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Inalcanzable II

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Sinopsis

Nur y Karim sabían que coincidir no sería una buena idea. Aun así, no pudieron evitarlo y entre ellos surgió un amor tierno que se fue empañando con mentiras y engaños. Con dolor aprendieron que no todo los sueños se hacen realidad y aquello que está destinado a no ocurrir, por doloroso que sea, resulta inalcanzable. Ahora, los dos deberán estar atentos porque no todo está perdido. Porque así como hay deseos inalcanzables, también hay sueños que están destinados a ser y llegan con tanta fuerza que resultan inevitables.

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Completado
Capítulos:
70
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5.0 4 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Por el bien de los dos

“Hay historias que cambian de un momento a otro y jamás vuelven a ser las mismas”, pensó Valentina abriendo la puerta del departamento que hasta ese momento había compartido con Vicente. Salió llevando con ella una pequeña valija con algunas de sus cosas, respiró profundo, cerró y aunque se negó a dar una última mirada al interior, no pudo evitar observar la puerta cerrada, como si a través de ella pudiera ver esa vida bonita que vivió hasta el accidente de Nur.

Porque si hay historias que cambian y no vuelven a ser las mismas, también hay sucesos que obligan a las personas a mostrarse tal cual son. Y para Valentina, el hecho que los obligó a todos a actuar sin máscaras ocurrió a mitad de año, cuando Carlos golpeó a Nur. La desesperación les jugó una mala pasada y cada uno hizo lo que creyó que sería lo mejor. Porque si de algo estaba segura, era que nadie había obrado de mala fe. Todos amaban a Nur.

Pero nadie la vio llorar como ella. Nadie la acompañó cuando Nur, desperada, buscaba el modo de hablar con Karim sin desilusionarlo. Nadie la vio sufrir al pensar en la posibilidad de perder al amor de su vida. Y eso no lo podía olvidar. ¿Por qué la habían engañado?, se preguntaba una y otra vez y no encontraba una respuesta que valiera la tristeza de Nur.

Durante un mes intentó que su relación con Vicente volviera a su curso habitual. Respetaban cada una de las salidas semanales, los martes a la librería, los jueves iban a jugar al Bowling y los viernes merendaban en esa cafetería tan coqueta que estaba en la ciudad vecina. Pero ya casi no hablaban y los silencios se volvían tan incómodos como si fueran dos extraños. Él intentaba no tocar el tema de Nur para no tener que mentir y ella no dudaba de lo que él decía, dudaba de sus silencios y no podía dejar de pensar, ¿qué cosas no me cuentas?

Entre los dos, los silencios se volvían eternos. Terminaban forzando sonrisas y palabras amables para evitar el tema que sabían, les dolería a los dos. Hasta que una noche, mientras cenaban, Valentina no pudo más. Amaba a Vicente, pero entre ellos, el silencio se había interpuesto como una muralla y necesitaba derribarla.

―Vicente, ¿por qué no intentas solucionar las cosas con Nur y le pides disculpas? ―preguntó poniéndose de pie y buscando una birome para sujetarse un rodete.

―Valen, ¿crees que no le rogué que me perdonara? ―dijo acercándose a la mesa de la sala para alcanzarle la birome con la que había estado escribiendo minutos antes. No pudo evitar pensar en las nuevas marcas que le harían a su hogar cuando terminaran de conversar.

Hacía semanas que no coincidían y la extrañaba. Nunca estuvieron tanto tiempo distantes. Porque había que reconocer que no estaban peleados, solo estaban distanciados. Agradecía que Valentina hubiese sacado el tema, porque ya no soportaba la distancia, necesitaba que ella lo comprendiera y poder dar por cerrado el tema.

―Gracias. ― Se enroscó el cabello y lo sujetó―. Lo sé ―dijo mientras los dos regresaban a la mesa―, pero tal vez, si lo vuelves a intentar y le dices que estás arrepentido.

Vicente la miró a los ojos antes de continuar hablando y por sobre la mesa, le tomó la mano. Sabía que entre ellos todo estaba mal. Que ya no tenían la relación de siempre y decidió ser sincero. Valentina merecía su verdad.

―No sé si estoy arrepentido. Nur es una hermana menor para mí y siento que si fuera por ella, su vida sería un caos. ―Con el pulgar le acarició la palma de la mano―. Hay que agradecer que tiene a Jorge y a mi tía ―dijo refiriéndose a Ana. Se pasó la mano libre por el cabello, le costaba hablar con franqueza porque sabía que su mundo estaba muy lejos del idealizado por su novia―. Sabes que ella es autodestructiva, que corre hacia el peligro, que le gusta estar rodeada de gente que la lastima.

―No puedes pensar así de Nur ―dijo apartando la mano de Vicente. No entendía por qué a algunas personas les gustaba sacar conclusiones sobre la vida de los demás. Y mucho menos lograba comprender por qué hablaban con tanta liviandad sobre temas tan personales y sensibles.

―No lo pienso, es lo que demuestra ―dejó escapar un suspiro ruidoso―. Y no tengo más ganas de justificarme por algo que, si cada uno hubiese cumplido su parte, le hubiese salvado la vida.

―Vicente, hablas de “hacer su parte” como si de un contrato se tratara. ¿Cómo pudiste planificar así el destino de Nur? ¿Con qué derecho te crees para decidir sobre la vida de otro?

―¿Decidir sobre otros? ―¿Solo él entendía que la vida de Nur había estado en peligro? ¿Solo Karim y él se habían desesperado tanto cuando la vieron herida?

―Sí, Vicente. El documento que le hiciste firmar te da derecho a decidir por ella. No me gusta cuando finges que no me entiendes ―dijo apartando el plato de ella. Tomó un poco de agua y se llevó una mano a la pierna en un intento por calmar el temblor que los nervios le causaban. Nunca había tenido un cruce de palabras con Vicente. O por lo menos, nunca como el que tenían en ese momento. Jamás habían estado tan en desacuerdo.

―No decido sobre la vida de todo el mundo, decido sobre lo que se sale de control. Y sabes tan bien como yo que Nur es un maremoto que nos terminará salpicando a todos.

―Eres cruel, Vicente. A Nur le ocurren cosas, no es ella la causante de los problemas y menos, quien se los busca.

―No, no soy cruel, Valen. Nur no busca ni deja de buscar los problemas y en todo caso, estoy cansado de ser el malo. Teníamos una vida hermosa tú y yo, y con todo lo ocurrido, casi no hablamos, por no mencionar que ya es una causa perdida intentar hacer el amor contigo y tus dolores de cabeza.

―Mis dolores de cabeza son reales y no puedo creer que hacer el amor sea lo único que te importe.

―Me importa mi familia y tú eres mi familia.

―Si soy tu familia, ¿por qué me dejaste afuera del plan que tenían Karim y tú? ¿Por qué todos sabían lo que pensaban hacer excepto yo? ―dijo dolida, porque jamás se le ocurrió pensar que Vicente guardara secretos con ella, hasta ese momento.

―Porque si te hubiese involucrado, hubieses corrido a contarle a Nur. ¿O me equivoco? ―dijo con el ceño fruncido.

―Por supuesto que no te equivocas. Pero no es la razón que esperaba.

―¿Y qué quieres escuchar? Porque me estoy dando cuenta de que esta conversación se trata de que yo te dé la razón. ―Imitó a Valentina y apartó el plato con más fuerza de que pretendía―. No me vas a comprender.

―Tal vez pudiste cuidar mi amistad con Nur. Y no, no puedo comprender algo que yo jamás haría.

―Eres demasiado buena, Valen, y crees que todo el mundo debe actuar como tú. Pero para que existan personas como tú ―enfatizó ese “tú” señalándola con el dedo y una especie de sarcasmo en el tono―, tienen que existir personas como yo, a quienes no les importe ser el malo de la historia con tal de salvar a un amigo.

―¿Salvar a un amigo? ―Entornó los ojos porque el hombre con quien hablaba no era el Vicente de siempre.

―Sí, Valen. No todas las familias son como la tuya. Si yo no me hubiese metido, hoy Nur estaría casada con el primer imbécil que le diera a Carlos dos monedas. Y ahora estarías llorando y peguntándome por qué no hice nada.

―Nunca te hubiese culpado por lo que le ocurriera a Nur.

―No se trata de que tú me hubieses culpado. Se trata de mí y mi conciencia. Hice lo que tenía que hacer, salió horrible, lo reconozco, pero lo volvería a hacer.

―No me gusta cuando te sientes tan superior.

―Y a mí no me gusta cuando juzgas desde tu bondad. Estás convencida de que el mundo, por sí mismo es bueno y rosa y el amor triunfa, pero no es así, Valentina. Te repito, tienes la suerte de tener una familia que mataría por ti, pero no todos la tienen.

―Hablas como si fuera una ingenua que no sabe nada del mundo.

―Sabes de tu mundo, no del mundo que rodea al resto de los mortales.

Valentina sintió una punzada en el corazón. Nunca creyó que Vicente la viera de esa manera, no imaginaba que su novio la pensara como a una nena consentida a la que nunca le había faltado nada, que desconocía de las crueldades del mundo.

―Creo que será mejor que nos tomemos un tiempo ―dijo aguantando las ganas de llorar.

―¿Quieres que nos separemos? ―preguntó en un susurro, porque quería zarandearla y que dejara de ser tan hipócrita. Que reconociera que la única manera de hacer algo por Nur, era engañándola.

―No, pero creo que necesitamos tiempo para pensar en nosotros.

―Yo no tengo nada que pensar. Te amo, siempre lo he sabido ―dijo, porque hipócrita e ingenua, seguía siendo el amor de su vida.

―Yo también te amo, pero ya no coincidimos. ―No se quedaría con alguien que no la consideraba para nada.

―Estamos molestos, Valentina, eso es todo. Yo no necesito ningún tiempo ―dijo poniéndose de pie. Se acercó a ella y se arrodilló a su lado.

Valentina se movió en la silla para quedar frente a Vicente. Dejó que le tomara las manos y se le ablandó el corazón cuando él le besó la que llevaba el anillo de compromiso. Aun así, sabía que no podría vivir con él hasta que pudieran ponerse de acuerdo.

―Yo sí. Necesito entender qué ocurrió y, sobre todo, por qué si soy tu familia, quedo afuera de tus planes. No creo ser tan ingenua como tú o Nur piensan ―Le dolía y la hacía sentir sin experiencia frente al dolor de los demás.

―No, no eres ingenua. Eres demasiado buena.

―¿Y mi bondad no te deja verme como una compañera? ―dijo apartando las manos de las de Vicente.

―¿Qué dices? ¿De verdad querías formar parte del plan? ―dijo poniéndose de pie y alejándose de su novia hasta apoyarse en la pared más cercana.

―No, pero estoy segura de que, si me hubieses contado, te hubiese convencido para que no lo hicieras. ―Se puso de pie y caminó hacia el otro lado de la estancia―. Será mejor que me vaya por unos días.

―Si te marchas, asegúrate de llevar la llave, porque te aseguro que no te abriré la puerta cuando decidas regresar y mucho menos, te rogaré que vuelvas.

―No quiero que me abras la puerta o me ruegues.

―Perfecto, porque no lo haré. ―Comenzó a levantar los cubiertos de la mesa y cuando acabó se fue al balcón a fumar. La idea de marcar la pared o el sofá con la birome que su novia llevaba en el cabello fue reemplazada por una angustia que pocas veces había sentido. La incertidumbre se volvía cada vez más palpable y lo aterraba pensar que el amor que sentían comenzaba a tambalearse.

Esa noche, por primera vez desde que vivían juntos, durmieron en cuartos separados y lo poco que quedaba entre ellos, terminó por romperse. Porque era cierto, dependiendo de la perspectiva, Vicente y Karim serían los villanos o los héroes de la historia. Para Valentina, la verdad y confianza eran la base sobre la que se sustentaba cualquier relación y por ahora, no las encontraba en la suya con Vicente. Se negaba a mirarlo y pensar ¿cuánto tiempo tardaría en comenzar a decidir por los dos? Porque ahora que sabía cuál era la opinión de su novio sobre ella, estaba segura de que en cualquier momento dejaría de consultarle hasta las cuestiones más insignificantes.















































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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

3

Diálogos potentes

author

Un capítulo fabuloso que presenta un buen contraste de opiniones y perspectivas. #TeamKarim más que nunca.❤️🤗

2 años
1
author

holaaaaa al fin volviste o volví yo🤭🤭 no eh empezado a leer y ya me gusta ❤️❤️

2 años
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