Parte I Horologium.
—No es nada, vuelva pronto —José se despidió del cliente con una sonrisa, arrastró sus viejos huesos de regreso al taller. La luz era cálida y abundante, ya estaba tan acostumbrado al olor a hierro, aceite y madera que no los percibía.
Era un cuarto cerrado, o en realidad un sótano, sin ventanas y de madera. Con sus temblorosas manos rebuscó entre los engranajes, manecillas, cristales y demás piezas sueltas y polvorientas de relojes en una estantería hasta que tomó un ejemplar completo con un murmuro satisfecho.
Lo puso sobre la mesa y se colocó un monóculo que tenía una palanquita en uno de los bordes, la accionó y otros aros de metal con cristal, cada uno más pequeño que el anterior se superpusieron uno tras otro.
Con lentitud lo desarmó y fue depositando las pequeñas piezas en una bandeja con químicos limpiadores. Aquel reloj perteneció alguna vez a su abuelo, lo recibió como herencia pero nunca le prestó demasiada atención, hasta hoy.
—Listo — José se secó el sudor de la frente. El reloj era de un tono plata y dial de un azul real que le daba una apariencia sobria. Lo guardó en una caja de madera e interior de terciopelo bordó y se retiró del taller.
Una tormenta se extendió en el cielo, las nubes, oscuras como el pavimento, rugían entrecortadas y convulsionaban, los cielos lloraron como si supieran lo que estaba pasando en la tierra.
José tembló en su cama, sudando como si se hubiera caído al río. En su mente, la incertidumbre se agitaba viendo a través de ojos que no eran los suyos. Estaba en un prado verde bajo la sombra de un manzano, observando a una sonriente mujer que no conocía.
Jadeó con fuerza y sus ojos se abrieron todo lo que sus párpados le permitieron, se sentó en la cama y las ganas de gritar se disiparon lento en su garganta como oro en agua regia.
José se levantó gimiendo, sus huesos crujiendo mientras se enderezaba todo lo que pudo.
No podría volver a dormir y eso era seguro, teniendo eso en cuenta, simplemente se dispuso a realizar su rutina con normalidad: atendió los relojes, lavó la ropa, limpió todo lo que sus huesos le dejaron y se permitió un café con una tostada mientras leía el periodico; sonrió con amargura al ver una de las noticias:
«Francesca Zoregattu alza la medalla de oro en la disciplina de gimnasia artística y trae orgullo a la nación»
Suspiró temblorosamente y carraspeó para alejar la incomodidad en el pecho, los ojos le picaban mientras agarraba sus bolsas reutilizables y salía aprovechando que la tormenta así como llegó, se fue. Recorrió los mercados con la mente en otro lugar; el olor a carne, especias, verduras y multitud se mezclaba en un aroma no del todo agradable pero familiar.
Había pasado tiempo desde que se dio un gusto, y para algo tenía dinero, por lo que compró un pedazo de cordero del tamaño de una palma y verduras variadas como papas pequeñas, cebolla, ajo y zanahoria; se haría un estofado digno de un rey.
Frotó su cara para quitarse las gotas de sudor que le bloqueaba la visión, su mano quedó mojada por lo que sacó del bolsillo delantero de su camisa un pañuelo, cuando bajó la mirada todo dio vueltas y al intentar mirar arriba de nuevo, terminó tropezando con sus propios pies y cayendo al suelo, pero no se levantó; su cuerpo temblaba violentamente como un pez fuera del agua y con los ojos desviados hacia atrás, uno a uno las transeúntes se fueron acercando hasta rodearlo y lo socorrieron.
De nuevo, veía con ojos que no eran los suyos, pero no estaba en un prado, oh no, se encontraba en un bosque, en medio de la nada. Incluso siendo un sueño, el olor a petricor llenó su olfato, sin saber qué hacer hasta despertar. Caminó, sus alpargatas se hundían en la suave tierra mientras sus ojos vagaban de un punto a otro, de arriba a abajo.
Caminó hasta detenerse en una colina, y en medio de ésta, un túnel cuya oscuridad no dejaba apreciar realmente cuán profundo era, o a dónde conducía. El sonido de los arbustos lo hizo mirar hacia atrás momentáneamente, pero cuando volvió la mirada al frente vio parado frente al túnel a un hombre cuyo rostro no podía ver, y humo, un cúmulo de humo que se moldeaba en una forma humanoide, como el agua toma la forma del recipiente donde es vertida; sobre lo que podría considerar su cabeza, una gran cornamenta de ciervo, y la sombra que proyectaba era tan grande y larga que no podía ver el final.
Dio un paso atrás y ambas figuras voltearon a verlo ¿Ese era...?
Poco a poco los ojos de José se fueron abriendo, la luz de la habitación lo encandiló y frunció las cejas mientras se quejaba, sentía que le estuviesen pisando la cabeza y su cuerpo dolía fatigado como si hubiera corrido un ultraman. Su martirio se vio levemente aliviado por una sensación fresca en su frente, lo que le permitió suspirar.
─Señor ¿cómo se siente? ─dijo un hombre.
Abriendo poco a poco los ojos y adaptándose a la luz, José pudo ver quien estaba ante él, alto, de azabache cabello rizado y barba poblada, una bata blanca llevaba y un estetoscopio colgando del cuello.
Fue ayudado a sentarse y sus ojos se abrieron de confusión y horror cuando miró al frente.
─Abuelo ─dijo José con la voz rasposa y la garganta seca, viendo al hombre frente a él rodear la cama por el lado izquierdo y, quitándoselo de su propia muñeca, colocarle un reloj, de tono plata y dial azul.
El doctor y un enfermero miraban en silencio, enumerando y tomando nota mental de las acciones del paciente.
─Prepara la sala de exámenes por favor. ─le dijo al oído al enfermero, el cual salió de inmediato de la habitación.
─Señor ─dijo el doctor en un tono un poco más firme después de un par de intentos y así pudo traer a José de su lejanía, logrando que este lo mire, todavía con los ojos bien abiertos.
─¿Qué sucede? ─preguntó con confusión, su mente se sentía demasiado lenta… Como una máquina averiada, arrastró la mirada por todo el lugar, estaba en un hospital.
─Usted estaba presentando alucinaciones.
─Eso no es posible ─José sacudió la cabeza consternado y le mostró al doctor su muñeca izquierda. ─Mire, mi abuelo acaba de venir y darme este reloj.
─Señor, cuando fue trasladado aquí, usted ya lo llevaba.








