Cena de pecados

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Sinopsis

Averigua junto al inspector Jonás Sánchez que ocurrió con Marta y su familia, durante la cena del 8 de octubre. Novela negra con giros de trama y violencia un tanto explicita, no apto para sensibles ni menores de edad.

Genero:
Thriller/Mystery
Autor/a:
Sara Vega
Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Cuando por fin he puesto el último cubierto en la mesa y me he asegurado de que todos los elementos que conforman el elaborado banquete estén perfectos, me dejó caer en el sofá del comedor. Desde esa posición puedo observar perfectamente mi hermosa creación, una mesa larga con diez de todo: sillas, pares de cubiertos, copas para vino, copas para agua y servilletas. También varias botellas de tintos y rosados, agua fresca embotellada y un centro de mesa con crisantemos blancos frescos, comprados en la floristería está mañana.


Miro mi reloj de muñeca, son las diez menos cuarto, en quince minutos deberían llegar nuestros invitados, toda la familia de mi marido, que viene a celebrar su cumpleaños.


Paso cinco minutos sentada en el sofá, la cena está prácticamente lista, solo falta que suene el temporizador del horno en unos veinte minutos. Los invitados estarán antes, así que me levanto y voy a la cocina, allí me pongo a preparar unos entrantes. Cuando ya los tengo listos decido echar una vista al horno, pero justo antes de que pueda agacharme siquiera, suena el timbre de la puerta principal, así que salgo corriendo de la cocina para abrir la puerta.


Al abrir la puerta me encuentro con la familia de mi marido al completo, mi suegra, mi cuñada y su marido, mi primer cuñado con el marido y el hijo, y mi segundo cuñado con su novia.


— Sed bienvenidos, familia, pasad por favor la comida está casi lista, podéis sentaros ya en los asientos que veáis más convenientes, dejo a vuestra elección la distribución.



Todos ellos entran y van directos al comedor a sentarse tal y como les he indicado. Me fijo en todos ellos mientras entran, empezando por mi suegra. Ella es una de las peores personas que existen en este mundo. Su estilo de ropa la delata como tal, va vestida con pieles de animales que ya deben estar extintos, toda su ropa parece de hace dos siglos incluso tiene ese olor a armario cerrado. Aunque si el problema con ella fuera solo su estilo en moda sería algo pasable, pero lo peor es su personalidad. Ella se cree la persona más importante del mundo entero, piensa que todos sus hijos le deben la vida, por lo que deben estar a sus pies cumpliendo con todos sus deseos, y eso incluye a los cónyuges de sus hijos. Siempre mira a los demás como si no fuesen dignos de su presencia y nunca hace nada por nadie que no sea ella misma.


Detrás de ella entra mi única cuñada con su marido. Mi cuñada es la persona más avara que conozco, su marido trabaja todas las horas posibles y más, para que ella pueda llevar un estilo de vida superior al que debería y a pesar de que él es el que gana todo el dinero tiene que irle detrás cada vez que necesita algo, incluso para las cosas más básicas como comer o vestirse.


Luego entra mi primer cuñado y su familia, es el hijo mayor de los cuatro hermanos, y también el más inútil de todos y todo porque es muy perezoso, nunca mueve un dedo por nadie, ni siquiera en su propio beneficio, ni por su hijo, ni el marido, ni absolutamente nadie, apuesto lo que sea a que su marido ha tenido que traerlo a rastras a esta cena, si fuera por él seguiría tirado en su sofá de tres plazas que ocupa el solo.


Por último, mi cuñado y su nueva novia. Ellos se conocieron en el bufete de abogados de mi marido ya que ella es su secretaria. Ellos dos se conocieron hace años, pero no fue hasta hace unas semanas que decidieron mantener una relación, fue el día que él se acercó a buscar a mi marido para salir a comer, como hace cada dos por tres, ya que siempre paga mi marido así que él aprovecha para comer todo lo que puede y más, para él, su vida se basa en comer. Aunque no tenga hambre él sigue comiendo, prácticamente vive en la pastelería que hay en su calle, yo creo que mínimo dedica un 70% de su sueldo en atiborrarse a comer, el resto se lo queda su madre, con la que vive.


Cierro la puerta con llave y voy con ellos al comedor. Pero antes me paro en el pasillo para asegurar que mi aspecto esté impecable.


Miro mi pelo castaño, el cual he recogido en un moño bajo, ya que me parece un recogido rápido y simple, pero que al adornarlo con unas pinzas con cristales, le aporta ese toque de elegancia que requiere mi vestido, uno de los más caros de mi colección y aun así no es mi favorito, pero sí el de mi marido.


Todos están ya sentados en los sitios que han escogido, han dejado libres los dos asientos que encabezan la mesa, en las dos puntas, una para mí y otra para el cumpleañero.


— ¿Cuándo llega mi precioso hijo?

— No debería tardar mucho en estar listo, unos cinco minutos aproximadamente. Por favor id comiendo los aperitivos que he preparado si tenéis hambre.


Todos permanecen quietos sin comer, salvo mi cuñado, el menor, que se abalanza a por los aperitivos como si no hubiera un mañana, hasta que mi suegra le da un manotazo en la mano para indicarle que deje de comer, él hace una mueca y se detiene.


— ¿Cuándo estará lista la comida? Me muero de hambre— pregunta mi cuñado aún con comida en la boca.

— Está casi listo, paciencia, serviros una copita, por favor y amenicemos el tiempo charlando.


Mi cuñada coge una de las botellas y mira detenidamente la etiqueta, hace cara de satisfacción y se echa una copa bastante llena, su marido la mira y le acerca su copa, pero ella le niega con la cabeza.


— Conduces tú de vuelta, no puedes beber.


Y con eso ya está todo dicho por su parte, su marido simplemente lo acepta y se echa una copa de agua.


La secretaria de mi marido coge una de las botellas, la más cercana a ella y mira también la etiqueta.


— ¿Es buen vino?

— Es uno de los mejores, es carísimo, no abras esa si quieres, te echo yo de esta que he abierto.— le contesta mi cuñada echando un culito de vino en la copa de ella, y rellenando de nuevo la suya hasta arriba— Oye, si no nos acabamos todo el vino, me pido el que sobre, me lo llevo a casa para acompañar las comidas, me irá genial. No abráis más botellas, con esta que he abierto tenemos para todos.


Yo solo la ignoro y sigo a lo mío. Miro el reloj, dos minutos.


— Y dime, ¿este vino lo ha comprado tu marido? ¿Qué tan caro es? ¿Y la casa, también la paga él o tú haces algo? Desde que dejaste de trabajar no tendrás ingresos propios, ¿No?— pregunta la secretaria mirándome con desprecio.

— Pues no, gracias a Dios no tengo la necesidad de trabajar ahora mismo, dedico mi tiempo a cuidar del jardín y la casa, también cocino siempre y cuido de mi marido.


Ella solo hace una mueca y da un sorbo a su copa de vino.


— La verdad, no te lo tomes a pecho, pero no sé por qué se casó contigo… llevo muchos años siendo su secretaria, antes siquiera de que os conocierais, diría hasta que lo conozco mejor que tú. Y la verdad, no eres para nada su tipo, me pregunto qué harías para retenerlo…


Todos los integrantes de la mesa se quedan en silencio y apartan la mirada lo más lejos de la mía, y a pesar de que no han abierto la boca, sé perfectamente en qué piensan, todos están de acuerdo.


— Tienes razón, yo tampoco entiendo qué hace casado conmigo, sobre todo cuando tú ya le das todo lo que necesita, ¿Cierto?

— ¿A qué te refieres? Yo soy su secretaria, hago todo lo que puedo por él dentro del trabajo.

— ¿Y tus labores como secretaria incluyen acostarte con él? ¿Está eso en el contrato o te paga un plus? Espero que te pague las horas extra porque si no vaya desperdicio de tiempo, la verdad.


Mi suegra se atraganta con la copa de agua, y todos ponen cara de sorpresa, incluida la secretaria.


— Cariño. ¿De qué está hablando? ¿Te acuestas con mi hermano?


Ella pone cara de enfado y se levanta de golpe poniendo las manos sobre la mesa enfrente suyo, dando un golpe que tumba la copa de mi cuñada.


— Por la cara que has puesto no te debe de pagar extra… Qué pena. ¿Por eso me robas mis joyas y mi ropa cuando te trae aquí para que os acostéis? ¿Tomas tu sueldo extra por tu cuenta?


— Yo no te he robado nada, ni me acuesto con tu marido, estás loca.

— Para nada querida, únicamente tienes razón en una de esas tres afirmaciones, ¿Puedes adivinar cuál de esas es la correcta? ¿Si quieres te ayudo a resolverlo?


Cojo el mando de la televisión que había dejado preparado, escondido en el centro de mesa, y enciendo la televisión.


— Si hacéis el favor de prestar atención a la televisión, en cuestión de segundos podremos resolver la incógnita.


Cuando le doy al Play un vídeo empieza a reproducirse, en él se puede apreciar a mi marido y a su secretaria retozando en nuestra cama apasionadamente, después de un corte en postproducción que había preparado con anterioridad para saltarnos toda la parte de sexo explícito, pasamos a una serie de imágenes de ella rebuscando en mis cajones, agarrando joyas y ropa varía de diseñadores, también agarrando dinero en efectivo del monedero de mi marido que duerme plácidamente en nuestra cama.


El vídeo se detiene y yo apagó la televisión para centrarme en las caras de mis comensales, mi suegra está patidifusa, su cara mostraba señales de muerte inminente. Mis cuñados estaban todos con la boca abierta, mi primer cuñado tapando los ojos de su hijo, y el segundo mirando a su novia con la cara roja y los puños cerrados.


— ¿Dónde está mi hermano? Que venga aquí ahora mismo, pienso darle un puñetazo en cuanto lo vea — se gira para mirar a su novia—y a ti ni se te ocurra moverte de aquí.


Voy a contestar a mi cuñado cuando oigo el “Ding” tan característico que hace mi horno cuando se acaba el tiempo marcado en el temporizador.


— ¡Ya está listo! Ahora mismo lo traigo.


Mientras me levanto y me dirijo a la cocina, escucho a la secretaria culparme a mí de todo.


— Esa era mi vida, pasé muchos años trabajando para él para obtener la vida que merecía, pero ella apareció un día y lo hipnotizó, le daba todo lo que quería y la mantenía, mientras que yo tenía que trabajar sin parar. Pensé que tú al ser su hermano si me darías esa vida que quería, pero eres un maldito cerdo, solo haces que comer,¡Y nunca me compras nada! Y para cuando por fin conseguí que tu hermano se acostara conmigo, no pude sacarle nada ¡Todo era para esa mujer! Yo no tenía nada, así que tenía que robarle todo, ¡me pertenecía! ¡Su vida me pertenecía a mí!


Volví al comedor sujetando la bandeja del horno con mis guantes de cocina para no quemarme.


— Veis, os dije que no iba a tardar nada en llegar, ya estamos todos. Ha llegado justo a tiempo para demostrar que solo una de esas afirmaciones era cierta.


Doy unos suaves golpes sobre la cabeza de mi marido.


—¡Ups! Cariño, se te sale un ojo, compórtate hombre que está aquí tu familia.


Cierro los ojos fuertemente, la luz tan fuerte que tienen encima de mí me provoca dolores de cabeza.

— Señora, ¿esto que nos acaba de contar es la verdad? ¿Dónde está ahora su marido y su familia? ¿En su casa? ¿Están realmente muertos?

— ¿Muertos? ¿Quién ha muerto? ¿Dónde está mi marido? Quiero verlo.

— ¡Señora! Eso es lo que queremos nosotros, se lo voy a preguntar una vez más y esta vez quiero la verdad. ¿De acuerdo? Volvamos a empezar, ¿Qué es lo que ocurrió la noche del 8 de octubre?, cuéntanos todos los detalles, por favor.



Estamos todos en la mesa, como siempre están siendo todos insoportables.


— Oye, si no nos acabamos todo el vino, me pido el que sobre, me lo llevo a casa para acompañar las comidas, me irá genial. No abráis más botellas, con esta tenemos para todos


Yo solo la ignoro y sigo a lo mío. Miro el reloj, dos minutos.


— Oye, no seas avariciosa, a mí me encanta el vino también, nosotros deberíamos llevarnos también una botella, ¿No, madre?

— Claro, aunque en realidad nos llevaremos todas las que sobren, las ha pagado mi hijo por lo que me pertenecen.

— Pero madre, me dejarás beber de ellas, ¿No?

— Te dejaré dar un sorbito, para tu cumpleaños. Y luego las esconderé de nuevo, no puedo dejar nada a tu vista hijo, en cuanto me despisto no queda nada.

— Claro que no te dará imbécil, no está hecha la miel para la boca del burro.—dice mi cuñada en tono burlón— Madre, por favor, deja que me lleve una al menos, realmente quiero este vino.

— Ni hablar, que te la compre tu marido, que para algo os casasteis.


Se oye la puerta de casa abrirse para luego cerrarse. En cuestión de segundos mi marido está cruzando el umbral del comedor. En ese momento todos gritan ¡Sorpresa!


— Madre mía familia, menuda sorpresa. ¿Qué hacéis todos aquí? Pensaba que lo celebraríamos tú y yo a solas cariño, pero oye, no me quejo, que alegría que me dais.


Mientras mi marido reparte besos a todos, yo me levanto para ir a la cocina y traer la cena del horno. Saco la bandeja, he cocinado un lechón entero en una cama de patatas con cebolla, cojo uno de los platos de la cocina y lo impacto contra el cráneo del cochinillo, saltando parte de este por toda la cocina, para luego seguir dando golpes para partir el resto del cuerpo del cochinillo.


Lo sirvo en una gran bandeja, parte de mi vajilla de bodas, y lo llevo hasta la mesa del comedor. Primero suelto el plato que he usado para partir el lechón en un rincón de la mesa, cerca de mi sitio, y con una mano aparto las flores, mientras con la otra dejo la bandeja en el centro de la mesa.


— Ya está aquí la deliciosa cena que nos ha cocinado mi preciosa mujercita, ¿Verdad cariño?


Mi marido me agarra y me sienta en su regazo para darme un beso, cuando me levanto me da una nalgada delante de toda su familia.


— Hijo, ¿Cómo te ha ido hoy el trabajo?

— Muy bien madre, hemos tenido mucha faena como siempre, ¿Verdad? Hoy no te he dejado descansar.— dice mirando a su secretaria— Lo lamento hermano, por mi culpa, tu novia estará demasiado cansada hoy.

— No te preocupes, estoy perfectamente, ya sabes que yo hago lo que haga falta para aliviarte en el trabajo.


Suelto la copa que sostenía con un golpe seco contra la mesa.


— Bueno, queridos, qué os parece si empezamos a comer. Que cada uno se sirva la parte que más le apetezca, yo iré a la cocina a por las gambas que tengo en la nevera.


Me levanto de nuevo y voy hasta la cocina, abro la nevera y saco las gambas, mientras me fijo en la enorme tarta que se encuentra en la balda superior, y solo puedo pensar en como mi segundo cuñado intentará comérsela entera, mi primer cuñado no probara ni un trozo porque le da pereza hasta comer, mi cuñada me preguntara cuánto me ha costado e intentará llevarse los resto, solo para encontrarse con la negativa por parte de mi suegra que finalmente se la llevara a su casa prácticamente entera. Donde se pondrá mala y tendrá que tirarla, ya que no se la comerá y quedará olvidada en el lugar donde la haya escondido de su propio hijo, para que no se la coma de una sentada.


Cuando vuelvo al comedor dejo caer el bol de gambas al encontrarme con la situación más surrealista que uno se pueda imaginar. Mi primer cuñado está dormido en el sofá del comedor, junto a su marido y su hijo, mi segundo cuñado se encuentra tirado en el suelo a cuatro patas con el cochinillo entero colgando de su boca, mientras se va ayudando con sus manos para despedazarlo. Mi suegra y mi cuñada están en un rincón del comedor peleándose por las botellas de vino, mientras mi marido y su secretaria están retozando sobre la mesa del comedor. Él está estirado y ella lo cabalga mientras lleva puesto uno de mis vestidos nuevos.


Yo ante esa situación, agarro el plato de partir el cochinillo y me dirijo hacia ellos dos subiéndome encima de la mesa y con toda la fuerza que tengo impacto el plato contra la cabeza de mi marido. Parte de su cráneo me salpica en la cara, pero con esa acción solo consigo abrirle una raja en medio de la cara, así que continúo asestando golpes hasta que le parto la cabeza por la mitad abriéndose sobre la mesa como el cerdo que és.


Mientras esto ocurre, la secretaria sigue a lo suyo encima de mi marido, pero ella solo puede mirar el vestido que lleva puesto y tocarlo mientras murmura el diseñador y el año en el que sacaron la colección del vestido.


— ¿Mataste a tu marido, y nadie hizo nada? Esa historia suena completamente inverosímil. ¿Y dónde se supone que están todos ahora? Hemos registrado tu casa y está completamente vacía, hay restos que indica que tenías una cena con ellos, pero no hay signos de violencia, ni ningún tipo de restos biológicos que nos indiquen dónde están y que ha ocurrido con ellos. ¡¿Dí ya dónde están?!


— ¿Mi marido?

— Sí. ¿Dónde está su marido?


— Pues a esta hora estará en el trabajo, si no tiene mucha faena es posible que esté en un descanso. — Dice mientras mira su muñeca izquierda, aunque no llevé reloj.— Probad a llamar a su secretaria a ver si está disponible.

— ¡Señora! Basta ya de tonterías, mentiras y paranoias. Cuéntanos ya todo lo que pasó, y más vale que sea la verdad esta vez, o te juro que esto no acabará bien para ti.


—¿Oye porque me hablas así? Yo no te he hecho nada malo, no tienes por qué gritar, eres un maleducado. Llamad a mi marido, es abogado y director del bufete más grande de la ciudad, llamadle ya, quiero contratarle lo que me estáis haciendo. Os pienso denunciar por acoso e intimidación.


— Jonás, detén ya este interrogatorio, es ridículo. ¿No ves que está demente?

— No tenemos ni una sola pista, ¡Ni una sola! Solo que ella es la única participante de esa cena que hemos podido localizar desde que empezamos la investigación. Gracias a la denuncia del bufete de abogados de su marido, de que él y la secretaria estaban desaparecidos. Desde entonces, la única persona que hemos encontrado ha sido a ella, que la encontraron dos días más tarde, el 10 de octubre, ¡Plantando crisantemos en su jardín! —Jonás da un golpe sobre la mesa con furia— Al entrar dentro de la casa, todo estaba tal cual lo dejaron la noche de la cena, todo seguía sobre la mesa. Había un cochinillo cocinado del cual no habían tocado ni un trozo, botellas de vino, que no se habían bebido y un bol de gambas estrellado contra el suelo. ¿Puedes decirme qué es lo que pasó esa noche? ¿No verdad? Pues entonces tenemos que seguir interrogando hasta que nos dé una pista.

— Pero no ves que va a seguir delirando sobre lo que ocurrió esa noche, ¿Cuántas horas llevamos ya escuchando las tropecientas versiones que nos ha contado? Esto no nos lleva a ningún lado, deja al menos que la lleven al centro de salud mental, que duerma allí y mañana volvemos a probar. Tú también necesitas descansar — El inspector Gómez apoya su mano contra la espalda de Jonás en señal de preocupación— Puede que mañana se nos ocurra algo, es mejor dejarlo por hoy.

— Está bien, que se la lleven ya. Pero mañana a primera hora la quiero de vuelta. Y que no le den comida aun, a ver si eso le refresca la memoria.aquí...