Capítulo 1
Sherlock apestaba. Apestaba y él lo sabía. Era una de las muchas cosas desagradables de haber sido secuestrado y atado a una pared mugrienta en un sótano húmedo. Hacía horas que habían dejado de dolerle los brazos y ahora los tenía entumecidos, era un alivio, la verdad. El frío parecía haber entrado en sus pies de forma permanente, adormeciendolos de nuevo. La desnudez era aburridamente predecible: claro que lo querían desnudo, hambriento, en la oscuridad y vulnerable. Idiotas, ¿no se daban cuenta de que Sherlock vivía en su mente? No se avergonzaría ni se derrumbaría por la falta de ropa. A menudo se quedaba sin comer, ¡eso solo agudizaba su mente! No, sólo tenía dos quejas principales. Estaba sucio y olía mal , ambas eran inaceptables. Tendría que planteárselo a su captor lo antes posible.
No podía recordar mucho, debía de haber algún tipo de droga que interfería con la memoria , tal vez también garantizar su obediencia. Para entretenerse, pensó en la estructura química de las drogas que podrían haber sido. Luego pensó en cómo mejorar esas estructuras , luego pensó en cómo si no le hubieran atado los brazos por encima de la cabeza no estaría respirando en su propia axila agria todo el tiempo. El tiempo pasó.
Escuchó cómo crujió la puerta al final de la escalera. A contraluz con la brillante iluminación de la habitación de más allá, sólo pudo ver la silueta de un hombre enorme con la cabeza calva. Bajó las escaleras cargando una silla plegable a rayas y una lámpara de pie de latón. Sherlock parpadeó. Sin hablar, el hombre ignoró a Sherlock. Se ocupó en colocar la lámpara y la silla en la pared opuesta a la de Sherlock. Sin decir palabra y con una aburrida indiferencia , encendió la lámpara y volvió a subir las escaleras. Sherlock no pudo aguantar más.
"¡Disculpe! ¿Señor ex-boxeador de peso pesado? ¿Hay alguna posibilidad de lavarse?". No parecía haber respuesta mientras el hombre corpulento salió por la puerta, pero entonces una segunda figura apareció enmarcada en la luz y le contestó.
"Eso se puede arreglar, Sherlock Holmes. Por un precio". El acento irlandés. La inclinación de cabeza tan familiar. Una mano metida en un bolsillo y la otra balanceando ligeramente una botella de agua. No podía ser. Sherlock había estado atormentado por la frase "Me echabas de menos" durante meses y había creído que nunca volvería a ver a Moriarty. Nadie sobrevive a una bala en la cabeza como ésa. Nadie. Pero si alguien podría hacerlo, era este hombre. James Moriarty, la araña en el centro de la telaraña
"¿Y qué precio sería?" Sherlock carraspeó con la garganta seca al ver al hombre delgado entrar en la húmeda habitación iluminada finalmente por la lámpara. Iba vestido con un traje elegante, llevaba el pelo muy peinado y sus ojos fríos y muertos miraron a Sherlock de arriba abajo. Sherlock no pudo ocultar su sorpresa, se quedó inmóvil mientras su cerebro daba vueltas sobre el hombre que tenía delante. Inspiró hondo y olió la familiar marca de aceite para el pelo a través de su propio hedor. Era Moriarty. Sherlock se había metido en un problema mucho mayor de lo que había imaginado, Mycroft no iba a poder encontrarlo si estaba en manos de Jim. Su ritmo cardíaco se aceleró, su emoción igualaba su terror.
"¿Qué tal una historia? ¿Hmmm?" Jim se sentó con un movimiento fluido y cruzó las piernas sujetándose su barbilla con las manos. Se inclinó hacia delante con aparente entusiasmo por escuchar lo que Sherlock diría. Sus ojos demasiado intensos en desacuerdo con su fachada tranquila y su voz suave y melodiosa. Tan cambiante, tan volátil. Sherlock tragó en seco..
"Érase una vez un loco que intentó matar a su archienemigo y a sí mismo en una azotea". Sherlock empezó, con voz ronca. De repente fue consciente de sí mismo tal y como se presentaba ante Moriarty: atado, sucio y desnudo. Totalmente vulnerable. Se le erizó la piel.
Sus miradas se cruzaron en una batalla silenciosa antes de que la mirada plana de Moriarty se convirtiera en una sonrisa.
"¿Ah, sí?" No era una sonrisa amable. "Continúa. ¡Apuesto a que tiene un final feliz! ". Sherlock devolvió la sonrisa a aquellos ojos insondables estirando sus labios secos. Los ojos de Jim parpadearon bajo su forzada calma.
"¿No me digas , ya la has escuchado?". Los dientes de Jim aparecieron y desaparecieron como un destello e inclinó la cabeza hacia un lado con aparente curiosidad.
"Estoy seguro de que la contarás de maravilla, cariño. ¿Qué ocurre después?" Sherlock estudió a Jim y carraspeó.
"Bueno, el apuesto y terriblemente inteligente detective desmantela la red del criminal tras fingir su suicidio. Se lo pasa en grande haciéndolo. El desafortunado y tristemente bajito criminal se ve obligado a esconderse durante años, viendo cómo se destruye todo su trabajo. Luego tiene una pequeña rabieta y ata al detective a una pared en un sótano oscuro y maloliente". Sherlock sonrió burlonamente a su némesis.Jim se inclinó de repente hacia delante en la silla y habló con el rostro inmóvil.
"¿Y? ¿Qué pasa entonces Sherlock? ¿Qué pasa después?"
"Viven felices para siempre, por supuesto". Sherlock rió sombríamente antes de toser. Tenía la garganta muy seca. Colgaba de la pared, tirando de las muñecas atadas al anillo de hierro incrustadas en el ladrillo.
Jim se levantó y se acercó al hombre atado. Abrió su botella de agua y la vertió lentamente en la boca abierta y jadeante de Sherlock, que bebía desesperadamente. El criminal arrugó la nariz.
"Oh , sí qué hueles". Los ojos de Sherlock parpadearon mientras tragaba el agua, y riachuelos le corrían por el cuello y el cuerpo mientras su cuello se mecía, bañado en el líquido.
Jim gritó sin apartar los ojos de Sherlock.
"¡Sebastian! Trae un cubo de agua caliente jabonosa. ¡Con una esponja! Ah, ¡y una toalla!"
Sherlock se apartó del agua y Jim volvió a tapar la botella vacía y luego la arrojó por encima del hombro sin ningún cuidado al suelo.
"En realidad, conozco una versión ligeramente distinta. ¿Te la cuento?" exclamó, regresando a su silla para sentarse de nuevo con calma. Sherlock asintió.
"Érase una vez, un hombre afable y brillante de estatura media -gracias- que intentó conectar con su igual, que había sido bastante grosero, ignorándole. Después de algunos juegos, la pareja acabó en una azotea, ambos con un ingenioso plan de escapr, como era habitual en ellos. Luego, el detective más torpe y un poco más tonto se fue a dar una vuelta por Europa en unas pequeñas vacaciones jugando con la anticuada red criminal del otro hasta que se vio atrapado. Entonces tuvo que ser rescatado por su hermano mayor!". Moriarty sonrió mientras los labios de Sherlock se curvaban en un mohín de insatisfacción, apartando brevemente la mirada antes de volver a hacía atrás. "¡Y después de quedar atrapado con el hombre más peligroso de Europa -Magnessen- tuvo que ser rescatado de nuevo! Luego, en un movimiento francamente estúpido, fue secuestrado por un de los socios de Magnussen y tuvo que ser rescatado una vez más!. Esta vez nada menos que por su archienemigo, el impecablemente vestido Jim Moriarty, que tenía los medios para pagar por el rescate cuando lo pusieron a la venta en la dark web". Jim enarcó las cejas y se cepilló la rodilla del pantalón antes de estudiar su manicura con ojo crítico. "Donde cualquiera de sus enemigos podría haberlo encontrado".
Sherlock se quedó boquiabierto, su comprensión de la situación se aclaró y sus ojos se abrieron de par en par.
"Mycrof..."
"-No pagaría un rescate-abiertamente".
"Pero..."
"-Y no le di la oportunidad de organizar algo a escondidas."
Sherlock asintió lentamente apretando los labios en una línea.
"¿Y cómo acaba, Jim?". Jim esbozó una oscura sonrisa, sus ojos girando hacia los azules fijos en él. Se inclinó hacia atrás en la silla cerrando los dedos detrás de la cabeza como si estuviera relajándose en la playa en su silla plegable. Cómo le gustaba a Jim tener un buen público para sus historias.
"Con..." Jim giró rápidamente la cabeza al oír abrirse la puerta. Un hombre rubio y musculoso bajaba pesadamente la escalera cargado con un gran cubo de agua y una esponja. "¡Oh, gracias a Dios, Seb! Creía que me iba a morir. Aquí abajo no hay nada de ventilación y este chico está apestando". Jim y Seb rieron juntos con facilidad, para disgusto de Sherlock.
Sebastian dejó caer el cubo con un chapoteo humeante. Poco después, la esponja derramó aún más agua en el suelo, sobre los dedos de los pies de Sherlock. Sherlock hizo una mueca. Sebastian miró lentamente el cuerpo desnudo de Sherlock.
"¿Quieres que lo lave, Jim?" Moriarty se levantó y se acercó un poco, colocándose ligeramente entre el hombre y Sherlock.
"No, no. Él puede hacerlo. Desátale las manos , deja los pies atados". Sebastian frunció el ceño.
"Pero podría dominarle, jefe". El ánimo desapareció de la cara de Moriarty mientras miraba a su empleado. El rostro de Sebastian se congeló.
"Quiero decir que está desesperado y tal vez yo debería estar aquí abajo para respaldarlo, jefe". Moriarty se lo pensó antes de negar con la cabeza.
"¡Nope! Tengo mi respaldo aquí mismo". Moriarty sacó juguetonamente una pistola de detrás de la cintura y se sentó en su silla apuntando despreocupadamente a Sherlock. "Puedes dejarnos".
Una vez que Sebastian hubo desatado apresuradamente las muñecas de Sherlock, el arma de Jim le hizo señas para que saliera de la habitación y le empujó escaleras arriba.
"Estaré junto a la puerta si me necesita, jefe". llamó el hombre mientras Moriarty ponía los ojos en blanco.
"Vete, papá. Estaré bien". La puerta se cerró silenciosamente y ambos hombres se miraron el uno hacia el otro. Pasó un momento cargado.
"¿Supongo que no te darás la vuelta?" preguntó Sherlock, observando la esponja y mirando a Moriarty. Jim abrió los ojos y puso cara de asombro. Es un dramático, pensó Sherlock.
"¡Pero te tengo tanto respeto , Sherlock! Te respeto porque, aunque no veo qué podrías hacer con un cubo de agua y una esponja para atacarme de manera efectiva, es posible que tengas mejores ideas. Así que no, no te daré la espalda. Lo siento! ". Los hombres se sonrieron sombríamente el al otro y Sherlock suspiró llevándose la esponja al pelo y apretándola. El agua jabonosa le resbalaba por la cara y el torso. Sherlock observó a Jim observándole. El silencio entre ellos se hizo más denso durante unos minutos antes de que Sherlock lo rompiera con una pregunta suave.
"Jim, quizá puedas aclararme algo". Sherlock se frotó el pelo lacio y el cuello arenoso, sin apartar los ojos del criminal elegantemente vestido.
“Si puedo” Moriarty extendió las palmas de las manos con una sonrisa, un gesto de abierta buena voluntad, siempre charlatán.
"Cuando nos conocimos. Te presentaste como el novio de Molly. Su novio gay. ¿Por qué?" Jim se burló.
"¡Sólo estaba jugando un pequeño juego , Sherlock! Ya lo sabes". Sherlock empapó la esponja una vez más, se frotó la cara dejando sus pestañas puntiagudas por agua antes de pasársela por el pecho y las axilas. Era tan agradable estar limpio por fin que dejó escapar un suspiro de satisfacción. Jim lo notó con un movimiento de los labios.
"Jim, no había ninguna razón para ser 'gay' al interpretar al novio de Molly. Podrías haberme conocido, ser aún más olvidable y luego dejarla. Entonces, ¿por qué fingiste ser gay y me dejaste tu número? ¿Hmmm?" Jim soltó un silbido de aire, sorprendido. Sherlock lo miró con consideración y complicidad.
"Parece que tienes una teoría. ¿Y bien? No seas tímido ahora". Jim se burló.
"Toda buena mentira tiene algo de verdad. Y tú eres un magnífico mentiroso, Moriarty". Jim se quedó quieto, esperando lo inevitable.
"Todas tus pequeñas personalidades son un poco más 'tú' de lo que te gustaría dejar entrever, ¿verdad? Creo que Richard Brook es un narrador brillante, como tú. Es un poco dulce - un lado de ti que existe, incluso si tratas de aplastarlo. Y no creo que necesites "hacerte el gay", Jim. Creo que intentaste desviarme de quién eres en realidad. Fue un doble engaño brillante, en realidad. Pero... Sigues siendo tú, cariño. Y ahora puedo leerte como a un libro". Sherlock movió la esponja sobre su torso, las burbujas corrían por su cuerpo a través de su vello púbico y por sus largas, largas piernas. Moriarty apartó la mirada de los ojos claros de Sherlock sólo para contemplar su cuerpo reluciente por el agua y la espuma que serpenteaba por su piel húmeda. Increíblemente, Moriarty sintió que empezaba a ruborizarse. Sherlock siguió observando el color subiendo por el cuello de Moriarty con oscura y petulante satisfacción. "Tu apodo favorito para mí es 'La Virgen'... ¿con qué frecuencia piensas en mí de forma sexual? ¿Es por eso que estoy aquí, atado a una pared con nada más que mi piel? ¿Es así como termina, Jim?" Sherlock curvó el labio con disgusto mientras se lavaba sin prisa. Jim sacudió la cabeza y se echó a reír. Una breve carcajada carente de alegría.
"Sherrlock, creo que me has malinterpretado. Te he comprado a ese malvado amigo de Magnussen. No te até a un sótano, aquí es donde te encontré. Puedo ser gay, sí. Pero no voy a obligarte. Ahora me perteneces, mascota. Pero estás a salvo conmigo...". Moriarty sonrió, parecía tímidamente encantador. Una expresión clásica de Richard Brook.







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