TREACHERY

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Sinopsis

Treachery: Donde cada sonrisa esconde una mentira y cada abrazo podría ser una puñalada por la espalda

Genero:
Romance/Mystery
Autor/a:
AshB
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo



















El cuerpo del bebé era tan diminuto. Siempre le gustó su hermosa cara angelical y cómo sus grandes ojos de color almendra la observaban con tanta fascinación, como si hubiera descubierto una peca nueva en el rostro de su madre.


Arrullo a su bebé. Alguien comenzó a tocar la puerta con desenfreno. La mujer lloró de nuevo, cargando a su bebé por última vez. Se escuchaba el puño retumbar y cómo gritaban sin cesar: "¡Calla a ese bebé o lo haré yo!".


Era el señor Gómez, el vecino de al lado. Un hombre mayor, viudo y solitario, que siempre se quejaba del ruido pero que, en el fondo, se preocupaba por Adria y su criatura. Había notado el cambio en la joven madre y, aunque no sabía cómo ayudar, sentía que algo no estaba bien.


La pequeña se calmó al sentir la piel de su madre. Todo fue en un abrir y cerrar de ojos, todo fue automático. Besó la frente de su pequeño, quien ya se encontraba somnolienta, y soltó las siguientes palabras:


"Siento que he sido la peor madre, y no te lo mereces. No mereces tener a alguien tan defectuosa como tu progenitora. Me siento terrible, no sé si lo entenderías, pero creo que nunca serías feliz conmigo en un futuro. Sé que soy el peor ser humano por dejarte, pero sé que al irme estarás con alguien mejor. Serás hermosa, inteligente, buena y fuerte, lo sé porque esas cosas se intuyen. Por favor, perdóname, bebé. Te amo con todas las fuerzas de mi corazón, pero no puedo más."


Caminó por la sala y abrió la puerta donde se encontraba su vecino. Le entregó un papel arrugado y, sin esperar más, caminó pasando de nuevo por el coche de la bebé. Le dio un último vistazo. La lluvia entró por el ventanal, y de pronto la brisa se colaba por su camisa holgada mientras el viejo le rogaba que lo perdonara, pero que no hiciera una tontería. Sin pensarlo dos veces, viendo la calle completamente sola, se lanzó.


El sonido contra el asfalto fue preciso. En cuestión de segundos, sus pensamientos se acallaron y lo único que escuchó fue la lluvia contra el suelo. Y ahí comenzó el desastre. La gente corría y venía, pedía que no la movieran, rogaba a Dios que se salvara, pero... ¿Quién sobreviviría tal caída? A las 10:30 de la noche llegó una ambulancia junto con la policía.


No hubo nada que hacer. Al iniciar la investigación, todo el mundo la juzgó, la criticó y maldijo su nombre un par de veces. Veinte ocho años tenía Adria. Ella reflejaba luz y serenidad en el pasado, era amor y comprensión, era una representación clara de lo que era ser fuerte e independiente, la personificación de la valentía y la perseverancia. Pero no recibió la ayuda que necesitaba desesperadamente.


Fue una mujer que tomó las decisiones que creyó correctas, pero la sociedad solo la juzgó y tachó de suicida irresponsable. ¿Cómo se puede adquirir ese término tan poco cercano a la realidad? No hubo empatía y fue olvidada por muchos, pero no por todos.