Llama De Una Noche
Finalmente, estaban de vuelta en el apartamento con una pizza caliente de pepperoni y un par de gaseosas. Atardecía en Tokio y era hora de cenar, distraerse y descansar. Gracias al cielo, los exámenes del séptimo semestre habían terminado para Kiyomi, una bella muchacha estudiante de la carrera de Medicina en la universidad.
—Ah, qué bueno que ya terminamos los exámenes finales —comentó Kiyomi con un tono aliviado y una amplia sonrisa, deteniéndose a saludar amorosamente a sus dos gatos.
—Sí, es una excelente noticia —contestó la chica de ojos violeta, sonriendo también y dirigiéndose a la cocina.
—Espero me haya ido bien —dijo la pelinegra, ayudando a su amiga y compañera de apartamento Shinobu, a reunir platos y vasos para comer.
—Lo más probable es que sí. Tranquila —dijo Shinobu, tratando de hacer que se sintiera bien al respecto. “Mmm no estoy tan segura” pensó su amiga. Algo le decía que tal vez sus resultados no estarían tan buenos pero tampoco deseaba arruinar ese anochecer con lo realista que era. Había estado todo muy difícil y habían invertido mucho tiempo y esfuerzo, pero ambas habían dado lo mejor de sí en el estudio.
—Este semestre se me hizo muy corto —suspiró Kiyomi, mientras se sentaban a la mesa.
—Hubo mucho que estudiar e investigar.
—¿Vemos una película en Netflix? —preguntó su amiga, encendiendo la televisión. Requería dejar su frustración con respecto al estudio atrás, pues aún quedaba cierta duda en su ser de que tal vez, no iba a obtener las calificaciones que esperaba.
—Buena idea, me recomendaron una muy buena —se entusiasmó la muchacha del cabello negro y violeta.
Comieron y vieron la película con un sentimiento de calma y alegría que hace mucho no experimentaban, en serio durante todo el semestre no hubo espacio para otra cosa que no fuera estudiar. Se encontraban bastante cansadas, en particular Kiyomi. Sin embargo en ese momento, ella prefería entusiasmarse por los días de vacaciones, pues eso significaba poder ver a su hermano Sasuke, a su familia y a sus amigos. Pensaba que si su cabeza continuaba dando vueltas en su carrera universitaria, podría volverse loca.
Al terminar la cena, ambas retiraban los platos y vasos para lavarlos, cuando escucharon el timbre.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Shinobu, extrañada. Kiyomi negó con la cabeza y el ceño fruncido. Su amiga fue a abrir la puerta y se encontró con una amiga que tenían en común —Mitsuri.
—Hola, chicas. ¿Tienen planes? —entró con alegría y entusiasmo, una tierna muchacha de la misma edad de Kiyomi y Shinobu.
—Mmm no, ¿por qué? —respondió Kiyomi, comenzando a lavar la loza.
—Es que hay una discoteca nueva cerca de aquí, podríamos ir —dijo Mitsuri.
—¿Qué dices, Kiyomi? —le preguntó Shinobu, sonriéndole.
—Ay, no lo sé —dijo, indecisa.
—Vamos, no sean aguafiestas. Pasaron todo el semestre estudiando, ¿no? —las motivó Mitsuri.
—Eso es cierto —comentó Shinobu y Kiyomi dio un suspiro, todavía sin estar completamente convencida. Le gustaba tener tiempo para ella sola y eso era lo que había tenido en mente para esa noche desde un principio, pero también le encantaba compartir y pasarla bien con gente a su alrededor.
—Está bien, vamos —resolvió.
Las chicas se pusieron manos a la obra, con el fin de elegir los atuendos y el maquillaje adecuado para sacar el mejor partido a la belleza única que poseía cada una, en un divertido proceso. Kiyomi eligio una mini falda y top negro, atuendo el cual destacaba su bella figura y es que ella solía entrenar varias veces en el gimnasio a la semana. Dejo su largo cabello negro suelto, maquillo sus ojos con sombras en tonos oscuros y los labios de rojo. Con sus amigas igualmente hermosas y ya listas, se prestaron a ir camino a la discoteca que había mencionado Mitsuri.
Llegando a dicho lugar, las tres preciosas muchachas se dieron cuenta de que el lugar era bastante concurrido, pues se había formado una fila para entrar. La pelinegra se hallaba algo distraída en sus pensamientos mientras sus amigas hablaban, cuando notó a cierto chico muy atractivo que estaba con sus amigos, varias personas delante de ella. Su apariencia de por sí era llamativa, tenía el cabello amarillo brillante con las puntas en rojo, el cual iba semi recogido, sus ojos eran dorados con rojo y tenía una hermosa sonrisa de entusiasmo. Kiyomi podía notar que tenía un buen físico, pues sus brazos lucían musculosos, detalle que en cualquier hombre a ella le fascinaba.
—Está lleno de chicos guapos por aquí —dijo Shinobu, y su comentario distrajo a la chica de los ojos oscuros.
—Sí —dijo, sonriendo levemente sonrojada.
—Tal vez salgamos todas con novio —comentó Mitsuri alegremente y sus otras dos amigas rieron un poco.
—La pasaremos muy bien esta noche —dijo Shinobu.
—Eso espero —comentó Kiyomi.
La discoteca era un lugar muy amplio y hermosamente decorado, tenía mucho estilo y se escuchaba muy buena música, lo que explicaba la afluencia del público juvenil.
—¿Bebemos algo? —preguntó Shinobu alegremente.
—Claro que sí —contestó Kiyomi, adelantándose hacia la barra. Le urgía un buen trago para liberar las tensiones del semestre.
—El mío que sea suave, por favor —pidió Mitsuri, siguiendo de cerca a las dos chicas.
Tomaron un lugar en la barra y se prestaron a conversar y comentar de todo un poco entre las tres. Rieron, bebieron y pronto la pelinegra empezó a dejar sus frustraciones atrás. Ese semestre había sido el más difícil de todos y le había costado trabajo mantener sus calificaciones. Habían invertido mucho tiempo y esfuerzo junto a Shinobu, pero ambas habían dado lo mejor de sí en el estudio. Así que, prefirió dejar las cosas así al menos por ese momento en el que sus amigas la hacían tanto reír y su trago estaba tan bueno.
Después de un rato, Kiyomi fue al baño sola y sus amigas se quedaron esperándola en la barra. Cuando volvió, reparó en que ellas estaban hablando amistosamente con un grupo de muchachos, de entre los cuales reconoció al chico tan atrayente que había notado en la entrada de la discoteca. Sonrió y se acercó determinada a conocerlo, aún no estaba ebria pero lo que había bebido le brindaba cierta confianza y seguridad.
Casi al llegar, la mirada del chico se posó en Kiyomi y le sonrió sugerente, lo que acentuó su sonrisa. Sabía que se había fijado en ella y lo confirmó pues al llegar a la barra, este se le aproximó de inmediato.
—Hola —dijo él alegremente. Su voz era profunda y gruesa y Kiyomi casi se derritió al escucharlo hablar.
—Hola —respondió la azabache, con entusiasmo.
—Me llamo Kyojuro, ¿y tu? —indagó. Kiyomi había llamado su atención, era la chica más linda y destacaba de entre las demás.
-Kiyomi- dijo ella y ambos intercambiaron una sonrisa y una mirada fija que reflejaba interés.
—El lugar está genial, ¿no? —comentó él.
—Sí, esta todo muy bonito y la música está muy buena.
—¿Qué haces por aquí?
—Vinimos a celebrar que es fin de semestre y ya terminamos los exámenes —explicó la pelinegra, lo que acentuó la particular sonrisa del atrayente muchacho.
—Oye, ¡yo también! —la coincidencia la alegró tanto como a él.
—¿Qué estudias?
—Bueno, quiero ser maestro de historia. ¿Y tú?
—Estudio medicina.
—Wow, qué interesante —dijo Kyojuro viéndose mas atraído a la hermosa azabache.
—Ha sido muy difícil. Me la he pasado estudiando —confesó ella.
—Puedo decir lo mismo. No tienes tiempo ni para relajarte un rato.
—Exacto.
Pronto los momentos avanzaron alrededor de ellos, quienes se hallaron animadamente bebiendo y hablando sobre todo un poco de sus vidas mientras las chicas y los amigos de Kyojuro también se dedicaban a pasar un buen momento.
—Alguien está muy entusiasmada con el chico de ojos rojos —le comentó Shinobu a Kiyomi, en el baño de chicas junto a ella y Mitsuri.
—Ay, no digas eso —respondió la aludida.
—Sí, ya vimos tu cara, Kiyomi —le dijo la pelirosada y soltaron una risa.
—Es que es muy guapo. Lo ví en la fila cuando llegamos —se atrevió a decir.
—Mmm te lo tenías guardado —le dijo Mitsuri y ella se sonrió al espejo.
Volvió a la barra, donde Kyojuro la esperaba con atención.
—¿Vamos a bailar? —preguntó apenas estuvo al frente y la pelinegra se sonrojó un poco.
—¿Estás seguro? —le dijo, con indecisión.
—¡Claro que sí! —insistió el chico del cabello amarillo y rojo, tomándola de la mano para llevarla a la pista. Estaba algo lleno con gente bailando alegremente, quienes eran la causa de su cercanía. Él la observó a detalle, asombrado por su belleza —De seguro ya te han dicho lo hermosa que eres.
—¿Qué? —preguntó la muchacha, un sonrojo tiñó sus mejillas.
—Que eres muy hermosa —repitió Kyojuro, algo nervioso.
—Oh, gracias.
—¿Tienes novio?
—No, ¿y tú? ¿Estás soltero?
—Sí —dijo el muchacho y sus miradas parecieron conectar mucho más, a la vez que continuaban bailando.
A la vez que bailaban, Kiyomi y Kyojuro flirteaban y ella se volteó con el objetivo de moverle el trasero. Él tomó su rostro desde atrás y la beso suave y profundamente. La pelinegra se volteó encendida y reanudó los besos con Kyojuro.
—¿Te gustaría…? —le preguntó él, una vez se detuvieron y se miraron fijamente. Ya se encontraba excitado por ella.
—Sí, llévame —respondió ella, deseosa y el atractivo chico la tomó de la mano para dirigirla al baño de hombres.
Ambos se encontraban bajo la influencia no solo del alcohol sino que de la pasión también, querían relajarse y olvidar todo aquello que los frustraba. Entraron y Kyojuro cerró la puerta con pestillo luego de verificar que no hubiera nadie más. Volvieron a besarse apasionadamente y la llama caliente que se había originado entre los dos dio inicio a un exquisito rito en uno de los cubículos del baño.
Él buscó el borde inferior de su top y metió las manos por debajo, tocando sus senos y notando la suavidad de sus pezones. Gruñó en el beso y Kiyomi soltó un suave gemido, se soltaron e intercambiaron una mirada fija de deseo antes de que la azabache se arrodillara frente al W.C. El rubio abrió su pantalón y bajó su ropa, mostrando su potente erección, la cual ella miró sonrojada. No esperó más y lo tomó para comenzar lamiendo la punta y luego el resto, hasta que terminó por meterlo completo a la boca.
—Kiyomi… Uuuff… —dijo Kyojuro entre suspiros, sin dejar de mirar como lo hacía.
—¿Está bien así? —preguntó ella desde abajo, coqueta.
—Está muy bien.
Luego, la hermosa muchacha se puso de pié y volvieron a besarse, él bajó con besos apasionados hacia su cuello.
—Voltéate —le dijo él al oído con voz ronca y la pelinegra sonrió coqueta, obedeciendo su mandato. Teniéndola contra la pared, se pegó a su trasero y la ayudó a subirse la falda y bajarse la pantaleta negra. Desde atrás, Kyojuro comenzó a explorar su entrada con los dedos y volvió a hablarle al oído—: Qué mojada.
Kiyomi gimió suave y él suspiró en su oído a la vez que jugaba un poco más en la humedad que había causado en ese lugar entre sus piernas. Entonces, acercó su masculinidad y se prestó a entrar en ella con cuidado, quien arqueó su espalda para él. Los dos jadearon y el atractivo muchacho comenzó a embestirla suavemente. Ya nada importaba, sólo su verga entrando y saliendo, haciéndolos olvidar todo.
—Ah, Kyojuro —susurró ella.
—¿Qué? ¿Te está gustando?
—Sí… Pero dame más fuerte —le pidió, deseosa y el aludido hizo lo solicitado.
—Uy, ¿así? —jadeó, penetrándola con fuerza y rapidez.
—Oh, Dios…
—Quería tanto metértelo… hasta el fondo.
—Joder… Kyojuro… —murmuró Kiyomi entre gemidos y él la nalgueó.
—Lindas nalgas… y qué vagina tan apretada —dijo y se inclinó para llevar sus manos debajo de su top, apretando sus senos.
—Ay, harás que me corra —ella respiraba con dificultad mientras el muchacho aumentaba la velocidad de sus embestidas.
—Eso quiero… Que te corras conmigo, preciosa —gimió Kyojuro y aquella tan anhelada explosión de placer cubrió sus cuerpos.
Se les puso la piel de gallina y temblaron de gozo, ya satisfechos de tanto fuego en solo un par de minutos. El atractivo chico alcanzó a salir antes de acabar, o eso creyó, pues el alcohol en la cabeza definitivamente, había nublado su juicio. Ella se volteó y se besaron apasionadamente, luego rieron ruborizados y procedieron a arreglarse la ropa para salir. Los rostros de los ardientes amantes esbozaban una sonrisa de deleite por el increíble encuentro de una noche.








