Despreciado.

Sinopsis

Imagina ser un esclavo sexual, utilizado como un baño público hasta que alguien se compadece de ti; y tiene las agallas de salvarte. Adamas x Belcebú.

Genero:
Drama/Erotica
Autor/a:
Erfynder
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Parte única.

Adamas escondido detrás de unas cuantas cajas de cerveza estaba observando  aquella escena. En esa habitación, con un poco de iluminación de una vela estaban ellos. Un grupo de hombres alrededor de una cama de resortes, aunque eso no era lo llamativo, lo llamativo era  lo que esos hombres tenían sobre la cama.


Encima de aquella cama sin sábana había un omega, y lo que esos hombres le estaban haciendo; era algo mero desagradable. Cabe mencionar que no era la primera vez, no, no era la primera vez que esos sujetos abusaban de aquel hermoso Omega. Esos tipos Siempre venían aquí, se bajaban los pantalones y cada uno se turnaba para hacerle fechorías al Omega que estaba atado de manos y pies a la cama.  Se lo follaban de una manera intensa y sin compasión.


Esta habitación se encontraba en la parte trasera de una cantina, el cantinero de dicha cantina había secuestrado a un pobre e indefenso Omega para hacer negocios y ganarse un dinerito extra. Todas las noches esta habitación se llenaba de varios tipos, tipos que se formaban y masturbaban  hasta que su turno llegase para poder desonrar a aquel Omega.


Adamas sentía asco y repulsión ante esa escena, no entendía por qué a pesar de ser un acto desagradable siempre venía aquí a verlo. Le dolía lo que a ese Omega le estaban haciendo, le dolía que lo tocasen de esa forma tan desagradable y lo lastimaran.


Adamas también trabajaba en este bar, él se encargaba de limpiarlo y asearlo cuando la clientela ebria se hubiera ido.  Cuando esos malditos tipos terminaron de reírse por lo muy mal que habían dejado al Omega, decidieron que era momento de irse; y uno a uno se subieron los pantalones y salieron por la puerta.


El alfa de cabello rojo suspiró profundamente, esos malditos al fin se habían ido. Adamas tomó su equipo de limpieza y se acercó a la cama donde se encontraba el Omega casi inconsciente.


Aunque Belcebú tuviera ganas de llorar por lo muy mal que estaba, sin mencionar que esos malditos habían escrito groserías en su cuerpo con un marcador de tinta roja; no lo hizo. Tan sólo se aguantó las ganas al ver que incluso el conserje del lugar venía a denigrarlo de esa manera. El Omega cerró los ojos y rogó para que ese sujeto terminará rápido; pues estaba cansado y le dolía mucho su  cavidad trasera ya que esos desgraciados habían rasgado parte de su carne roja.


Belcebú escuchó cómo ese sujeto colocaba su balde de metal en el suelo, y cuando pensó que se posicionaría encima suyo para hacerle esto y lo otro; lo único que sintió fue algo frío y mojado sobre su abdomen, ese que estaba lleno con esa semilla blanca tan desagradable.


¿Qué estaba haciendo ese sujeto? El cabello negro abrió los ojos de golpe solo para percatarse de que ese sujeto no lo estaba tocando de una mala manera; ese tipo lo estaba limpiando. Adamas pasó su pañuelo blanco por cada parte de la piel del Omega; esos malditos bastardos habían dejado su cuerpo sucio y lleno de ese fluido tan desbordante y desagradable.


—¿Qué crees que estás haciendo? —exclamó el Omega mientras veía atento cómo ese sujeto frotaba ese pañuelo en su muslo derecho para tratar de borrar las letras rojas. 


—Oh, nada. Sólo planeo limpiarte… —habló.


—¿Para qué…? Mañana ellos volverán y puede que termine igual ó peor… —habló.


—Entonces… volveré a limpiarte mañana —comunicó al tirar el pañuelito blanco al suelo para después tomar otro y  seguir limpiando su suave, hermosa y blanca piel —. Ya casi estarás limpio… —pronunció con júbilo.


—¡Maldita sea…! —alegó al sentir el agua fría entrar en su cavidad trasera. Adamas soltó una risita al ver la escena, el Omega estaba acostado, con las piernas elevadas, flexionando las rodillas hacia la cabeza; mientras él  vertía una botella de agua en su cavidad trasera para limpiar más a profundidad —. ¡Ya! ¡Ya es suficiente! —exclamó, eso sin duda lo hizo estremecer; sin mencionar que era humillante.


—Está bien —comunicó Adamas mientras veía cómo  agua blanca  salía por el agujero del Omega.


Después de ello, después de haber limpiado y aseado al Omega, el alfa destapó otra botella de agua, sentó al omega en la cama y le dió a beber, ese Omega se notaba que desde qué llegó aquí no había estado comiéndo adecuadamente; estaba demasiado delgado; lo cuál le pareció preocupante.


—¿Te gustaría comer algo?


—¿Me vas a invitar? —lo vió fijamente con sus ojos negros. Adamas asintió —. Entonces sí.


Después de ello, después de regresar de ir a comprarle algo al Omega de los puestos de allá afuera, se sentó en la orilla de la cama mientras lo veía comer. Un sin fin de preguntas se encontraban en su mente en este momento ¿Quién era este Omega? ¿Cómo acabó aquí? ¿Y por qué entre algunos ratos se le hacía escalofriante?


—¿Cómo te llamas? —le cuestionó mientras lo veía comerse esa hamburguesa con desesperación, sí, sin duda no había comido bien en días —. No… no quise —habló nervioso mientras veía cómo ese Omega se le quedaba viendo fijamente con esa mirada tenebrosa.


—No te preocupes —informó mientras masticaba —. Mi nombre es Belcebú —habló cuando tuvo la boca vacía —. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?


—Bueno, mi nombre es Adamas. Es un placer, Belcebú —le ofreció su mano; Belcebú lo vió atento antes de corresponder al apretón de manos.


— Así que… ¿Trabajas aquí? —el cabello rojo asintió —. Conserje por lo que veo.


—Acertaste, Beel… Lo siento ¿Puedo llamarte Beel? —habló inseguro, no quería ofender al Omega teniendo este tipo de confiancitas sin su aprobación. Y para su sorpresa, el ojos negros asintió —. Puedo preguntar… ¿Como terminaste aquí? —mencionó mientras lo veía de manera curiosa.


Belcebú se quedó pensativo por uno segundos,  aunque no se sentía seguro de hablarle de esto a alguien, por alguna extraña razón sentía que podía confiar en ese sujeto que lo había limpiado hace unos minutos.


—Tenía una deuda con el dueño del lugar…—agregó —. No pude pagar por lo que él decidió que mi deuda sería saldada de esta forma. Él me va a tener aquí hasta que yo le haya conseguido el dinero que le debía —confesó.


—Oh… comprendo —mencionó.


Los días siguientes la rutina se repitió, el conserje estaba escondido y  atento a que esos malditos  sujetos terminaran de ensuciar al omega. Cuando esos tipos borrachos se iban; el salía de su escondite y limpiaba a Belcebú. Le daba un poco de agua, y después le iba a comprar algo de comida.


Ambos se volvieron muy buenos amigos, se compartían esto y lo otro (cómo vivían sus vidas, e incluso sus mayores e íntimos secretos).  Adamas descubrió una que otra cosa del Omega y el Omega de Adamas.


—¿Y entonces no tienes pareja? —Adamas negó ante la pregunta, aunque quisiera; nadie quería estar con él, mucho menos formalizar una relación. El alfa sabía perfectamente que su destino era éste; Tener un empleo mal pagado y estar solo por el resto de su vida —. No te creo. Me pareces un buen sujeto —exclamó el Omega.


El alfa abrió los ojos con sorpresa ¿Le parecía un buen sujeto? Nunca había recibido semejante cumplido en su vida. Lo único que Adamas podía decir es que, se sentía tan bien escuchar palabras que no fuesen desagradables hacia su persona.


—¿De verdad lo crees?


—Por supuesto —habló el Omega —. ¿Ó qué crees tú? ¿Qué le digo a cualquiera que es…"buen sujeto"? —se burló.


Un sonrojo comenzaba a aparecer en las mejillas de Adamas. Escuchar esas palabras por la dulce voz de Belcebú hacia que su corazón retumbara y se acelerara más de lo usual. El alfa ya iba a abrir los labios para regresarle el cumplido al omega, cuando en eso,  la puerta de la habitación se abrió y unas pisadas se escucharon.


—¡¿Pero que Demonios haces aquí?! —habló el dueño del bar al ver al conserje sentado junto a su mercancía valiosa —. ¡Lárgate a limpiar los baños! —lo vió de manera fulminante. Adamas se tensó, enseguida tomó su balde y salió lo más rápido que pudo, lo más rápido para que ese malvado rubio no le hiciera daño cómo siempre.


Belcebú vió detenidamente al sujeto, por los clientes que había atendido más los días que estuvo aquí; el Omega ya había hecho cuentas de que; la deuda ya estaba saldada. Belcebú creyó que Dan le venía a dar las buenas noticias y a liberarlo de estos malditos grilletes que tenía desde hace varias semanas.


—¿Y bien? ¿Ya soy libre? —le habló el ojos negros.


El rubio sonrió malévolo ¿Qué le hacía pensar a Belcebú que ya era un Omega libre? Ese omega era su mejor adquisición, su mejor mercancía, todos en el bar pagaban por estar aunque sea un minuto en su agujero.


—Beel, te traigo noticias. La buena: es que has saldado tu deuda conmigo. La mala; que eres mercancía valiosa y no te podré dejar ir… —comunicó sonriendo.


Belcebú pestañó varias veces mientras se preguntaba ¿Ese tipo estaba bromeando? Ellos tenían un trato, ese sujeto no se podía echar para atrás.


—¿Qué…? Pero dijiste que si me quedaba aquí dos meses, mi deuda se iba a saldar, no me puedes hacer esto, Dan. Me diste tu palabra —alegó,  éste sujeto no se podía poner a jugar con él de esta manera.


El sujeto se encogió de hombros.


—Las personas podemos cambiar de parecer, Beel. Pero no te preocupes, haré de tu habitación un lugar mejor, es mas… puedo colocar un foco en vez de una vela —añadió animadamente, mientras el cabello negro arrugaba la frente. Después de decir aquellas palabras el rubio dió media vuelta. Belcebú con la frente arrugada vió cómo ese sujeto salía de su habitación.


La noche siguiente Adamas entró nuevamente a la habitación de su querido amigo. El alfa de cabello rojo había llegado tarde, en su defensa, su malvado jefe lo puso a hacer más tareas que no le correspondían a él.


Cuando entró, se topó con la sorpresa de ver a su querido amigo sentado sobre la cama mientras abrazaba sus piernas. Belcebú tenía una expresión de tristeza en el rostro, él creyó ciegamente en ese sujeto que le prometió que en cuanto pagara su deuda lo dejaría libre, que estúpido se sentía.


—Hola, Beel… —añadió mientras se iba acercando a pasos lentos a su amigo de cabellos y ojos negros. El Omega alzó la vista al escuchar su voz —. ¿Te sientes bien? —cuestionó al sentarse en la orilla de la cama, por alguna razón, le preocupaba esa expresión en el rostro del Omega.


Belcebú desvió la vista de él y no dijo nada, tan sólo se limitó a acostarse de lado, en estos momentos  no quería saber de nada ni de nadie. No cuando ahora sabía que su estancia aquí sería permanente y tendría que soportar a los mismos tipos el resto de su vida (ó hasta que ya no fuera funcional para Dan).


—¡Lárgate! —alegó en cuánto sintió que Adamas pasó el trapo mojado en su piel, estaba tan irritante que no quería que absolutamente nadie lo tocase —. Vete, me quedaré sucio hasta mañana, no me importa —habló indiferente.


—Beel… ¿Qué pasa? ¿Acaso tallo muy duro tu piel? ¿Acaso te lastimé? —cuestionó parado detrás de él —. Sí es así, lo siento. Intentaré limpiarte con más suavidad. Pero por favor, deja que te limpie, no quiero que te vayas a dormir sucio… —rogó. Belcebú gruñó, aunque Adamas sabía perfectamente que él no tenía la culpa de su enojo; aún así se atrevía a pedirle disculpas.


El Omega se sentó y volteó a verlo, fantástico, ahora se sentía tan mal por haberle pedido que se fuera. Adamas estaba con la cabeza agachada. Era claro que el cabello rojo sabía que su tacto no era el motivo del descontento de Belcebú, a lo mejor esos malditos lo habían lastimado más de lo usual y por ello el Omega se sentía tan molesto que se quería desquitar con él.


—¿Nadie te ha dicho que eres molesto? —habló el Omega al verlo fijamente mientras lo fulminaba —. ¡Bien! ¡Limpiáme! Pero está vez no quiero comer una hamburguesa, tráeme algo diferente… —se dirigió y se  sentó en la orilla de la cama.


Una sonrisa tenue se dibujó en el rostro de Adamas, al parecer el enojo en Belcebú había desaparecido por completo. Y Adamas así lo hizo, siguió con la misma rutina de limpiar el hermoso y delicado pero sucio y marchito cuerpo del Omega.


—¿Beel, de verdad estás bien? —añadió sentado en la cama mientras veía al Omega devorar sus papas fritas  de su bolsa de papel marrón. Belcebú las comía con desesperación;  hace tanto que no comía papas —. Dime… ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar? —cuando entró y vió la triste mirada en el rostro del omega; sintió dolor en el interior de su corazón, sintió el dolor y la tristeza de Belcebú cómo si fuese la suya propia, y él quería cambiar eso, quería cambiar su estado de ánimo, hacerlo sonreír ó hacerlo sentir mejor.


El Omega negó, Adamas no podía hacer nada para ayudarlo, y aunque tenía una idea estúpida pasando por su cabeza, sabía perfectamente que ese cabello rojizo  se negaría a su petición.


—Me temo que no… si yo te pidiera algo que está pasando por mi cabeza en estos momentos, tengo la seguridad de que te negarías de inmediato—confesó mientras se limpiaba las manos con la bolsa de papel color marrón.


—¡Dímelo! ¡Lo haré! —habló ansioso, lo que sea para hacer sentir mejor al cabello negro.


Belcebú suspiró con pesadez, aunque sabía que Adamas se podía echar para atrás, no perdía nada con decirle su propuesta.


—Quiero que me ayudes a escapar de aquí… —informó mientras lo veía fijamente. Adamas abrió los ojos como platos ¿Ayudarlo a escapar de aquí?  El alfa tenía la seguridad de que si hacía eso, sería despedido, o aún peor, sería asesinado por ese maldito rubio aterrador. Belcebú no se extrañó ante la reacción del cabello rojo —. ¿Lo ves? Te dije que te  ibas a negar…


—¡Lo haré! —añadió sorprendiendo a Belcebú, de todos modos Dan ya había puesto a sus matones a hacerle todo tipo de cosas desagradables; cómo golpearlo hasta dejarlo inconsciente, ó meterle la cabeza al inodoro.


—¿De verdad?


El cabello rojo asintió varias veces, por supuesto que lo ayudaría,  no le gustaba para nada que ese hermoso Omega fuese tratado de esa forma tan desagradable y despreciable. Quería que Belcebú fuese libre y que ningún maldito alfa lo volviera a tocar sin su consentimiento.


La noche siguiente, Adamas veía fijamente a  su reloj de muñeca, eran las cinco de la mañana. Adamas sabía perfectamente que,  el bar ya había cerrado, Dan ya estaría durmiendo, y aunque tenía un sin fin de matones custodiando todas las puertas del lugar, había un lugar muy alejado de sus matones.


Belcebú apreció como Adamas entraba a su habitación con un enorme abrigo, abrigo que en realidad era una gabardina, abrigo  con el que Adamas siempre venía a trabajar. El Alfa colocó el abrigo sobre la cama, lo destendió y de ahí sacó un alicate. Belcebú apreció cómo Adamas acercaba el alicate a los grilletes que presionaban sus tobillos, para después cortar las cadenas que lo oprimían. Luego, fue hasta los grilletes de sus muñecas e hizo lo mismo.


El Omega sonrió tenuemente mientras estiraba los brazos, hace tanto tiempo que  no se movía libremente. El Omega se paró de la cama, hace mucho tiempo que no tocaba el frío y duro suelo, hace tanto que no caminaba.


—Pontélo, ya casi vamos a salir de aquí —comunicó el cabello rojo mientras le señalaba con la mirada el abrigo negro.


El Omega Obedeció, hace mucho que su cuerpo no estaba cubierto.


Después de ello; de apreciar cómo el omega se  colocaba su gabardina; el alfa lo tomó de la mano. Salieron por la puerta y caminaron sigilosamente por el pasillo del bar; hasta llegar  a una pared en la que había una ventana.


Adamas fue por un taburete de cedro, Belcebú abrió la ventana de madera, se subió al taburete y salió por la ventana. Por suerte estaban en el primer piso. El omega sonrió en el momento en el cuál sus delicados pies  tocaron el  duro asfalto. Adamas también salió por la ventana. Ambos empezaron a caminar lejos del bar. Era una infernal noche de verano.


Por el momento Belcebú no tenía a donde ir, pero agradeció que Adamas le ofreciera  hospedaje en su casa.  Y así lo hicieron, ambos  empezaron a caminar hacia la casa del cabello rojo.


La casa de Adamas no era lujosa, ni espaciosa; era pequeña y acogedora, sin mencionar que se encontraba a las afueras del pueblo, cerca del bosque. Aunque claro para Belcebú era perfecta. El Omega no tenía casa propia.


Belcebú sonrió en el momento en el cuál Adamas le ofreció su cama para descansar; se le hizo un  hermoso gesto; ya que no habían más camas en el lugar.


—¿Estás seguro de que quieres cederme tu cama?


—Sí, Beel. No te preocupes. Tómala sin compromisos —le sonrió, por supuesto que no dejaría que su adorado amigo durmiera en el suelo.


—Pero ¿Donde vas a dormir tú?


—No te preocupes… colocaré unas cuantas sábanas acá en el suelo y dormiré junto a tí para protegerte, ya sabes, por si Dan viene —confesó sonriendo —. Anda, vamos, sube a mi cama y descansa. Si tienes frío, tengo más abrigos y sábanas en el armario.


—De acuerdo… —agregó al acostarse en la cama que Adamas ya le había preparado —. Dormiré aquí. Disfruta el suelo —le sonrió mientras se arropaba con la sábana fresca y blanca del cabello rojizo.


—Créeme, lo haré… —añadió al arrojar al suelo la sábana verde que había sacado del clóset —. Descansa, buenas noches… —apagó la luz de la habitación.


Por suerte para Adamas; él jamás le reveló a Dan donde vivía y esperaba que siguiera así. No quería que ese sujeto viniera y se llevara a su adorado amigo y lo volviera a atar de manos y pies para dejarlo a merced de esos sujetos.


Las semanas pasaron,  y cómo Adamas no tenía trabajo, Belcebú pensó que sería buena idea plantar algunos Vegetales detrás de la casa del cabello rojizo. Aunque claro, no fue mala idea, ya que en lugar de pasar hambre; se comían las verduras que ambos cosechaban sobre tierra negra y  fértil. 


Para Belcebú no era tan malo vivir aquí, es decir, tenía libertad, sin mencionar que Adamas ya le había quitado esos molestos grilletes de las manos y pies.  Sí, vivir en una casita pequeña en Compañía de un buen sujeto era mejor que vivir en la habitación de un bar mientras un grupo de sujetos te tocaban  de maneras indecentes mientras te lastimaban..


—¿Y? ¿Qué tal sabe? —cuestionó Belcebú sentado en la pequeña mesa de Madera de la cocina de Adamas —. ¿No me quedó tan mal la sopa? ¿Verdad?


Adamas terminó de darle un sorbo a su tazón, a decir verdad, no, no le había quedado tan mal, sólo le faltó un poco de cocción al pollo. Pero para su paladar; esa sopa de pollo era exquisita.


—Es deliciosa… —añadió al volver a colocar el tazón sobre el mantel blanco de la mesa.


Después de ello, ambos se fueron a la habitación a descansar. Había sido un día difícil, habían reparado la casa, la habían limpiado, y habían quitado las plagas en el jardín.


Pero, esta noche no era cómo cualquier otra, esta noche había un pensamiento extraño pasando por la mente de Belcebú, un pensamiento malicioso.  Desde que conoció a Adamas se le hizo buen sujeto, un sujeto que era agradable, gentil y desinteresado; y por alguna razón, eso le encantaba. Le encantaba que el sujeto se preocupara por él sin malas intenciones de por medio.


Sin mencionar que, cuando Adamas lo ayudó a escapar; hizo que su corazón se acelerara; no podía creer que ese sujeto hubiera dejado su trabajo de lado para liberarlo y terminar comiendo sopas mal hechas.  Sin duda lo conmovió en el interior de su corazón.


Y por ello, quería darle algo a cambio por tomarse todas esas molestias por él.


—¿Beel? ¿Qué pasa? ¿No tienes sueño? —cuestionó al ver que el cabello negro aún no se había acostado en su cama, y que en lugar de eso; estaba sentado viendo a la nada con una sonrisa bastante escalofriante —. ¿Te sientes bien?


—Estoy bien —salió del trance —. Aunque… si vinieras a mi cama… estaría mejor —comunicó mientras su sonrisa se volvió más escalofriante.


—Beel, me estás asustando… —añadió.


—Anda, vamos. Te juro que no es nada malo… a menos que tú así lo quisieras —susurró. Adamas obedeció, si acercarse a él era lo que Belcebú necesitaba para estar bien, eso es lo que haría. Adamas se sentó junto a él en la orilla de la cama.


—¿Beel? ¿Qué pasa? ¿No tienes sueño? —cuestionó al ver que el cabello negro aún no se había acostado en su cama, y que en lugar de eso; estaba sentado viendo a la nada con una sonrisa bastante escalofriante —. ¿Te sientes bien?


—Estoy bien —salió del trance —. Aunque… si vinieras a mi cama… estaría mejor —comunicó mientras su sonrisa se volvió más escalofriante.


—Beel, me estás asustando… —añadió.


—Anda, vamos. Te juro que no es nada malo… a menos que tú así lo quisieras —susurró. Adamas obedeció, si acercarse a él era lo que Belcebú necesitaba para estar bien, eso es lo que haría. Adamas se sentó junto a él en la orilla de la cama.


—¿Qué pasa? ¿No te sientes bien? No me digas, mi casa ya no se te hace acogedora y planeas irte… —comunicó desanimado. 


—No es eso —avisó mientras lo veía fijamente y colocaba ambas manos sobre los hombros de Adamas.


—Beel… ¿Qué sucede…? —comunicó mientras sentía cómo era empujado a la cama, nunca había visto a Belcebú con esta actitud.


—Nada,  es solo que me encantas y quisiera agradecerte adecuadamente por todo lo que has hecho por mí—comunicó en un tono seductor, para después acercar sus labios a los delgados labios de Adamas.


Al principio fue un simple roce, pero ese pequeño roce de labios se fue intensificando a tal punto de meterse la lengua a la boca y todo gracias a Belcebú.


El alfa con los ojos abiertos como platos era testigo de cómo ese Omega hermoso  lo besaba intensamente. Un beso que comenzó como un simple roce ahora  comenzaba a ser un beso salvaje  lleno de lujuria desenfrenada.


—Vamos, no me dejes esperando. Hazme tuyo —pidió el cabello negro mientras agarraba la mano de Adamas y metía uno de sus dedos a su boca; para después comenzar a chuparlo.


Adamas estaba sorprendido, no podía creer que después de lo que pasó estando días encerrado en esa habitación con todo tipo de hombres encima; el Omega quisiera esto, y más con un tipo de apariencia desagradable.


—Vamos, no te contengas… —se sacó el dedo de Adamas de la boca. El alfa sintió un ardor en sus mejillas.  El alfa colocó una mano en el mentón del Omega y lo volvió a besar de manera brusca.


Belcebú jadeó en el momento en el cual ese alfa lo acostaba sobre la cama, para después posicionarse encima suyo. Honestamente Adamas siempre quiso tocar ese hermoso y delicado cuerpo del Omega, pero jamás creyó que Belcebú sintiera lo mismo. Era una alegría para él tener este honor.


—¿Estás seguro, Beel?


Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro del Omega.


—Sí, si es contigo sí… no te preocupes. Sólo no te contengas —exigió para después ser interrumpido por los labios de Adamas. Bueno, siendo con el consentimiento de Belcebú, no había ninguna oposición para que él no pudiera disfrutar de su cuerpo. Su alfa salió a flote.


El Calor inunda sus cuerpos. El cabello rojizo; besa, chupa y muerde ese delicado cuello lentamente con demasiada fuerza y luego baja hacia su pecho;  succionando y mordisqueando sus pezones que ya estaban demasiado rojos y sensibles.


Belcebú por otra parte solo podía limitarse a  gemir con un pequeño dolor placentero.


—Bien, ahora es mi turno de complacerte —añadió el cabello negro al separarse de él y sentarse en la orilla de la cama —. Anda, párate —ordenó.


Belcebú se para de la cama para después  arrodillarse frente a él;  con una sonrisa maliciosa toma cada centímetro de su gran pene caliente y palpitante. Se mete cada gozor del pene a su húmeda y caliente boca.  Adamas  gime de lo deliciosa que es la boca del Omega, no podía creer que estuviera sintiendo algo así.


El cabello rojo empieza a embestir con su gran pene la boca del ojos negros, las embestidas son tan   salvajes, que incluso  Belcebú siente un fluido desbordante recorrer su garganta, y para sorpresa de Adamas, el Omega se  lo traga todo. 


Adamas ayuda al Omega a pararse, para después embrocarlo en su cama.


—agh… —el ojos negros gime en el momento en el cuál sintió un gran bulto entrar en su orificio. El pene del alfa entra en el interior del Omega con demasiada intensidad. La cama se mueve a su compás.


Belcebú siente como el golpeteo placentero en su agujero se va apoderándo de su trasero.


Adamas jadea al dejarle ir su semilla blanca en su interior.


Ambos están cansados, con la respiración acelerada y llenos de sudor, deciden quedarse tumbados sobre la  cama; con una sonrisa en sus rostros.


—Pues no lo haces tan mal… —exclama el Omega aún jadeante —. Deberíamos hacerlo otra vez —pronunció. Las mejillas del alfa se tiñen de color carmesí al escuchar la propuesta.


Fin.