Cap.1
Sanzu (marzo, 2017)
—Ah! idiota —se queja—. Ten cuidado con mi culo.
—Ay, perdón —el de cabello corto rueda los ojos con impaciencia.
Intercambio miradas con Rindou esperando a que la rubia por fin se acomode en el sofá encima de Ran, el menor de los Haitani está frente a la rubia y yo estoy de pie detrás del apoyabrazos.
June suelta un sonoro gemido cuando la polla de Ran entra en su culo, el mayor sonríe con malicia al ver lo que provoca, cuando su cuerpo deja de estar tenso, Rindou pudo meter la suya en su coño.
—Mhh —cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás—. Se siente bien.
En cuanto la rubia abre los ojos se encuentra con mi polla, lista para entrar en su boca, le dedico una sonrisa lasciva mientras masturbo un poco mi erección, June me sonríe de regreso antes de abrir su linda boca y sacar la lengua para lamer mis huevos.
—Que perra sucia —comparto miradas maliciosas con los hermanos para que aumenten el ritmo, porque hasta ahora han estado siendo suaves.
Cuando June abre la boca para gritar, le meto la polla hasta la garganta, ahogando sus gemidos.
La forma en que su garganta me aprieta hace que mis ojos se pongan en blanco.
Sus tetas rebotan al ritmo de las penetraciones y sus lágrimas caen sobre mis zapatos.
Mis manos viajan hacia su cuello, presiono su tráquea para sentir un poco más de presión en mi erección y comienzo a embestirla más rápido, de inmediato levanta sus manos e intenta alejarme de ella.
—Sanzu, harás que se desmaye —a pesar de su comentario, la sonrisa de Rindou no refleja otra cosa más que diversión por lo que estoy haciendo.
—Respira por la nariz —miro hacia abajo con una sonrisa burlona—. ¿O me vas a decir que ya no puedes?
En ese mismo instante, June da una gran respiración por la nariz y deja de resistirse a mis penetraciones.
—Que buena chica —una de mis manos libera su cuello para jugar un poco con uno de sus senos—. ¿Vez que si puedes? —sonrío con burla.
Me gusta tratar a June como si fuera una perrita obediente.
Los minutos que siguen, June se dedica a quedarse quieta y dejar que nos complazcamos con su cuerpo.
Rindou es el primero en acabar, cuando lo hace saca su erección y se deshace del condón el cubo de la basura, luego de eso se sube los pantalones y abotona la camisa.
—Adiós.
June responde su saludo agitando la mano en su dirección porque en ningún momento saco mi polla de su boca.
Ran da una última y dura penetración en el culo de la rubia provocando que se retuerza de dolor, la forma en que aprieta la garganta me provoca un espasmo y me hace acabar en su garganta.
Cuando saco mi polla, June comenzó a toser.
—Carajo Sanzu, casi me matas —mientras está tosiendo, Ran la toma de la cintura para quitársela de encima.
—¿Qué se perdería? —enarco una ceja con soberbia—. Zorras como tú hay en todas partes.
Ran se deshace del condón antes de vestirse de nuevo e irse.
June queda tirada en el sofá con su cuerpo sudado y lleno de mordidas tratando de recuperar el aliento.
Meto mi polla en mi pantalón y levanto mi camisa del suelo, me la pongo, pero no la abotono.
Antes de irme me inclino un poco hacia June para dejar un pequeño beso en su mejilla.
—Adiós zorrita —susurro en su oído—. Hoy hiciste un buen trabajo —me enderezo y con una sonrisa maliciosa le doy una bofetada a uno de sus senos.
Salgo de mi oficina abotonándome la camisa y bajo hasta el estacionamiento subterráneo para buscar mi auto.
Debo ir a buscar los dorayaki del jefe a la tienda de Temari, a uno de los novatos se le ocurrió la estúpida idea de ir a su tienda una vez y ahora Mikey solo quiere los que ella hace, la cosa es que él no sabe de dónde salen sus dorayaki favoritos, porque en teoría no tendríamos que acercarnos a ella, pero mientras no se entere, mi cabeza está a salvo.
Subo a mi auto y enciendo el motor, el olor a perfume barato de mujer es muy fuerte, así que bajo la ventanilla.
Me estaciono fuera de la tienda y me pongo mi mascarilla antes de bajar, tengo que ocultarme cuando vengo aquí, esa maldita me conoce desde que era un mocoso así que no puedo darme el lujo de andar como si nada.
Bajo del auto a camino hasta la puerta de la tienda, captando la atención de Temari al entrar.
—Bienvenido —fuerza una sonrisa en mi dirección.
Temari ha sido una tsundere toda su vida, ni siquiera para atender a los clientes puede ser alguien cálida, aunque teniendo en cuenta que vengo aquí hace poco y que cada vez que lo hago me cubro el rostro, dudo que vaya a tomar confianza pronto.
—Dorayakis.
—Huh, ya no quedan —desvia la mirada hacia la vitrina—. Los hornos están ocupados, si quiere puede regresar en unas horas.
Yo no tengo un par de horas, carajo!
No puedo matarla, tendría que contárselo a Mikey y él me mataría a mí, tampoco puedo amenazarla o jamás podré volver a poner un pie aquí.
Tenso la mandíbula tratando de calmar mis nervios y respiro profundo.
—No —niego con la cabeza—. ¿Conoces algún lugar donde sean igual de buenos?
Temari se queda un momento en silencio, pensando.
—Si, hay un lugar —revisa detrás del mostrador para sacar una libreta y una pluma—. Es una cafetería, queda algo lejos de aquí, como a unos veinte kilómetros al sur —anota la dirección en un pedazo de papel—. Los dorayaki de esa tienda son muy buenos, se lo aseguro —corta el papel y me lo entrega.
Extiendo mi mano hacia el papel, tratando con toda mi fuerza de no tomarla del cuello y obligarla a prometer que lo que dice es cierto.
Veo la dirección en el trozo de papel y doy un paso atrás en busca de la puerta.
—Gracias, adiós.
—Que tenga un buen día.
Salgo de la tienda quitándome la mascarilla y regreso a mi auto, anoto la dirección en el buscador y me pongo en marcha.
La dirección que me dio Temari, me arroja a una cafetería con estilo rústico, al igual que lo hice antes, me pongo la mascarilla para entrar, aunque esta vez lo hago para no asustar con mis cicatrices a quien esté ahí dentro.
Cruzo la puerta con algo de duda.
El lugar se ve bastante limpio.
—Huh, Miray, querida —la voz de una señora me hace voltear en su dirección, está sentada detrás del mostrador, tejiendo lo que parece ser un suéter—. Llegó un cliente.
La puerta que está a un lado del mostrador se abre y sale una chica rubia limpiándose las manos llenas de harina.
—Yo me encargo —se para detrás del mostrador y sus ojos viajan desde la mascarilla en mi boca hasta mis ojos.
Sus ojos son de un verde intenso y sus labios rojos se curvan en una sonrisa que hace que se le dibujen dos pequeños hoyuelos en las mejillas.
—Bienvenido, ¿En qué puedo ayudarle?
Trago grueso antes de responder e intento desviar la vista hacia otro lado que no sea ella.
—Dorayakis.
La chica pasea la mirada por el mostrador hasta dar con lo que le estoy pidiendo.
—Si —sonríe en mi dirección—. ¿Qué sabor gusta?
—De todos los que tenga —esta vez sí volteo a verla—. Dame tres de cada uno.
—Huh —abre mucho los ojos, seguramente sorprendida—. Está bien.
Si Temari se equivoca y a Mikey no le gustan estos dorayaki, regresare y la asesinaré y también mataré a esta niña.
Toma dos bolsas de papel y comienza a llenarlas con dorayakis de distintos sabores, cuando termina, extiende las bolsas hacia mí y recibe mi tarjeta.
Abre mucho los ojos cuando ve que se trata de una black card, pero no dice nada y solo la pasa por el lector de tarjetas.
—Que lo disfrute, vuelva pronto —cuando me regresa la tarjeta, su mano roza la mía.
No respondo su saludo, aún estoy algo nervioso de que al jefe no le vayan a gustar estos dorayaki.
Trato de hacer el camino de regreso al edificio lo más largo que puedo, pero recibo un mensaje de Mikey diciendo que regrese pronto o lo lamentare.
Cuando llego, meto mi auto en el estacionamiento subterráneo, desde aquí puedo ver las puertas del ascensor abriéndose, June sale tambaleándose como venado recién nacido, pero aun así mantiene el mentón en alto.
Ahora no puede quejarse, ella sugirió que nos la follaramos los tres a la vez.
Antes de salir tomo las bolsas con dorayaki que había dejado en el asiento del copiloto, cuando las levanto me encuentro con un trozo de tela roja.
Tengo que dejar de meter putas a mi auto, siempre lo dejan todo sucio.
Cuando bajo del vehículo, accidentalmente hago contacto visual con June.
La rubia comienza a caminar hacia mí, moviendo sus largas piernas y tratando de no caerse.
—¿Harás algo esta noche? —se dibuja una sonrisa coqueta en su rostro.
—Ver porno y masturbarme —cierro la puerta del auto y me encamino hacia el ascensor.
—No necesitas masturbarte —cuando estoy por pasar por su lado, se mueve impidiéndome el paso—. Me tienes a mí.
—Era ironía —entrecierro los ojos con hastío—. No voy a hacer nada.
—¿Quieres salir conmigo y los chicos? —sonríe divertida, ignorando el hecho de que quiero evitarla—. Nos divertiremos.
—No me apetece.
—¿Por qué siempre eres tan amargado conmigo? —Hace un puchero y tensa los hombros.
—¿Cómo quieres que te trate? —enarco las cejas con confusión—. Rindou se encarga de ti, no yo.
—No soy una perra de la que tengan que encargarse —su puchero de niña tonta es reemplazado por una expresión de molestia.
—Para mí lo eres —me encojo de hombros y sigo con mi camino.
Después de todo June no es más que una puta, tampoco es que sirva para otra cosa.
Camino hasta el ascensor dejando a June muy molesta atrás.
Presiono el botón que me dejará en el último piso del edificio, es donde está la oficina del jefe, pero antes de que las puertas se cierren alguien las detiene.
—Y a ti qué? —la sonrisa burlona de Ran hace que me salte una vena en la frente.
—¿Que de qué? —entrecierro los ojos en su dirección.
—Estás pálido.
¡Porque Mikey podría darme una paliza si esta mierda no le gusta!
Sacudo la cabeza tratando de no decir lo que quiero decir.
—No es nada.
El ascensor deja a Ran en el quinto piso, después de eso las puertas vuelven a cerrarse y me deja en el último piso.
Cruzo el pasillo hasta llegar a la oficina de Mikey, carraspeo un poco antes de llamar.
—J-Jefe —golpeo la puerta con los nudillos—. Ya regresé.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre...
—Entra.
Detengo el temblor de mi maldita mano antes de tomar la manilla de la puerta.
Entro dudando en si voy a recibir una patada o me va a tirar una silla encima por tardarme tanto.
Antes de que pueda decir algo, Mikey me arrebata las bolsas y comienza a comerlos sin decir nada, en un momento se queda quieto y me mira de reojo, como esperando que le diga algo que claramente ya sabe.
—Largo —señala la puerta con la cabeza.
¿Sera que no se dio cuenta?
Mikey es muy exigente con la comida, si algo no le gusta, las cosas se ponen feas.
Doy un paso hacia atrás con mucha cautela y con mi mano trato de encontrar la manilla de puerta, temo que si le doy la espalda por un segundo terminaré muy mal, sé que Mikey no me matara, soy el segundo al mando, lo que temo es recibir una de esas patadas.
Cuando por fin salgo de la oficina, puedo volver a respirar normalmente.
Regreso al ascensor a pasos apresurados y presiono el botón que me dejará en el piso de abajo.
Siento mi cuerpo tenso, necesito algo.
Cuando entro a mi oficina, cierro la puerta con seguro y me aflojo la corbata.
Abro la gaveta de mi escritorio para sacar mi frasco de clonazepam.
Esta mierda me encanta.