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𝘍𝘰𝘳𝘣𝘪𝘥𝘥𝘦𝘯 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘵𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯𝘴෴✧

Sinopsis

Tener que decidir entre un amor prohibido o la vocación que amas.

Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Movía el pie en modo de desesperación. Estaba sentado en el sofá de mi residencia, esperando la llegada Angel ~mi ex novio~. Supuestamente venía a hablar para quedar en buenos términos y sin resentimiento pero yo sabía que eso era algo imposible, nunca iba a pasar porque tantas veces que nos hemos peleado, hemos terminado y hablado de lo nuestro que es inevitable el no terminar besándonos y teniendo sexo como reconciliación.


Esta vez yo estaba decidido a no continuar así porque esta pelea fue muy fuerte. Ambos nos agredimos físicamente y, joder. No puedo permitir que vuelva a pasar.


Realmente no me gustó porque terminé con el móvil roto, la ceja partida y unos cuantos hematomas.

En cambio Angel, tenía unas tres apuñaladas causadas por las llaves de mi casa ~y por mí~, hematomas y... creo que nada más.


Es más fuerte que yo.


La próxima siento que podríamos llegar a cosas más graves a causa de sus celos enfermos y es mejor evitar.


En medio de mis pensamientos escucho como el timbre suena y de inmediato mi pulso aumenta. Decido no pensar mucho a pesar de que estoy sorprendido por su puntualidad, debe interesarle mucho el arreglar las cosas conmigo que llegó a la hora acordada ya que es impuntual.


Abrí la puerta y mis nervios se redujeron al ver a un chico de trenzas parado en frente de mí con el rostro sonrojado. Más atrás tenía un carrito rojo con una cobija tapando lo que había debajo.


Crucé los brazos luego de arrimar mi peso en el umbral de la puerta.


— ¿Qué se te ofrece? — sacó de su bolsillo un papel para leer lo siguiente:


— Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará, Salmo 1:3.


— Ah, soy ateo.


Aquel hombre se puso medio pálido y me miró con los ojos muy abiertos.


«Creo que lo había asustado.»


— Es broma.


Suspiró antes de continuar hablando.


— Hola, ahm... — entonces jaló la cuerda de aquel carrito para agacharse y dejarme ver lo que tenía ahí. Fruncí el ceño cuando me mostró un frasco de galletas. — Soy Tom, un chico que está participando en actividades para la remodelación de la iglesia y estoy vendiendo estas galletas horneadas por mi mismo para aportar con un granito de arena. Es una actividad humilde, no te cuesta mucho y no te vas a arrepentir, te lo garantizo. Es una receta deliciosa... — abrió el frasco para dejarme probar una de sus galletas y en efecto, estaban demasiado ricas.


La expresión de mi rostro le causó una sonrisa en el suyo que no dudó en ofrecerme otra y luego guardar de nuevo en su lugar.


Mierda.


Tenían un toque riquísimo que mi boca se ponía aguada y tal vez con dos no eran suficiente.


— Cuestan a solo seis euros o la promoción si se lleva dos, en diez euros. ¿Qué dices? ¿te animas? — y ese tal Tom volvió a sonreír tan apuesto que mis ojos se hipnotizaron.


Ahora no solo me gustaron las galletas, también el vendedor...


— ¡Bill! — detrás de Tom estaba Angel con un ramo de rosas. Ahí es donde se me ocurrió la maravillosa idea de lanzarme a los brazos del chico de trenzas y besarle la boca a mi antojo. Escuché el ruido de la bolsa de flores caer al suelo, segundos después los pasos de Angel acercarse hasta donde estaba con el trenzado para separarnos. — ¿¡Qué te pasa, idiota!?


— ¡Déjalo! — le grité al ver como hizo que Tom cayera al suelo gracias a un fuerte puñetazo en su mejilla. Fui rápido en darle un empujón al rubio para alejarlo. — ¡Tom entra a mi casa ahora!


No le quedó de otra y solo obedecer.

Tom corrió al interior de mi casa junto con su carrito para encerrarse.

El pobre se veía muy asustado y... tenía mucha pena por él pero tenía que salvarme también.


— ¿¡Qué carajos, Bill!? ¿¡por qué!?


— Te diré rápido... este tiempo que estamos separados conocí a alguien más y me siento cómodo con él, ¿okay? ya no siento nada por ti a si que por fa, no me busques.


— Pero...


— No. Ahora vete, no quiero saber más nada y déjame en paz.


— Esto no se va a quedar así.


Sin más volteo para poder entrar a mi casa y ponerle seguro a la puerta principal. Observo como Tom estaba sentado en el sofá, con los ojos cerrados y la cabeza hacia arriba para detener la hemorragia nasal.


Lo único que pude hacer es correr al baño para sacar el kit de primeros auxilios e ir a limpiarlo.


— No lo hagas, estoy bien.


— No es cierto. — no dijo nada por lo que seguí limpiando, le puse una curita en el labio inferior. No sé por qué pero también estaba lastimado. Quizás se remordió al momento de caerse.


— ¿Era tu novio?


— Ex novio.


— Uhm, ya...


— Sí, ahm... por cierto... me siento en deuda contigo, ¿será posible comprar todas las galletas? estaban riquísimas. Te daré lo que pidas.


— Solo un pequeño favor.


— ¿Cuál?


— Déjame quedar aquí un momento como descanso, ¿sí? el retorno a la iglesia es a las siete y faltan como...


— Cuatro horas. — concluí luego de ver el reloj colgado en la pared. Una vez que acabé de limpiar, metí el algodón dentro de una bolsa. Los llevé hasta el baño y volví hacia él para sentarme a su lado con las piernas encogidas. Miraba a un punto fijo con tristeza. — Perdón por robarte un beso pero necesitaba acabar con algo que pronto llevaría a mi desgracia.


— Está bien, no pasa nada.


Suspiré.


— Cualquier otro hubiera reaccionado mal.


— Esas cosas solo les pasa con la gente ignorante. Yo soy diferente. — miré a Tom de reojo con una sonrisa que no pude ocultar.


— ¿Y qué tal lo hago, eh?


— B- bueno yo... no sabría decirte si lo hiciste bien o no porque mi cabeza no pudo reaccionar, todo fue muy rápido.


— Ah. — mordi la piel interna de mi mejilla.


— No te desanimes.


— Es que necesito hablar de esto con alguien que no me diga lo que ya sé.


Tom se acomodó mejor en el sofá para poder observarme. Una pequeña sonrisa se extendió en su boca dándome la confianza de poder hablar: — Yo te escucharé... digo... para matar tiempo y entender las razones.


Sonreí también.


— Se llama Angel, nos conocimos en un tiempo que yo trabajaba de bartender en un bar. Me gustó porque teníamos muchas cosas iguales, siempre teníamos de que hablar y me invitaba a salir. — me puse de pie para ir hacia las barras. Agarré un vaso junto con una botella de vino y servir. Le ofrecí primero a Tom, a lo cual se negó. Entonces bebí solito. — No nos conocimos ni un mes completo cuando yo le propuse ser mi pareja. Angel aceptó emocionado y bueno, sabes que las cosas al inicio siempre son las mejores. Después probamos el vivir juntos y ese fue mi peor error. Empezaron los problemas porque solía celarme con un amigo suyo... él me pegaba y yo no me dejaba... le enojaba mucho que me defienda por lo cuál, solía desquitarse con las cosas que yo amaba. Rompió un par de discos firmados por la misma Britney Spears, ¿¡puedes creerlo!?


— Puedo sentir tu dolor.


— Eran mi vida, aún los guardo en... — salté del sofá para buscar la cajita que tenía guardado en mi lugar secreto. — Aquí. — sonreí de oreja a oreja al ver los cd's rotos pero con las partes de las firmas intactas.

Los llevé para mostrarle a Tom y sentarme más cerca.


El de trenzas empezó a observar con atención.


— ¿Son los originales?


— Sí. — respondí haciendo un pucherito. — De seguro pensó en que como él me los compro, tenía todo el derecho a romperlos pero ajá. También le rompí lo que amaba.


— ¿Y que amaba? — pregunta curioso. Yo respondí con una sonrisa satisfecha:


— Su moto.


— Wow. — volteó a verme con lentitud, en su rostro había un claro asombro por lo que le acabo de decir. — No soy fan de la venganza pero creo que se lo... mereció.


— Pues así eran todas nuestras peleas hasta la última que fue peor, por eso no lo quiero. ¿Sabes que? muchas veces me ha dicho que va a cambiar y que esto y el otro, pero... nada que lo hace, sigue siendo el mismo y me cansé, Tom. Ya no quiero una persona así en mi vida.


— Uhm, no comprendo como una persona tan bonita como tú estaba con una persona como esa. Tú te mereces más, puedes tener a todos los tipos a tus pies, ¿por qué uno así?


— Cuando uno se enamora no puede pensar en nada más, ese momento nos odiamos pero después... uh, no sabes lo bien que se sentían las reconciliaciones... una vez casi rompimos la cama. — bebí más del vino como si fuera agua. — Montaba su pene como una fiera empoderada. — regresé a verlo y me di cuenta de que estaba sonrojado. — Cuando estás en el acto... específicamente en la parte de arriba, uno se siente como si tuviera el control y debes saberlo.


— ¿Yo? — pregunta extrañado. Asentí con la cabeza. — Ah... — empezó a rascarse la nuca con nervios. — Bueno... ahm... no, no lo sé... es que yo... ¿puedo contarte un secreto?


— Por supuesto.


— Puede que no me creas pero nunca he tenido intimidad con nadie. — arqueo las cejas, sorprendido. — Desde que tengo memoria no he sentido atracción por ninguna chica.


— Mierda, Tom. ¿No serás homosexual?


— ¡No! — chilló escandalizado. — Nada de eso.


— Ah, bueno... tal vez eres asexual.


— Eso suena bien.


— Quizás no por mucho, a veces uno cae en las tentaciones cuando menos te lo esperas. — miré hacia el suelo. — ¿Pero si has besado?


— Por obligación, fue en los juegos que organizaban mis amigos con chicas desconocidas. Creo que besé a... ¿unas tres en una noche?


— Ah, ¿y no se te ha parado el amiguito en ese momento?


— No porque jamás profundicé, ahora que lo pienso parece que ellas me besaron a mi. — reí divertido ante su comentario, en cambio, en los labios de Tom solo se ensanchó una sonrisa tímida que me dió más risa. — A todo esto, te llamabas Bill, ¿no?


— Sí, pero no cambies de tema.


— No lo hago.


— Parece.


— Ideas tuyas. — suspiré profundo.


— Ya... osea... digamos que si yo te beso ahora, ¿qué crees que pase?


— Lo mismo que pasó con esas chicas, no creo que un beso sea la gran cosa. Me sentiré como el besado y no el que besa.


Sonreí de lado después de tomar el último trago de vino. Después me puse de pie y jalé la mano de Tom para hacer que se ponga a la par.

Miré sus ojos fijamente mientras guiaba sus manos directamente a mi trasero, sin rodeo.


Parecía muy tímido, solo hacía un roce y yo quería que apriete con ganas porque en parte, es algo que no se puede evitar cuando le entra la emoción a uno pero obviamente tenía que ser tranquilo.


No es normal andarte dando besos con alguien que apenas conoces.


¡Pff!


«Ah, y que ese alguien sea hombre.»


Dejé esos pensamientos de lado para poder unir mi boca con la suya. Podía sentir como su respiración cambió en cuestión de segundos quizás a causa de los nervios. Eso no fue algo para que yo me detuviera, así que seguí besandole.


Rodeo su cuello con mis brazos y así profundicé el beso. Al inicio lo hice lento ya que mi contrario a duras penas movía los labios.


Deslicé las manos por su espalda hasta llegar a su trasero y lo apreté hacia mí. Poco a poco voy sintiendo como también apreta mis glúteos, haciéndome saber que lo había logrado.


¡La tensión de su cuerpo disminuyó y estaba dosil!


Ahí pude dejarme llevar, dándole el beso como yo quería porque amaba tener el control. Le metí la lengua en lo más profundo de su boca, mordí el labio superior al igual que el inferior.

Me restregaba de a poco en su masculinidad sin darme cuenta y le arrancaba pequeños gemidos que me provocan calor.


Era capaz de darle en ese instante el trasero si no fuera porque se separó de golpe y me miró.


Claramente está sonrojado, acalorado, excitado aunque no lo diga.


Me mira a mi y luego el reloj de la pared.


— Ya son las siete, tengo que irme. — acaricié mi cabello en modo de frustración en lo que dirigía el paso hasta la bolsa para sacar el dinero y le di quinientos euros. Para ese entonces ya había dejado las galletas en el suelo, recibió el dinero y salió huyendo como una rata.

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