¡Continúe, cuéntenos de su aventura!




Remy deja de hablar quedando mudo y perplejo ante el profesor y este reanuda el acoso.



No se cohíba, cuéntenos de su tropelía. –con voz alta recita el profesor- Que estoy seguro es mas interesante que la clase que estoy por dar.



Con la clase en completo muto vilo un Remy con la cara sorprendida queda inmóvil ante la mirada de todos.



¡Póngase de pie! –ordena enérgicamente-



Inmediatamente Remy se dispone a levantarse de su lugar con poca celeridad. Sobre él todas las miradas de sus compañeros en el salón, todos mudos igual que el, muchos mirando con morbo, con burla pues el siempre ha sido motivo de ella y así ya todos esperaban su respuesta.



¡Cuéntenos que a todos nos interesa!



Los ojos del profesor no se mueven de Remy ni por un momento, apretando los dientes y la furia de su palabras atraviesan el salón de clases.


Entonces la campana lo salvo.

Ó más bien el director que tocaba la puerta del aula. Al ver esto, el profesor le pide que se quede de pie, pues aun no termina la “ejecución publica”.


El profesor intercambia silenciosamente palabras con el director en las afueras del aula por un momento hasta que él entra acompañado de una chica. Y ,oh sorpresa, la misma que Remy casi atropello.

Ya si Remy de por si estaba frente una contrariedad, ahora se espera algo peor.

La chica esta en busca de aquel que casi le atropello y van buscando de salón en salón a quien lo hizo, no lo puede creer.


La entrada de la chica y el director causa una gran sorpresa. Remy murmura a Eduardo que esa chica fue a la que casi atropello. Eduardo le dice que no es su día de suerte. Inmediatamente roto el silencio el profesor fulmina a ambos con su mirada fría.


Remy se imagina lo peor a la entrada del director... Reporte de mala conducta… Citatorio para su padre. ¿Qué podría ser peor?


Pero este le pide que se siente, este vuelve la cabeza hacia el profesor que asiente dignamente ante la orden del director.


La chica primero mirando en general al grupo termina cruzando miradas con Remy y logra reconocerlo, al menos su mirada lo admite, pero no dice nada.

El director declara que tiene algo que decirles y así comienza.



Buenos días estimados alumnos de quinto semestre. –saluda- Iniciando clases vengo a presentarles a su nueva compañera, alumna de este colegio, que estará en este grupo a partir del día de hoy. El motivo que me trae con ustedes para presentarla se debe a que ella es extranjera. Sin embargo no encontraran problema para comunicarse con ella pues habla nuestro idioma bien y fluido, es su segunda lengua. En verdad espero de toda su hospitalidad y buena educación para con ella. Agradeceré que alguien de ustedes pueda mostrarle las instalaciones y las diferentes actividades que tenemos aquí, aun que pierda su tiempo de descanso. Así que denle una calurosa bienvenida. Sean gentiles con ella, me retiro.




El Director se despide de la chica de mano y extiende el brazo en ademan de seguir adelante.

Se trata de una linda muchacha, de cabello rubio y tez clara con ojos cafés. Una chica bella, con el director fuera del aula, no falto a quien le chiflara o se ofreciera a mostrar el colegio y así el silencio fue roto por el alboroto.

Eduardo confiesa a Remy que es un bombón, mientras Remy siente un poco de alivio al ver que no había una búsqueda por su cabeza…


Con un fuerte choque de sus palmas el profesor reanuda el silencio y cada quien vuelve a su lugar.


De la misma forma que el profesor miro a cada uno de sus alumnos en el recorrido anterior, de la misma forma lo hace con la recién llegada. Levanta la ceja, hace una pausa y se dirige a la chica.



Querida, ¿podrías, por favor, presentarte ante este, tu nuevo grupo?



Aquella chica rubia de ojos cafés claros miro sin sorpresa a quienes seria sus compañeros en este nuevo país, en esta nueva escuela. Aclaro su voz y entonces dijo.

-Hola. –dudo la bella chica- a todos. Mi nombre es Michelle Barrera Anderson...

Una presentación algo parca, pero suficiente para cualquiera, o ¿no? No, para el maestro que le agrada la intimidación lo cual parece un arte, predilecto por él.



¿De donde es originaria señorita Anderson? – camina alrededor de ella mientras continua diciendo- Seria muy generoso de su parte dejarnos saber de que parte de la unión americana proviene.



Inquiriendo despóticamente el profesor incomoda a una Michelle que asintiendo empieza a responder.



Nací en Kalispell Montana, Estado Unidos. –miro al profesor buscando aprobación en su mirada, al no encontrarla, prosiguió- Mi familia y yo hemos venido a vivir aquí por el trabajo de papa.


Su padre es mexicano y su madre norteamericana. Usted maneja ambos idiomas. –interrumpió-


Así es profesor, -con incomodidad disfrazada, la rubia respondió- el español siempre ha sido mi segunda lengua, mi papa me la enseño desde pequeña…


Bueno. –nuevamente el profesor interrumpió- Con motivo de darle la bienvenida le daré una asignación que me parece muy adecuada para su arribo a esta tierra.



Disimulando un suspiro de reclamo, Michelle prefirió esperar a que el profesor hablara, antes de preguntar.



Para el día de mañana quiero una pequeña investigación sobre las relaciones de nuestros dos países. –así mirando a Remy continuó- Lamento que siendo su bienvenida, deba ponderar esta pequeña investigación como la mitad de su primera calificación parcial para el semestre.



Leves sonidos de asombro se dejaron escapar de algunos alumnos. Sin poder evitarlo Michelle se permite una pequeña mueca.



Todo cortesía del señor Bazán. –una diminuta, malévola sonrisa se esbozo en el profesor cuando pronuncio lo anterior- El también le mostrara las instalaciones del plantel, entregaran el trabajo conjuntamente, si uno falla, el otro también. Él ya conoce de sobra mis expectativas para con mis dedicados estudiantes. ¿De acuerdo señorita Barrera? ¿O prefiere Anderson? –concluyo el profesor disfrutando ello-




Haciendo una pausa, Michelle miro a aquel extraño con un gesto duda.



No tengo problema con ello, señor. –ocultando su disgusto acepto-


Entonces le sugiero se siente a lado del señor Bazán para que después de clase puedan trabajar juntos. –con un ademan señalo a la mesa donde Remy estaba sentado- Por favor desocupe el lugar señor Ruvalcaba.



Raudamente Eduardo salió disparado del asiento que el profesor buscaba, Michelle tomara.


La rubia se sentó a lado de Remy, a quien solo pronuncio irónicamente: “Disculpa”

Una extraña sensación invadió a ambos. Si bien Michelle no estaba ahí en busca de Remy que casi la atropella en los pasillos; parecía que el tener cerca a aquella rubia incomodaba de sobremanera a Remy, quien la observa a de reojo con desconfianza.


Todo el salón estaba alborotado por la presencia de Michelle, de una estudiante extranjera en su grupo, de el por qué el director se había tomado tanta molestia llevándola y presentándola en ante todos. Así mismo los chicos no pasaban desapercibida su belleza y al mero estilo juvenil lo comentaban

De ojos cafés y una cara angelical, rubia y de un cuerpo digno de una musa, a ningún ojo masculino se le fue el interés de verla.

Para Remy un chico de diecisiete años le hizo dar un trago en la garganta que intento no tomar en cuenta y se sintió aliviado de que terminara la primera humillación del día.


La clase prosiguió y nadie decía palabra ya que el estricto profesor no daba pie a ello.

Y así transcurrieron las dos horas y se esperaba el receso para comer algo.

El profesor se retiró recordando a Michelle y Remy sobre su tarea.

Eduardo consideraba que era una gran oportunidad de su amigo para hacer un avance con una chica nueva pero él alegaba de este modo: “No sueñes. Si tengo suerte terminaremos el trabajo y cada quien por su lado” y termino lapidando el desenlace: “No es bueno hacerse ilusiones con algo tan imposible” Nada sorprendente era que la chica nueva tenía todo el potencial para ser automáticamente de las populares de la escuela y él no tenía oportunidad con un escenario así, “No en esta vida” se decía así mismo.



Remy caminaba hacia la puerta y ya varios chicos se volcaban sobre Michelle, para pedirle una cita o mostrarle las instalaciones, pareciendo, esta, agobiada.

Todo ello era observado por Remy y Eduardo a punto de llegar a la salida, de quienes Michelle se percataba. Caminando en dirección a ellos se escapaba de la muchedumbre que le acosaba. Solo respondiendo a aquellos que la rodeaban con gracias y disculpas.

Se acercó a unos expectantes Remy y Eduardo con cara de desahogo.



Hola chicos. –dijo algo insegura mirándolos de modo suplicante-


Que tal. – solo Eduardo respondió-


¿Nos podemos ir de aquí? –pedía ayuda ella-


Remy la observaba detenidamente, la analizaba, parecía que toda esa atención desmesurada no le interesaba, mientras Eduardo decide ayudarla a salir de ahí.


Con astucia estudiantil perdían a todos los chicos que la seguían; pasando por varios corredores, subiendo y bajando edificios, saliendo y entrando de un lado a otro, así sucedió.


Al final Michelle agradecía a Eduardo su ayuda. En seguida preguntaba a Remy sobre “la pequeña investigación” que debían entregar al día de mañana. Remy estaba muy retraído, hablando con su interior, pensando en quien sabe que.



¿Disculpa? –se conectaba de nuevo Remy a este mundo-



Con una atisbo de incredulidad la rubia lo miro antes de enunciar.



¿Otra vez? –una risita fugaz se le escapo- ¿Vamos a hacer lo que nos pidió el profesor? ¿Ver el colegio, la investigación?



Descendiendo de las nubes, Remy puso los pies de nuevo donde se encontraba con su amigo y la chica extranjera.



Parece que no tengo de otra. –y puso la vista en el piso-



En una mueca de complejidad Michelle responde ante el desencantado anfitrión que Remy estaba siendo.



Lamento que sea así, pero yo no nos metí en este embrollo.



No gustándole a Eduardo el rumbo que las cosas tomaban prefiere alejarse y dejar a su amigo por su cuenta.



¿Saben que? –toca el hombro de Remy antes de que responda- Me voy. –y señalando a la rubia con el dedo índice, dice- Creo que se lo debes amigo.



Trotando sale del lugar el amigo de Remy, dejándolo con palabras en el aire que no lo llevaban a una mejor situación.



Si te disgusta, yo puedo hacerlo sola. –resuelve Michelle-


No. –ordena sus pensamientos Remy- No me disgusta, ya sabes, debemos trabajar juntos. –recuerda él-



Mientras que Remy miraba su reloj, Michelle se impacientaba.



Entonces, ¿a que hora o en donde? –interrogaba ella-


Ahora. –definía Remy-


Nos queda medio descanso. – se extrañaba-


Lo se, pero tendremos que saltar el resto de las clases.



Michelle frunce el ceño no comprendiendo lo que aquel apenas conocido dice.



No vamos a terminar a tiempo si empezamos mas tarde. –ahora es él quien se impacienta y laza su vista lejos de la rubia-


¿Por qué?


A este profesor nada le satisface y una tarde no nos va a alcanzar, no si queremos una calificación aprobatoria y desearía comenzar el año con un poco de suerte. –señala con pesimismo él-






La poca vida que Remy conocía era simple una formula que le daba un frágil equilibrio. No ser popular ni sociable, no ser un genio pero tampoco un retardado le habían enseñado a tratar de mantener notas aprobatorias en la escuela y de esa forma así pasar desapercibido en casa, sin dar molestias, simple; era un nuevo año escolar y el no quería empezar mal.



Pero el dijo que seria una “pequeña” investigación… -Michelle inquiría-



Solo Remy miro a la chica con una mueca de “¿en serio?” a la espera de su reacción.



Dé acuerdo... – Michelle acepta pensando y reflexionando sobre las palabras, aun, inciertas de un casi desconocido.



Entonces salen de los pasillos y van a la biblioteca.

En el camino a un destino desconocido, Michelle pensaba que tal vez este “Remy” podría mentir y solo buscar lucirse con ella. No le cautivaba toda esa atención de sus compañeros de clase. Creía que posiblemente él quería tomar ventaja de esa situación. Sin embargo algo dentro de si no la convencía, él no era normal, de eso estaba segura.


Al llegar a la biblioteca, había un cartel que convocaba a la comunidad a un concurso de literatura, el cual observaron ambos. Este decía así: “XIX concurso estudiantil de literatura nacional.” Donde se convocaba a todo interesado a participar en el; haciendo destacar su calidad literaria y creatividad. Categoría libre, los trabajos serán escritos en prosa, etc. Una vez dentro de inmediato Remy busco libros relacionados con el tema, y Michelle aun ni siquiera sabia que buscar y veía como el de un momento a otro tenía un libro en mano y ya leía. Michelle se sintió inútil y pregunto a Remy que podía hacer.



¿Y yo que hago? –ofreciendo ayuda pregunto-


No se busca algo sobre el tema.


¿De que? ¿ No seria mas fácil buscar en Wikipedia, la web? –con un rostro inocente sugería la rubia-


Con tono mas serio Remy dejo el libro y cortantemente exclamo.



Yo entiendo, si no quieres estar aquí puedes retirarte, yo terminare el trabajo y lo entregare mañana a nombre de ambos. –desviando la mirada- No sería la primera vez que me pasara. –frunció el ceño en modo de disculpa- Se que las chicas como tu prefieren mantenerse alejadas… -paso saliva- mejor no finjamos y dejémoslo de esta forma.




No queriendo ser hostil, Remy sugería sobre lo que en realidad ella podría querer, lo cual ofendió a Michelle, la hizo sentir despreciada; a la cual expreso.



El trabajo es de los dos y es mi responsabilidad ayudar. –lo decía con un tanto de coraje, ella no era de las que se daban por vencidas- No soy un parasito.



Remy noto el brillo en los ojos de ella, le sorprendió, no dijo nada; pero lejos de responder agresivamente, sintió algo raro en si, algo que no sentía muy comúnmente, ese sentimiento que te dice que haz hecho mal, ¿remordimiento? Se preguntaba.



Además no tengo ningún amigo aquí, acabo de llegar, solo te conozco a ti que casi me atropellas en los pasillos. – decía en un modo cándido y con rostro angelical, le regalo media sonrisa-



Nuestro querido amigo tenía prácticamente nula experiencia en estar acompañado con chicas, no sabía como responder a nada que fuera un rechazo de alguna de ese genero; el seguía con la idea de no hacerse falsas ilusiones con esta chica en particular. Pero debía dar crédito a que ella si estaba interesada en llevar a cabo el trabajo asignado.



De acuerdo, si quieres ayudar busca en aquel anaquel –apunto a su derecha- el cinco hay un libro sobre la guerra del 47, busca la información relevante. Este profesor es de los que les gusta el trabajo a la antigua, nada de medios electrónicos. Entregar el trabajo con una completa bibliografía sobre las fuentes que él pueda verificar es lo mismo que no hacerlo.



Indicaba el para de algún modo distraer la mirada de Michelle sobre el que no se le despegaba pero muy claramente pudo ver la disimulada sonrisa que le otorgo y sin aceptarlo totalmente, eso le gusto. Ella asintió y puso manos a la obra.



Los salones de la escuela se iban vaciando como hormigueros y poco a poco el silencio y la tranquilidad se apoderaban del lugar.

Las dos y media de la tarde ya habían dado y Eduardo llegaba a echar un vistazo a su amigo. Al entrar mudamente estaba vacía la sala, solo su amigo y la rubia, los dos leyendo varias torres de libros, y al verlos, sonrió y prefirió retirarse sin hacer notar su presencia; pensaba que tal vez esta ocasión su amigo podría estar con una chica, una cara de satisfacción se dibujo en su cara al alegrarse por su amigo y así se fue.


Media hora después la bibliotecaria les pedía que se fueran, ya que cerrarían la escuela.

Remy pedía varios libros para llevárselos, y Michelle se veía agotada.

Al salir de la escuela; Michelle preguntaba el que harían y Remy replico al respecto con un tono determinante.



Tú a tu casa a dormir y yo a terminar el trabajo en la mía.


Ya te dije que el trabajo también es mío... –la chica daba un ultimátum-


Si quieres terminar esto tendrás que ir a mi casa, a menos que terminemos en la tuya. –daba alternativas Remy-


Creo que será en tu casa, yo aquí aun no tengo computadora o internet. –decía resignada ella-


Entonces ve a dormir, estas cansada... –insistía, no la quería cerca por que no sabia que hacer con ella en su casa, era impensable-


No. De ninguna manera. –y con un sentimiento extraño decidía Michelle- Iré a tu casa, eso si no te importa.




Era una rara primera vez, Remy llevaría a una chica a su casa. Una situación demasiado inesperada. Solo su amigo Eduardo había entrado a aquella casa a la que el aun trataba de llamar hogar. Y por primera vez una chica entraría, una chica y no cualquiera, una nueva, linda, extranjera. No sabia como reaccionar y solo quería sacar de su cabeza esas ideas.



Dé acuerdo vivo solo a algunas calles de aquí, si te dejan... –intentaba expresar demostrando un poco de seguridad-


Esta bien. –saco su teléfono celular- Solo déjame llamar a casa.



Después de la llamada caminaron por aquellas calles con hojarasca en el pavimento, calles desconocidas, de nombres raros para Michelle. Donde las casas eran distintas a las que ella recordaba de su anterior vecindario, diferentes. Ella no dijo nada mientras solo lo que hacia era seguir a aquel extraño y extraña era la sensación de ella pues si bien no sentía amenaza de aquel muchacho, si experimentaba una rareza proveniente de él; parecía hostilidad, pero no una normal era tristeza… angustia… pero sobre todo… una extraña ternura. Ahora entonces era ella la que se sentía extraña. ¿Por que un extraño le compartía tanto sin decir una palabra? Y una pregunta mas grade aun ¿Por qué ella se dejaba llevar por todo aquello? La respuesta le fue desconocida.


Y así llegaron a la casa de Remy, y Michelle comentaba que estaba muy cercana de la suya, eran vecinos, Remy solo ignoraba, se desconectaba por momentos. Le amenazaba lo desconocido, sin importar en que contexto fuera, tener una chica en casa lo tenía en shock.

Al entrar no había nadie, y Michelle preguntaba, y Remy solo respondía que siempre era así, subieron las escaleras y entraron al cuarto de él y de inmediato encendió la PC y comenzó a leer. Michelle después de admirar opino que su cuarto era muy agradable, y Remy solo hacia hincapié en que debían trabajar por que aun faltaba mucho trabajo.


El ser inaccesible, Remy, le ayudaba, infantilmente, a batallar la incomodidad por tener a esa chica de ojos cafes tan cerca de él, en su casa, en su habitación. Ponía una barrera entre ellos. Cada vez que la miraba de un disimulado reojo le parecía mas atractiva. Sin embargo, “no quería hacerse falsas ilusiones”. Ya la experiencia le había enseñado una lección cuando eso pasaba, era preferible seguir así a vivir otra vez aquello.


Por su lado Michelle descifraba lo anterior, de un modo distinto; se daba cuenta que el no quería sacar provecho de la situación. Pero entonces miles de preguntas pasaron por la mente de la rubia. Jamás había estado con alguien “así”. Si alguien le platicara el día que ella estaba viviendo; honestamente opinaría que pasar una tarde con un chico raro en su casa, ella jamás lo habría hecho. Pero ahí ella se encontraba, siendo ella misma.


Remy miraba atónito la confianza que demostraba, ninguna chica va hacer un trabajo el primer día de clases con chico que ni conoce y que casi la atropello antes de siquiera saber su nombre y mucho menos a su casa. Y menos con él.


Michelle intentaba romper el hielo entre los dos mientras Remy hacía en trabajo sin decir palabra. Ella hacia comentarios, pero solo tenían como respuesta un monosilábico “si, aja, ok” sin ninguna expresión mas. En el transcurso de la siguiente hora, Remy disimuladamente contemplaba a Michelle leyendo, en una pose muy tierna, como una pequeña niña leyendo un cuento; y la miraba fascinado de esa ternura; se llenaba de ese sentimiento, sin embargo se regresaba a la realidad de un golpe, recordándose quién era el mismo.

Los bien intencionados intentos de su anfitrión de mirarla disimuladamente no tenía mucho éxito, la rubia ya lo había cachado mirándola. No con morbo o perversión, lo hacia casi de un modo inocente. Tratando de desentrañar el acertijo que se estaba volviendo él para ella, también lo miraba de reojo.


Aun con todas las trabas que Remy ponía, Michelle lograba robarle una sonrisa cuando comentaba que el maestro era muy estricto que jamás había conocido a alguien como el tan amargado. Remy río, ante el inocente comentario de ella, y la apoyo, confesando que de hecho su apodo era el “Amargator”. Parecía que el hielo se rompía y ya daban las cinco y media de la tarde, sin terminar. Él ofrecía unos emparedados y un vaso de soda, y Michelle aceptaba, y Remy bajaba a prepararlos.


Fue entonces mientras Michelle escuchaba los pasos de Remy bajando las escaleras, que se reclino en la silla de escritorio y miro el techo de la habitación. Contemplo ahí distintas estrellas alineadas como constelaciones y cada una con una nota, un nombre, un comentario, no supo descifrar.

Bajo la mirada observo varias carpetas en su escritorio, y por curiosidad una de ellas le llamo la atención. Era una de cuero rojo deslavado, curtida por el tiempo hojas viejas, amarillas se notaban en el canto, la abrió, si bien el papel era viejo, la escritura ahí plasmada no lo era… era una especie de novela o historia, ella las leía y le gustaban, se engancho tanto con ellas que se adentró totalmente. Le conmovió los relatos que describía, una melancolía le lleno, eran tristes, el sabor en su garganta cambio a amargo; el drama que llevaba parecía sacado mas de la vida real que de la mente de un chico adolecente. ¿Cómo alguien como él podría haber escrito aquello? Michelle no sabia nada de él pero los pensamientos en los escritos eran fuera de serie.

Se olvido por completo de Remy preparando un refrigerio y del trabajo; en verdad estaba absorta. Los ojos se le mojaron… la garganta se le seco… ¿Como solo palabras escritas en papel tenían el poder de hacerle aquello? Una Michelle se perdió entre los párrafos.


Y sin hacer ruido Remy entro contemplando lo que la rubia hacia y al ver lo que leía se molesto, se apeno, se avergonzó; sintió tanto tan rápido, de golpe, se sonrojo



No deberías ver algo que no te perteneces y sin permiso.


Michelle cerro lentamente aquella carpeta sintiéndose como aquella niña que es atrapada con el chocolate prohibido. Y solo reparo en decir.



Discúlpame… -dio un trago en la garganta y continuo- pero son muy buenas. Y no pude dejar de leerlas.



Con un coctel de sentimientos encontrados, sin saber que decir Remy respondió.



Gracias, pero no debiste de hacerlo. –suavemente agradeció buscando seriedad-


Te pido perdón. –buscaba sus ojos con los de ella- Discúlpame, no era mi intención. –Michelle se ruborizo-



En la incertidumbre de no saber que contestar y dejar su mirada lejos de ella termino encontrando su rostro, contemplando sus pómulos ruborizados, subió mas la vista y de lleno la miro a los ojos, se perdió por un instante en ellos.



De acuerdo. –él la disculpa aceptaba con una naturalidad fuera de si mismo-



Pensando por un momento no decidió abstenerse de dar su opinión y sugerir algo; la rubia saco esa perspicacia.



Oye y ¿por qué no te inscribes en el concurso? Podrías tener muchas oportunidades. –con animo declaro-


Remy se negó prontamente, justifico que eran algo mediocres las que ya había hecho y que no quería sufrir una decepción.

Michelle lo intento convencer diciendo que a ella rápidamente la atraparon; aun así él se negó y prefirió seguir trabajando.


En menos de un día Remy tenia una chica en su habitación y había derribado complejos que lo ponían a compartir, a la fuerza, algo tan privado y propio.


Media hora después Michelle se había dormido en el sofá de la habitación, siendo testigo de esto Remy la cubrió con un cobertor, con la misma ternura que la vio leyendo, y siguió trabajando.


Que extraño día el estaba viviendo.


Pasaron dos horas y ya casi daban las nueve, teniendo que despertarla



Michelle… -con delicadeza tocaba su hombro- es tarde ya.



Michelle lo hacía, con el rostro de inicio de una nueva mañana, Remy la miro, pudo ver lo profundo de sus ojos nuevamente, contemplo la perfección de su piel y deseo poder tocar sus labios, unos labios que jamás había visto de tan cerca. No daba crédito a lo que pasaba por él y lo eliminaba pronto de su mente diciéndose a si mismo: “Hacerse ilusiones no deja nada bueno, no al menos para mi” Todo pasaba mientras ella pedía disculpas por quedarse dormida.



Perdón me quede dormida. –confesaba lo evidente-


No te preocupes ya termine. –informaba desahogado- Sera mejor que te vayas, ya va a dar las nueves de la noche.



La chica extranjera respiro hondo y apaciblemente miro a su alrededor notando la manta con la que le habían cobijado, se le hizo tan grato



Claro. Muchas gracias por cobijarme.


No hay problema. –encogiéndose en hombros él decía- no es nada. –finalmente despego los ojos de los de ella.





El sol ya tenía rato de haberse ocultado y ya la noche reinaba con una luna resplandeciente en lo alto. No se le hizo justo a Remy dejar ir sola a Michelle. Y nació en el la oferta natural de acompañarla. Michelle miro como el chico que por la mañana casi la atropellaba cambiaba por completo, pensó que era de lo mas normal, pero él no era normal era algo mas.



Ya esta obscuro, si gustas te puedo acompañar a tu casa... –ofrecía Remy-


Me parece bien, te lo agradeceré. –Asentía Michelle son una sonrisa-



Michelle cuestionaba el que Remy pusiera una barrera entre los dos. Le agradaría ser su amiga.



Después de todo esto podríamos ser amigos, ¿no crees?



Aquella solicitud lo tomo desprevenido. Fue titánico el hacer funcionar todo lo vivido y ahora esto.



Las chicas lindas como tu no quieren ser mis amigas. –eso era de otro mundo para él-



Ante el cumplido implícito Michelle no entendía, él continuo.



Yo soy a quien llaman patético, perdedor y tonto, no deseo un desaire mas Michelle. – agacho la cabeza para mirar a sus pies-



Asombrada por lo anterior Michelle se no daba crédito a las etiquetas que él ya se adjudicaba sin provocación. Aun que sonaba muy honesto nadie debía llamarse así.. Y no encontraba conexión entre este Remy, un chico amable y la impresión de los demás, no lo creía.



No conozco a los demás, pero eres una persona muy agradable. – giro la cabeza para mirarlo mas de cerca- Te han dañado, eso es claro.



Al escuchar aquellas palabras Remy se sentía muy vulnerable, pero no de un modo negativo. Pocas veces alguien le hablaba como ella lo estaba haciendo en ese mismo instante.



Quiero ser tu amiga, sin pretensiones, prometo que no te causare ningún daño.



Remy se sintió halagado por ello, nadie le había dicho eso, en especial una chica, no sabia si confiar o negar; vaya que una chica linda cuando te pide algo con ese ángel que le caracteriza te pone en aprietos y así Remy sintió, pero antes de eso Michelle termino.



De donde yo vengo algunos me llegaron a rechazar un poco por ser de sangre latina aunque soy como cualquiera de mis compañeros.


Conocerás más gente aqui Michelle. –buscaba una salida- Hoy fuiste una sensación en la escuela. Pronto habrá quien no se despegue de ti. Y yo soy… soy cualquiera.


No conozco a nadie Remy. Hoy conocí en la mañana a un chico de reojo que casi me atropella en una bicicleta –rio- que si todo hubiera quedado ahí, concordaría contigo. Pero hoy ese mismo chico se convirtió en otro agradable y sincero. Yo quiero ser amiga de ese chico.



Michelle si bien no entendía de todo a Remy quería ser su amiga para acabar de conocerlo. En Remy surgió un pensamiento nuevo, que era hora de salir del cascaron. Cuando llegaron a la casa de Michelle.



Entonces que dices, ¿amigos?




La cara de Michelle se veía iluminada por la luz de la luna brillante que alumbraba la noche, diciéndolo en tono muy tierno con una gran honestidad, que podía convencer. Era una propuesta innegable. Esto lo aceptaba Remy, quien ya sé deicida.



Suena maravilloso –titubeaba el muchacho-


Si es así, ¿Por qué no? –insistía la rubia-


Me suena al canto de las sirenas. -sonrió- Tan bueno es que me hace dudar. Se que haz de creer que soy un bicho raro al escuchar esto. –entonces si alzo la cara para mirarla con honradez- Parece que me estoy haciendo del rogar, ¿pero podrías esperar un poco?



Aun sin poder descifrar a este nuevo chico Michelle algo miro en sus oscuros ojos y sin dudas respondió.



Esta bien. No hay problema... –Y sonrío Michelle ante reflejarse en la misma sonrisa de Remy-



Michelle le ve y le dice que tiene una linda sonrisa; que debería sonreír mas seguido; ella se despide y le dice que mañana se verán en el colegio, y Michelle se despide de el con un beso en la mejilla, una casualidad, solo nada que a Remy sorprende y no dice palabra.


Al entrar a su casa, Michelle se pregunta que estaba haciendo con el chico mas raro de la escuela que podría encontrarse. ¿Porque ella misma se insiste al tener un amigo como el? un sentimiento ambiguo fue lo que la impulso, una atracción, algo que no podía decirse, que no entendía. No entendía como alguien puede escribir algo tan bello y desgarrador a la vez y al mismo tiempo parecer tan sereno y cobarde a los ojos de la gente y a su vez darle algo a ella… esperanza.


Se cierra la puerta de la casa. Las penumbras lo acompañan. “Que día…” se decía en voz baja. Un muchacho, un joven… Remy. Todo lo acontecido este día él lo repaso en su cabeza. Se aliviaba de lo bueno y se auto flagelaba de lo malo. Entrando a su habitación cuando encendió la luz miro aquel sofá donde la rubia había dormido, el cobertor con que la cubrió, parecía que aun podía sentir su calor… su aroma seguía ahí. Y todo lo invitaba a soñar… a soñar.


“Por fin algo cambio en su vida…” como alguien alguna vez mucho tiempo atrás le había vaticinado. “Todo algún día cambiara…”aquella lejana vez no fue nada gratificante al final… pero eso era lo que ella le había dicho.


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