Capítulo 1
—¡Alessandra! ¡Se hace tarde! —grita la madre de la mujer entrando a su habitación.
La mencionada suelta un bajo gruñido de molestia y frustración, pero no se levanta, por lo que únicamente se remueve en su cama.
—Mamá, es muy temprano —se queja Alessandra con voz adormilada—. Cinco minutos más.
—Nada de cinco minutos más —niega la mayor antes de abrir las cortinas de la habitación para que el sol entrara a la habitación—. Hoy tenemos que ir a ver los últimos detalles de tu vestido de novia con tu tía.
La futura novia se mantiene acostada en su cama, pero escucha como su teléfono comenzó a sonar, por lo que levanta la cabeza inmediatamente. Alessandra toma su celular de la mesita de noche y contesta la llamada sin llegar a ver el contacto.
—¿Sí? —pregunta la castaña mientras intentaba acostumbrarse a la repentina luz de su habitación.
—Buenos días a mi futura esposa —saluda Ethan, su prometido, al otro lado de la línea.
—Buenos días a mi futuro esposo —responde Alessandra con una fingida sonrisa en sus labios, intentando controlar los acelerados latidos de su corazón.
—¿Cómo durmió mi futura mujer? —pregunta el hombre con una sonrisa en sus labios.
—Bien, solo que mi mamá entró gritando y abriendo las cortinas de golpe, de una manera muy romántica —cuenta con sarcasmo la futura novia.
La madre de ella pone los ojos en blanco y comienza a buscar la ropa del día para su hija.
—Bueno, tienes que ir a ver los últimos detalles de tu vestido con tu tía y yo tengo que ir a ver mi traje —recuerda Ethan.
Alessandra se obliga a sonreír una vez más e intenta ignorar la manera en que su respiración se agitó al recordar que faltaban pocos días para su boda.
—Estoy contando los días para nuestra boda, amor —responde la castaña al sentarse en la orilla de su cama—. Estoy muy nerviosa.
—Yo igual estoy contando los días —confiesa Ethan tras poner los ojos en blanco—. No puedo esperar para que, por fin, te conviertas en mi mujer.
La futura novia se muerde el labio inferior nerviosa, pero mantiene una sonrisa.
—Amor, te tengo que dejar —habla Alessandra—. Tengo que arreglarme para ir a terminar de ver los últimos detalles de mi vestido.
Ella se levanta de la cama después de haberse puesto sus pantuflas, camina por su habitación hasta detener sus pasos frente a su madre, ya que esta le enseñó una falda.
—Ese no —niega la mujer hacia progenitora—. Recuerda que a Ethan no le gusta que use falta.
—Eso te iba a decir, preciosa —habla Ethan nuevamente hacia su prometida—. Nada de faldas o blusas muy cortas.
La madre de Alessandra hace una pequeña mueca con sus labios sabiendo lo celoso que era su yerno con su hija, es demasiado posesivo, aunque la misma castaña no se diera cuenta y creyera que su futuro esposo lo hacía por miedo a perderla.
En realidad, los celos de Ethan van más allá del miedo de perder a Alessandra, en verdad la quería a ella solo para él, no quería que ningún otro hombre la mire, le hable o simplemente respire cerca de ella. Lo odia.
Ethan quiere que Alessandra siempre este a su total disposición, que lo atienda en todo momento y lo iba consiguiendo poco a poco sin que ella se diera cuenta. Había logrado lo que quería.
—Princesa, usa una falda —anima Bianca, la madre de Alessandra—. El día está muy caluroso como para que vayas en pantalón.
—No puedo, mamá —niega la castaña con una ligera sonrisa—. Ya sabes que a Ethan no le gusta.
—Preciosa, por favor, no utilices ninguna falda o alguna blusa escotada —pide el hombre al otro lado de la línea—. Sabes que no me gusta que otros hombres te vean.
Bianca mira preocupada la manera en que Alessandra sonreía por las palabras de Ethan, su hija se había perdido a sí misma desde el momento en que comenzó una relación con él.
La mujer estaba tan cegada por el extraño amor que le daba su prometido, que no se daba cuenta de lo que en realidad significaba para él. Ethan solo la consideraba una posesión, un objeto del cual enorgullecerse por haber conseguido. Justo como un trofeo.
—Lo sé, pero tú sabes que soy solo tuya —responde Alessandra en un susurro.
Ethan sonríe de satisfacción tras esas palabras, ya que sabía que tenía a Alessandra comiendo de la palma de su mano.
—Nos vemos más al rato, hermosa —se despide el hombre—. Te amo.
Alessandra, estando acostumbrada a tener esa reacción, da un pequeño salto en su lugar por la emoción mientras sonreía tontamente.
—Yo también te amo —susurra en respuesta la futura novia antes de colgar.
Ella deja su teléfono en su cama para regresar su mirada hacia su madre, que lucía preocupada y tenía una mueca en sus labios.
—¿Por qué haces esa cara? —pregunta Alessandra incrédula.
—Hija, sé que amas mucho a Ethan y que estás a unos días de casarte con él, pero siento que no te está dejando ser tú misma desde que empezaron a salir —confiesa Bianca—. No te deja vestirte como quieres, te prohíbe salir con tus amigos y tiende a ser muy posesivo o celoso cuando ni siquiera le das indicios para que lo sea.
La mayor se acerca a la castaña para tomar sus manos con delicadeza, dándose cuenta de que Alessandra ya había perdido el característico brillo en sus ojos que tenía antes de conocer a Ethan.
—Desde que empezaste a salir con él, cambiaste —sigue hablando Bianca—. No te vistes como antes, te alejaste de tus amigos, no sales, Ethan tiende a estar pegado a ti todo el tiempo, es demasiado celoso y temo...
—Mamá —la interrumpe Alessandra al saber lo que iba a decir, estando totalmente perdida en su propia ilusión de amor perfecto—. Ethan es así porque tiene miedo a perderme, además, es muy tierno.
—No, Alessandra, no es tierno —niega Bianca, molesta por escuchar esa respuesta casi todo el tiempo, hasta parecía que su hija había sido programada para decir eso—. Ethan es demasiado tóxico, lo que está haciendo ese muchacho es privarte de tu libertad. Esta relación que tienes con él no es sana, Alessandra. Te lo dije desde la primera cita que tuvieron y te lo repetí constantes veces cuando te pidió matrimonio.
—Mamá, si vas a darme el sermón de siempre, será mejor que te vayas y dejes que me arregle —responde Alessandra a la defensiva.
Ella se suelta de las manos de su madre y se acerca a su armario para buscar que ponerse para ese día.
—Papá, tú y la tía Beatrice siempre me dan ese patético sermón que ya me sé de memoria —asegura la futura novia—. Ethan no es tóxico, él me ama y tiene miedo de perderme.
Bianca niega ligeramente antes de bajar la mirada, estaba segura de que su hija repetía eso varias veces para convencerse a sí misma de que su relación era perfecta.
Ethan me ama, tiene miedo de perderme, no me haría daño. Piensa Alessandra ansiosa, sintiendo como el aire comenzaba a faltarle. Él no me hará daño..., no otra vez. Él lo prometió.
La castaña deja de buscar su ropa y acaricia con delicadeza su cuello, sintiendo un escalofrío por todo su cuerpo. Se obliga a sonreír e ignorar sus negativos pensamientos.
Alessandra se daría cuenta por sí sola y le dará la razón a toda su familia, que desde un principio supieron que Ethan no era un bueno, pero lastimosamente había podido manipular a la castaña hasta moldearla a su justo. Hasta hacerla perder la razón.
La futura novia sabría que su familia siempre tuvo la razón, por las buenas o por las malas, pero tanto Bianca como toda su familia esperaba que fuera por las buenas.
—Te veré abajo para desayunar —termina por decir la madre de la joven adulta—. No tardes.
Bianca se da la vuelta y sale de la habitación sin decir algo más.
Alessandra suelta un largo suspiro de frustración al momento en que quedó sola en su habitación, pasa sus manos por sus antebrazos y juega con su cabello cortamente, pero su mirada se detuvo en su anillo de compromiso.
—Ethan es así porque me ama y tiene miedo de perderme —susurra para sí misma e intenta convencerse de eso—. Solo fue un error, no volverá a pasar, él me lo prometió.
La mujer cierra los ojos fuertemente para intentar tranquilizarse, pero comienza a escuchar una hermosa melodía de piano que la hizo sonreír ligeramente.
Alessandra regresa a la realidad y, tras algunos segundos, frunce el ceño confundida al recordar que en su hogar no hay ningún piano.
—¿Ethan estará escuchando música clásica? —se pregunta la castaña en un susurro.
Esa idea se descarta inmediatamente al momento en que Alessandra recordó que su prometido no le gustaba ese género, lo odiaba porque le resultaba aburrido; además, Ethan se encontraba lo bastante ocupado enrollándose con una rubia en su departamento.
—Mi alma gemela —susurra la castaña al caer en cuenta de lo que podía escuchar, sintiendo como su corazón se acelera.
—Alessandra... —la mujer logra escuchar su nombre, que fue susurrado por una voz masculina, pero ella se encontraba totalmente sola en su habitación.
La italiana desconocía esa voz, pero había logrado que tanto su corazón como su respiración se acelerara por los nervios.
