𝑳𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝑾𝒊𝒕𝒄𝒉 - 𝑬𝒅𝒘𝒂𝒓𝒅 𝑪𝒖𝒍𝒍𝒆𝒏®

Sinopsis

Madelaine Davis era una chica normal en su natal Manhattan, sus padres trabajaban en una empresa desconocida que cometía experimentos ilegales de los cuales ella nunca supo nada junto con su mellizo. Un día, los hermanos siguieron a sus padres a su trabajo, ya que tenían dudas sobre lo que hacían, pero terminaron cometiendo un grave error que los condenó de por vida. Ahora los hermanos Davis eran parte del experimento SHE (Super Human Experiment). Los hermanos Davis y una nueva amiga lograron escapar para poder encontrar a los padres de los mellizos, pero esto los convirtió a los tres jóvenes en fugitivos. El trío decidió esconderse en un pequeño pueblo que casi nadie visitaba, Forks - Washington. Ahí, los mellizos encontrarían a su nueva familia y Madelaine podría encontrar el amor. Lo que no sabían los hermanos Davis es que tendrían que arriesgar sus vidas para sobrevivir y para proteger a su familia. 📍Historia completamente original. 📍Cualquier similitud con otros historia es pura coincidencia. 📍No se permiten copias ni adaptaciones sin mi permiso.

Estado:
En proceso
Capítulos:
20
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—¡Madelaine! ¡Baja de una buena vez que se nos hace tarde! —grita Aaron Davis mirando la hora en su reloj de muñeca y dándose cuenta de que faltaban diez minutos para las siete.

—¡Ya voy! —grita en respuesta la pelirroja sin dejar de acomodar su cabello.

Madelaine retoca su labial rojo y sonríe al momento de ver la imagen que se reflejaba en el espejo, toma su mochila antes de comenzar a bajar las escaleras lo más rápido que podía.

—¿Te tardaste tanto solo poniéndote un labial? —pregunta Aaron incrédulo viendo como su melliza peinaba su cabello.

—Claro que no —responde Madelaine—. Me tardé porque también tenía que arreglar mi cabello.

La pelirroja agita su largo cabello con elegancia y ve como su mellizo puso los ojos en blanco.

—Vámonos ya, tu cabello no nos va a ayudar con el reporte que nos darán si llegamos tarde —responde el pelirrojo mayor antes de tomar las llaves del auto de su hermana para salir de la casa.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Ya nos vamos! —avisa Madelaine en voz alta, teniendo una poca esperanza para ver a estos antes de irse.

—No están —asegura Aaron al regresar su mirada hacia su melliza—. Parece que no sabes que ellos se van mucho más temprano que nosotros.

—Siempre tengo la pequeña esperanza de verlos tan siquiera una vez antes de irme a la escuela —confiesa la pelirroja con una mueca en sus labios, pero termina por cerrar la puerta de la casa con seguro.

—Hermanita, cuando mis papás se queden un día en casa, me voy a preocupar —confiesa el mayor de los dos mellizos con una sonrisa divertida—. Ese día será cuando tú consigas a alguien que te soporte y sea tu novio.

Madelaine mira indignada a su mellizo y ve como este se subió a su convertible, la pelirroja lo sigue para subirse al asiento de piloto. Aaron le entrega la llave a su hermana casi al mismo tiempo que puso su mochila en los asientos traseros.

—Aaron, ¿nunca te has preguntado en dónde trabajan nuestros padres? —pregunta Madelaine sin poder evitarlo mientras arrancaba el auto y mantenía su mirada en el camino.

—Claro que me lo he preguntado, Chucky, pero nuestros padres son lo suficientemente adultos como para hacer lo que quieran —responde el pelirrojo—. No tenemos que preocuparnos.

—Deja de decirme Chucky, coágulo de sangre —ordena Madelaine irritada escuchando como Aaron comenzó a reírse por el mote—. Una cosa es tener un trabajo normal de ocho a doce horas, pero papá y mamá se la pasan casi las veinticuatro horas trabajando. Nuestros padres podrían estar siendo explotados laboralmente y nosotros no hacemos nada.

Maddy, a veces eres demasiado dramática y exagerada —asegura Aaron con diversión.

—En verdad, tengo un mal presentimiento —confiesa la pelirroja al doblar en una calle y fijar su atención al frente, pero frunce el ceño al ver una camioneta—. ¿Ese no es el auto de nuestros padres?

Los mellizos Davis miran atentos a la placa de la camioneta y caen en cuenta de que eran sus padres, ambos pelirrojos se agachan rápidamente al momento de ver como los dos adultos bajaron de su vehículo.

Madelaine se estaciona algo alejado de ellos para pasar desapercibida, aunque con su costoso convertible rojo era algo casi imposible de hacer.

—En estos momentos me arrepiento de haber pedido un coche de un color tan llamativo para mi cumpleaños —susurra la joven al bajar la cabeza.

—Te dije que era un color muy vibrante, Chucky —recrimina Aaron en un susurro, pero no deja de ver lo que hacen sus padres.

Los Señores Davis miraban atentos a su alrededor verificando que nadie se encontrara mirándolos, los mellizos ven a sus progenitores confundidos, ya que la pareja de casados se acercaron a una chica pelinegra que tenía una radiante sonrisa.

—Ay, por favor —susurra Madelaine aterrada al ver como la pelinegra hablaba como su madre con interés—. Que no trabajen en lo que estoy pensando, Dios mío.

Los padres de los Davis analizan a la chica pelinegra, pero esta sonrió y negó ligeramente con intenciones de seguir su camino a su preparatoria.

Aaron y Madelaine cubren sus bocas asustados al momento en que vieron como su padre sacó un delgado objeto del bolsillo de su saco.

—Lo lamento tanto —susurra el Señor Davis.

Este toma el brazo de la chica consiguiendo que esta regresara a verlo confundida, la madre de los mellizos finge que hablan con la pelinegra, pero su esposo se encargó de inyectarle una dosis de anestesia lo suficientemente fuerte como para dejarla inconsciente.

La joven chica contiene un grito de dolor y comienza a sentir sus ojos pesados.

—Carajo —susurra Aaron preocupado por lo que veía.

—No, por favor, no lo hagan —susurra Madelaine aterrada.

Los Señores Davis sostienen a la chica y la suben a su camioneta, Madelaine y Aaron se regresan a ver rápidamente, pero es ella quien decide arrancar el auto para seguir a sus padres, olvidando que ambos tenían clases.

—Esto es una mala idea, Madelaine —asegura Aaron nervioso—. Detén el auto.

—¡Nuestros padres acaban de secuestrar a una chica y tú quieres que detenga el maldito auto! —grita la pelirroja histérica pisando el acelerador.

—¡Hablo en serio, Madelaine! ¡Detén el maldito auto! —responde Aaron en voz alta.

La joven lo ignora y presiona un botón en su coche que haría que el techo del convertible los cubra.

—Madelaine, estás loca —susurra Aaron ansioso y molesto, ya que la camioneta tomaba camino hacia las afueras de la ciudad—. Estamos persiguiendo a nuestros padres cuando deberíamos de estar en la escuela.

—Las clases me importan un carajo en este momento —responde la pelirroja a la defensiva—. Mamá y papá están cometiendo un maldito delito, pero a ti solo te preocupa que tus ciegas fanáticas se vayan con otro.

—Espera, espera —pide el mayor de los dos—. Están frenando.

Aaron señala a la orilla de la carretera para que Madelaine se pudiera estacionar, ignorando completamente su discusión inicial.

Ambos se mantienen dentro del auto viendo lo que sus padres estaban haciendo, la pelirroja no duda en sacar su teléfono de su mochila para comenzar a grabar el momento.

—¿Qué diablos estás haciendo? —pregunta Aaron en un susurro al regresar su mirada hacia su hermana.

—Obtengo pruebas, idiota —responde Madelaine por lo bajo—. Si le digo esto a la policía no me van a creer.

La joven enfoca bien a sus padres que iban bajando de la camioneta y entraron a un pequeño edificio, pero no llevaron consigo a la pelinegra.

—¿Piensas delatar a nuestros propios padres? —pregunta Aaron incrédulo.

—Por supuesto que lo haré —responde Madelaine sin dudar—. Lo que están haciendo un delito y, por más que los ame, tienen que recibir un castigo por lo que hacen.

—Ni siquiera sabemos qué hacen —intenta decir el pelirrojo—. Tal vez la chica solo...

—¡Aaron! ¡Secuestraron a una chica! ¡Se la llevaron a la fuerza! —recuerda su melliza alterada, pero lo dijo en un susurro—. Ya deja de hablar que me desconcentras y haces que desenfoque la cámara.

El mayor de los dos tiene intenciones de quejarse, pero ambos se ponen alerta al ver como sus padres salieron del edificio con tres hombres más.

Madelaine enfoca la cámara hacia sus progenitores y filma como estos abrieron la puerta de los asientos traseros para dejar que los tres hombres sacaran a la chica pelinegra de la camioneta. Uno de ellos la carga, mientras que otro acomodaba a la desconocida en los brazos de su compañero para que pareciera que estaba dormida.

—Qué hijos de... —Aaron no puede terminar de insultar porque Madelaine cubrió su boca con una de sus manos.

Los tres hombres entran al edificio con la pelinegra en brazos, los Señores Davis regresan a verse antes de que se abrazaran cortamente; sin saberlo, sus hijos se sintieron mal por esa imagen, ya que su padre estaba consolando a su madre.

—No lo están haciendo por gusto —susurra Aaron preocupado después de que su hermana descubriera su boca.

—Te dije que papá y mamá no trabajaban en un lugar seguro —responde Madelaine por lo bajo viendo como estos entraron al edificio—. Jamás nos dijeron exactamente de que trabajan, unos padres normales lo hacen.

—Vámonos de aquí antes de que nos vean —pide Aaron ansioso al ver que su melliza dejó de grabar.

—No, tenemos que ver qué diablos hacen en esta empresa —responde Madelaine con seguridad.

La joven pelirroja tiene intenciones de bajar de su auto, pero Aaron la toma del brazo con fuerza y la detiene.

—¿Qué diablos te crees? ¿Una espía? —le pregunta el mayor alterado—. Nos van a descubrir, Chucky, y nuestros padres van a perder su trabajo.

—Por los menos sus jefes harán eso, ellos no tienen que ir secuestrando a gente inocente —asegura Madelaine molesta.

Los mellizos miran al frente dándose cuenta de sus padres salieron del edificio para subirse a la camioneta, arrancan y se van lejos del lugar.

—Ya se fueron, vamos —susurra la pelirroja.

Esta baja del auto con velocidad al aprovechar que su hermano se distrajo y comienza a acercarse al desconocido edificio.

—Madelaine, Madelaine —susurra Aaron nervioso tras bajar del vehículo—. Ven acá..., maldito Chucky del demonio.

El chico se apresura a seguir a su hermana ignorando el peligro en el que ambos se estaban poniendo.