Omega encarcelado
El director de la cárcel entró a la biblioteca acompañado de su secretaria, tras haber pasado por la enfermería del sector B por el llamado de los doctores. Fue directo hasta el omega de rizos y barba, aquél de apariencia angelical que ya tenía unos meses en la cárcel. Se acercó a este quien parecía ignorar cualquier cosa a su alrededor, el director se notaba bastante enojado y sin comprender cómo había sucedido aquello.
Le apuntó con la antenita del altavoz presionando esta contra su pectoral, Azira le miró de arriba a abajo con ese aura de asesino que se cargaba (era lo que todos decían de él, aunque realmente nunca mató a nadie) soltó un suspiro rodando los ojos, y frunció el ceño con recelo.
—Dígame que no es cierto eso que me acaban de informar los doctores.
—¿Podría dejar de tocarme el pecho con ese aparato, o lo que sea? Gracias...
—Reo Aziraphale, le estoy hablando en serio; dígame que no está en estado, dígame que sólo está un poco gordito y que sus pectorales crecieron por grasa acumulada y no por las glándulas mamarias inflamadas por las hormonas...
—Mire, no le tuerzo el brazo y lo dejo inmóvil porque ya me dijeron que por buen comportamiento salgo antes, además el médico me recomendó no hacer esfuerzo físico —advirtió de manera amenazante—. Deje de tocarme el pecho con esa cosa y apártese de mi vista, porque estoy en mi descanso y quiero leer.
—Señor, será mejor que se aparte —le recomendó la secretaria al director de la cárcel—. A un omega embarazado y con un historial como el del señor Aziraphale es mejor no provocarle.
—¿Al menos me vas a decir quien es el padre? —preguntó dándose por vencido—. Y no me digas que tampoco sabes... Esta área es sólo para omegas, ¿cómo es esto posible? ¿Fue un guardia, en qué momento pasó?
—¿Ubicas al detective Crowley? El que estaba en mi contra y tal... Bueno, ya no está en mi contra.
—Ay Dios, espero que te saquen pronto de aquí entonces, y dile al detective que comience a ayudarte pronto, porque te vamos a quitar al bebé si nace aquí.
Aziraphale agarró la muñeca del hombre, apretando fuertemente esta mientras le miraba con odio en sus ojos. La secretaria se apartó sabiendo que era mejor no involucrarse. Aziraphale miró fijamente al director, nadie lo amenazaría con quitarle a su cachorro.
— No me amenace señor director... Porque estoy aquí injustamente y saldré de esta maldita prisión en cuanto se demuestre mi inocencia, no quisiera quedarme por cometer un verdadero delito.
El director tragó saliva apartándose, los reos presentes miraron hacia ellos murmurando, la secretaria le sacó de allí dejando atrás al omega quien les miraba con enojo. No podía enojarse o frustrarse, podría hacerle daño al bebé y eso sería malo y todo estaba yendo bien con su gestación, ahora decirle a Crowley que estaba esperando un cachorro suyo sería lo difícil, tenía miedo.
Ligur se acercó a Aziraphale luego de que el director se fuera, preguntándole si estaba bien, Azi le sonrió de medio lado asintiendo y se sentaron juntos en la banca para charlar. Él era su compañero de celda y mayormente le ayudaba dándole píldoras cuando se sentía mal o estaba pasando por los ciclos de celo, ahora que estaba en estado sentía la necesidad de brindarle ayuda. Ligur era un buen tipo, terminó en la cárcel por haber estado metido en una pandilla hacía unos años, y aunque era inocente del delito que se le acusaba a la banda él no había hablado a tiempo así que inocente o no, era un cómplice y así funciona la ley.
En esa prisión para omegas estaba encarcelado Aziraphale, cuando le preguntaban por qué sólo decía que era inocente pero todos allí también lo decían. El tribunal y la corte habían sentenciado dejarlo en la cárcel hasta que se demostrara lo contrario. Su abogado Gabriel estaba haciendo el mejor esfuerzo por comprobar la inocencia de su cliente, estaba seguro de que no había sido él quien mató al viejo Metatron pero la evidencia decía lo contrario.
Juraba que había intentado ayudar pero no le creían, mucho menos con las pruebas que había llevado el detective de la nieta del señor Metatron, Michael. El detective Crowley parecía ir con todo el primer mes, dos meses después dejó de llevar pruebas e investigar en contra de Aziraphale, dejó de trabajar con Michael y se pasó a favor del omega.
Y con razón, tras investigar más se dio cuenta de que las pruebas que había conseguido en contra de Aziraphale estaban manipuladas, comenzó a buscar e investigar dándose cuenta de que en efecto, el omega estaba siendo incriminado injustamente. Pidió hablar con él una vez más y comenzó a visitarlo para iniciar su trabajo, Aziraphale era muy cooperativo en cada visita, entabló rápida amistad con Crowley quien cuando no estaba investigando estaba yendo a visitar al omega para ayudarle con la investigación.
Crowley era un alfa cualquiera, con una torpeza social increíble pero bastante inteligente como detective; siempre y cuando su foco de atención estuviese activo. Estaba pasando una mala racha hasta que Michael lo contrató para investigar la muerte de su abuelo, al inicio parecía indicar que el señor Aziraphale había matado al viejo por venganza, pero habían huecos en la historia que contaba Michael y la que contaba Aziraphale, así que decidió investigar por su cuenta sin la base que la señora Michael le estaba dando.
Descubrió que en efecto el omega era inocente, pero si continuaba trabajando para Michael el otro hombre terminaría en la cárcel. A Crowley le hacía falta el dinero, pero su sentido de justicia era mayor, al principio juzgaba al omega y sus primeros encuentros habían sido tan simples y vacíos que incluso Crowley sintió mal por haberle tratado mal.
En cambio Azira sabía que el detective estaba haciendo su trabajo e ir en su contra era parte de ello, grande fue su sorpresa cuando comenzó a ir donde él, algo había cambiado en Crowley y se notaba. Hasta los otros reclusos le veían algo diferente al hablar con Aziraphale, y cuando este estuvo internado en el hospital durante una semana por intoxicación con feromonas de los guardias Crowley fue a verle casi a diario. Normal que en algún momento ambos se sintieran como un alfa y un omega que habían encontrado a su otra parte.