¿Recuerdas?
Bajo el abrasador sol de un verano impoluto, el cielo se extendía sin una sola nube, su azul profundo e inquietante brindaba una calma engañosa. Las suaves olas del mar acariciaban la arena blanca y brillante, que relucía como cristales bajo la intensa luz. En el vasto horizonte, el agua se fusionaba con el cielo, creando un espectáculo etéreo.
Sin embargo, la serenidad de la playa se veía perturbada por una zona sombría donde restos de una barcaza destrozada yacían dispersos por la arena. Cerca de los escombros, el cuerpo inconsciente de un joven yacía en el suelo, con un rostro pálido y ensangrentado que revelaba el sufrimiento que había enfrentado.
A su lado, una joven se erguía, con mirada fija en el hombre inconsciente. La preocupación se pintaba en sus ojos, con una expresión que mezclaba temor y desesperación. Sus dedos temblorosos tocaban suavemente el rostro del joven, como si quisiera despertarlo de su sueño.
El silencio de la playa se rompía solo por el suave susurro de las olas y el grito de una gaviota distante. El aire se espesaba con una extraña tensión, como si la naturaleza misma lamentara la tragedia que había tenido lugar en ese sitio.
Era un lugar solitario, sin esperanza.
La joven que se alzaba junto al cuerpo, poseía una belleza extraordinaria. Su estatura era mediana, y su cuerpo esbelto y grácil. Su tez pálida tenía un delicado tono blanco, que contrastaba vívidamente con sus cabellos largos y ardientes, del color de las llamas. Sus ojos, verdes como esmeraldas, brillaban con una inteligencia penetrante, pero estaban nublados por la preocupación.
Vestía un sencillo vestido blanco que abrazaba su figura, acentuando su extraordinaria belleza. El vestido, aunque humilde, no podía ocultar su porte regio y su aire de nobleza. Sus movimientos eran gráciles y fluidos.
Su presencia en medio de aquella desolación era como un rayo de esperanza, una promesa de que incluso en los momentos más oscuros, la belleza y la compasión podían prevalecer.
Con creciente preocupación, la joven se inclinó sobre el joven inconsciente. Sacudió sus hombros suavemente, pero él permaneció inmóvil. No había nadie a la vista, y ella no tenía la fuerza para levantarlo, especialmente con la pesada armadura que llevaba puesta encima.
Desesperada, se arrodilló y se apartó el cabello con la mano derecha. Acercó sus labios al rostro del hombre, aún cuando su corazón le latía con fuerza en el pecho.
Nunca había realizado la maniobra de respiración boca a boca, y se sentía nerviosa y avergonzada por lo que estaba a punto de hacer.
Sin embargo, no podía dejarlo morir.
Sus labios rozaron los suyos suavemente antes de unirse en un contacto suave. En ese preciso instante, los ojos del joven se abrieron lentamente, con una mirada aturdida y desorientada.
La joven se sobresaltó y se apartó bruscamente, con sus mejillas ardiendo de vergüenza.
El joven parpadeó, con su mirada recorriendo su entorno hasta que se posó en la joven que estaba frente a él. Una expresión de confusión y sorpresa se apoderó de su rostro cuando se dio cuenta de que ella le había salvado la vida.
Mientras el joven luchaba por ponerse de pie, la joven se apresuró a ayudarlo. Su mano temblaba cuando lo sostenía, su corazón todavía latía con fuerza por el encuentro inesperado. Sabía que lo que había hecho había sido extraño e inusual, pero no podía evitar sentirse aliviada y agradecida de que estuviera vivo.
El joven al que había ayudado era imponente.
Excepcionalmente alto, se puso de pie sin esfuerzo, a pesar de la pesada armadura que llevaba. Sus brazos estaban esculpidos con músculos, lo que indicaba una fuerza extraordinaria. Su rostro, aunque parcialmente cubierto de arena, tenía una sonrisa de agradecimiento dirigida a la joven.
Un examen más detenido reveló que era fuerte, con un aura misteriosa y cautivadora. Estaba claro que había recibido un entrenamiento riguroso a lo largo de su vida, como lo evidenciaban las cicatrices que adornaban su cuerpo, más allá de las que había sufrido en el naufragio.
Su tez era blanca como la nieve, y sus rasgos faciales eran casi perfectos. Su cabello castaño estaba desordenado y rebelde, lo que le daba un aire juvenil y salvaje. Sus ojos, de un azul profundo y sereno, carecían de malicia y proyectaban una sensación de paz.
En general, el joven era una figura imponente que exudaba una presencia magnética. Era un guerrero, un protector, un hombre de pocas palabras, y mucha acción.
-¿Te encuentras bien? -Preguntó la chica, sin obtener ninguna respuesta. -Entiendo... No puedes hablar, debió ser difícil afrontar la tormenta.
-Preocupada, se acercó al jóven para quitarle la arena que tenía sobre el cabello, con el muchacho mirándola, confundido, mientras recobraba la seriedad, y se apartaba de ella. -No te preocupes, no te haré daño, puedes confiar en mí. -Se explicó, intentando que el muchacho no se molestara, y mucho menos, que le incomodara, ese momento. -¿A dónde te dirigías? -Planteó otra pregunta, esperando unos segundos, y viendo que aún no mencionaba ninguna palabra. -Ya veo... No lo recuerdas. -Entendió lo que estaba sucediendo, notando que ayudarlo, sería más difícil de lo que pensaba. -Al menos, ¿recuerdas tu nombre? -Realizó otra interrogante, pero nuevamente, no encontró solución a su planteamiento, viendo como este, negaba con la cabeza, lo que acababa de decir.
Aunque no sabía que hacer, y ni siquiera tenía una solución, a pesar de su preocupación, decidió animarse un poco, y con una sonrisa fingida, apoyarlo, a pesar de no poder apoyarlo, sin ninguna pista.
-¡No te preocupes, verás que todo se solucionará! -No tenía ninguna conexión con él, pero a pesar de ello, sentía una necesidad de ayudarlo, sea por lástima, o que realmente quería hacerlo. -¡Busquemos por aquí, quizás encontremos alguna pista sobre tu pasado! -Gritó, positiva, mientras se acercaba más a la barcaza, e intentaba levantar los pesados tablones de madera, para encontrar alguna respuesta.
El joven, aunque confundido, estaba curioso ante el comportamiento de la muchacha, le parecía agradable, gracioso, incluso, increíble, que ayudara a un desconocido, al que acababa de conocer. Por lo tanto, no podía dejar que ella fuera la única que buscara cosas sobre su pasado, incierto, desconocido, así que decidió ayudarla.
El joven se acercó a la joven y tomó sus manos entre las suyas. Sus manos eran grandes y fuertes, pero su toque era sorprendentemente suave. Unió sus manos suavemente contra las de ella, lo suficiente para brindarle apoyo sin lastimarla, pero con la fuerza suficiente para evitar que hiciera demasiado esfuerzo.
Con facilidad, ayudó a la joven a levantar los tablones. Incluso la protegió de ensuciarse las manos con la arena, interponiéndose entre ella y los escombros.
Sus movimientos eran ágiles y eficientes, lo que indicaba que estaba acostumbrado a realizar tareas físicas exigentes.
Mientras trabajaban juntos, la joven no pudo evitar sentirse atraída por el joven. Había algo en su presencia que la hacía sentir segura y protegida. Sus ojos azules brillaban con inteligencia y determinación, y su sonrisa era amable y tranquilizadora. Era evidente que era un hombre de honor y valentía, un hombre en el que se podía confiar.
Juntos, continuaron levantando los tablones hasta que todos estuvieron despejados y apilados en un lugar seguro. Mientras lo hacían, bajo uno de los tablones, a pesar del intenso brillo de la arena bajo el sol, algo brillaba con mayor intensidad.
Con cuidado, desenterraron el objeto y descubrieron una espada de metal, fina, afilada y extraordinariamente elaborada. Su hoja estaba grabada con intrincados símbolos que parecían brillar con su propia luz.
La joven sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal cuando tocó la empuñadura de la espada. Era ligera y perfectamente equilibrada, como si estuviera hecha a medida para su mano. Al instante, supo que era un arma excepcional, un arma que había sido forjada para un propósito extraordinario.
El joven también notó el brillo único de la espada. Sus ojos azules se entrecerraron mientras la examinaba, su expresión tenía una mezcla de asombro y curiosidad. Estaba claro que había encontrado algo raro, algo que podría cambiar el curso de sus vidas para siempre, pues esta, era su espada, y la precursora del inicio de su viaje.
Mientras el joven interactuaba con la espada, sintió una conexión inexplicable con ella, como si formara parte de él. Al levantarla y sostenerla contra la luz del sol, ocurrió algo extraordinario. Poco a poco, su cuerpo comenzó a desmaterializarse y a penetrar en la espada, mientras la joven se quedaba atrás.
Cuando el proceso se completó, el joven se encontró en una cámara completamente oscura, desprovista de cualquier característica distintiva. No había luz, ni sonido, ni siquiera una sensación de espacio. Sin embargo, este lugar le resultaba extrañamente familiar, como si hubiera estado allí antes, pero no pudiera recordar cuándo o cómo.
Una sensación de asombro y aprensión se apoderó del joven. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? ¿Cómo podía estar dentro de una espada?
Mientras trataba de comprender su situación, una voz resonó en la oscuridad. Era una voz profunda y antigua, que parecía provenir de las mismas paredes de la cámara.
"Bienvenido, Elegido", dijo la voz. "Has sido traído aquí por un propósito. La espada que sostienes es la Clave, y tú eres el Guardián. Tu destino es proteger la espada y usarla para el bien".
El joven sintió una oleada de emoción y temor atravesarlo. ¿Él, el Elegido? ¿El Guardián de la Clave? ¿Qué significaba todo esto?
Mientras reflexionaba sobre las palabras de la voz, una luz tenue comenzó a emanar de la espada. La luz creció en intensidad, iluminando gradualmente la cámara. Y cuando la luz alcanzó su punto máximo, el joven se encontró en un lugar completamente diferente.
No podía entender nada, pero encontrarse en ese lugar, sin recuerdo alguno, era su destino.








