El bebé
<<Boy, you’re gonna know it all /Chico lo vas a saber todo
You’ll think you’re ten feet tall / Pensaras que mides diez pies de altura
And run like you’re bulletproof /Y correrás como si fueras a prueba de balas
And total a car or two /Y en total de uno o dos coches
Boy, you’re gonna hate this town / Chico, vas a odiar esta ciudad
Wish you could burn it down/ Ojalá pudieras quemarla
That fire in your eyes is twenty counties wide/ Ese fuego en tus ojos es de veinte condados de ancho >>
Boy
Lee Bryce
El bebé.
Doina no fue una gran historia de amor, una persona normal ni siquiera la hubiera recordado, solo un pobre diablo amargado; dotado con la habilidad de recordar todo y atormentarse con eso una y otra vez cada que su mente hallaba un descanso como Severus Snape podía recordar “el evento” como lo clasificó en su mente.
Un decepcionante momento de desesperación mutua.
Doina era miembro de un antiguo aquelarre de brujos oscuros aislado del mundo en Orșova Rumanía, él estaba ahí para recolectar ingredientes para pociones que solo cultivaba ese aquelarre, por petición de Lucius que financió su expedición.
Un viaje al infierno de tres meses de duración, en una orgullosa y noble comuna sangre pura al más tradicional estilo mágico.
Cinco nobles, ricas y prolíficas familias que se unieron y aislaron del mundo muggle en una enorme casa señorial para estudiar los confines de la magia oscura. Al menos eso fueron hace trescientos años, ahora solo eran un zoológico de monstruos endogámicos con aliento a alcantarillado público, completamente dementes.
Tanto que incluso un tipo espeluznante y socialmente atrofiado como Severus, podía pasar por un hombre atractivo y carismático en su presencia.
Doina pudo haber sido si no hermosa, quizás un poco socialmente aceptable, incluso con su piel pálida amarillenta, su evidente desnutrición y su descuidada cabellera castaña que caía lacia y sin chiste sobre su cara. Ella con sus túnicas que podrían ser lujosas y hermosas en el año mil ochocientos, y sus miembros completos, la convertían en toda una belleza deseada en el señorío, tanto que sus padres la hubieran ocultado en su habitación desconfiando de la presencia del extranjero; si no fuera porque ella y su hermana eran las únicas que no provocarían que sus invitados vomitaran en la alfombra enmohecida deseando arrancarse los ojos.
Así que las hermanas Doina y Orla fueron elegidas para recibirlo y servir de intérpretes durante su estancia.
No le sorprendió para nada la ignorancia de Doina sobre mundo exterior y muchas cosas básicas, si por básico tomáramos saber que la tierra era redonda y que por respeto común no se caga en las esquinas de las habitaciones; acostumbrado como estaba a los extremos a los que llegaban los magos para no mezclar su sangre y su vida con muggles. No… en definitiva no le sorprendió aquella forma de vida; aun así ver el resultado de siglos de endogamia y aislamiento en vivo y en directo fue brutal para él.
A veces la duda se alojaba en su pequeño y seco corazón al pensar en el futuro del mundo mágico si aquel era el estilo de vida respetado y aceptable que el Señor tenebroso quería imponer en la sociedad. Pero trataba de no pensar en eso; no es que realmente creyera en el ideario mortífago, él estaba ahí por la parte de la gloria y el reconocimiento. Poco le importaba que ese grupo de estúpidos se casara con sus primas hermanas hasta reconocer una familia de sangre pura de otra por sus defectos genéticos heredados, “Oh mira esa es una cojera Not”, “Una joroba clásica de Greengrass”, “Tiene la locura de los Black”.
Ellos podían autodestruirse lo que quieran siempre que él tuviera el reconocimiento que merecía, el problema era que no lo estaba recibiendo, por más que trabajara duro y el Lord le prometía grandeza, la grandeza hasta ahora era ser relegado a las tareas más infames y ni siquiera había tenido el honor de ser marcado como miembro de su exclusivo círculo interno.
Por eso mientras idiotas ricos de apellidos de renombre estaban en Londres haciendo las cosas importantes de acuerdo con su estatus, él estaba en Rumania, en el paraíso del más descarado incesto, suciedad y locura, tratando de sobrevivir a los discretos ataques contra su vida de un variopinto grupo que no toleraba extranjeros, a la vez que recogía lo más rápido posible ingredientes que debían tratarse con la mayor delicadeza o ser cosechados en momentos y fechas específicas.
Para su desgracia en ese momento Severus estaba llegando a su límite, acababa de terminar una llamada por red flu con Lucius y de fondo claramente se escuchaba una fiesta bastante ruidosa; además era obvio que el mortífago estaba dándole por su lado y que cortó la comunicación a propósito.
Ya podía imaginarlo, en su mansión comiendo manjares y bebiendo vinos caros lamentándose con su hermosa esposa y amigos sobre la ardua y pesada carga que era esperar cómodamente a que el bastardo ingrato de Severus terminara de recoger esos malditos ingredientes en medio de la nada.
Se sentía infravalorado y no respetado, había llorado de ira y frustración y destruido su habitación, como si alguien fuera a notar la devastación extra en ese hoyo del infierno, hasta que se cansó y durmió, cuando Doina se coló en su cama.
Doina, la pobre Doina que quería largarse de su comunidad tanto o más que Severus, siempre soñando con mundos de novelas románticas que le regalaban en el pueblo mágico local cuando salía a vender hongos con su hermana.
Se aferró a él como a uno de sus príncipes soñados, en su desesperación por un mundo que solo podía imaginar, no era tonta como para pensar que podría irse con él, solo fue eso, un momento en que ella pudo poseer un poco de ese mundo exterior y en el que Severus logró desahogar la rabia contenida de una manera menos hostil.
No pudo ni terminar cuando ella se fue tal como llegó, dejando a Severus no solo dolorosamente insatisfecho sino temiendo aún más por su vida. Afortunadamente no le volvió a dirigir la palabra, así que pudo continuar con lo suyo y largarse alegre de seguir respirando, con un baúl lleno de ingredientes exóticos y un par de reliquias robadas de magia negra bien escondidas al fondo.
Al final de ese martirio su esfuerzo se vio recompensado, se ganó el respeto del Lord con esa asquerosa misión y mientras se acercaba cada vez más a su objetivo, ocluyó el recuerdo de Doina, solo para dejarlo salir esas noches de insomnio en que se sentía especialmente masoquista.
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Sirius Black caminó con desgana por los pasillos del departamento de aurores del ministerio, sus compañeros lo veían con reproche, como si no se hubiera acostumbrado a ese tipo de miradas en la calle, eran lo mínimo que un auror recibía esos días y no podía decir ni siquiera que era injusto.
Cuando ingresó como aprendiz al cuerpo de aurores, pensó que atraparía magos oscuros y haría un esfuerzo por la guerra, lo cierto era que terminó encerrado en una cadena de burocracia sin sentido arrestando pobres diablos inocentes, y de vez en cuando actuando como un matón al servicio del ministerio.
Había días en que ni siquiera se reconocía al espejo y lo peor era que no había nadie con quien quejarse de la mierda de trabajo que tenía, una vez dentro James había sido reclutado por su propio padre para hacer el trabajo sofisticado y secreto, y Remus vivía su propio infierno tratando de conseguir un maldito empleo que pudiera acomodarse a sus circunstancias.
Entró a la oficina del jefe de aurores, el señor Shadwell un viejo auror barbudo, lleno de cicatrices, con una impecable reputación y carácter estricto, lo miraba con desaprobación sentado en su escritorio. Durante un tiempo Sirius realmente lo admiró, pero con el paso de los días esa imagen de él se fue ensuciando, mientras le ordenaba a Sirius las cosas más infames y dejaba pasar cosas peores en nombre de dar una buena impresión al ministerio.
El hombre no levantó la vista de sus papeles y con un gesto le indicó que se sentara.
—Sirius Black, ¿Sabes porque estás aquí?
—Por golpear a Moreau, señor— dijo Sirius con solo una pizca de arrepentimiento.
El señor Shadwell lo miro como si fuera solo basura y golpeó con firmeza con el puño su escritorio.
—¡Sirius Black!, ¡Esto no es el maldito Hogwarts!, ¡No puedes golpear a un compañero auror y salir con un sermón de esto!
—Lo sé, señor— respondió Sirius con la voz cargada de hastío, ya no amaba esto, la última vez tuvo que ducharse cinco veces para sentirse limpio.
Se suponía que estar ahí debía preocuparle, lo que hizo fue grave y no solo por romperle la maldita nariz a Moreau, pero ni siquiera podía pensar en una excusa decente para conservar su empleo de mierda.
—“Lo sé, señor”— lo imitó Shadwell con voz afeminada —Black, desde que llegaste aquí no has hecho más que lloriquear y mojar los pantalones por como tratamos a malditos mortífagos.
—¡El señor Burke, el anciano de la panadería no es un maldito mortífago, ni su esposa, ni la señora Robins ni sus hijas menores de edad! — levantó la voz Sirius con los puños apretados mientras en su mente podía escuchar los gritos de todas esas personas inocentes siendo arrastradas a Azkaban solo para dar la impresión de que se estaba haciendo algo.
—¡Esa no es tu decisión Black! — gritó Shadwell cada vez más libido del coraje —el ministerio te pide que los arrestes y lo haces, ese es tu trabajo, olvida lo que aprendiste en la academia, tu único trabajo es hacer lo que se te pide y ya— explicó el hombre incapaz de entender porque Sirius no podía hacer algo que él consideraba tan simple.
—Entonces mi trabajo es encerrar pobres diablos inocentes, y voltear la cara cuando tú maldito escuadrón les roba las pocas pertenencias que tienen, cuando los golpean a morir, cuando toman a sus hijas y las…
—¡SÍ, BLACK!, ¡SÍ!,— gritó Shadwell interrumpiéndolo y abalanzándose sobre el escritorio, tomó a Sirius de la túnica y siseó amenazante—Si no te gusta te volteas y te callas el maldito hocico, ellos son escoria, mortífagos, no tienen derecho a nada, el ministerio lo dijo y eso es lo que vas a creer o juro por lo más sagrado que vas a pasar toda tu miserable vida haciendo guardia en Azkaban. Ya va siendo hora de que aprendas cómo hacemos las cosas aquí.
Sirius soltó una risa amarga antes de mirarlo a los ojos y responder —Métete tu empleo por el culo, de seguro te ha de caber en el enorme boquete que ya te dejaron las pollas de todos esos imbéciles del ministerio.
Shadwell soltó a Sirius y le apuntó su varita, rojo de ira dispuesto a ponerlo en su lugar…
Veinte Minutos después Sirius Black salió con una caja con sus cosas por la puerta principal del ministerio con una sonrisa satisfecha, mientras tres aurores, dos encargados del departamento de accidentes mágicos y un inefable trataban de despegar a Shadwell del techo de su oficina.
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Un año después de su desventura rumana en su casa en la olvidada Cokeworth, Severus Snape se preparaba para por fin tener el gran honor de ser marcado como un miembro del círculo íntimo del Señor Tenebroso y finalmente todo prometía ser como debería.
Pero como todo en su maldita vida no lo fue, había algo mal.
Era respetado ahora, cierto; pero detrás de este respeto podía ver las sonrisas depredadoras escondidas tras esa cordialidad. Con su pútrida vida a cuestas podía decirse que tenía la habilidad de oler la mierda a kilómetros con facilidad.
Y las pequeñas pistas que captaba en la cara más pálida y ojerosa que de costumbre de Regulus Black; la sonrisa de satisfacción de la célebre sádica enferma Bellatrix Lestrange y su esposo que parecían estar como en casa al lado del Señor Tenebroso; las desapariciones de personas a vecesconvenientes con la causa, a veces convenientes con el humor del Señor Tenebroso y los ataques de pánico discretos a puertas cerradas de los novatos que recibían el “honor” de ser marcados que se supone no debía notar, decían que debía pensarlo.
No… no eran pequeñas pistas…eran enormes sirenas acompañadas de luces rojas parpadeantes, que le destrozaban la cabeza gritando que debía huir fuera de las islas, esconderse en medio de la maldita nada y nunca en su vida volver.
Pero, en primer lugar, estaba desempleado y quebrado; en segundo, era muy tarde para hacerlo. Mientras más y más sabía sobre el Señor Tenebroso y su operación, más se hundía en ese charco de lodo y quedaba más claro que la única forma en que lo dejarían ir sería en forma de cadáver.
Severus trató de espantar sus pensamientos pesimistas inútilmente como siempre, hace mucho tiempo que se resignó a nombrar a sus pensamientos autodestructivos y su personalidad suicida como un defecto de carácter.
Sacó su mejor túnica elegante, la que Malfoy le dijo que usara para estar a la altura del gran evento y se la puso con las manos temblorosas.
Respiró profundo tratando de calmarse, trató de ocluir para enterrar todas sus dudas, un respiro profundo y Regulus Black, Bellatrix Lestrange y su estúpido marido quedaron sepultados bajo las emociones de orgullo y admiración que tuvo la primera vez que se encontró con el Señor Tenebroso; pero olvidó enterrar los aullidos asfixiados y sollozos de los recién marcados y todo se fue a la mierda cuando la mano elegante y pálida de Regulus emergió de su entierro mental como un inferi saliendo de su tumba y la risade Bellatrix hizo eco en su mente, reduciéndolo de nuevo al pobre diablo que se estaba muriendo de miedo.
Salió al pasillo y trató de volver a acomodar su desastre mental y se recargó contra la puerta de su cuarto mirando la sucia alfombra verde que iba a la vieja puerta de madera astillada llena de golpes del tamaño de un puño perteneciente al cuarto de sus padres.
Desde la muerte de ellos nunca había abierto esa puerta, debido al profundo temor de liberar los espíritus tristes, viciosos, crueles y llenos de rabia de sus padres y a otras emociones complicadas.
Ya casi era la hora de aparecerse en el punto de reunión del traslador que lo llevaría a su destino, inseguro y muerto de miedo exhaló un gemido de angustia e interiormente pidió una razón, la que fuera, un meteorito, un accidente, un terremoto, una sola razón que le impidiera salir y hacer lo que iba a hacer.
“Merlín o cualquier divino hijo de perra, si este no es mi destino por favor solo dame una pequeña cosa, una señal y juro que nunca más me uniré a grupos secretos con agendas cuestionables” pensó mientras su estómago se retorcía y sentía que se asfixiaba.
Y en ese momento el timbre siendo tocado con violencia y repetidas veces lo hizo saltar.
Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea y con que deidad te escucha, Severus no debió de haber escuchado la advertencia o si lo hizo la olvidó, muchos años después Severus Snape juraría que Loki el dios nórdico del caos y las travesuras fue el que escuchó su ruego y lo concedió de la forma más extraña, enredada y destructiva a muchos niveles posibles y aun muchos años más tarde todavía se preguntaba “¿Qué hubiera sido de su vida si no hubiera abierto la puerta esa noche de Diciembre de 1979?”
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Sirius entró al bar más jodido del callejón Knockturn, buscó al tipo más grande y rudo, le dio un puñetazo en la nariz y en menos de un segundo se inició un zafarrancho en condiciones. Se mantuvo lanzando golpes, rompiendo caras y tirando dientes, pateando y gritando como un maldito salvaje.
Estaba perdido en alcohol y definitivamente no estaba en su mejor momento aun así tardaron en someterlo entre cinco grandes tipos.
Media hora después, Tiny un hombre alto, musculoso y lleno de tatuajes y Ellie “La tuerta” una regordeta bruja rubia con un parche en el ojo, hablaban con el auror James Potter y el vigil en turno que atendió la llamada sobre el zafarrancho en “La Banshee Demente”
—Señor, sé que no parezco un hombre respetable, pero sabe no tuve un buen día, Tom me echó del Caldero por falta de pago, ¿sabe lo difícil que es conseguir trabajo en estos tiempos? — lloró mientras limpiaba sus lágrimas con un pañuelo de corazones rojos y se sonaba la nariz y Ellie acariciaba su calva cabeza —Mundungus Fletcher me estafó con ese negocio de las escobas.
—Fue horrible para él, oficial, el pobre está muy estresado, no es como esos rufianes de por aquí, él va con el sanador mental y nunca pierde una cita— añadió Ellie “La tuerta” mirando al gran hombre con ternura mientras limpiaba la sangre de su cara con su mandil.
—Son los problemas de ira señor, antes estaba todo el día en las celdas del ministerio, por romper huesos y esas cosas. Ahora necesito una cita y no tengo dinero, ni casa; y estoy sangrando mucho— dijo echándose a llorar ruidosamente.
Mientras al otro lado de la habitación Sirius se tapaba la cara con vergüenza, mientras maldecía en voz baja y trataba de fusionarse con los ladrillos de la pared.
—Señor, sé que está algo sensible con todo esto, pero por favor necesitamos saber que pasó para poder ayudarle— dijo James Potter mientras discretamente fulminaba con la mirada a su amigo.
Tiny volvió a sonarse la nariz ruidosamente — Verá señor, hoy era mi cumpleaños y Ellie me hizo la tarta de pescado que solía hacer mamá, pensé que mi día estaba mejorando y luego… luego él llegó… ese… ese… monstruo — Tiny señalo a Sirius mientras sollozaba amargamente — Empezó a golpearme… Yo solo quería comer tranquilo ¿porqueeee? — sollozó Tiny mientras Ellie lo abrazaba contra su pecho y lanzaba dagas con la mirada a Sirius.
Mientras tanto Sirius se hizo pequeño en su asiento y volvió a maldecir por millonésima vez su suerte por golpear de seguro al único tipo decente en todo el maldito callejón Knockturn, era como si el destino se empeñara en recordarle una y otra vez que era un hijo de perra. O sea, no pudo ser el tipo un traficante de algo o un devorador de bebes, no, tenía que ser un increíblemente desafortunado tipo queriendo comer una tarta de pescado en su maldito cumpleaños.
James dejó al vigil hacer su trabajo y se acercó a Sirius con una clara mirada de decepción en su rostro.
—Mira James, lo siento no pensé…— comenzó Sirius a disculparse, pero fue interrumpido por su amigo.
—Basta Sirius, estoy cansado de tus disculpas, últimamente no sé lo que te pasa amigo, renunciando al trabajo, golpeando personas, visitando bares de mala muerte, está es la primera vez en meses que te veo sobrio y estás en problemas otra vez.
—Mira James es complicado, solo es que tengo mucho en mi plato ahora, solo es una mala racha, lo arreglaré y ya sabes todo volverá a ser normal— intentó sonreír y sonar lo más normal posible, lo más normal que podía sonar una persona llena de marcas, moretones y salpicaduras de sangre. Quizás no trabajemos juntos como era el plan, pero conseguiré algo y sentaré cabeza…
—Pues será mejor que lo hagas, amigo— volvió a interrumpir James severamente— Porque Lily no quiere verte en casa si no estás sobrio y me está costando mucho convencerla de que seas el padrino del bebé contigo volviéndote loco.
Sirius sintió esas palabras como un golpe en la boca del estómago, sabía que tenía que cambiar y ordenarse, pero no era fácil, todo lo que quiso durante toda su vida era ser auror y sin eso no sabía lo que quería. No podía regresar y humillarse para ser un maldito perro amaestrado del ministerio, mordiendo y lastimando inocentes; pero tampoco sabía qué hacer con su vida.
Por un instante sintió rencor por su amigo ahí parado, todo moral y todo recto, protegido por su padre de las cosas más sucias del ministerio pensando que todo lo que hacía era bueno, pero no iba a romper su burbuja.
Ese hombre iba a ir a casa a besar a su mujer y a su futuro hijo sin pensar en la cloaca escondida en el ministerio. Por lo menos por él no se enteraría.
—No te preocupes James es la última vez que tienes que ir a un bar por mí— dijo Sirius tan honestamente como pudo y obviamente ni el mismo lo creyó.
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Severus Snape abrió la puerta y encontró a Ozana la hermana mayor de Doina con un bebé en brazos diciendo con la mayor indiferencia.
—El pequeño gândac es tuyo.
Y le tendió al bebé que despertó y empezó a llorar a todo pulmón colgando en las manos de Ozana que lo sujetaba lo más lejos posible de ella como si fuera una alimaña.
Severus quedó en shock solo mirando al bebé retorciéndose en las manos de la mujer —¿Es una broma? —preguntó incrédulo mientras trataba de hacer cuentas en su cabeza, una voz en su cerebro gritaba “Ni siquiera terminaste dentro de ella” y otra le gritaba más fuerte “Sabes que solo es necesario meterla para concebir un bebé, bienvenido a la estadística de embarazo juvenil más imbécil del mundo”; y él solo no podía creer que esto pasara justo en el maldito momento en que el mago más poderoso de Gran Bretaña lo esperaba para unirse a su sequito en otra parte.
Ozana le dio una mirada penetrarte —¿Que te parezco una comediante? Crees una strigoaicǎ que se respeta deja a su marido y a sus niños para hacerle una burlya a un străin murdar.
—Es imposible, no lo creo… estuve con ella menos de cinco minutos — dijo con un gemido ahogado apenas audible con el ruido del llanto del bebé que Ozana ignoraba y era obvio que no iba a calmar.
—¿Eres estúpido?, yo como diablos voy a saber nemernic, en esos cinco minutos le sembraste un puiul a esa târfă de Doina… ¡Solo cinco minutos! En fin, es más de lo que pensé, tienes cara de no poder levantarla, ¡Pe dracu’! ¿Lo quieres o no? — volvió a ofrecer al bebé que estaba morado de llanto.
Severus solo miró al bebé con ojos muy abiertos, ¿En realidad esa pequeña cosa arrugada era su hijo?, nunca en su vida pensó en ser padre. ¡Él que sabía de ser padre, no tenía ni idea de que debía a hacer, ¿No debía sentir una conexión o algo al ver por primera vez a su descendencia?, En realidad lo único que sentía en ese momento era pánico del demonio e incertidumbre ante los dos caminos que se abrían ante él.
La marca tenebrosa o su posible hijo.
—A mí no me importa si no lo quieres lo tirare en algún bote de basura o en ese río sucio que tienes por aquí y regresaré a mi Sabat con mi gente— Amenazó Ozana
—Estas bromeando ¿No?, mío o no es el hijo de tu hermana, no te atreverías— respondió sínicamente tratando en vano de aferrarse a su fachada de dureza.
Ella solo lo miró como si estuviera diciendo una estupidez y respondió con normalidad —Su sangre está contaminada, no es mi puiul, es un străin y uno feo. Si fuera mujer podría venderla, nadie quiere un niño feo, si tan solo fuera rubio y tuviera ojos azules igual y nos hubieran pagado algo. Pero no nos sirve es un gândac, Solo porque Doina es mi hermana y quiere que te lo quedes te lo estoy ofreciendo, si no ya estaría muerto y enterrado y no sería molestia de nadie.
Entonces Ozana en un arrebato lanzó al niño a los brazos de Severus obligándolo a tomarlo para no dejarlo caer al piso.
—¡¿Qué demonios te pasa?!, ¡Estás demente! — Severus levantó la voz mientras con manos temblorosas trataba de que el pequeño bulto no cayera al suelo.
El bebé era muy pequeño y se sentía frío, tenía ojos oscuros que miraban profundamente, una mata de cabello negro muy oscuro y una nariz pronunciada; se parecía tanto a él y casi nada había de Ozana, cualquiera que lo viera no podía negar que era suyo.
Un bebé resultado de la experiencia más triste y vergonzosa de su vida, algo que solo podía pasarle a él, en esa gran broma llamada su vida.
—¿Tiene un nombre? — preguntó sin darse cuenta de que su tono se suavizó mientras observaba las facciones del bebé con interés.
La mujer puso los ojos en blanco y respondió bruscamente —Gândac
Severus le lanzó una mirada ofendida mientras inconscientemente estiraba su mano y tomaba del perchero junto a la puerta la chaqueta muggle que usaba para salir y envolvía al bebé con ella —Había suficientes cucarachas en tu castillo como para saber que significa Gândac, tiene un nombre, de seguro Doina le puso un nombre, ella nunca lo dejaría ir sin darle por lo menos algo para sentir que está con él. Es esa clase de mujer.
Ozana se mordió los labios, escupió a los pies de Severus maldiciendo entre dientes, se quedó callada por un momento y le respondió impaciente —Se llama Darcy, ella le puso un ridículo nombre străin, como esos tontos libros que lee.
Ella continuó estirando la mano —Ahora que cumplido con mi trabajo dame oro, te he dado a tu gândac, tienes que pagarme ahora.
Severus sabía que no podía simplemente entregar al bebé, lo había dejado claro y no era broma si el bebé no se quedaba, moriría ahogado en las aguas negras del río Cokeworth; la gente del Sabat de Ozana no eran buenas personas y él había perdido la cuenta de todas las veces que intentaron matarlo de diferentes y creativas formas.
La poca buena voluntad de Ozana se acabó llevar al bebé hasta la puerta y ahora solo quedaba la crueldad pura de su familia.
Su mano se dirigió al bolsillo donde guardaba su varita, dispuesto a matar a Ozana y hacer arder su cadáver, pero se detuvo en seco al ver en la calle de en frente al esposo de la mujer junto a otros hombres apuntando sus propias varitas contra él.
Sabía que aún si pudiera contra ellos de seguro había aún más personas escondidas en alguna parte y no pararían hasta acabar con él y con el niño, que se retorcía ahora en los brazos de Severus sin parar de llorar.
Disgustado y sin soltar al bebé se metió adentro de su casa con Ozana siguiéndolo de cerca, abrió el cajón de la cocina donde estaban las cucharas y metió su mano al fondo del cajón sacando uno de los dos sacos de oro que guardaba ahí.
—Toma es lo que tengo— lanzó con desprecio el saco a los pies de la mujer, mirándola con frialdad como si realmente no le importara a pesar de que ella había destrozado su mundo en menos de un instante.
—¿Solo eso străin? — dijo Ozana con voz decepcionada.
—Doina no escogió a un tipo rico exactamente, supongo que por eso se quedó, ella aspiraba a un rico sangre pura— respondió Severus despectivamente, solo quería que ella se fuera para poder averiguar que iba a hacer con el niño.
—Doina es estúpida y tú no vuelvas străin, porque matarte es lo menos que vamos a hacerte — amenazó ella lanzando un expeliarmus no verbal con su varita escondida bajo su túnica, lanzándolo al otro lado de la cocina con todo y niño.
Severus apenas y pudo aferrarse con fuerza al bebé para que no saliera lastimado.
Ella metió la mano en el cajón y sacó el otro costal, llevándose con eso todo el oro mágico que tenía y depositó un sobre escondido en su túnica en la encimera de la cocina y se marchó sin dejar rastro, tal como llegó; mientras el bebé seguía llorando en los brazos de Severus en el suelo de la cocina.