Cómo Seguir. por K-Dian-LL2 en Inkitt
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Cómo seguir.

Sinopsis

Los adultos mayores siempre tienen un dicho para todo, en este caso: «los tiempos de Dios son perfectos». Pero la perfección suele tener grietas que pueden quebrantar todo al más mínimo descuido. ¿Qué tan podrida debe estar el alma de las personas para dañar la paz de los demás?

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
K-Dian-LL2
Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1

Con la niebla disipándose entre los edificios de la gran ciudad, dando paso a los primeros rayos de sol que poco a poco comenzaban a adentrarse por las ventanas de cada vivienda alrededor; dejando pasar una capa de polvo que vagaba por los contornos de los rayos de luz.

Todo era calma, todo era silencio en aquel complejo departamental, hasta que unos pequeños pasos resonaron por el amplio pasillo, llegando así a la recamara conjunta, abriendo la puerta con un poco cuidado.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los pequeños labios del infante que veía desde su altura la silueta de su padre Katsuki removiéndose sobre el colchón, dejando a la vista esos revoltosos rizos verdosos.

Sujetando su peluche con fuerza, se encarrero hasta lanzarse contra la cama: uno y dos brincos, impulsó suficiente para terminar encajando en el pequeño espacio de en medio que había entre los dos mayores.

El pequeño rubio no demoró en comenzar a reír al sentir como uno de sus padres se quejaba y el otro lo envolvía en un fuerte abrazo, iniciando así un ataque de besos contra su pequeño rostro.

—¡Ya ya! — exclamaba el menor, colocando sus manos en el rostro de su padre Izuku para que se detuviera.

—¡Ah! — se quejó Katsuki— Es muy temprano, Kiyoshi, ¿qué te he dicho de entrar de esa manera en nuestra cama?

El menor aludido hizo caso omiso al regaño de su padre, pues estaba más ocupado en deshacerse del peso de Izuku que había caído contra su pequeño cuerpo; al conseguir salir, se incorporó en la cama, abrazando a su peluche de felpa y mirando a Katsuki con un pequeño puchero en sus labios.

—Papá Katsuki no tendrá un beso hoy— sentenció el niño, e Izuku se echó a reír.

Katsuki, gruño por lo bajo, tomando a su pequeño hijo de tres años entre sus brazos, iniciando ahora con las cosquillas que hicieron lagrimear al infante.

Izuku al mirar al par de rubios no hizo más que negar con la cabeza. Así era la mayoría del tiempo, era la manera en la que el pequeño Kiyoshi esquivaba las llamadas de atención de Katsuki, teniendo como resultado a un menor con dolor de estómago, respiración agitada, lágrimas en sus ojos y las múltiples súplicas pidiendo clemencia; siendo el rubio mayor el victorioso, pues siempre conseguía ganarse aquel beso negado.

En el momento en que consiguió por segunda vez liberarse de los brazos de su padre, volvió a brincar en la cama hasta que los mismos saltos lo hicieron caer de pie fuera de la cama. Katsuki no hizo más que suspirar, su pequeño hijo siempre ignoraba las reglas de esa casa.

—¡Es hoy es hoy! — volvió a exclamar Kiyoshi, saliendo de la habitación de sus padres para regresar a la propia.

Katsuki solo contempló el pasillo cuando su hijo desapareció de su vista, suspirando en resignación, no tardando en sentir las manos de Izuku pasar por sus hombros hasta bajar por su pecho.

—Buenos días— saludó, besando su mejilla—. Hoy es el día — canturreo, riendo bajo cuando se alejó de Katsuki y escucho ese gruñido lleno de desaprobación.

Sí, ese día que tanto le emocionaba a Kiyoshi e Izuku, a él lo estaba carcomiendo por dentro.

No, no era el día.

Nunca lo sería para él.

.

.

.

Era increíble la manera en la que el tiempo corría, hacía algunos años se encontraba sentado en la mesa de ese pequeño restaurante escuchando de los labios de Izuku que sería padre, que la biología era una mierda y que el amor de su vida estaba embarazado.

Meses después, allí estaba, en la habitación del hospital con su creación entre sus brazos; ese pequeño bulto que aún le costaba abrir sus pequeños ojos.

Y ahora, allí estaba, mirando a ese pequeño bebé de rodillas sobre la alfombra de la sala y apoyando sus pequeños brazos sobre la mesita de centro mientras tarareaba la canción que sonaba en el televisor al mismo tiempo que terminaba de colorear aquel dibujo que dejó a medias el día anterior.

Hoy era el día.

El día en que Kiyoshi entraría al preescolar.

Suspiro con pesadez, sobando su frente y virando sobre sus talones, encontrando a un Izuku que en ese momento estaba más ocupado colocando la mesa para desayunar en familia.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? — preguntó, e Izuku lo miró de soslayo.

—Ya hablamos sobre esto.

—No, tú tomaste la decisión.

—Y tú pagaste sin tanta protesta— tajo el peliverde.

Claro, recuerda esa vez en la que pagó el colegio de su hijo, así como también recuerda la noche anterior en la que Izuku se encontraba cabalgando su pene de espaldas hacia él.

Fue una gran disputa esa decisión, y fue extorsionado con ese lindo trasero que ahora se movía de regreso hacia la cocina.

Era débil, ¿cómo podían culparlo por ello?

Refunfuñando en su lugar, Katsuki dejó caer su cabeza hacia atrás, contemplando por un par de segundos su techo blanquecino, ladeando su cabeza con dirección a esas paredes llenas de retratos. Retratos llenos de hermosos recuerdos que cada vez que los miraba lo llenaban de nostalgia.

Siendo la foto de bodas la principal a visualizar.

Tanto él como Izuku llevaban puesto un traje blanco, aunque el saco de Izuku figuraba tener una cola y un moño en la parte trasera.

Sonrió ante el recuerdo, pues ese día Izuku irradiaba con su belleza y qué decir de la foto contigua a esta, una donde su pequeño bebé de año y medio vestía un lindo traje y una tiara de flores que su abuela Mitsuki insistió para que la usará en ese día tan especial.

Más fotos acompañaban el ancho de la pared: la primera foto de Kiyoshi a días de nacido, él cargando a su bebé en el hospital, su primer baño, Izuku lanzándose desde una resbaladilla con el pequeño en brazos, sus primeros pasos, su primera comida y así sucesivamente.

Hermosos recuerdos que lo hicieron mirar de nuevo al niño que ahora tiraba de su pantalón para llamar su atención.

—¿Papi sigue triste? — preguntó el menor en cuanto Katsuki lo tuvo en sus brazos.

Pero no pudo responder ya que el llamado de Izuku hizo cambiar de expresión al menor entre sus brazos pues a lo lejos vio su batido de plátano con avena y chocolate en compañía de un plato con hotcakes.

Cómo era de esperarse, el infante pidió ser sentado en su lugar para así devorar todo lo que su padre le había preparado.

—Aquí está tu lonchera— señaló Izuku una pequeña maleta de dinosaurios—. Tienes que comer todo lo que te prepare.

—¿Y si me lleno?

—Bien, entonces trata de no llegar con todo lo que hay adentro— el menor asintió.

—Recuerda que si un niño te molesta me lo tienes que decir para que yo le rompa la cara a su padre por no educar bien a su hijo.

—¡Kacchan!

—¿Y yo le puedo pegar al niño? — preguntó el menor con inocencia y Katsuki sonrió ladino ante lo escuchado.

—Kiyoshi, nadie le va a pegar a nadie— regaño Izuku—, tú eres un buen niño y por eso…

—Debo acusarlo con la maesta— Izuku asintió satisfecho, finalizando la conversación corrigiendo la palabra mal pronunciada.

En cuestiones de educación ambos han sido excelentes, enseñándole desde muy pequeño sus valores, modales y sobre todo responsabilidades, porqué sí, tanto Katsuki como Izuku querían que su hijo fuera autosuficiente cómo ellos lo fueron alguna vez hace años, y aunque trataban de pasar la mayor parte del tiempo con su hijo, sabían de sobra que podría haber ocasiones en el futuro en que tendría que quedarse solo en casa o a cuidados de sus abuelos o tíos.

Pero había algo que hasta la fecha Izuku no pudo cambiar y fue el vocabulario de Katsuki que ahora estaba influyendo en la pequeña esponja rubia que terminaba de comer su desayuno.

Solo rezaba que no se le saliera una mala palabra enfrente de sus profesoras.

(…)

En el transcurso del camino hacia el preescolar, Katsuki no dejaba de refunfuñar, chasquear su lengua o maldecir por lo bajo, actos que no eran ignorados por Izuku.

—Kacchan, deja de quejarte o terminarás asustando al niño

—Es que, siento que es demasiado pronto. Tiene solo tres años

—Si, la edad suficiente para comenzar a ir al jardín de niños. Por dios, pareciera que eres tú, el que irá.

El rubio rodó los ojos, y chasqueando una vez más su lengua, miró ahora por el retrovisor a su pequeño hijo que estaba bastante concentrado viendo su serie favorita a través de su Tablet.

Ya no era un bebé debido a la edad que tenía, pero, ¿cuándo será capaz de dejarlo de ver cómo su bebé? Por Dios, no estaba listo para dejarlo ir a explorar el mundo como los demás niños.

En el momento en que el auto se estacionó y se le fue anunciado a Kiyoshi, el pequeño se apresuró a bloquear su Tablet y dejarla sobre el asiento para intentar asomarse por la ventana.

Lo poco que podía visualizar debido a que el cinturón de seguridad no le permitía levantarse más, fue que era tal y como su padre Izuku le había mencionado, y debido a ello, sus pequeñas y hermosas esmeraldas irradiaron ante la emoción.

¡Su escuela era idéntica a la guardería Sunnyside de Toy Story!

Sí, no se parecía en nada a la mansión horripilante llena de calabozos cómo Katsuki se lo había dicho solo para asustarlo.

Una vez abajo, Izuku se tuvo que alejar unos segundos pues una llamada entrante había hecho sonar su celular. Katsuki, tomó a su hijo en brazos y caminó con el pequeño hasta quedar frente a la gran puerta donde un par de maestras estaban recibiendo a los infantes que llegaban.

Pequeñas pirinolas que brincaban emocionadas, o al menos la mayoría.

Kiyoshi miró a su padre con una amplia sonrisa en su pequeño rostro, una sonrisa que hizo estrujar el corazón de Katsuki.

—¿Te portaras bien? —preguntó el rubio mayor, y el menor asintió— ¿Prometes que si algo malo pasa en tu primer día me lo contarás? —otro asentimiento.

Con el pesar de su corazón, Katsuki beso la mejilla de su hijo para bajarlo y ayudarlo a colocar su mochila de Pororo que fue un regalo de su tío Shoto.

—Bien, tanto papá Izuku cómo yo, vendremos a la hora de la salida así qué… —se mordió su labio inferior, por Dios, no quería llorar; llevo su mano hasta la pequeña cabeza del menor y agitó su cabello— Ten un excelente día en tu primer día de clases…

Kiyoshi, abrazo a su padre y depositó un beso en su mejilla, para luego dirigirse a Izuku quien contemplaba la escena a sus espaldas.

—Oh, mi pequeña bombita— chillo el peliverde, frotando su mejilla contra la de su hijo para finalizar con un beso tronado—. Ten un buen día, y has muchos amigos, también pórtate bien y presta atención a lo que dice la maestra. Nos vemos más tarde.

Kiyoshi, dio un par de pasos al frente para después mirar hacia atrás, intentando no llorar al ver a sus dos padres quien lo despedían con una gran sonrisa en su rostro; sonriendo de igual manera, el infante camino hacia la entrada donde fue recibido por su maestra quien era acompañada con otro par de niños.

Una vez el menor desapareció de su vista, Katsuki viro sobre sus talones al mismo tiempo que maldecía por lo bajo.

—Joder, vámonos antes de que me arrepienta de esto— dijo entre dientes, abriendo la puerta de su auto y entrando en el mismo seguido de Izuku.

—Sé que no es fácil, Kacchan, pero a comparación de otros niños que estaban llorando, Kiyoshi lo ha tomado muy bien.

—Cierto, pero a la primera queja que tenga lo sacamos de la escuela— amenazó.

—Como tú digas— suspiró Izuku.

Durante el camino con dirección a la compañía de los Todoroki, Katsuki no dejaba de quejarse e inventando historias y excusas con el simple propósito de regresar por su pequeño hijo, cosa que por supuesto Izuku no sé lo permitió.

Cuando se estacionaron frente al gran edificio, Izuku se frotó la frente.

—Ya es suficiente Kacchan, estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, ahora, que si tantas ganas tienes de seguir tratando a Kiyoshi como un bebé, por qué no…—fue interrumpido.

—No quieras manipularme, ya hemos hablado sobre esto y la respuesta sigue siendo un NO.

—¿Y por qué no? Sería algo muy bueno para Kiyoshi.

—Kiyoshi aún es muy pequeño, aún sigue requiriendo de toda nuestra atención.

—¿Entonces cuándo sería buena idea? ¿Cuándo tenga 18 años? Por dios Katsuki— el aludido lo miro más atento, pues las pocas veces que lo llamaba por su nombre era porque se estaba poniendo serio—, tener un hermanito sería una buena estimulación para él, además se pueden hacer compañía y crecer juntos. Una compañía que lamentablemente tú y yo no tuvimos.

Ahí iba de nuevo, siempre sacaba ese argumento para justificar sus deseos de tener otro hijo. Pero Katsuki no daría su brazo a torcer, no, mucho menos porque Izuku anhelaba una niña, y si con su pequeño era sobreprotector, con una niña sería el triple.

—He dicho que no— dijo con firmeza, dando por finalizada su conversación.

Izuku, apretó sus labios para contener el temblor de estos, tomó sus cosas y se dispuso a bajar: —Bien, nos vemos a la una en punto para recoger a Kiyoshi.

—¿Quieres que pase por ti?

—No hace falta, puedo llegar solo— respondió tajante, bajando del auto.

—Izuku— lo nombró, pero antes de continuar hablando, la puerta del copiloto fue cerrada con fuerza.

Con un suspiro cansino, Katsuki volvió a encender su auto y así ponerse en marcha para dirigirse a su propio trabajo.

Hacía solo unos meses a Izuku se le metió en la cabeza intentar tener otro bebé, y las gemelas de Ojiro, su compañero de trabajo no ayudó mucho a ese deseo del pecoso pues ambas niñas nacieron rubias y eso le hizo recordar a su pequeño Kiyoshi.

Una niña bien parecida a Katsuki. Sí, la mente de Izuku divago más allá que hasta él no pudo evitar imaginarla, con la enorme diferencia de que la niña que Katsuki visualizo en su mente, tenía hermosos rizos verdes y grandes ojos rojos.

Katsuki le sonrió al semáforo en rojo. Una niña.

¿Realmente sería buena idea arriesgarse a tenerla?

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