La Maldición de mi Apellido

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Sinopsis

LOS NIKOLAOU NO NACEN... SE CONVIERTEN. Y LA MALDICIÓN NO DISTINGUE ENTRE INOCENTES Y ASESINOS. Felipe y Hera Nikolaou crecieron sabiendo tres verdades: 1. Su apellido es una sentencia de muerte. 2. La sangre en sus manos nunca se lava. 3. El amor es un lujo que ningún Nikolaou puede permitirse. Hasta ahora. Felipe, el engreído y arrogante, encuentra en Sofía a una rival que desafía su mente... y su corazón. Hera, la fría despiadada que finge ser una princesa, conoce a Charlie, el único hombre que no le teme. ADVERTENCIA: Este libro contiene: -Guerra de mafias que pondrá a prueba toda lealtad. -Romances prohibidos donde el deseo y el peligro son inseparables. Un giro final que cambiará el destino de la familia Nikolaou (¿Marina regresará?). "La maldición no elige... pero ellos sí. ¿Tradición o redención?" Todos los derechos reservados.

Estado:
En proceso
Capítulos:
49
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5.0 5 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Perspectiva de Felipe

Canción: Born for this, The Score.


Estoy en el galpón junto a mis tres amigos, observado mis puños magullados y ensangrentados.

—Pipe, esto no está resultando, no va a hablar—dice Theo exhausto, llamando mi atención.

Sus manos están peor que las mías.

—Hablará, es cosa de no rendirse. Hazte a un lado, yo aún puedo seguir. —Matías se truena los nudillos dando un paso al frente.

—No, ya fue suficiente. Es hora de cambiar de estrategia—digo sin despegar mis ojos de mis manos.

Me desagrada la molesta sensación de la sangre pegajosa en ellas. Intento remediarlos frotando un pequeño trapo contra ellas, pero solo empeoro la situación y esparzo el color rojizo por mi piel.

—¿Cambiar de estrategia? —pregunta Theo confundido.

—Llegó el momento, hay que de avanzar de nivel—digo con una sonrisa. Quiero ver qué cara pondrá ante lo que estoy por decir—. Nueva lección. ¿Por qué clase de tortura se inclinan, por el taladro, las navajas o el martillo?

Theo se paraliza y se retrae. Sabía que se iba a espantar.

—Yo me inclino por el taladro—dice Matías avanzando hasta llegar a mi lado.

Voy a reír cuando por el rabillo del ojo diviso el cuerpo de Charlie erguirse desde el fondo del galón. Por fin se ha puesto de pie; es hora. Ha estado aguardando su turno pacientemente.

—Solo bromeaba chicos—digo tronándome el cuello—. Venga, es hora de que se marchen.

—No, nosotros nos quedaremos.

Niego con mi cabeza hacia Theo.

—Puedo soportarlo. No será como la última vez. —Intenta controlar su nerviosismo apretando sus puños.

—Deben irse, ambos—digo mientras veo a Charlie aproximarse.

—Estamos juntos en esto. Lo prometimos.

Matías tampoco quiere marcharse, pero deben hacerlo. No quiero que vean esto, no quiero que vean a Charlie hacer lo que está por hacer y sé que él tampoco quiere que lo vean.

—Ya se han manchado suficiente las manos y no es necesario que sobre pasen el límite que ahora se va a traspasar. Váyanse, esto se pondrá muy violento.

—Pero si ya te hemos visto hacerlo, podemos quedarnos.

—Necesito que se vayan. Por favor.

Ambos se muestran dudosos, pero al cuadrar mis hombros como lo hacen mis hermanos mayores, los dos comprenden que no me harán cambiar de parecer. Ellos deben marcharse.

Recuerdo la primera vez que presenciaron uno de“mis trabajos“. Matías ni siquiera respiraba y Theo vomitó. No es para menos, me vieron torturar a un hombre que chillaba como un puto cerdo.

Cuando cierran la puerta del galpón, me paso las manos por el cabello y camino hacia mi víctima.

Última oportunidad, ¿cómo lograron infiltrarse y cuáles son los siguientes pasos que planean dar? —pregunto en el idioma de este bastardo.

El hombre atado en la silla vuelve a negar con su cabeza. Lo he estado golpeando por al menos unos 10 minutos junto a Theo y Matías, pero no ha abierto la boca. Al principio fue divertido y me permitió enseñarle un par de cosas a mis amigos, pero ahora ya no tiene gracias. Ya es hora de ir en serio.

Por respeto a mis amigos, que no pertenecen realmente a este mundo, me he estado conteniendo. Ahora que ya no están, bueno...—Juego con la navaja entre mis dedos.

Sé exactamente que puntos debo presionar para que una persona se quiebre y me revele sus secretos más oscuros. Realizo cortes estratégicos en su cuerpo para causarle el mayor dolor posible. Estoy entrenado para esto, mis hermanos me enseñaron como hacer este tipo de trabajos.

Después de un minuto, el hombre al fin abre la boca para gritar y llorar. La verdad es que sorprendió, creí que hablaría al primer corte.

Su cabeza cae sobre su pecho, mientras todo su cuerpo se estremece en pequeñas convulsiones.

—¿Vas a hablar?

Me quedo esperando, pero el hombre solo me mira con furia. Niega con su cabeza y murmura palabras sin sentido entre los dientes. Al parecer está rezando.

En serio que quise ser compasivo conmigo, pero me estás hartando y tendré que darle el pase a Charlie.

Alzo mis ojos para ver a mi amigo, quien ha estado esperando de pie detrás del hombre atado.

No tengo miedo, no hablaré—escupe en alemán.

Charlie asiente con su cabeza para luego recargarla hacia atrás.

—Lo siento...—dice en un pequeño susurro.

Arrastra una silla y se sienta frente al hombre. Hace crujir su mandíbula sin apartar sus ojos de su objetivo.

Ambos solo se observan sin decir nada. Pasan los minutos hasta que finalmente el hombre escupe sangre y vocifera un insulto.

Si vas a hacer algo, solo hazlo. No diré nada. Ambos se van a arrepentir. Toda tu familia caerá, todos morirán, todos sufri...

¿Me recuerdas?

La pregunta de Charlie lo deja confundido.

¿Qué?

¿Me recuerdas?

El hombre entrecierra sus ojos y observa detenidamente el rostro de Charlie.

¿Debería recordarte?

Porque yo sí que te recuerdo, perfectamente. No tienes idea de todas las veces en las que soñé tenerte frente a mí.—Charlie le lanza un golpe seco al abdomen—.No tienes idea de todas las veces que imaginé como te torturaría.—Vuelve a golpearlo con bastante fuerza—.Hice una promesa a una persona muy importante, le prometí que me alejaría de este mundo, que sería bueno y que no habría sangre en mis manos nunca más, pero hoy estoy dispuesto a romper esa promesa para asesinarte de la peor forma posible.

Mi amigo se levanta y va tras las herramientas, mientras yo retrocedo unos cuantos pasos. Esto no será bonito, pero Charlie lo necesita. Espero que lo ayude a sanar.

Lo tortura de una forma que hasta a mí me dan náuseas y eso que he visto lo más turbio de lo turbio.

¡Para, para ya! Te diré todo lo que quieras. Solo prométeme que me matarás de una vez—suplica el hombre.

Ya no es capaz de seguir soportando tanto dolor y revela toda la información. Nos cuenta todos los datos sobre el atentado, como lograron infiltrarse, quienes son sus jefes y los siguientes planes que tienen en mente.

Ya está, eso es todo lo que sé. Para ya con esta tortura y solo mátame.

¿Por qué habría de hacerlo?—pregunta Charlie totalmente bañado en sangre.

Te di la información que querías. Mátame de una vez.

Puede que a él le interesara esa información—dice señalándome—,pero a mí me importa una mierda. Yo solo quiero hacerte pagar por lo que me hiciste. Haré pagar a todos los putos Lehmann y a cualquiera que trabaje para ellos.

Al siguiente segundo Charlie desata sus demonios más profundos contra lo que queda del hombre. Cuando finalmente todo acaba, recojo uno de los dedos amputados. Los estoy recolectando para enviarlos como obsequio a quien está detrás de todo esto, al malnacido de Alex Lehmann.

Charlie se mantiene cubierto de sangre, con una navaja entre sus manos.

El silencio dentro del galón solo se ve interrumpido por el constante goteo de sangre hacia el charco que se ha formado a nuestros pies. Es un sonido irritante.

—¿Qué tal se sintió?

Charlie deja caer la navaja al suelo y se cubre el rostro con las manos.

—¿Charlie?

Mi amigo gruñe bajando sus manos. Se queda perdido mirando a la nada por unos segundos.

—No quiero hablar sobre esto, no lo menciones. Iré a la habitación con los demás. Necesito una ducha.

Asiento con mi cabeza. Sé que esto es difícil para él, todo con respecto a la familia Lehmann le afecta.

Contacto a Claudio para que limpie el lugar y empaquete lo que queda del cuerpo. Claudio es el guardaespaldas de mi hermano mayor, Egan, pero cuando este tuvo marcharse de viaje a Tokio, le encargó quedarse a mi lado para protegerme y asegurarse de que las cosas se mantuvieran a flote.

Mi familia es extraña, todos estamos malditos por nuestro apellido. Si eres un Nikolaou, inmediatamente te vuelves un jodido demonio con las manos manchadas de sangre. Puedes intentar huir de la maldición, pero te persigue hasta los rincones más oscuros de esta tierra. Somos asesinos, reconocidos asesinos. Es lo que mejor se nos da.

Desde hace años que el apellido Nikolaou se vincula directamente con los sicarios más certeros del mundo. Si habías contratado el servicio de un Nikolaou, el trabajo estaba cien por ciento asegurado.

Poco a poco la fama fue en aumento, la igual que el poder y el dinero, y mi abuelo quiso dar un paso más allá. Ya no quería que su familia fuera connotada solo por ser excelentes sicarios, anhelaba más. Él quería el trono.

Así nos comenzamos a codear con las familias más poderosas de la mafia, involucrándonos en sus círculos, hasta que mi padre logró posicionarnos dentro de los cinco rigentes.

Ascendimos muy rápido, todo a costa de lo que mejor se nos daba, asesinar.

Egan, mi hermano mayor, asumió el puesto como la cabeza de nuestra familia hace ya unos cuatro años atrás. Él nunca quiso ser parte de todo esto, lo desprecia, pero como ya dije, estamos malditos y no tenemos escapatoria.

Mientras Claudio y sus hombres limpian el lugar, tomo asiento y le marco por teléfono para reportarle lo sucedido.

Felipe— contesta al otro lado de la línea.

—Hermano, ¿qué tal todo por Tokio?

Aun es un caos—responde sonando agotado.

—¿Y Hiroki?

Lidiando con sus hermanos. Creo que tendremos que quedarnos por otro par de semanas. Viktor sigue sin atacar, pero ha estado realizando tratados para conseguir más aliados. Le gusta mover las piezas con lentitud. ¿Y tú, qué tal las cosas por allá?

—Teníamos razón, los hombres que realizaron el atentado trabajaban para Alex Lehmann.

No me sorprende, Alex encubrió a Martín muchas veces. ¿Qué tal está Lucas Ruiz?

—Lo hemos sabido mantener vivo ¿Cuánto tiempo más protegeremos a ese cobarde?

Nos sirve más vivo.

—No es divertido.

Oh disculpa, ¿le he otorgado un trabajo muy aburrido a mi hermanito? —pregunta con sarcasmo.

—Pues sí, bastante aburrido. Puedo ir con los hombres y encargarme de trabajos reales.

Un silencio de forma entre los dos.

Felipe, ya lo hemos discutido. Quiero que continúes con tu vida lo más normal posible. Ve a clases y diviértete.

—Estoy listo, más que listo.

Aun no.

—¿Quién lo dice? ¿él?

Mis dientes rechinan.

“Él”es mi padre, el jodido diablo de Darius Nikolaou, un hombre sin conciencia, sin corazón, sin alma.

—No Felipe. Cuando vuelva yo evaluaré si estás listo.

—Estoy listo.

—Te necesito comandando todo, no ensuciándote las manos.

—¿Comandando? Pero si es él quien dirige todo.

Mi hermano vuelve a suspirar al otro lado de la línea.

Sabes que lo necesitamos.

Aparto el teléfono de mi oído y me doy tres golpes en la frente antes de decir algo estúpido.

—Lo sé —digo finalmente.

Sigue entrenando y cuando vuelva, evaluaré que tal vas y hablaremos del trabajo.

—Bien —respondo cortante.

Detesto los jodidos entrenamientos. El guardaespaldas de mi padre, Griffin, está a cargo de esa tarea. Todos los días, durante dos horas, me hace desear estar muerto. Es horriblemente exigente, pero lo más terrible es que Darius siempre lo acompaña y me regala su venenosa opinión cada vez. Para él nunca hago nada bien. Soy un inútil que no merece llamarse su hijo y menos llevar su apellido.

—¿Todo bien?

—Sí, solo estoy algo cansado.

—¿Es demasiado? ¿Están siendo muy exigentes contigo?

—No, yo puedo. Todo está bien.

Pipe, sabes que no tienes que seguir con esto si no quieres, tú puedes salirte, tienes opciones. Si es demasiado para ti...

—No te dejaré solo en esto. Confía en mí, yo puedo.

Lo sé, es solo que si no quieres seguir...

—Egan, no voy a decepcionarte.

Bien. Ya le envié a Claudio la nueva planificación para que la revisen. ¿Qué tal van las clases? Aun no recibo tus calificaciones.

Cierro mis ojos con desagrado.

«Carajo»

Tuve que desviar los correos de mi escuela para que Egan no se entere de todas mis faltas.

—Ya, es que me ausenté a unos cuantos exámenes.

Felipe—dice usando su tono de hermano mayor —,más te vale no reprobar.

—Por favor, sabes que no tiene ningún sentido.

Es tu último año y quiero que ingreses a la universidad. Será mejor que estudies.

—No me jodas con eso.

Hay una guerra en nuestro mundo y se supone que yo debo preocuparme por mis estudios y por entrar en la universidad, ¿es en serio?

—Felipe, solo has lo que te digo.

—Ya.

—¿Tienes algo más que reportarme?

—Egan, yo... estuve averiguando y ella...

—Gracias. —Corta la llamada.

Niego con mi cabeza viendo la pantalla de mi teléfono. Ya ha pasado un año desde que la guerra dio inicio, un año desde que la chica que le robó el corazón a mi hermano se fue, un año desde que mis dos hermanos se volcaron al trabajo para no lidiar con sus sentimientos.

«Tengo dos hermanos idiotas»

Egan se enamoró perdidamente de Marina, una chica extraordinaria, pero su historia no inició de la mejor forma. Él pacto con su peor enemigo para tenerla, básicamente la compró. Al comienzo ella lo odiaba y solo deseaba volver a ser libre, pero ambos se fueron conociendo y la magia surgió, si se puede decir así.

Su historia tuvo mucho altos y bajos y cuando ella estuvo a punto de morir por culpa de uno de los enemigos de mi hermano, él se quebró por completo. Él la ama con toda su alma.

Esa vivencia trastorno mucho a Egan y a pesar de lo doloroso que sería, él la apartó de su vida. La guerra entre las familias de la mafia había iniciado y no quería que Marina se viera involucrada.

Todo comenzó con el enfrentamiento entre mi hermano y Martín Ruiz, el maldito especializado en la trata de blancas. Egan logró salir victorioso, pero esa batalla solo dio pie para que ahora otras familias se alzaran en su contra. Al principio eran los Nikolaou y los Yagami contra los Ivanov, pero ahora es un literal todos contra todos. Nadie quiere desaprovechar esta oportunidad para hacerse con un poco de poder.

Los Yagami es la familia de mi otro hermano, Hiroki. Él no es mi hermano de sangre, por eso no lleva mi apellido, pero es como si lo fuera. Es el mejor amigo de Egan desde que tengo memoria. Siempre han estado juntos, apoyándose.

La familia Yagami se desestabilizó cuando su cabeza, Kai, falleció en la batalla. Él nombró a Hiroki como su sucesor, pero él no ha sido parte de esa familia desde hace años. Él pasó a ser un Nikolaou, por lo que se niega a quedarse con el cargo. Son sus hermanos quienes deben escoger a la siguiente cabecilla, pero las cosas no han hecho más que complicarse y aún no han podido tomar una decisión.

En fin, para lidiar con todo este embrollo, mis dos hermanos han estado viajando constantemente a Japón. Están centrados en el trabajo y en la guerra, pues si tienen tiempo para sentir, ambos se derrumban.

Egan no fue el único que tuvo que apartar a la mujer que amaba, Hiroki también lo hizo. Se enamoró de Hanna desde la primera vez que la escuchó cantar, pero nunca fue capaz de admitir sus sentimientos y la perdió el día en que ella se enteró de toda la verdad.

La madre de Hanna había sido forzada a tener una aventura con Viktor Ivanov, la cabeza de la mafia en Rusia. Cuando ella se negó a continuar, Viktor ordenó asesinarla junto a toda su familia, a excepción de Hanna, pues había descubierto que era su hija.

Viktor no fue el único en enterarse que tenía una hija, también lo hizo mi padre y Kai Yagami. Ellos aprovecharon la situación y enviaron a Hiroki por la ella. La usarían para chantajear a Viktor, amenazándolo con asesinarla si él no cumplía con sus peticiones.

Sí, mi familia tiene más que merecido todo el odio que nos entregan, pero hay que entender que en este mundo así son las cosas.

Bueno, Hanna se enteró de toda la verdad y decidió apartarse, ya no confiaba en Hiroki, ni en ninguno de nosotros. Tanto ella como Marina fueron enviadas a Palios. Mis hermanos necesitaban protegerlas de la guerra y no volver a exponer sus vidas.

Ellos sacrificaron sus corazones y creo que cometieron un grave error, pero como nunca me he enamorado, prefiero no opinar.

Permanezco sentado, perdido en mis pensamientos, mientras los hombres terminan de limpiar el lugar.

—Todo listo señor—anuncia Claudio llamando mi atención.

—Bien, muchas gracias por el buen trabajo. Iré a la casa. Egan te envió la información sobre los próximos pendientes. Revísalos y en la noche los discutimos juntos.

—Claro señor.

Le sonrío con amabilidad. Si no fuera por este hombre, creo que no habría podido con toda esta carga. Bueno, gracias a él y a mis amigos, quienes decidieron adentrarse en el bajo mundo para apoyarme.

Quise detenerlos, mantenerlos al margen, pero ellos insistieron y la verdad es que los necesitaba.

Me levanto y camino hacia la casa. Apenas coloco un pie dentro el grito de Ana me hace quedar paralizado.

—¡FELIPE! ¿¡Cuántas veces!? ¿¡Cuántas veces debo repetirlo!? Les he pedido más de cien veces que no entren en la casa con los pies sucios. Sus amigos han manchado la alfombra de la sala, ¡otra vez!

Bajo mi cabeza y junto mis manos sabiendo que lo mejor es simplemente pedir perdón.

—Perdónanos Anita. Ya me encargaré de llamarles la atención.

—Esta ya va a ser la cuarta alfombra que debemos cambiar. La cuarta Felipe.

—¿Y qué tal si ya no colocamos una alfombra?

Ana me mira furiosa. Ella ha trabajado para mi familia desde antes que yo naciera. Es como una madre para mí. La única que conozco...

—Vale, obviamente lo que acabo de decir es una tremenda estupidez. Esa alfombra es crucial para la casa.

—Felipe. —Comienza a decir con advertencia, pero la freno.

—Vamos Anita, no te enfades, solo jugaba. Lo sentimos mucho. —Beso cada una de sus mejillas.

—Solo que no se repita. ¿Les llevo la comida a la habitación mi niño?

—Por favor—digo volviendo a llenar sus mejillas de besos.

Subo las escaleras arrastrando los pies y entro en mi habitación. Allí me esperan mis tres amigos.

—Ana está furiosa con todos usted. Nuevamente mancharon la alfombra.

—Yo no fui, yo si me quité los zapatos. Se los advertí—dice Theo sentado en escritorio.

Frente a él tiene un montón de libros, papeles y su computadora.

—¿No sería mejor que ya no pusiera una alfombra? Siempre se termina ensuciando —dice Matías jugando videojuegos.

—Ni se te ocurra decirle eso. Ya lo intenté yo y me apuñaló con sus ojos. Tiene lista la comida, cuando suba discúlpense con ella—hablo quitándome los zapatos y lanzándolos lejos—. ¿Qué tal el reporte de historia? —pregunto presionando los hombros de Theo.

—Se supone que este es un trabajo en equipo, ¡en equipo! —vuelve a resaltar esta palabra—. No es justo que yo haga todo el trabajo solo.

—Tú eres el listo—le responde Matías.

—Tomaré una ducha y te ayudo —digo palmeando sus hombros.

En ese momento Charlie sale del baño secando su cabello.

—Siempre dice que me ayudaras, pero solo te dedicas a bromear. Charlie, tú ayúdame, tú eres el que es realmente listo —reprocha Theo.

—Me tengo que ir, tengo asuntos pendientes.

Charlie parece aún perdido en sus pensamientos. Sé que el tema de los Lehmann lo ha perturbado.

Se retira dejando una estela de ira a su paso. Creo hablaré con él cuando esté preparado.

—¿Qué le sucede? Llegó aquí bañado en sangre y no quiso decir nada.

—No quiere hablar de ello. Solo hagan como si no hubiera pasado.

Después de darme una ducha bromeo junto a Matías, mientras Theo completa nuestra parte del trabajo. Ana nos sube la cena y la devoramos como animales hambrientos.

—Nos vemos mañana—digo para despedirlos.

Mis amigos se marchan a sus casas y yo me quedo solo en mi habitación, esperando a que aparezca Claudio.

Si Egan y Hiroki están fuera, es mi deber ayudar en todo lo que esté a mi alcance. Mi hermano me dejó a cargo junto al maldito de mi padre. Sé que tiene razón, lo necesitamos, pues es él quien tiene todas las conexiones y la experiencia, pero Egan ya no le tiene confianza. Por esa razón es que ambos quedamos a cargo, pero la última palabra me corresponde a mí.

En el pasado mi padre forzó a Marina a ser carnada para que Martín saliera de su escondite y la chica resultó herida. Ahora Egan lo odia, creo que incluso más de lo que yo lo odio. Ya no tolera verlo y menos hablarle, por lo que, yo debo ser la conexión entre ambos. Esto resulta gracioso, porque a mi padre no le quedó otra alternativa más que tener que lidiar conmigo, con el paria de su hijo.

Me detesta desde que nací, pero debió dar su brazo a torcer cuando todo se complicó. Todos dicen que para ganar esta guerra debemos enfrentar los problemas como una jodida “familia”, pero Darius Nikolaou no está dentro de esa definición. Solo sigo aquí por mis hermanos, cumpliendo la parte que me corresponde.

Mientras espero a Claudio, chequeo que tal están Marina y Hanna a través del sistema en mi computadora. Siempre he tenido buenas habilidades con la tecnología y compruebo que las chicas estén a salvo casi todos los días. Sé que Egan y Hiroki no quieren que lo haga, ellos asignaron personal para eso, pero no me siento cómodo al confiar una labor tan importante a otra persona. Yo no me puedo desligar de ellas, en especial de Marina. Conectamos muy bien, ella es como si fuera mi otra hermana, ella es mi familia.

A pesar de todos los esfuerzos que he hecho para que mis hermanos las vuelvan a contactar, ambos se han negado y me han evitado. No quieren saber nada de ellas, no porque no les importen, es porque saben que, si ven, aunque sea una pequeña ventana a sus vidas, entonces ya no podrán controlarse.

Cuando finalmente llega Claudio, programamos todo y al fin puedo irme a la cama con tranquilidad. Aunque hace meses que no puedo dormir bien. Estamos en guerra y no es que sea un miedoso, pero estoy solo en esta enorme casa. Si es cierto que tengo a un enorme personal a mi disposición, pero estaba acostumbrado a vivir con mis dos hermanos mayores, a tener su protección.

Tener al León Nikoloau y a Hiroki Yagami cubriéndote las espaldas es certeza segura de que nadie podrá tocarte, pero ahora ellos están muy lejos.

Al otro día me despierto muy temprano para entrenar. En el gimnasio golpeo el saco de box una y otra vez.

—Lo estás haciendo mal —dice su voz horrible voz a mi espalda.

—Como siempre—susurro apretando los dientes.

Entorno mis ojos antes de girarme y ver a mi padre junto a su guardaespaldas.

—Movimiento combinado —ordena Griffin acercándose a mí.

Sostiene el saco de box para que yo pueda lanzarle mis golpes.

—¿Cuál es el reporte?

Como cada mañana mi padre espera a que le informe sobre las nuevas órdenes de Egan. Debo ser capaz de contestar sin perder la concentración en el ejercicio, porque si no lo logro, si me distraigo, entonces me llevaré por delante el puño de Griffin. Esa ya es una lección aprendida.

—¿Lehmann? ¿Tú lo asesinaste?

—Sí—miento. No quiero involucrar a Charlie—. Se aumentarán el número de hombre en las fronteras. Hay que coordinar a los equipos de Lucas Ruiz para que estén más preparados y busquen infiltrados.

Cada día tenemos nuevos ataques, Asterias ya no es un lugar seguro. Todo terreno es campo de batalla y los límites están completamente desdibujados.

Le entrego todo el reporte y espero no tener que seguir dirigiéndole la palabra, pero Darius no para de realizar preguntas. Su voz se vuelve cada vez más y más tediosa, retumbándome dentro de la cabeza, mientras Griffin me obliga a aumentar la velocidad de mis golpeas.

—Mierda, ¿qué no ves que estoy entrenando? ¡Deja de hablar de una puta vez! —estallo ya colapsado—. Si tienes preguntas entonces ve a hablar con Claudio. Yo ya discutí todo con él.

No puedo verlo, pero sé por el silencio que se ha formado que mi padre está furioso.

— ¿Qué acabas de decir?

—Que dejes de hablar de una puta vez. Busca a Claudio si tienes dudas—respondo aun dándole la espalda.

—Claudio no es tu jodida secretaria.

—Claro que no, ese puesto te lo asigné a ti.

Griffin cierra sus ojos y niega con su cabeza. Sabe que me he excedido.

—¿Qué dijiste?

—Joder, ¿ya tienes problemas de audición anciano? —Me giro para verlo a la cara —. Vas a tener que conseguirte un par de audífonos.

— Sube al ring—ordena pasando a mi lado.

Sé que he hecho algo increíblemente estúpido, pero me emociona que vaya a ensuciarse las manos y que será él quien hará algo al respecto.

—¿No le dirás a Griffin que me discipline, como siempre haces?

—Te enseñaré a cerrar la boca. —Mi padre se quita su chaqueta y se acomoda la camisa. Cuando está listo, se sube al ring—¿Vas a subir o te acobardas?

—Adelante vejestorio—lo provoco subiendo de un salto.

—Ponte en posición.

Elevo mis puños enguantados. Esta vez estoy más confiado. Con cada entrenamiento voy mejorando y pronto llegará el momento en el que pueda dejar sobre la lona al maldito de Darius Nikolaou.

Camina hacia mí con altanería.

—Prepara la prótesis, te botaré todos los dientes —digo lanzando mi primer golpe.

Darius lo esquiva y adopta una posición defensiva. Intento golpearlo, pero bloquea mis golpes y cuando menos me lo espero, me revienta un puño contra las costillas. Retrocedo hacia una esquina del ring recuperando el aliento. Este viejo tiene ladrillos en vez de puños.

—Mañana por la noche se programó la cena con los socios. Tienes que asistir.

—No puedo, tengo un partido—digo volviendo a llenar mis pulmones de oxígeno.

—Es una cena importante.

—Pues a mí me vale.

Mi padre vuelve a lanzarse contra mí, pero lo esquivo.

«Joder...duele hasta bloquear sus golpes»

—A mí tampoco me agrada que tú estés presente, pero Egan así lo quiere.

Este viejo sabe que esa es la carta mágica. Si dice que mi hermano lo solicita, entonces yo cederé.

—Bien, iré después del partido.

Ataco y logro asestarle dos golpes certeros en las costillas.

—Hera también debe asistir. Irá a verte al partido. Quiero que se presenten juntos a la cena. Asegúrate de que nadie se le acerque de una forma indebida.

—Bien—digo dando todo de mí.

Solo quiero golpearlo, aunque sea una vez, con mucha fuerza.

—Me informaron que estás por reprobar tres materias.

—¿Quién te dijo eso?

—Tengo mis fuentes.

«Maldición»

Mi padre y sus malditos trucos. Parece que tuviera ojos en todas partes.

—¿Y qué? No tiene importancia.

—Si tienes dificultades podemos hablar con los profesores y...

—¿Ahora actuarás como un padre responsable? Hace mucho tiempo que mi vida no es asunto tuyo.

Me paro en seco y rio. Esta versión de mi padre es muy extraña.

—Es mi asunto si mancha mi apellido. No puedes reprobar.

Me lanza un golpe y ya ha vuelto a ser el de siempre.

—Hay cosas más importantes por ahora que la escuela. Debo enfocarme en el trabajo y guiar a los hombres.

—A tú edad Egan manejaba más de la mitad de los negocios y aun así era el mejor de su clase.

Entorno mis ojos.

—Pues yo no soy el niñito dorado.

—Claro está—dice enviándome a piso.

El golpe me marea y me recuesto esperando a que mi vista se aclare. Solo puedo ver puntitos de colores.

—Se dará inicio a una nueva temporada de las carreras. Recuerda asegurarte de que Hera no participe y si descubres algo, infórmame.

—Lo sé. —Cubro mis ojos con mi antebrazo.

Mi hermana es mayor por un año y dos meses, pero es mi deber protegerla. Desde pequeña ama los autos y la velocidad, y cuando tuvo la oportunidad, participó en las carreras ilegales con mi ayuda. La verdad es que no le había tomado el peso, no visualizaba el peligro y lo irresponsable que habíamos sido. Obviamente mi padre logró enterarse y me dio una paliza.

Hera es una excelente piloto, pero esas carreras están a otro nivel. No la expondré nuevamente, no quiero cargar con su muerte. Ya cargo con la muerte de uno de mis familiares...

Inhalo hondo y me vuelvo a levantar.

—¿Vas a participar? —me pregunta mostrándome la posición que quiere que adopte.

—Ese tampoco es tu asunto.

—Brazos más arriba y las piernas más separadas. Centra el peso —me indica antes de volver a lanzarme golpes —. Si compites, será mejor que ganes. Si solo harás el ridículo, mejor ni te presentes.

—Que no es tu puto asunto.

Logro darle un buen golpe a la quijada. Darius gruñe molesto.

—Si llego a competir, créeme que ganaré, pero con mi nombre. Tu jodido apellido ya no será mío. Desde el viernes iniciaré los trámites para quitarme tu maldición.

Solo quiero cumplir la mayoría de edad para desligarme de este monstruo. No quiero tener nada que me relacione con él.

—¿Qué? —Se queda confuso.

—Ya me has oído.

Se lleva la mano enguantada al cabello.

—Eso solo son papeles. Llevas la sangre de los Nikolaou, lo quieras o no.

—Pero si tú eres el que no quiere que lleve este apellido, al que detestas por llevar tu sangre.

—Felipe, yo...

Mi padre me mira con una expresión muy extraña. Desde que nací me ha odiado, yo le arrebaté su tesoro más preciado, a mi madre. Murió de complicaciones durante el parto y mi padre no soportó verme a la cara durante años.

—Debemos mantenernos unidos, como familia.

—Yo no soy tu puta familia, nunca lo he sido. Sabes que estoy aquí por Hera y por Egan y Hiroki. Tú me importas una mierda, como sé que yo te importo una mierda a ti.

Mi padre da un paso atrás y deja su cabeza descansar hacia atrás. Se queda en esa posición por unos segundos antes cuadrar los hombres y resoplar.

—Solo has lo que debes y hazlo bien.

—Eso haré.

—Bien. Griffin, continua con el entrenamiento. —Darius se retira los guantes de boxeo y baja del ring.

Después de una hora, Griffin me libera. Estoy agotado y me gustaría poder volver a la cama para dormir por unas cuantas horas, pero tengo que asistir a clases. La verdad es que no tengo ni idea de cómo Egan lidiaba con todo esto, yo apenas puedo mantenerme en pie, pero pretendo que sigo entero.

Egan siempre ha sido hijo perfecto, las mejores calificaciones, el mejor en deportes, el chico que siempre recibía las medallas de oro, experto en armas y en combate cuerpo a cuerpo. Él siempre ha sido el chico dorado, el que destaca y yo el infame que no puede hacer nada bien.

Lo mismo sucede con Hera, quien es una verdadera princesa. Todo siempre le ha resultado a la perfección, obtiene todo lo que quiere casi sin esfuerzo.

Adoro a mis hermanos, pero es realmente tedioso saberte el peor, la oveja negra.

«Tengo que estar a la altura»

Debo ser capaz de llenar los zapatos del León Nikolaou en su ausencia.

Bostezando entro en la cocina ya bañado y vestido con el uniforme. Allí alucino con las delicias de Ana.

—¿Qué tal el entrenamiento mi niño?

—Me hicieron papilla, como siempre.

—Cada vez serás mejor, no te desalientes.

Ladeo mi cabeza de lado a lado. Desayuno escuchando música a través mis auriculares.

—Estaba exquisito, gracias Anita.

—Por nada mi niño. Que tengas un excelente día.

Le guiño un ojo y me dirijo hacia la cochera. Enciendo mi moto deleitándome con su rugir.

—Qué lindo es escucharte amor.

Antes de partir le envío un mensaje a Matías. Guardo mi teléfono y conduzco a alta velocidad por las calles hasta la escuela. Claudio siempre me sigue a todas partes, pero está acostumbrado a que lo deje atrás. Él sabe que no puede intervenir en mi rutina a menos que la situación sea de vida a muerte.

No me agrada tener a un guardaespaldas espiándome todo el día, pero Egan no podía marcharse tranquilo si no tenía a un hombre de confianza “cuidándome”.

Me quito el casco y me cuelgo la mochila por sobre el hombro.

«Que inicie el espectáculo»

Camino por los pasillos de esta institución como si fuera un verdadero dios. Todos saben que conmigo no deben involucrarse. Tener el control de estos pasillos es mucho más sencillo a tener el control sobre el país.

—¿Qué tal, aún tienes el estómago revuelto? —pregunto saludando a Theo.

—Te he dicho que en la escuela no podemos de hablar sobre eso—me reprocha cerrando su casillero—. Espera, ¿por qué vienes solo?

—Le envié un mensaje a Matías. Quería conducir la moto.

—Joder, ¿y por qué no me avisaste a mí? ¿Te gusta verlos pelearse verdad?

Elevo mis hombros con despreocupación.

—Es mi pasatiempo favorito.

Theo maldice entre dientes.

— Mierda, alerta, alerta, aquí vienen. Prepárate.

Por el pasillo ya se pueden escuchar a esos dos discutiendo.

—¡Felipe Nikolaou!

Roberta se planta delante de mí con sus brazos cruzados.

—Disculpa preciosa, no podía pasar por ti. Quería conducir la moto esta mañana y siempre dices que el casco arruina tu cabello.

—¿¡Y por qué se lo pediste a él!?

Mi amigo mantiene las manos guardadas en sus bolsillos, mientras su rostro refleja su fastidio.

—Ni siquiera me ha dado las gracias,

—No tengo nada que agradecerte—vocifera Roberta sin siquiera mirarlo.

Rio por la interacción entre estos dos.

—Vamos nena, no te enfades. Necesitaba correr mi moto. Mañana paso por ti. Te lo compensaré. Te compraré lo que quieras. —Paso un brazo por sus hombros y beso su frente para tranquilizarla.

—Júralo por lo más preciado.

—Lo juro por mi moto—respondo regalándole una sonrisa.

—¿Y yo qué?, ¿cuál será mi recompensa por traer a la escuela a esta chiflada? — Matías aparta a Roberta de mi lado—. Tuve que soportar sus reclamos durante todo el camino.

—Si condujeras como una persona decente no habría tenido que...

—Entonces aprende a conducir. —La acorrala contra los casilleros—. O ¿es que eres demasiado descerebrada?

Roberta se queda sin aliento.

—El... el único descerebrado aquí eres tú.

—Por favor, un poco de paz. ¿No podemos ser buenos amigos? —dice Theo abriéndose camino entre ambos.

—Yo no soy su amigo.

—¡Gracias al cielo! —exclama Roberta.

—Bueno, ya, es muy temprano para...—Me voy a pasar la mano por el cabello, pero mi amiga atrapa mi muñeca.

—Tú igual tienes los nudillos heridos. ¿Qué rayos estuvieron haciendo?

Nos observa a los tres exigiendo por una respuesta.

—¿Preocupada? —Matías eleva sus cejas.

—Por Pipe y por Theo, nunca por ti.

—Solo estábamos practicando, todo está bien—. La sujeto de la cintura y planto muchos besos sobre su mejilla solo para cabrear a Matías—. Gracias por preocuparte por nosotros.

—Compénsame esto llevándome a la fiesta de esta noche.

—No puedo, tengo un evento.

—¿Un evento?

—Es una estúpida cena con inversionistas. Moriré de aburrimiento.

—Si quieres te acompaño.

Coloca su clásica expresión de picardía.

—Sería más interesante, pero debo ir solo.

—¿Acaso se trata de un “trabajo”? —me pregunta bajando la voz.

Todos saben que los Nikolaou somos una familia peligrosa, pero la gran mayoría no tiene ni idea de lo que realmente somos capaces. Roberta tiene una vaga idea y prefiero que se mantenga así.

—No, no, es solo una cena, pero debo asistir con mi hermana.

—Claro, lo entiendo—dice distrayéndose cuando suena la campana—. Debo ir a clases. —Se despide besando mi mejilla y la de Theo. A Matías solo le enseña el dedo medio.

Aunque no lo parezca, Roberta y Matías eran muy amigos en su infancia, pero algo sucedió entre ambos y ahora se detestan. Cuando llegué a la escuela Roberta inmediatamente compatibilizó conmigo, pero también lo hizo Theo y Matías. Ellos tuvieron que dar su brazo a torcer para formar el ahora extraño grupo de amigos que somos.

En un principio todos creyeron que Roberta y yo salíamos. Yo habría sido el primero en lograr tal hazaña después de tantos años, pero solo nos volvimos buenos amigos. La verdad es que si lo intenté, Roberta es realmente guapa, pero no sale con nadie. Creía que era porque Matías apartaba a todos los chicos de su lado, amenazándolos si la invitaban a salir, pero es ella quien los rechaza después de unas cuantas citas, al igual que hizo conmigo.

—Acompáñala esta noche. No va a querer perderse la fiesta—solicito hacia Theo.

—Sabes que sí, yo tampoco pienso perdérmela.

En serio le he tomado mucho cariño a Roberta y no me gusta que asista a las fiestas ella sola. Su grupo de amigas son unas víboras que solo esperan el momento preciso para apuñalarla por la espalda.

—Si tú no vas es mejor que ninguno se presente—dice Matías frunciendo el ceño.

Solo lo dice porque él no puede asistir. Hoy es lunes y todos los lunes tiene una especie de reunión con su familia. Todos viven juntos y se ven a diario, pero los días lunes nadie puede agendar nada porque es día familiar. Ven películas y cosas así. A él le fastidia, pero a mí me parece algo fascinante. Nunca he tenido algo así.

—Theo irá con ella—recalco.

Matías observa a Theo como queriendo advertirle que, si alguien se le acerca, él ya no podrá volver a llamarlo su amigo.

—Bien. Tengo clases de natación. Nos vemos —dice marchándose molesto.

Cruzo miradas con Theo.

—¿Sentiste su mirada? —me pregunta divertido.

—Te cortará las bolas si permites que alguien baile con ella.

—Sabes como es Roberta cuando está junto a sus amigas. Esta noche todo se va a descontrolar.

Ambos caminamos hasta el aula. Tenemos laboratorio de química a esta hora. Como siempre me dirijo hasta el último asiento, pero para mi sorpresa, hay una chica ocupando mi lugar.

«¿Y esta idiota?»

—Lárgate—ordeno apoyando mi mochila sobre la mesa.

La chica alza su cabeza y me mira confusa. Tiene el rostro de una muñeca, con grandes ojos café y labios rosados. No la había visto antes por aquí.

—Quita tus mierdas—dice empujando mi mochila.

Me sorprenden un poco sus palabras. Nadie se atreve a hablarme de esa forma y no pensé que una chica con un rostro tan angelical podría decir groserías.

—Tienes tres jodidos segundo para recoger mis cosas.

—¿Acaso soy tu sirvienta?

No puedo evitar soltar una pequeña risa.

«Joder, ¿quién se cree esta tonta?»

—Es obvio que no sabes quién soy.

—¿Un mimado muy grosero?

Se reclina hacia atrás en la silla, meciéndose levemente.

—Mira mocosa, aquí se hace lo que yo diga. —Apoyo mi mano sobre la mesa y me inclino hacia adelante.

—No me digas, otro “hijito de papi” con el ego por las nubes en esta escuela—murmura entre dientes.

— ¿Qué dijiste?

Sujeto el respaldo de su silla y la jalo hacia el frente.

Hoy no es el día para hablarme de “hijitos de papi”. Hoy no es el día para que se nadie se me atreviese.

La chica me mira con grandes ojos. La he asustado.

—Tranquilo Pipe, es nueva—dice Theo llegando a mi lado. Apoya su mano sobre mi hombro hasta que libero la silla de la mocosa—. Disculpa a mi amigo, es algo temperamental. Me presento, soy Theotimus Bertrand, el presidente del comité estudiantil.

Mi amigo se queda con su mano extendida, pero la mocosa no la toma, solo se lo queda viendo con una ceja encarnada.

«Esta realmente no tiene cerebro»

—Ehh...bueno. Mira, él es Felipe Nikolaou y ese es su asiento.

—¿Nikolaou? —pregunta viéndome de arriba abajo.

—Sí, y estás sobre mi asiento.

—No veo su nombre escrito aquí.

Mueve su larga cabellera y un dulce olor a flores llega a mi nariz.

«Dulce rostro, dulce olor, pero abre la boca y solo arroja ácido»

—Ya. Los asientos se asignan al principio del semestre, pero como eres nueva de seguro no lo sabías—dice mi amigo con paciencia—. El asiento de por allá está libre. — Le señala el lugar.

Siempre he envidiado su infinita paciencia. Es muy difícil que Theo pierda los estribos.

—Pues me vale. Me quedo con este—le responde golpeando el piso con su zapato.

—No creo que quieras problemas en tu primer día.

—No hables como si me conocieras.

—Mira, partamos de buena forma. Como presidente del comité estudiantil te invito a almorzar. Te enseñaré la escuela.

—No gracias.

Se cruza de brazos, decidida a no moverse de mi lugar.

Todos los estudiantes se mueven a nuestro alrededor cuando el profesor ingresa al salón.

—Se me agota la paciencia. Arriba mocosa.

—Oblígame.

Sus uñas repiquetean contra la mesa de madera con provocación.

«Pero ¿qué tenemos aquí?»

—Me voy a divertir contigo. Te metiste con el chico equivocado—digo sacando mi navaja y clavándola entre sus dedos.

La chica queda paralizada, pero rápidamente recobra la compostura y vuelve a parecer confiada.

—Mala puntería. Fallaste.

Me inclino para susurrar mis palabras en su oído.

—Tengo una excelente puntería. Si quisiera hacerte daño, créeme que lo haría.

—Estoy temblado.

Ambos nos vemos fijamente a los ojos y me percato que estoy sonriendo.

—Anda, levántate si no quieres un nuevo corte de cabello —digo quitando mi navaja y enderezando mi cuerpo.

—Sé que no hablas en serio.

Sujeto uno de sus mechones y deslizo mi navaja por ellos. Va a gritar cuando le demuestro que en realidad no he cortado nada.

—No te daré otra oportunidad.

La chica respira agitada y sigue mi orden en silencio. Toma asiento a unas cuantas filas de distancia aun algo conmocionada.

—¿Quién rayos es esa mocosa? —pregunto hacia Theo cuando la clase da inicio.

Holiwas! Admítanlo, ¿Quiénes quieren ser la mocosa?

Espero que les guste este nueva idea antes del tercer libro.

Voten y comenten si les gustó.

Cariñito💕