Segunda oportunidad - bkdk

Sinopsis

WonderDuo | DekuFem Katsuki e Izuku tienen la pelea más grande de su vida. un pequeño descuido mandó a la muerte a ambos chicos, pero antes de que alguien pudiera hacer algo al respecto y llevarlos a la morgue, un Dios piadoso decidió darles una segunda oportunidad. ... 🚫 Muerte temporal, e intento de comedia 🗡 Mención de otras parejas (Kacchako e Izuocha) 💥 Lemon hetero (Izuku fem) vouyerismo forzado 🎵 Izuku originalmente es hombre 🎶Evite hacer comentarios despectivos o discursos de odio (serán censurados, mas no teman comentar opiniones, reacciones y críticas) Publicado: 20 de agosto del 2018

Genero:
Erotica/Humor
Autor/a:
canecoum
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Segunda oportunidad

Ah, a veces los mejores amigos, entre comillas, se pelean por los motivos más estúpidos.


Bueno, para ellos dos no era algo estúpido.


—¡¿Cómo mierda te atreves?! —gritó Izuku con su inusual vocabulario, siendo aprendido de su amigo con el cual se estaba golpeando en ese preciso momento. Un puñetazo dio a parar en su mentón después de gritar aquello.


—¡Es tu puta culpa! —Izuku atinó a dar una patada en el estómago del tipo que intentaba subirse en él para darle más golpes en la cara.


—¡Pero no tenías por qué besarla frente a mí! —al intentar pararse falló gracias a un empujón que le dio Katsuki, quien al instante recibió un golpe de una piedra que Izuku logró alcanzar, dejándole una pequeña fisura en la piel de su frente.


Ambos estaban golpeándose a como podían, para el colmo estaban en un pequeño parque de la ciudad, y las personas ya se habían reunido a su alrededor para chismear lo ocurrido.


—¡Te odio! —Izuku estaba cegado por la ira, tanto que gritaba cosas que no eran propias de él, solamente estaba cansando. Toda su vida intentó agradarle a Katsuki, y el idiota ni siquiera lo consideraba su amigo.


Después de haberle ayudado con un proyecto, encontró a su amigo y a su quedante en el parque sin querer, viendo una escena que colmó por completo su paciencia. Katsuki le estaba robando un beso a Uraraka, y ella parecía no querer alejarlo. Por supuesto que la culpa era de ambos, pero desencadenó su enojo acumulado en el chico. Después hablaría con ella.


Con los ojos llorosos, embistió a Katsuki como un luchador profesional, causando la caída de ambos chicos al piso. La piel de sus brazos que mantenía a Katsuki abrazado sintió la quemadura de la caída en el pavimento, siendo el resto de su cuerpo amortiguado por el pecho de su amigo.


Lo último que escuchó fue el claxon monstruoso de un enorme camión que iba a la suficiente velocidad como para no poder detenerse a tiempo. Dos personas tendidas en el suelo y un autobús muy grande pasando sobre ellos, el resultado no necesita ser narrado.


La gente gritó asustada, el autobús alcanzó a detenerse después después de haber pasado por sobre ellos, la sangre de ambos chicos pintaba el piso de rojo y Uraraka se sentía completamente culpable de todo eso.




El paraíso no era como lo pintaban las religiones, ninguna de ellas. De hecho, era como lo pintaban los programas de televisión. No podían encontrar mayor ironía en la vida que esa.


Izuku parpadeó varias veces para asegurar que eso estaba ocurriendo de verdad. Sí, estaba ocurriendo, él veía a Katsuki desnudo frente a él, con los ojos cerrados como meditando. Temía moverse o hacer algún ruido, pues su alrededor era de colores claros y se sentía como si flotara en las nubes.


Katsuki varios minutos después abrió los ojos, quedando mudo ante la misma escena que veía Izuku. ¿Qué mierda estaba pasando?


—Oh, veo que ya ha despertado. Tardó un poco jaja —a ellos se acercó un simpático ente color púrpura, bastante pequeño y de ojos muy grandes—. Sean bienvenidos a mi pequeño pedazo de cielo.


—¿Qué mierda? ¿Quién eres tú? ¿Por qué estamos desnudos? —preguntó rápidamente Katsuki, un poco asustado pero sin dejar de lado su semblante defensivo.


—Ah, lamento no presentarme primero. Yo soy Minoru, el pequeño dios de las segundas oportunidades —sonrió honestamente, amaba su oficio—. Yo me encargo de analizar las situaciones, y si me convencen, les daré una segunda oportunidad para que terminen sus metas en aquella vida.


—¡¿Eh!? ¿Estas diciendo que morimos? —esta vez fue turno de Izuku de preguntar.


—¡Claro! Miren —les mostró en una pequeña pantalla que salió de la nada el suceso, donde Izuku se aventó a Katsuki causando el accidente.


—Ya que su muerte fue en un 75% equivoco, tiene la oportunidad de convencerme de otorgarles una segunda oportunidad, y regresarán a esa escena segundos antes. Así ustedes mismos evitarán la muerte si quieren.


—¡¿Qué debemos hacer?! —ambos preguntaron desesperados. Definitivamente ninguno quería estar muerto, menos con pendientes por resolver. Ambos tenían metas muy grandes en la vida como para morir por un error.


—¡Escuche, Dios! Prometo no volver a golpear a nadie en mi vida, y también prometo dejar en paz a la chica de Deku. También prometo visitar a mi mamá cuando sea vieja —Katsuki estaba rogando, con el ceño fruncido y las manos lanzando explosiones inexistentes de la furia.


—Yo... ¡Yo donaré todo el dinero que gane a caridad! —Izuku era un ángel a comparación de Katsuki, así que fue lo único que se le ocurrió como propuesta.


—Bueno, soy un Dios que prefiere actos que palabras. Es simple, les daré una pequeña y fácil prueba en otro plano dimensional. Si logran cumplir su palabra entonces los regresaré a su mundo original, justo como les dije.


—¿Una prueba en otro plano? —Izuku no entendió muy bien eso, pero quién era para comprender la complejidad divina cuando solo era un débil mortal.


—¡¿Qué esperas, entonces?! Dinos qué hacer —Katsuki ya estaba aceptando todo hasta de parte de Izuku. Minoru sonrió quisquillósamente, frotando sus manos como un villano malévolo con un gran plan maestro.


—Ustedes dos deben aprender a llevarse bien. Tan bien como para poder tener contacto sin sentir odio o asco. Desde un abrazo hasta tener sexo. ¡Nos vemos luego!


—¡¿Sexo?! —fue lo último que se escuchó, un confundido y negado grito de Katsuki indispuesto por aquella tarea que les encomendó el Dios de las segundas oportunidades.


Segundas oportunidades sus bolas, jamás podría tener sexo con alguien como Izuku, ¡mucho menos con Izuku! El rubio no era el único consternado, Izuku también estaba en shock por lo oído.


Estaba guardando fielmente su primera vez para Uraraka, y ahora... ahora debía dársela a Katsuki para poder regresar...


—¡No! —Izuku se negaba, no solamente por el hecho de que robarían su primera vez, sino porque también sabía que sería el de abajo.


—¡Maldita sea, Deku de mierda! ¡Mira en lo que nos metiste!


En cuanto dejaron de gritar se pusieron a analizar su nuevo entorno. Estaban en un cuarto que era iluminado solamente por unas velas aromáticas, con juguetes sexuales al rededor y condones.


Katsuki tenía los ojos bien abiertos viendo solamente una cosa. Izuku estaba tan nervioso que no se había dado cuenta ni escuchando su propia voz.


—¿Kacchan? —preguntó al notar la fija mirada del rubio en su cuerpo. Bajó la mirada encontrando algo que obstruía su visión a su abdomen. Había dos grandes pechos donde antes no estaban—. ¡Ahhhhh! ¡Tengo pechos!


Se tocó los pechos desesperado, sin dejar de murmurar y llorar en bajito por aquello. Definitivamente era el de abajo.


—No solo tienes pechos, eres mujer... —Katsuki llevaba encima un par de pantalones y una camiseta, pero Izuku llevaba ropa provocatívamente sexy. Resaltaba su obvia figura femenina, sus pechos de tamaño promedio, sus caderas, y su ausencia de pene.


—N-no... Imposible... —consternado, se levantó de la cama en busca de algún espejo, sin encontrar nada en lo cual mirarse—. ¡¿Hay siquiera un baño?!


—No, no lo hay. Entre más rápido lo hagan más rápido los regreso a su mundo —se escuchó una tercera voz, misteriosamente en sus mentes.


—¡¿Dios Minoru?! ¿Por qué soy yo la mujer? —fue la estupidez que se le ocurrió preguntar a Izuku.


—Bueno, eras más lindo que el otro, el rubio probablemente sería una mujer un poco más fea.


—Ay dios santo... ¡El Dios es un degenerado!


—¿Apenas te diste cuenta? —Katsuki estaba del peor humor que podría estar en toda su vida. Se veía imposibilitado de salir de ahí. Prácticamente eran prisioneros hasta tener sexo.


Izuku bajó un poco sus pantimedias, mirándose la entrepierna.


—Tengo vagina... —comenzó a sollozar de nuevo—. Kacchan, no quiero que mi primera vez sea así —luego de decir eso su llanto se desbordó, sacando aún más de sus casillas al pobre rubio.


—¡No puede ser, maldición! ¿Tenemos veintidós años y sigues siendo virgen? ¡Deja de llorar!


—L-lo siento... Es que no soy bueno relacionándome con las chicas... Uraraka fue lo más cercano que tuve a una novia.


—¡Eres más estúpido de lo que creí! ¿En serio no te das cuenta de que tienes pretendientes de sobra?


—¡¿Eh?! ¡Tremenda mentira!


—No es una puta mentira. Mei, la hija del mecánico anda detrás de ti desde que te vio por primera vez. Y también la chica loca Toga.


—Pero a mí me gusta Uraraka... ¿Por qué tenías que meterte con ella? —Izuku bajó la cabeza. Le impresionaba saber que chicas como Mei le tenían en la mira, ya sabía lo de Toga pero ella sí estaba loca y ni muerto estaría con ella. Pero Katsuki, pudiendo tener a todas, había ido a por la suya.


—¿Y cómo mierda se supone que lo iba a saber? —preguntó ya sin gritar al notar a Izuku cabizbajo.


—Todo el mundo lo sabe, soy demasiado obvio...


—Bueno, no es mi culpa, ella es muy encimosa.


—No le eches la culpa a ella. Nos dijimos que nos gustábamos mutuamente, ella no haría eso...


—Si fuera verdad no habría ido tras de mí como perra en celo... Tengo malas noticias para ti, idiota, pero ya me acosté con ella.


Izuku no respondió. Eso le cayó como un balde de agua fría. Había sido peor que encontrarlos en el parque besándose. No podía creerlo, todo ese tiempo creyó cosas incorrectas.


Volvió a llorar, esta vez en silencio.


—Ya cálmate ¿Sí? De todos modos no será la única. Tú también estarás en mi lista de chicas a las que les he quitado la virginidad.


—Kacchan, eso no es gracioso... —resignado se levantó del suelo y se aventó en la cama, con los ojos hinchados de tanto llorar.


—No era una broma. No quiero hacerlo pero valoro más mi libertad y mi vida. Además, no estás tan mal para ser un hombre...


Izuku no pudo evitar sonrojarse. Se sentía un poco halagado, pero aún así era una ofensa. No respondió, en su lugar ignoró al chico y se dió media vuelta en la cama dándole la espalda.


—Una linda figura delgada, pechos firmes y alzados, un lindo trasero del tamaño perfecto para mis manos.


—Kacchan, esto es muy incómodo. Preferiría que no dijeras nada... —decidió callarlo. Obviamente Katsuki podía sentirse atraído por su cuerpo de mujer porque era un jodido hombre heterosexual, al igual que él. Izuku prácticamente salía perdiendo de todo eso.


Adiós virginidad, adiós Uraraka, adiós privacidad, adiós hombría. Intentó consolarse al decirse que ellos dos y el Dios Minoru serían los únicos en saber lo que ocurrió, y podría dejar ir a Uraraka. Mei definitivamente era mejor opción, era muy honesta y leal como un perro ¿Cómo no lo vio antes?


Katsuki no se enojó al recibir la respuesta negativa de Izuku, lo comprendía hasta cierto punto. Se acercó lentamente al pecoso y se recostó tras de él en forma de cucharita.


—Solo cierra los ojos e imagina que es una pesadilla. Los Dioses deben cumplir su parte del trato, y como no dio términos ni condiciones, después de tener sexo deberíamos regresar... No dijo cómo debíamos hacerlo...


No, no era nada tranquilizador para Izuku escuchar eso. Estaba asustado, pero no es como si ya pudiera negarse. Haciendo caso a la voz de Katsuki, cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo era acomodado en otra posición. De espaldas y con las piernas abiertas, dejó que el otro le quitará las pantimedias y se colocara en medio.


Sintió más movimientos sin saber qué ocurría, así que abrió un solo ojo para verificar que todo estuviera bien.

Encontró a Katsuki intentando recoger todo lo que podía en almohadas y sábanas para cubrir sus caderas, como un escudo.


—¿Eh?...


—Así está mejor, ni siquiera yo puedo ver —le sonrió a Izuku, aunque de una forma pícara, era la primera vez que la sonrisa iba dirigida completamente al pecoso sin malicia ni burla. Aquello, después de todo, le dio seguridad. No pudo evitar sonreír de vuelta y aceptar lo que sucedería después.


Sintió una mano acariciar su pierna hasta llegar a la entrepierna, tocando débilmente con dos dedos su entrada. Se sentía tan raro, le mandaba escalofríos a todo el cuerpo, y tenía ganas de retroceder y cerrar las piernas. Los dedos entraron a su interior con delicadeza, provocando algunos espasmos en el menor con cuerpo de mujer.


—K-kacchan...


El rubio no podía explicarse lo que estaba sintiendo en ese momento. Sus dedos eran rodeados por una calidez increíble, y apesar de que solo eran sus dedos, lo sentía en su parte baja. Los pequeños suspiros que soltaba Izuku eran deliciosos, odiaba admitirlo pero le encantaría callarlos con un beso.


Rato después de juguetear con su entrada, se acercó lo suficiente hasta tener su cadera encima de Izuku. Se bajó el pantalón de tela que no tenía cierre, dejado a su pene frotarse contra Izuku de forma placentera. Izuku al sentir el paquete de su amigo se estremeció, olvidando que inicialmente no quería hacerlo. De forma inconsciente ella también comenzó a mover sus caderas.


Katsuki, con cuidado, decidió comenzar a entrar lentamente, dejando que aquel calor envolvente le consumiera hasta la espina dorsal. Sin quererlo soltó un pequeño gemido al llegar hasta el final, al entrar por completo.


Izuku apretaba ambos párpados teniendo los ojos bien cerrados, se sentía enorme y dolía un poco, pero no era nada que no pudiera aguantar.


—V-voy a moverme... —Katsuki se inclinó lo bastante hasta recargar su pecho con el de Izuku, sosteniendo las caderas del menor para comenzar a moverse lento y rítmico.


—Ah... K-ka... —Izuku comenzó a soltar gemidos más altos conforme Katsuki aumentaba la velocidad. Jamás en su vida había sentido algo parecido, sentía bonito en su vagina, y dentro de ella era caliente y suave. Era tan extraño, pero le gustaba la sensación—. M-más... Kacchan...


El rubio obedeció a su propia conveniencia, golpeando con rapidez sus caderas, creando el característico sonido del sexo. Sus respiraciones eran rápidas y jadeaba en sus oídos al estar con las cabezas a un lado de la otra. Katsuki estaba realmente tentado, acercó sus labios a la comisura de los labios de Izuku sin besarlo, solamente rozando sus labios ligeramente. Como remplazo lamió el cuello del pecoso haciéndole cosquillas.


—¡Ah! —Izuku no lo resistió y tuvo un orgasmo que presionó a Katsuki del pene y rasguñó su espalda a pesar de llevar aún la camisa.


En una ronda bastante duradera, Katsuki mordió el cuello mientras presionaba con ambas manos la cadera de Izuku, y se venía adentro. En un largo suspiro cayó por completo sobre ella.


—Kacchan... —Izuku estaba embobado. Jamás en su vida vio esa faceta de Katsuki, y a pesar de haberlo odiado hace algunas horas por estar con su chica, ahora sentía tener una ventaja por sobre ella.


Tomó la cabeza de Katsuki para obligarlo a elevarse y mirarle a los ojos. Acarició sus labios con delicadeza, quería besarlo, pero sabía que no debía. Katsuki, aún hundido en su éxtasis, se removió para posicionarse bien encima de ella, planeando robarle un beso. Aún seguía adentro, al removerse Izuku gimió por el pequeño placer que le causó.


Tan cerca, casi rozaban sus labios en un beso, pero solo dos segundos de retraso les rompió el plan. Si tan solo lo hubiesen hecho antes.





—¡Te odio! —gritó Izuku, volviendo al punto exacto del tiempo donde había ocurrido aquel accidente. En ese mismo momento se había lanzado contra Katsuki, pero al estar consciente de haber regresado solo se quedó congelado viendo al chico golpeado frente a él. Atrás de él pasó un camión bastante rápido, pero sin causar problemas.


Un evidente suspiró salió de su boca. Realmente había funcionado, dejar que Katsuki le metiera el pene le dio otra oportunidad de vida.


Sonrió, con un verdadero rostro de alivio.


Miró de nuevo a Katsuki avergonzado, y el rubio también le veía sonrojado. Después de todo acababan de tener sexo, y ambos estaban consciente de que estaban a punto de besarse antes de regresar.


—Kacchan... —quería gritar de alegría "lo logramos", saltar a sus brazos y robarle ese beso que extrañamente aún quería.


Katsuki frunció el ceño, desvió la mirada, y con el rostro aún rojo se acercó amenazante a Izuku.


—¿Kacchan?... —creyó que iba a seguir golpeándolo, solo para fingir que nada había pasado y que los demás no sospecharan, así que se puso en posición de defensa, pero esa posición no ayudó en el ataque que le dio su viejo amigo.


Le tomó de la nuca, y forzándolo a mirarle, le robó ese tan querido beso. Uno realmente lleno de pasión, era extraño. Sentir la lengua de Katsuki arrebatarle el aliento era casi tan bueno como sentir su pene adentro. Se dejó llevar, a pesar de que había una multitud de gente mirando al rededor, a pesar de que Uraraka gritaba confundida preguntando qué sucedía.


Ignoraron todo, y se besaron hasta cansarse.





—Uff, este estuvo buenísimo —el Dios Minoru terminó sus deberes de dios. Apagó la cámara, sacó el cassette donde estaba todo grabado, y lo colocó junto a su colección de videos.


Video número trescientos cincuenta y dos mil: KatsuDeku.