Aun En El Apocalipsis | Chanmin por ˖ Marennie ˖ en Inkitt
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Aun en el apocalipsis | Chanmin

Sinopsis

Seungmin se encontró con Christopher por casualidad justo cuando creia que más lo necesitaba; así que gracias a eso y a pesar de la situación, nunca dejaría de sentirse agradecido con la vida. ._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._. • Historia Chanmin corta. (Bang Chan y Seungmin) • Escenas levemente explícitas en cuanto a sangre y se tocan temas delicados como la muerte. • No se intenta asumir la personalidad ni sexualidad de nadie.

Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Uno

No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba en ese pequeño callejón obscuro, revisando por todos lados que no viniera alguno de esos caminantes a por mí para comerme como había visto que lo hicieron con otras pobres personas que al final acabaron convertidas en la misma horrible cosa de la que tanto habían estado escapando. Podían ser minutos o fácilmente horas, pero en el momento era lo de menos, pues tan sólo unas pocas horas atrás había visto pasar a la muerte ante mis ojos.


Recargaba mi peso contra mis rodillas con ayuda de mis manos mientras respiraba agitado, ya que sólo hacia como media hora que tuve que usar una bara de metal que reposaba en el suelo para golpear a uno de ellos en la cara mientras corría. Mi ropa permanecía mojada por mi sudor y manchada de rojo por todas partes debido a la sangre. Cansado y harto me preguntaba cuándo terminaría todo eso, ansiaba ver a mi familia, a mis amigos, volver a cuando era un niño que además de vivir sin preocupaciones, podía estar tranquilo en una tarde de películas en el sillón de su casa, con su madre acariciando su cabeza mientras su padre cocinaba y de vez en cuando le hablaba para ir a probar su comida. En ese momento, lo añoraba más que a nada.


Con abundantes lágrimas en mis ojos caminé por fin, decidido a irme de ese lugar lo mas pronto posible. Quería cruzar al otro lado del callejón, con la esperanza de regresar con mi familia y a la vez rogaba que la misma siguiera con vida.

Mis manos sudando y mis pies doliendo, no podía más. Ya no quería seguir en esa pesadilla.


En cuanto retomé el aire suficiente, comencé a correr, rápido y sin mirar atrás, cosa que sin saberlo en aquel momento casi fue mi perdición, de no haber sido por una mano que tiró de mí con fuerza. Solté un gritó ahogado en lo que caí al suelo de espaldas mientras escuché golpes húmedos y seguidamente el estruendo de una pesada puerta siendo cerrada. Mi vista se había obscuresido de golpe antes de que mis ojos se adaptaran a la ligera obscuridad, y luego, logré divisar a un chico; de mi misma estatura y delgado pero con buenos músculos que momentos atrás fueron de su utilidad para deshacerse del caminante que venía corriendo atrás de mí. A pesar de su ayuda -de la que no fui muy conciente en ese instante- me asusté, pero él, aun con el bate fuertemente apretado entre sus manos, me miró, con esa expresión cálida y amable que me transmitía incluso paz.


—Siento haber sido tan brusco, pero aparte de que te estaban persiguiendo, yo venía del otro lado y justo te estabas dirigiendo hacia muchos más de ellos —sonaba agitado y de igual forma que yo, asustado.


—Ah, g-gracias —respiré hondo y en seguida me puse de pie, con mi brazo izquierdo algo adolorido al igual que mi espalda, algo más para llorar.


Cuando pude tranquilizarme un poco, analicé el lugar. Nos encontrábamos en un negocio, supuse que de pasteles, porque a pesar de que ya no quedaba ningún rastro de ese rico postre, los muebles y la infraestructura del lugar lo hacían muy notorio.


Por un momento sentí alivio, creyendo que estábamos a salvo, hasta que un golpe seco resonó en la ventana frente a nosotros. Ambos volteamos con una expresión de pánico y yo me quedé inmóvil, jadeando con miedo; sin embargo, él reaccionó de inmediato.


—Hay que cerrar las rejas que hay por fuera del negocio y después cubrir los ventanales con periódico, para evitar que nos vean y se alteren —habló nervioso a lo que asentí rápido.


Ambos nos dedicamos a cerrar por fuera con cuidado de que no hubieran zombies a nuestro alrededor, y seguidamente buscamos hojas, revistas o periódicos que nos pudieran servir para lo que él dijo. Cubrimos cada centímetro de las grandes ventanas con ayuda de agua y el papel. Al terminar, nos sentamos al fin, sin importarnos el suelo áspero y frío, se notaba que queríamos, no, necesitábamos, descansar.


—Voy a revisar si hay más puertas para cerrar o ventanas para cubrir —asentí a sus palabras, poniéndome de pie.


—Te acompaño —caminé con él.


En todo momento me mantuve atrás suyo, pues el miedo estaba muy presente en mí, al contrario de él, que lucía calmado a pesar de todo.


—¿Cómo te llamas? —pregunté mientras le extendía el periódico para que terminara de tapar la última ventana.


—Christopher o puedes decirme Chan ¿Y tú?


—S-soy Seungmin.


Sonrió levemente al escuchar mi nombre mientras asintió. Su sonrisa era muy bonita y me transmitía la calma suficiente como para que por fin parara un poco mi llanto después de tanto tiempo.


—¿Qué edad tienes? —cuestionó mientras se giraba hacia mí cuando terminó de empapelar todo.


—Dieciocho —contesté intentando sonar calmado y amable— ¿Tú?


—Veinte.


Asentí ligeramente sorprendido, porque en un principio creía que tenía más edad, no tanta, pero al menos veintitrés.


—¿T-tienes... Familia? —pregunté indeciso, con tono suave para cuidar que en caso de no ser así, se sintiera herido.


Para mi suerte, me lo confirmó con un suave movimiento de cabeza— ¿Y tú?


Asentí con el fuerte sentimiento de tristeza, mis ojos picando de nuevo. Antes de soltar alguna lágrima, llevé mi mano a mi ojo para tallarlo con pena, como si así hubiera podido evitar el llanto. Con pesar en su rostro, Chris se acercó a mí y de pronto me abrazó, haciéndome sentir tranquilo de inmediato. Justo ahí sentí que él estaría para apoyarme.


Sollocé débil y aunque mi garganta dolía por lo apretada que estaba, decidí hablar: —e-ellos salieron a conseguir comida y y-yo no me quería quedar solo —respiré hondo para evitar que mi voz se rompiera—. Sólo somos mi padre, mi madre y yo, no me quería quedar solo —expliqué llorando más fuerte—. Ya lo habíamos hecho antes, p-pero hoy, por un descuido, casi me muerden y mis papás se metieron para ayudarme y me ordenaron que —respiré hondo un par de veces más para controlar que mi voz no saliera tan mal— me obligaron a huir —lloré más fuerte a lo que Chan, incrementó la fuerza de su abrazo— no sé cuánto corrí, pero cuando por fin me detuve no reconocí el rumbo, así que intenté regresar, pero sólo me perdí peor, y y-ya no ví a nadie. Luego ví más zombies que me empezaron a perseguir así que corrí más...


—Tranquilo —era lo que Chan estaba susurrando repetidas veces para calmarme.


—¿Y tu familia? —pregunté volteando con él, notando que sus ojos se encontraban húmedos también.


—Mi hermana y yo siempre acompañabamos a mis padres, para ayudarlos... Pero esta vez sucedió que no vimos que una horda gigante venía hacia nosotros —aclaró sonoramente su garganta— corrimos mucho, y, en un momento fuimos por caminos separados por accidente. No hubo tiempo de regresar porque los caminantes ya estaban cerca, así que les grite que no importaba, que teníamos que seguir corriendo y que los encontraría después, pero terminé aquí y no sé dónde estoy.


Lentamente envolví mis brazos al rededor de él al notar su voz quebrada y sollozos bajos, de esa manera lloramos por un muy largo rato, deshaogandonos finalmente como lo necesitábamos. Ninguno dijo nada, pero eso estaba bien.

Pasado el tiempo nos encontrábamos sentados hablando con más calma. Hablamos sobre diversas cosas, como de dónde éramos, en qué escuela estudiábamos y en general de cómo eran nuestras vidas antes de todo el desastre.

Chan era un estudiante, tal vez uno no tan ejemplar, pero sí bastante bueno en español, lenguas extranjeras y música... Sobre todo en música. La amaba, con todo su ser, tanto que quería estudiarla para dedicarse el resto de su existencia a eso, pero, luego pasó todo y su vida junto con la mía y la de otras miles de millones de personas más se arruinó.


—Aún compongo. Ya no tan seguido como antes, pero lo sigo haciendo. Me relaja como no tienes una idea, Seungmin... Me hace olvidar que el apocalipsis está aquí.


—Te entiendo por completo, a mí me pasa lo mismo cuando pienso en béisbol, porque, bueno, ahora no es tan fácil jugarlo —reímos desanimados— me ofrecieron una beca en una universidad, que ahora no recuerdo muy bien, para jugar béisbol... Lo juego bien, y aún así dudé, ya sabes, por eso de que es difícil dedicarse a un deporte profesionalmente, pero ahora sé que debí aceptarla de inmediato.


—Ah... Es curioso, ¿no? Y a la vez triste. La mayoría de nosotros nos dimos cuenta de que debíamos hacer las cosas que queríamos, sin miedo a lo que los demás pensaran o a si nos iba a ir bien o no... Sólo teníamos que hacer lo que nos gustaba, lo que nos iba a hacer ser felices. Ahora ya ni siquiera hay tiempo para criticar a otros o ser fisgón en vidas ajenas... Tenía que pasar algo así para que nos dieramos cuenta de que sólo hay una vida como para disfrutarla.


—Es muy triste, diría yo. Tantas cosas que tú, yo y demasiadas personas más no hicimos debido al miedo —suspiré con pesar.


Entre la plática nos acomodamos para dormir, acordando que al día siguiente comenzaríamos la búsqueda por nuestras familias. No nos íbamos a rendir con eso, ni con ninguna otra cosa más.

En la mañana me levanté al principio con lentitud, pero a los segundos reaccioné de golpe gracias a un peso sobre mi costado. Mis mejillas se calentaron al notar que ese peso era uno de los brazos de aquel castaño sobre mí, pero no me moví, no quería despertarlo porque por sus ojeras se notaba que no había descansado así de bien en días, justo como yo.

Mis ojos se quedaron fijos en los suyos que estaban cerrados y luego bajaron a su nariz, sus labios. Gracias a la poca luz de la mañana que se filtraba pude verlo mejor al fin y gracias a eso me di cuenta de que era realmente guapo; sus facciones no eran tan finas pero sí atractivas, tan únicas y hermosas que me hacían querer no dejar de verlo. Comencé a pensar seriamente que nunca había visto a un chico tan lindo, hasta que abrió sus ojos. Fue tan incómodo en el momento. Mientras aparté mi mirada, hice una mueca por la pena.


—Buenos días —su voz sonó ronca y cuando lo miré de nuevo, ví su bonita sonrisa, me di cuenta apenas de los hoyuelos en sus mejillas.


Nervioso intenté devolverle la sonrisa.


—¡Ah, perdón! —se disculpó quitando su brazo rápidamente de mí—. No me... No me di cuenta, es que, yo duermo así con almohadas, es la costumbre —por su nerviosa forma de hablar deduje que... Era realmente tierno.


Negué con mi cabeza sonriendo divertido para que dejara de preocuparse por ese pequeño detalle, mientras me senté siendo seguido por él.


—¿Vamos a ir a buscar o...? —se detuvo para bostezar.


—Sí, claro que sí, ellos tienen que seguir vivos —hablé con determinación.


—Sí... ¡Sí!


—De paso, podemos buscar comida.


Chan asintió de inmediato a lo último. Los dos teníamos demasiada hambre.


Pasamos horas bajo el ardiente sol, yendo de un lugar a otro en lo que buscábamos a nuestras familias y comida además de cosas que nos pudieran ser útiles. Me sorprendí bastante al notar las habilidades atléticas de Chan, él corría y saltaba realmente alto, muy muy alto.


—Pareces un canguro —comenté sonriente mientras caminábamos despreocupados por el techo de una casa al cual llegamos claro que con ayuda de Chan.


—Es gracioso que lo digas, porque soy de Australia.


—Eres un canguro auténtico entonces —reí entretenido.


Podía notar que la risa de Chan incrementaba cuando escuchaba la mía, seguro que le parecía curiosa.


Chan bajó de un brinco y con miedo me lancé hacia él después de dejar que se acomodara para atraparme. No sabía si había sido buena idea o no, así que apreté mis párpados esperando el impacto, pero al no sentir el duro suelo, abrí lo ojos para darme cuenta de que él me había logrado atrapar.


—Canguro fuerte —le sonreí burlón y él rió en seguida.


—Cachorro lindo.


—¿Qué cachorro? —reí más fuerte en lo que rodaba mi vista y me bajaba de sus brazos.


—Tus ojos parecen de perrito, pero decir perro se escucha ofensivo, y cachorro realmente te queda bien.


Mordí mi mejilla avergonzado y sin voltearlo a ver seguí caminando.

Continuamos vagando con cautela por unos minutos más, hasta que por suerte, un minisuper se presentó frente a nosotros. Pude verlo en sus ojos, fue como si hubiéramos encontrado un oasis en medio del desierto, y yo sentí exactamente lo mismo. Con alegría corrimos hacia allá y luego de asegurar todas las puertas y ventanas del lugar llenamos nuestros estómagos como hacia días no lo hacíamos. Más relajados jugamos y bromeamos para pasar el rato hasta el anochecer. Llegando ese tiempo, nos dedicamos a buscar cosas para hacer unas camas improvisadas, para poder descansar cómodos.


Chan era tan divertido, amable, positivo y carismático que me hacía sentir tranquilo, como si no estuviéramos en medio apocalipsis y agradecía mucho eso. Quería hacer lo mismo por él, pero aunque no le decía bromas como el a mí, parecía entretenerse con mi risa y las ocurrencias que me llegaban a la mente.

Nos entendíamos muy bien, de pronto sentía que lo conocía de toda la vida.


—Chan... Tú... ¿Crees en la vida después de la muerte? —pregunté de pronto, haciendo que las sonrisas que tuvimos antes por estar bromeando o hablando sobre temas más ligeros desaparecieran poco a poco.


—Quiero creer... —comentó mientras se giraba para quedar boca arriba mirando al techo—. Porque, en estos momentos nos puede pasar de la nada.


—Estoy igual —suspiré volteando a ver hacia arriba también— yo, en serio tengo fe... Es que, me da miedo pensar que ya no hay nada después...


Escuché el ruido del cartón y las mantas por Chris, que se estaba acercando a mí. Con cada minuto, Chan entraba más en confianza conmigo y por lo mismo se volvía más pegajoso, cosa que antes me hubiera molestado pero que en esos instantes agradecí bastante. Él me reconfortaba mucho con sus lindos abrazos... Que ahora sé, me daba cuando él sentía que yo más lo necesitaba.


—Tranquilo, no vas a morir... O no pronto, porque tampoco somos inmortales —rió leve y comenzó a acariciar mi cabello.


Suspiré ligeramente antes de sonreír con más calma y acomodarme de lado para poder recostar mi cabeza sobre su extremidad— ¿Tu brazo está bien? ¿Estás cómodo?


—Sí, yo te digo si se me acalambra.


Asentí antes de abrazarlo también, con mi nariz rozando su pecho. Su aroma natural era tan rico a pesar de lo sucio que estaba, me calmaba mucho. Y al parecer, a él le gustaba el olor de mi cabello.

De esa forma y gracias a la calida compañía del otro, nos quedamos profundamente dormidos.

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