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Ardiente Secreto [+18]

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Sinopsis

Siempre lo vi como el mejor amigo de mi papá. Hasta que crecí… y quise probar el sabor del peligro. Tomás Black es mayor, irresistible, prohibido. Un hombre que no debería mirar así, pero que me hizo arder con una sola mirada. Nuestro secreto nació en la sombra: miradas, roces, deseos que no sabíamos controlar. Sabíamos que era un error. Pero era un error delicioso. Amarlo es arriesgarlo todo. Es romper reglas, desafiar a mi familia y quemarme por dentro. Es pasión, locura… Y la herida más dulce que he tenido.

Estado:
Completado
Capítulos:
58
Rating
4.8 40 reseñas
Clasificación por edades:
18+
Esto es una muestra

Capítulo 01

A veces, ¿no les pasa que están en un sueño —de esos calientes— con la persona que las trae de cabeza y, justo en la mejor parte, ¡pum!, te despiertas?

Pues eso es lo que me acaba de pasar, y lloré de frustración por no haber puesto el despertador un poquito más tarde para ver qué ocurría. Aunque siempre puedo inventarme el final. A veces, lo que crea tu subconsciente es mejor que cualquier película de Hollywood.

Y es que, desde que tenía uso de razón, esa persona que me obsesionaba —y por la que acabo de despertar agitada y excitada al máximo— ha estado presente en todos los momentos especiales con mi familia: desde las Navidades hasta las vacaciones de verano, siempre junto a su esposa, Bruna, y su único hijo, Junior. Él ha sido uno más entre mis tíos. Pero para mí… nunca lo había sido del todo. Siempre fue algo más.

Recuerdo que Tomás Black se volvió una completa obsesión cuando tenía dieciséis años. Desde ese momento dejó de ser solo “mi tío” para convertirse en algo diferente. Algo que ni él sabía, ni yo estaba dispuesta a admitir en voz alta. Me parecía algo muy prohibido, fruto de mis hormonas en plena combustión por la adolescencia.

Todo comenzó una tarde calurosa de domingo, en pleno verano. Estábamos en el patio de casa. Él había venido de visita y aprovechó para darse un baño en la piscina con mi padre. Lo hacían seguido, para hablar de negocios y desconectar.

“Tío Tom”, como lo llamaba cariñosamente desde niña, y mi papá eran más que amigos: eran como hermanos. Habían crecido juntos, fueron al mismo colegio y luego estudiaron finanzas en la misma universidad. Por eso estaba tan acostumbrada a tenerlo cerca y eso solo alimentaba mi imaginación con situaciones cada vez más pecaminosas. Yo era una niña, pero el deseo ya estaba despertando en mí.

Ese domingo, estaba sentada frente a la piscina refugiada en uno de mis libros favoritos. Mis ojos, ocultos tras unas gafas de sol, no dejaban de observar al espectáculo del hombre que nadaba frente a mí y me provocaba sensaciones que no sabía cómo controlar.

En un momento, mi padre salió de la piscina, me saludó y me dijo que iría a ducharse porque tenía que salir. Asentí con la cabeza, fingiendo que leía, y me quedé allí diez minutos más, mirando cómo mi “querido tío” hacía largos en el agua, hasta que se acercó al borde y me habló:

—Está muy interesante ese libro, ¿no?

Aparté el libro sin quitarme las gafas y respondí:

—Sí, bastante.

—¿Ese no es el que te regalé en Navidad?

—Sí, justo. Me enganchó la historia, ya es la segunda vez que lo leo. Gracias por haber acertado.

—De nada, Peque. Me alegra que te gustara tanto. Ya te buscaré otros más.

Y se sumergió de nuevo para seguir nadando. Pasaron unos minutos más y salió del agua, dirigiéndose a la casa de invitados al lado de la piscina, donde siempre se quedaba cuando venía. Lo seguí con la mirada y solté un suspiro. Ese hombre era demasiado. Pero para él, yo seguía siendo solo una niña que amaba los libros.

Me dio sed. Dejé mis cosas en la silla y fui a la cocina a buscar limonada. Mientras tomaba, entró mi madre, ya vestida y perfumada.

—Mimi, tu padre y yo vamos a salir. Te quedarás sola en casa, porque tus hermanos no estarán. Espéranos para cenar juntos, ¿sí? —me dijo, dándome un beso en la mejilla.

—Vale, mamá. Los espero.

Me serví otro vaso de limonada y me devolví al área de la piscina. Como ya había pasado un buen rato y tío Tom no salía de la casa de invitados, caminé hacia allá un poco dubitativa. No sabía qué esperar, pero quería saber qué estaba haciendo y a lo mejor que me invitara a estar un rato con él. Después de todo, estaré sola en casa un buen rato.

Entré despacio, esperando escuchar algo que me indicara que estaba allí, y en efecto, escuché el chorro de la ducha correr. Vi que tenía la ropa limpia, y sus cosas personales sobre la cama. Caminé hacia el baño y me encontré la puerta medio abierta. Me quedé de piedra en cuanto lo vi. Estaba de espaldas a mí, completamente desnudo, obviamente, y enjuagándose el champú, ofreciéndome una visión de lo más impactante.

Mi pulso se aceleró en cero coma, mis manos comenzaron a sudar y yo no podía apartar la mirada de ese hermoso trasero. Pero todas esas sensaciones se intensificaron cuando se dio la vuelta lentamente y me mostró su pecho esculpido por los dioses y, madre mía, por primera vez veía un pene en vivo y directo. Me quedé más que hipnotizada, petrificada.

Él tenía los ojos cerrados y no me veía, pero es que yo tampoco me podía mover, sabía que si me encontraba en esa situación me iba a dar muchísima vergüenza y no volveríamos a ser los mismos, así que reuniendo toda mi fuerza de voluntad me aparté para no estar en su rango de visión. Me quedé pegada a la pared por unos minutos, calmando mi respiración, hasta que sentí que cerró la ducha y salí como un ninja a hurtadillas de la habitación.

Volví a sentarme en la tumbona de antes, me puse las gafas y cerré los ojos. Era la primera vez que me pasaba esto que sentía, mi corazón no dejaba de palpitar aceleradamente, sentía una creciente ola de excitación por todo mi cuerpo y la imagen de Tomás desnudo no se me quitaba de mis pupilas.

—Mimi, cariño…

Di un brinco cuando sentí una mano que me tocó la mejilla y cuando abrí los ojos me encontré de frente al dueño de mi desgracia. No sabía cuánto tiempo había pasado desde mi visita a la casita de invitados, pero al parecer más de lo que me había imaginado, porque allí estaba él, vestido con su polo azul manga corta, sus pantalones cortos de jean y un perfume que inundaba mis fosas nasales.

Me quité las gafas, disimulando un poco y me quedé mirándolo sin poder decir ni una sola palabra.

—¿Te quedaste dormida Peque? Venga, sube a tu habitación, que aquí te puedes quemar con el sol que hay… te ayudo.

Y me dio su mano para ayudarme a levantar de la silla. Todo lo que sentía hasta ese momento se intensificó cuando nos tocamos. Yo solo esperaba que él no se diera cuenta de mi estado. Lo seguí caminando, agarrada de su mano, hasta dentro de mi casa. Cuando llegamos al salón me miró y me preguntó por el libro.

—Ay, lo dejé en la silla…

—Yo te lo busco tranquila, sube anda.

Y se alejó para ir a buscar el libro. Yo caminé hacia mi habitación, suspirando y en una nube de excitación. Debo decir que antes me gustaba, sí, a pesar de la edad que tenía siempre me había parecido muy atractivo. ¿Pero ahora? Ahora ya no había nada ni nadie que lo pudiera sacar de mis pensamientos de ahora en adelante.

Llegué a mi habitación y me tumbé en la cama boca abajo, metiendo mi cabeza en la almohada. No podía creer que me hubiera atrevido a meterme en su habitación mientras se duchaba. Solo a mí se me ocurre semejante locura. Pero, por otro lado, ¿a quién engaño?, me deleité haciéndolo y mirando ese cuerpo que me hacía temblar.

Sentí sus pasos subiendo y me acomodé en la cama, sentándome justo cuando apareció en la puerta.

—Toma, descansa un poco, que ya has leído demasiado por hoy.

—Gracias, tío Tom.

—¿Te vas a quedar sola?

—Sí. Mamá dijo que iban a salir, pero que regresan para cenar, así que tranqui.

—Vale… pero no me gusta que te quedes sola. Si lo hubiera sabido, le habría dicho a Junior que viniera contigo.

Junior era su único hijo, un par de años mayor que yo. Igual de guapo que su papá, pero por él no sentía ni el más mínimo cosquilleo… no como los que me daban ahora con su papá. A Junior sí lo veía como familia. Habíamos crecido juntos, literal, y lo sentía como otro hermano más. Nos llevábamos muy bien. De hecho, era mi cómplice cuando quería hacer travesuras o molestar a mis hermanos.

—No pasa nada, igual quiero descansar un rato. Seguro me duermo pronto.

—Bueno, yo estaré con tus padres, así que si necesitas algo, solo dime, ¿vale?

—Ya sabes que me conquistas con helado. Con eso te perdono, tío Tom —le dije, haciendo un puchero. Él se rio y me ofreció esa sonrisa que me encanta y que le ilumina el rostro.

—Entendido —dijo—. Te envío un helado entonces, para que nos perdones por dejarte solita. Descansa, cariño.

Se acercó, me tomó la barbilla y me dio un beso en la frente antes de salir. El perfume que dejó flotando en el aire me persigue cuando cerró la puerta.

Me acosté en la cama mirando al techo y suspirando. Cerré los ojos y volvió la escena del baño a mi mente. Verlo así me ha despertado cosas. Siempre me había intimidado su belleza, su mirada con esos ojos azules como el cielo, su cuerpo bien cuidado y marcado por el ejercicio que hacía y esas canas que comenzaban a aparecer en su cien. Pero lo de hoy lo ha superado todo.

No había ningún chico de la escuela que me hiciera sentir así. Y no es que no hubiera tenido oportunidad, había unos cuantos interesados, pero a mí no me llamaban la atención. Mis amigas no entendían cómo podía hacerles el feo, siendo los chicos más deseados del cole. Pero es que yo tenía una cierta debilidad por los hombres mayores. Hoy lo confirmé.

Jamás me había excitado tanto y comenzaba a preocuparme por ello. Porque tenía dieciséis años y sabía que nada podría pasar entre nosotros. Era imposible. Para él, yo seguía siendo una niña. Él tenía una esposa a la que adoraba y que se veía que estaba enamorado desde siempre. Aunque no puedo decir lo mismo de ella. Nunca me había caído bien, y no era porque lo que sentía por él, sino porque veía que ella no le correspondía de la misma manera, era algo fría, egoísta y muy materialista. En resumen: me caía fatal. No entendía cómo mi madre la soportaba.

Me acurruqué en mi cama un rato, dejando volar mi imaginación y comencé a tocarme un poco. Tenía que hacerlo porque desde que vi ese cuerpo, el mío no paraba de palpitar. Sacié mis ganas masturbándome, hasta llegar a un orgasmo muy placentero, que hizo que me quedara dormida enseguida.

Quería soñar con él, pero terminé soñando cualquier cosa, sin sentido, sin emoción. Hasta que un ruido me despertó. Mis padres. Ya habían llegado. Me había pasado toda la tarde dormida como una morsa.

Me metí a la ducha y me di un baño rápido para despejarme. Me puse el pijama y bajé a la cocina. Ahí estaban ellos, sirviendo la cena.

—Mimi, cielo, ¿tienes hambre? Ya iba a subir a llamarte —dijo mi mamá.

—Sí, tengo hambre. ¿Qué trajeron? —pregunté, mientras me acercaba a mirar las bolsas.

—Comida árabe del restaurante que te gusta —me respondió, abriendo un envase con falafel.

—Y en el congelador hay un helado que te manda tu tío Tom —agregó mi papá, con esa sonrisa cómplice de “yo sé algo”.

Se me escapó una sonrisa que intenté disimular, pero ya era tarde. Ellos creen que fue por el helado, y bueno… un poquito sí. Pero lo que me derrite de verdad es que se acordó de mí.

Con esas pequeñas cosas fue entrando en mi vida: sin permiso, sin prisa, pero profundo. Lo que empezó como algo pasajero se volvió obsesión, sin que pudiera evitarlo.

Fui al congelador como si supiera que ahí me esperaba algo más. Lo abrí, y ahí estaba: una caja enorme de helado artesanal de vainilla, caramelo y nueces. Encima, un papelito con mi nombre, escrito con su letra.

Me quedé mirándola con una sonrisa colgada. No era por el helado. Era porque pensó en mí. Porque lo hizo él. Porque me mandó algo dulce, y no solo de sabor.

Ese detalle me tocó el alma. Con gestos así, Tomás se fue instalando en mi cabeza, en mi pecho, y sin darme cuenta, se acomodó en un rincón que no tenía dueño.

Me senté a la mesa con el helado en las manos, sin probarlo. Estaba más enfocada en lo que sentía que en lo que iba a comer.

Porque no era el helado.

Era él.

Y yo ya estaba en caída libre.

.

.

.

NB✨

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Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

15

Diálogos potentes

Ver 8 comentarios anteriores...
author

15/07/25
10:47 PM
México

-aquí vamos de nuevo, la ame tanto que aquí estoy de nuevo

un año
1
author

yo me lo voy a leer

10 meses
1
author

necesito algo de romance

10 meses
1