・⁺ 𝐒𝐏𝐑𝐈𝐍𝐆 𝐃𝐀𝐘《𝙺𝚘𝚘𝚔𝚅》

Sinopsis

Jeon Jungkook ha pasado toda su vida anhelando encontrar su lugar en el mundo, construyendo una personalidad magnética que atrae a todos a su alrededor. Sin embargo, todo lo que creía conocer se ve desafiado cuando se encuentra con Kim Taehyung, cuya alma libre y diferente a todo lo que ha conocido lo cautiva de manera inesperada. —Soy un raro, entiende. —¿Y qué si quiero ser raro contigo? El comienzo de aquella primavera fue la que volteó el reloj de arena y marcó el inicio del cambio en la vida de Jungkook, uno que jamás se imaginó atravesar.

Estado:
En proceso
Capítulos:
13
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Clasificación por edades:
18+

Prólogo.

El cambio de estaciones trae consigo una serie de transformaciones encantadoras. A medida que la nieve se derrite bajo los cálidos rayos del sol, las flores empiezan a brotar con alegría, tiñendo el paisaje de tonos vivos y llenándolo de nueva energía. La calidez del ambiente se hace más palpable, mientras los días se alargan poco a poco, dándonos más tiempo para disfrutar de la belleza que nos rodea. Los arcoíris, ahora más frecuentes, adornan el cielo con sus brillantes arcos multicolores, como un toque final que celebra la llegada de esta nueva etapa.

Cambios. Fue el inicio que marcó la llegada de la primavera, trayendo consigo una cálida bienvenida para muchos.

Excepto para Jeon Jungkook, para quien este cambio de estación no traía consigo la promesa de nuevas posibilidades, sino una serie de despedidas dolorosas. Para él, la llegada de la primavera solo significaba dejar atrás su hogar, su escuela y los amigos con los que había compartido tantos momentos. Todo esto para mudarse con su madre, quien vivía a más de 11,426 kilómetros de distancia. Él, definitivamente hubiera deseado que el invierno fuese eterno.

Constantemente, Jungkook había sentido que su vida se desarrollaba lejos de lo que había imaginado para sí mismo. A pesar de ser el chico más popular de su instituto, el capitán del equipo de baloncesto, y tener a quienes quisiera a sus pies, no podía escapar de una rutina vacía de fiestas interminables, excesos de alcohol y encuentros fugaces que no dejaban más que un eco de insatisfacción. Se veía a sí mismo como un imbécil de primera, atrapado en una espiral que, aunque exteriormente parecía llena de emoción, lo dejaba cada vez más vacío por dentro.

Sin embargo, en lo más profundo de su ser, había algo que anhelaba más allá de la efímera atención que recibía. Sabía que, por más que buscara validación en las miradas ajenas, nada de eso lograba llenar el hueco que sentía en su interior. Era consciente de que su vida, aunque aparentemente perfecta, carecía de la autenticidad y el propósito que realmente deseaba.

Desde temprana edad, Jungkook fue testigo de la dolorosa partida de su padre, quien los abandonó a él y a su madre en un caos de deudas. La ausencia paterna dejó un vacío financiero y emocional difícil de llenar, con la lucha constante de su madre por mantenerlos a flote con un salario insuficiente. ¿Odiaba a su padre? Sin lugar a dudas. Jungkook nunca perdonaría la cobardía que tuvo al marcharse de esa manera, dejando atrás un rastro de dolor y desamparo en ellos.

Debido a las dificultades que enfrentaban, Eunji tomó la difícil decisión de dejar a su pequeño hijo al cuidado de sus padres en Seúl, mientras ella se aventuraba en una oportunidad laboral en el extranjero. Separarse de su hijo fue un golpe devastador que caló hasta lo más profundo de su ser, lamentablemente las limitaciones financieras le impedían llevarlo consigo. Con el firme deseo de proporcionarle una vida mejor, se comprometió a trabajar incansablemente para solventar las deudas pendientes y, eventualmente, reunirse con él para construir juntos un futuro más próspero y estable.Fue así como Jungkook se vio obligado a madurar bajo el cuidado de sus abuelos.

A los diez años, su mundo cambió de manera irreparable cuando la ausencia de su madre dejó un vacío tan profundo que parecía imposible de llenar. La falta de su cariño y guía lo sumergió en una constante búsqueda de atención, como si cada mirada y palabra pudieran compensar el amor perdido. Con el tiempo, aprendió a ocultar su vulnerabilidad tras una máscara cuidadosamente construida: la del chico popular y arrogante que dominaba los pasillos de la escuela. Adoptó una actitud desafiante y un aire de seguridad que no sentía, dispuesto a cualquier cosa con tal de que lo notaran, aunque solo fuera para silenciar por un instante el eco del vacío que lo consumía.

Conforme crecía, intentaba convencerse de que todo lo que había logrado hasta ese momento sería suficiente para colmar el vacío en su interior. Sin embargo, se dio cuenta de que nada de lo externo podía satisfacer su anhelo más profundo, ya que la atención fugaz de los demás nunca lograba llenar el hueco en su corazón. La falta de conexiones genuinas solo aumentaba la carga emocional que llevaba sobre sus hombros, dejándolo con un peso insoportable en el alma.

A pesar de todo, Jungkook adoraba la atención que recibía. Las miradas furtivas de admiración de las chicas y chicos mientras paseaba por los pasillos del instituto, los aplausos resonantes cada vez que anotaba en la cancha, e incluso encontraba cierto placer en las reprimendas de los profesores cuando se metía en problemas. Aunque no era la vida que hubiera elegido para sí mismo, de alguna manera se había acostumbrado a ella.

La llegada de la primavera trajo consigo una serie de cambios que transformaron por completo la vida de Jungkook. Fue el comienzo de una etapa inesperada, donde un amor tan imprevisto como intenso irrumpió en su mundo, derribando las barreras que alguna vez creyó inquebrantables. Pero junto a ese amor también surgió un silencioso conteo regresivo, un reloj invisible que, sin que él lo supiera, marcaría el inicio de una cadena de sucesos aún desconocidos, tan impredecibles como inevitables.

20 de marzo, inicio de la primavera.

Fue el día que llegó a la ciudad de Thomasville, en Carolina del Norte. En contraste con la ostentosa ciudad de la que provenía, Thomasville ofrecía un ambiente mucho más tranquilo, sin grandes edificios, centros comerciales lujosos, ni clubes nocturnos para las fiestas de fin de semana. Al menos, encontró consuelo en el hecho de que su nueva escuela contaba con un equipo de baloncesto, ofreciéndole una conexión familiar en medio de lo desconocido.

—Esto no podría ser mejor —murmuró con sarcasmo para sí mismo cuando finalmente encontró el aula de su primera clase del día: Historia. Con un profundo suspiro cargado de resignación, entró al salón, recibiendo numerosas miradas que lo hicieron sentir inquieto.

¿Estaba nervioso? Demasiado.

Agradecía los cursos de inglés que sus abuelos prácticamente lo obligaron a tomar. En aquel entonces, jamás habría imaginado que estuviera destinado a terminar aquí. Siempre había asumido que la promesa de reunirse con su madre implicaba que ella regresaría a Seúl, pero ahora, sentado en este lugar, se daba cuenta de lo equivocado que había estado. Aunque dominaba el idioma en términos de comprensión y expresión, era su acento y sus rasgos físicos los que lo delataban, llevando consigo una etiqueta invisible que prácticamente gritaba: “Soy coreano”, o, como algunos erróneamente suponían, “Chino”.

Para Jungkook, entablar amistades no solía ser un desafío, después de todo, estaba acostumbrado a ser el centro de atención. Por eso, le resultaba confuso sentirse tan nervioso en esta ocasión.

La escuela tenía una jerarquía social bien definida, donde los deportistas ocupaban el escalón más alto, mientras que el resto de los estudiantes se distribuía en niveles según el club o actividad al que pertenecieran. Las diferencias eran claras, y cada grupo mantenía su propio territorio. Jungkook no pudo evitar que una intensa ansiedad lo recorriera al preguntarse si lograría encontrar su lugar en ese nuevo entorno. Aunque su popularidad en Seúl había sido indiscutible, sabía que en este nuevo contexto las reglas eran diferentes, y la sensación de ser un extraño lo invadía. En su mente, las dudas crecían: ¿Sería capaz de adaptarse, de encontrar algún grupo donde realmente encajara, o quedaría atrapado entre los márgenes de esa jerarquía que tan bien conocía, pero que ahora se sentía tan ajena?

Sus primeras clases transcurrieron tranquilas; solo interactuó con un par de personas que se habían acercado por curiosidad a él, pero nada más. Cuando llegó la hora del almuerzo, recogió sus cosas y salió del aula con rapidez. Comenzó a caminar por los pasillos menos concurridos, notando que la mayoría de los estudiantes se dirigían a la cafetería. Sin pensarlo demasiado, optó por tomar el camino opuesto, deseoso de encontrar un rincón más tranquilo.

Finalmente, llegó al final de un pasillo donde unas escaleras parecían llevarlo hacia algún lugar apartado. Allí, se encontraba un letrero que, a pesar del desgaste evidente, aún conservaba sus letras rojas, parcialmente descoloridas pero perfectamente legibles. La curiosidad de Jungkook lo llevó a detenerse un momento, preguntándose qué podría haber al final de esa escalera.

PROHIBIDO EL PASO.

Ah, si tan solo Jungkook hubiera prestado atención a la advertencia. Sin embargo, nunca fue del tipo de persona que se dejaba influir por las reglas, siempre dispuesto a desafiar lo que se esperaba de él. Así que, sin pensarlo dos veces, cruzó sin dudar. Fue en ese preciso momento cuando el reloj de arena se puso en marcha y el tiempo comenzó a fluir.

Subió todos los escalones hasta llegar a la parte más alta, donde se erguía una puerta de madera con una pequeña ventana rectangular. Sin interés alguno por lo que pudiera haber al otro lado, se sentó frente a ella, perdido en sus pensamientos. Resultaba irónico que, después de haber pasado toda su vida buscando atención, ahora deseara estar solo. El comienzo de esta nueva vida lo estaba abrumando demasiado.

Dejó su mochila a un lado y se recostó contra la fría pared detrás de él, buscando un respiro en la quietud del momento. Cerró los ojos con lentitud, dejando escapar un suspiro profundo, intentando encontrar algo de calma en la oscuridad que se extendía tras sus párpados. Solo quería desconectarse por un instante, liberarse de la tensión acumulada. Pero, de repente, una voz resonó a través del silencio, cortando la tranquilidad que había buscado. Jungkook frunció el ceño con leve incredulidad al reconocer que la voz provenía del aula contigua. Intrigado, se inclinó ligeramente hacia la puerta, esforzándose por escuchar con más claridad.

En mi corazón pinté un arcoíris al llegar la primavera, anhelando que el frío se desvaneciera a mi alrededor. Más no funcionó, ni siquiera cuando dibujé un brillante sol. Una maldición, un invierno eterno de soledad.

¿Era eso poesía? Una forma de expresar un sentimiento estético, una manifestación que podía ser interpretada de infinitas maneras, según la perspectiva de quien la escuchara. Para Jungkook, sin embargo, no era solo eso: era el inicio de algo mucho más profundo, un punto de partida que, aunque él aún no lo comprendiera, marcaría el comienzo de todo lo que estaba por venir.

Sin dudarlo ni un segundo, se incorporó rápidamente, su corazón latiendo con una mezcla de curiosidad y emoción. Se acercó a la pequeña ventana del aula, inclinándose ligeramente para poder ver mejor. Estaba ansioso por encontrar a la persona que había pronunciado esas palabras, aquel verso tan hermoso que había logrado capturar su atención de una manera que no podía explicar. A pesar de lo breve que había sido, Jungkook no podía evitar sentir que esas palabras, de alguna manera, habían sido escritas específicamente para él. Como si, en medio del ruido y la multitud, esa pequeña expresión hubiera llegado justo en el momento preciso, tocando algo dentro de él que aún no sabía que existía.

—¿No te enseñaron a no meterte en los asuntos de los demás? —cuestionó una profunda voz justo cuando la puerta se abrió abruptamente, consiguiendo que debido al peso que Jungkook estaba ejerciendo al recargarse, se fuera hacia adelante.

Tuvo que maniobrar para mantener el equilibrio, y una vez estabilizado, se volvió hacia el chico junto a la puerta. Era casi de su misma altura, con rizos castaños enmarcando su rostro. Sus gafas redondas y delgadas añadían un toque distintivo, mientras que su vestimenta sorprendió a Jungkook por su estilo clásico. Llevaba unos pantalones de pinza de vestir color caqui, junto con una camisa blanca con las mangas arremangadas hasta los codos, y sobre ella un chaleco de punto ligeramente más oscuro que el tono de su pantalón.

Un enorme contraste con él que llevaba unos jeans de mezclilla rotos por las rodillas, una camiseta negra debajo de una camisa de cuadros negros y verdes abierta, y unas botas altas también negras. Sin olvidar que debido a la gran cantidad de perforaciones que tenía le daba un aspecto del típico chico malo.

—Lo siento, no quise espiarte de esa manera... —intentó disculparse, pero su intento quedó en nada cuando el otro lo interrumpió con rapidez.

—¿Acaso no sabes leer? Hay un letrero de advertencia al pie de las escaleras —respondió con fastidio, rodando los ojos mientras presionaba su tabique con el dedo índice y el pulgar, visiblemente irritado.

—Sí lo leí, pero no creo que haya sido tan explícito como la cara de “lárgate” con la que me miras ahora —replicó Jungkook con una sonrisa divertida, una expresión que hizo que el chico de rizos castaños apenas curvase sus labios en respuesta—. Solo quería saber... ese poema... ¿lo escribiste tú? —preguntó con genuina curiosidad, sin poder evitar que la intriga se colara en su voz.

—Que te importa.

Jungkook abrió los ojos con sorpresa ante la actitud a la defensiva del otro, lo que provocó una sonrisa involuntaria en su rostro.

—Solo pienso que era realmente hermoso —dijo con sinceridad, preparándose para marcharse y no incomodar más al chico. Antes de que pudiera retirarse, sin embargo, fue detenido por este.

—Espera... —exclamó, haciendo una breve pausa al darse cuenta de que no sabía el nombre del otro.

—Jungkook. Mi nombre es Jeon Jungkook.

—Sí, tú. ¿En serio crees que es bueno? —preguntó con incertidumbre, clavando su mirada en el azabache. Por alguna razón, la intensidad y el brillo en los ojos oscuros del castaño hicieron a Jungkook sentirse un poco nervioso.

—Absolutamente. Deberías tener más confianza en ti mismo si lograste conmover incluso a un idiota como yo.

El castaño abrió ampliamente los ojos con sorpresa y una sonrisa cuadrada iluminó su rostro. Jungkook había presenciado innumerables sonrisas a lo largo de su vida, pero ninguna le había provocado lo que sentía en ese momento. Algo en la expresión del chico lo cautivó, tan genuina y espontánea, que no pudo evitar pensar en lo hermosa que era. Mientras observaba, su corazón empezó a latir más rápido, como si esa sonrisa tuviera el poder de alterar el curso de sus pensamientos y emociones.

Solamente logró salir de su ensimismamiento cuando escuchó el timbre que marcó el final del almuerzo y el regreso a clases.

—Bueno, poeta, me largo —declaró Jungkook con una sonrisa, girándose para recoger sus cosas y marcharse.

—Taehyung —escuchó de repente, lo que lo hizo mirar sobre su hombro al castaño, quien lucía un poco nervioso—. Mi nombre es Kim Taehyung —añadió en voz baja, pero lo suficientemente audible para el otro.

Jungkook lo miró por un momento, la sonrisa aún presente en sus labios.

—Nos vemos, Kim Taehyung.

Colgó la mochila al hombro, ajustándola con un movimiento rápido antes de empezar a bajar las escaleras hacia su siguiente clase. Podía sentir la mirada del castaño fija en su espalda, tan persistente que le costó ignorarla incluso al girar en el pasillo.

Taehyung, por su parte, se quedó junto a la entrada del aula, apoyado despreocupadamente contra el marco de la puerta. Sus ojos permanecían fijos en el lugar donde había desaparecido el azabache, mientras repasaba en silencio lo ocurrido. No estaba seguro si la emoción que lo invadía tenía su origen en el elogio sincero hacia su poema o si, en realidad, su corazón estaba experimentando una taquicardia imparable, tan evidente que le costaba ignorar el martilleo constante en su pecho.

Ese breve encuentro marcó el inicio de un cambio en ambos chicos, algo que ninguno de los dos esperaba, pero que de alguna manera se sentía inevitable. Quizás fue simplemente el efecto del calor que trajo la primavera, un calor suave que se coló entre ellos, permitiéndoles sentir, por primera vez, la calidez de otra persona en sus corazones.

—Creo que... empieza a hacer calor —musitó Taehyung entre dientes, sacudiendo la cabeza para despejarse de sus pensamientos mientras se dirigía de vuelta al aula para recoger sus cosas y dirigirse a su próxima clase.

No podía comprender qué era lo que le generaba tanta intriga acerca de este tal Jeon Jungkook. Quizás era el hecho de que, por su nombre y aspecto, parecía no ser de aquí. O tal vez era la cantidad ridícula de perforaciones en sus orejas; ¿era masoquista acaso? O posiblemente se trataba de su bonita sonrisa, que dejaba al descubierto sus incisivos superiores, dándole un aspecto de un tierno conejo.

—Deja de pensar tonterías —se reprendió, negando con la cabeza mientras cerraba el aula con llave y se encaminaba hacia su próxima clase—. Dijo “nos vemos”, pero lo dudo. Después de todo... solo soy un chico invisible —murmuró para sí mismo, con un ligero pesar resonando en sus palabras.

Pero vaya que cuando las cosas están destinadas a suceder, no hay nada que pueda alterar su curso cuando estas ya se han puesto en marcha. Justamente eso les gritó la vida a ambos cuando Taehyung ingresó a su siguiente clase, encontrándose al azabache sentado en el asiento junto al suyo.

Muchos argumentan que las estaciones del año tienen el poder de influir en las emociones humanas; tristeza, alegría, nostalgia, enojo... ¿Y quizás amor? Porque, ciertamente, muchos prefieren culpar a la primavera antes que aceptar que han encontrado su sol en una persona que no esperaban.

“En mi corazón pinté un arcoíris al llegar la primavera, anhelando que el frío se desvaneciera a mi alrededor. Más no funcionó, ni siquiera cuando dibujé un brillante sol. Una maldición, un invierno eterno de soledad... Hasta que te encontré“.