Placer Imprevisto ||Hun Han|| por GianeMin93 en Inkitt
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Placer Imprevisto ||HunHan||

Sinopsis

Parte I: The Billionaires Club El hijo que llevaba dentro lo había unido a aquel millonario. Oh SeHun debía cuidar del hermoso y embarazado Xiao LuHan. El hijo que llevaba en su interior era de su difunto hermano y, por tanto, SeHun debía protegerlo, para lo cual se llevó a LuHan a su casa... Sin saber que eso haría que se descontrolaran sus emociones. Nunca antes había sentido tal pasión ni tal deseo de cuidar de alguien. Pero entonces descubrió un secreto que LuHan parecía empeñado en ocultar. La verdad podía hacer que SeHun se pusiera a sus pies... O separarlos para siempre. -ADAPTACIÓN.

Genero:
Romance
Autor/a:
GianeMin93
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Uno


-Tengo entendido que está esperando un hijo de mi hermano. 

Por instinto, Xiao LuHan se llevó una mano al abdomen. Empezaba a arrepentirse de haber dejado entrar en su apartamento a Oh SeHun y al hombre que lo acompañaba. Pero no era la primera visita que recibía desde la trágica muerte de Oh JooWon un par de semanas antes. No, desde entonces había tenido varias visitas inesperadas y todas ellas desagradables. 

El parecido familiar era evidente: la piel blanca, los ojos marrones oscuros, una estructura ósea similar. Pero aquel hombre no era tan guapo como JooWon, que era todo encanto y sonrisas... y mentiras. No, Oh SeHun tenía unos rasgos tan duros que parecían esculpidos. Y no parecía un hombre que sonriera frecuentemente. 

JooWon le había hablado a menudo de su hermano, quejándose porque, según él, era despiadado y cruel incluso con la familia. Lo llamaba «el hombre de hierro». 

Y él, que se había apartado de JooWon por buenas razones, no quería saber nada de otro Oh.

-¿Joven Xiao? 

LuHan asintió con la cabeza, intentando no sentirse intimidado por aquel hombre alto. 

-Sí, empezamos a salir juntos tras la muerte de mi madre, pero las cosas no nos fueron bien. 

-No hace falta que me dé detalles. Como sabe, mi hermano murió en un accidente de coche sin dejar testamento y...

-Yo no espero nada de JooWon. 

-¿Ah, no? 

-No. Se portó muy bien conmigo cuando mi madre murió, pero enseguida me di cuenta de que no había sitio para mí en su mundo. 

-¿Por qué? 

-Porque... —LuHan vaciló, acongojado al recordar la noche que rompió con él para siempre —. Teníamos valores diferentes. Yo quería que el niño creciese de otra manera. 

-Pues tomó la decisión un poco tarde, ¿no? 

-Sí, desde luego. Pero puedo centrarme en el niño o en mis propios fracasos. Y centrarme en mis fracasos no ayudaría nada. Y como yo no esperaba nada de JooWon, usted no tiene por qué... 

-Ahí es donde no estamos de acuerdo —lo interrumpió él, volviéndose hacia el hombre que lo acompañaba —. SiWon, ¿me das los papeles? joven Xiao, le presento a Choi SiWon. Supongo que lo reconocerá porque ha llamado a su puerta un par de veces esta semana. 

LuHan lo reconoció enseguida. 

-Le pido disculpas. Vivo solo y no suelo abrir la puerta a personas que no conozco. 

-Entiendo —asintió él. Y a LuHan le pareció ver un brillo de compasión en sus ojos —. Aquí está, SeHun —dijo luego, sacando unos papeles de una carpeta. 

-Es un sencillo documento. A cambio de un millón de dólares ahora mismo y otro millón cuando el niño cumpla veinticinco años, acepta usted rechazar cualquier derecho sobre la herencia de mi hermano. En caso de fallecimiento... o si no educase al niño como es debido, acepta concederle la custodia a una persona responsable que elegiría yo mismo. 

LuHan se quedó boquiabierto.

-¿Cómo dice? 

-Todo está ahí —insistió SeHun —. Sí tiene alguna pregunta...

Temblando de rabia, LuHan dio un paso atrás. 

-¿Está usted loco? 

-Debería haberlo imaginado —suspiró SeHun —. Ya te dije que querría más dinero. 

-¿Es que no me ha oído? Yo no esperaba nada de JooWon y desde luego no espero nada de usted. Y si cree que voy a dejar que otra persona críe a mi hijo, es que no sabe con quién está hablando. 

-Esa cláusula existe para proteger a su hijo en caso de fallecimiento o en caso de que tuviera usted... costumbres peligrosas —SeHun dejó los papeles sobre la mesa —. Piénselo. Estoy dispuesto a negociar la cantidad... dentro de lo razonable. 

LuHan tomó los papeles y los puso en su mano, furioso. 

-He dicho que no quiero saber nada. 

-El drama es innecesario, joven Xiao. Cuesta mucho criar a un hijo y no será fácil hacerlo solo. Piense en las necesidades del niño. ¿De verdad quiere rechazar un dinero que le sería de gran utilidad?

-Lo que quiero es que se marchen de aquí ahora mismo —le espetó.

-Muy bien. Estaremos en contacto. 

En cuanto los dos hombres salieron de su apartamento, LuHan echó el cerrojo. Humillado e insultado, volvió al salón y empezó a pasear de un lado a otro. ¿Quién se creía que era, yendo a su casa para hablarle en ese tono? 

Claro que, había algunas cosas que no le hacían quedar muy bien, por ejemplo, haber mantenido una relación con JooWon y el hecho de que estuviera embarazado. Pero todo el mundo cometía errores en la vida. La solución era asumirlos y hacer lo posible por sobrevivir con lo que uno tenía. 

Aunque él no había querido quedarse embarazado, estaba decidido a ser el mejor padre posible para su hijo. A pesar del miedo y de la inseguridad, desde el momento que supo que esperaba un hijo se había sentido menos solo. 

LuHan entró en la habitación que había destinado para el niño y respiró profundamente, intentando animarse. Además de darles una mano de pintura a las paredes, había comprado una preciosa cuna de madera de arce... sobre la que ya había colocado un móvil musical con mariposas de colores. Y con el próximo sueldo pensaba comprar sábanas y mantitas de color azul. 

Llevándose de nuevo la mano al abdomen, pensó en Oh SeHun. Nunca había conocido a un hombre como él. Arrogante, insultante, grosero... Al menos con él. Pero no podía negar que, en circunstancias diferentes, se habría sentido fascinado por él. 

Claro que también le fascinaban los leones y jamás se le ocurriría meterse en una jaula con ellos.

[•••••]

 

 

-Parece que todo ha ido muy bien —dijo SiWon, irónico, mientras iba con SeHun hacia el Ferrari negro. 

Soltándose el nudo de la corbata, SeHun abrió la puerta del coche y se colocó tras el volante. Le gustaba conducir. Le daba la sensación de tener las cosas controladas. 

-Maldito sea JooWon —murmuró—. Iba a tener un hijo, por Dios bendito. Ni siquiera se le ocurrió hacer testamento. 

-Llevas mucho tiempo solucionando los problemas que ocasionaba tu hermano —suspiró SiWon —. Y por curiosidad... ¿tenías que ser tan antipático con ese chico? 

SeHun conocía a SiWon desde que era un niño y ésa era la única razón por la que le permitía hablarle en ese tono. 

-Es que me ha sorprendido —contestó, cambiando de marcha para entrar en la autopista —. Yo esperaba uno de esos chicos…

-Ya te dije que era dentista. 

-Sí, pero pensé que era un interesado —SeHun sacudió la cabeza — . La verdad es que parece un chico normal. Y, a pesar del embarazo, se nota que tiene un cuerpo precioso. Pero es tan... ¿Te has dado cuenta de que llevaba unas zapatillas de conejitos?

SiWon soltó una carcajada.

-¿Cómo no iba a darme cuenta? 

-No llevaba maquillaje y su pelo es rubio natural. No tiene nada que ver con el tipo de persona que solía gustarle a mi hermano.

-Pues debió de ser su tipo en algún momento. 

SeHun sintió una opresión en el pecho. ¿Cómo se habría encontrado JooWon con un chico así? Un chico como él no debería ser abandonado...

-Sí, tuvo suerte. 

Xiao LuHan poseía esa irresistible mezcla de dulzura y sensualidad que todos los hombres deseaban. 

Y resultaba demasiado fácil imaginar cómo sería sentir esos labios suyos por todas partes... 

SeHun sacudió la cabeza. Nunca se había sentido atraído con las personas que salía su hermano.

-Se ha enfadado mucho con mi oferta —dijo, sonriendo. 

En realidad, parecía a punto de arrancarle los ojos y esa reacción le había parecido extrañamente atractivo. Pero él sabía que todo el mundo tenía un precio. Incluso un rubio de mejillas sonrosadas, labios generosos y ojos mieles que destellaban cuando estaba furioso.

-Aceptará el dinero, ya lo verás. Tarde o temprano lo aceptará. 

Además de cargar con los errores profesionales y personales de su padre, SeHun había trabajado sin descanso durante los últimos diez años para reconstruir el prestigio y el patrimonio de la familia. Tras la fusión de Hoteles Park con la empresa Oh, el valor de las acciones de la compañía estaba por las nubes y SeHun estaba decidido a ser el próximo presidente de la corporación Park-Oh.

Nada lo detendría. 

Y menos un rubio que, por esas cosas de la vida, estaba esperando un hijo de su difunto hermano. 

[•••••]

Al día siguiente, mientras salía de la clínica dental en la que trabajaba, LuHan hizo una mueca de dolor al flexional los dedos. Choi TaeHee, un niño de tres años, no podía resistir la tentación de morderlo. Aunque siempre llevaba guantes de látex, no le protegían de los mordiscos del niño. 

Trabajaba hasta tarde tres noches por semana por dos razones: una, porque ganaba más dinero trabajando a partir de las cinco y dos, porque no tenía nada mejor que hacer. Él no solía salir de fiesta. Había dejado atrás aquel breve y loco período de su vida. 

Sacando las llaves del bolso, se dirigió hacia su viejo auto. Pero cuando iba a entrar, dos hombres aparecieron delante de él. Debían de tener unos veinte años y se parecían tanto que tenían que ser hermanos.

-¿Xiao LuHan? —preguntó uno de ellos.

Su rostro le resultaba familiar. ¿Sería un amigo de JooWon?

-¿Por qué lo pregunta?

Él dio un paso atrás, pero los dos hombres dieron un paso adelante.

-Porque esperábamos que pudiese ayudarnos.

-¿Yo? —LuHan se aclaró la garganta —. ¿En qué podría ayudarlos? 

-Estamos aquí por JooWon —dijo uno de los hombres —. Dejó unas deudas sin pagar y como sabemos que eran ustedes muy amigos... hemos pensado que podría ayudarnos.

-Yo rompí con JooWon hace mucho tiempo. 

-No antes de que lo dejase embarazado —dijo el otro —. Ese niño debe de valer algo para la familia Oh. JooWon tiene que haberle dejado algo.

LuHan se echó a temblar. 

-No me dejó nada. Mire mi coche, tiene más de diez años. ¿Tengo aspecto de estar nadando en la abundancia?

Los dos hombres se miraron.

-A lo mejor intenta disimular.

-Por favor, déjenme en paz. Yo no tengo nada. 

-Sería más fácil dejarlo en paz si tuviéramos dinero —uno de los hombres sacó una tarjeta del bolsillo y dio un paso adelante.

Él quería salir corriendo, pero sus pies parecían pegados al pavimento. 

-Llámeme si encuentra algo —le dijo, poniendo la tarjeta en su mano —. Volveremos a verlo, en caso de que se le olvide. 

LuHan, con el corazón acelerado, vio alejarse a los dos hombres. ¿Durante cuánto tiempo estarían persiguiéndole? ¿Y cuántos socios de JooWon iban a aparecer en su puerta? 

Quizá debería irse de la ciudad, pensó mientras subía al coche. Pero entonces perdería su trabajo y, además, le gustaría mantener los pocos amigos que había hecho desde que vivía en Seúl. La idea de verse rodeado de extraños después de tener al niño lo asustaba. 

Cuando llegó a casa tomó un vaso de leche y se puso una camiseta sin mangas y un pantalón corto. 

Luego, con objetivo de ahogar sus turbadores pensamientos, encendió la televisión para ver algo que lo entretuviese. 

Cinco minutos después sonó el timbre. Suspirando, LuHan se levantó, esperando que fuera su amigo MinSeok. Pero la luz del pasillo estaba apagada y, cuando puso el ojo en la mirilla, sólo pudo ver la sombra de un hombre alto.

-¡Váyase! No tengo dinero. JooWon no me dejó nada.

-Joven Xiao...

LuHan inmediatamente reconoció la voz de Oh SeHun.

-¿Me deja entrar?

-Pues... es que no estoy vestido para recibir a nadie.

-No tardaré mucho —insistió él.

Suspirando, LuHan abrió la puerta.

-No creo que usted y yo tengamos nada que hablar... 

SeHun pasó a su lado. Llevaba un traje oscuro que seguramente costaba más que su coche. Viéndolo otra vez entendió por qué JooWon estaba tan resentido con su hermano mayor. SeHun era más alto, más ancho de hombros y tenía la seguridad de doce hombres. LuHan sospechaba que era el tipo de persona que tomaba el control en cualquier situación. Pero, a pesar de sus duros rasgos, había algo muy sensual en la forma de sus labios. Y el brillo de sus ojos dejaba claro que no era un hombre frío en absoluto. 

No, no había nada infantil en Oh SeHun. Era un hombre y buscaría a alguien tan seguro de sí mismo como él. Y tan atractivo o atractiva como él, LuHan sabía que él nunca daría la talla.

-¿Por qué decía lo de JooWon y su dinero? 

-Porque desde que JooWon murió algunos de sus... amigos me han estado pidiendo que pagara sus deudas.

-¿Usted? ¿Por qué? ¿Tenía algo que ver con sus negocios?  

-No, nada en absoluto. Ya le dije que había dejado de ver a JooWon porque me di cuenta de que no teníamos los mismos valores —LuHan recordó aquella terrible noche y cerró los ojos, intentando apartarle de su mente —. Sólo estuvimos juntos cuatro meses.

-Tiempo suficiente para quedar embarazado.

Ofendido por el tono, él lo fulminó con la mirada. 

-Por si no prestó atención en las clases de Biología, no hace falta estar cuatro meses con un hombre para quedarse embarazado. Sólo hace falta una vez, un error —LuHan sacudió la cabeza —. Mire, yo no le he pedido que viniera a mi casa a insultarme ni a ofrecerme dinero ni a amenazar con quitarme a mi hijo si no le gusta cómo lo educo.

-Su hijo... de modo que es un niño.

-Sí, es un niño.

-¿Cuántos hombres han venido por aquí pidiendo dinero? 

-No lo sé. Normalmente vienen de dos en dos, pero dejé de abrir la puerta porque no conocía a ninguno.

-Y esto ha ocurrido... ¿cuántas veces, tres, cuatro? 

-No, más bien siete u ocho. Y dos hombres me pararon en el aparcamiento esta tarde cuando salía de la clínica en la que trabajo. 

-No debería quedarse aquí —suspiró SeHun —. Puede alojarse en mí casa. Tengo diez habitaciones y un equipo de seguridad... 

-¿Cómo? No, no, de eso nada. Esos hombres dejarán de molestarme cuando se den cuenta de que no tengo dinero. 

-Pero es que lo tiene. Tiene usted el dinero de los Oh creciendo en su vientre. ¿Alguno de ellos le ha dado una dirección, un teléfono de contacto?

-Sí, hoy me han dado una tarjeta.

-¿Le importaría enseñármela? 

LuHan sacó la tarjeta del bolso y SeHun la miró un momento antes de guardársela en el bolsillo de la chaqueta.

-Muy bien, le diré a SiWon que investigue.

-No creo que haga falta. 

-Joven Xiao, usted tuvo una relación con un Oh y la familia Oh es una familia poderosa. Y, por lo tanto, está siempre en el punto de mira de algunos indeseables. Si de verdad le importa su seguridad y la de su hijo, debería venir conmigo.

Él negó con la cabeza.

-Acabo de conocerlo. ¿Por qué iba a irme a su casa? 

-Porque allí estaría a salvo —contestó él, impaciente —. ¿Cree que esa puerta podría detener a alguien que estuviera decidido a entrar por la fuerza?

LuHan tragó saliva. Pero se negaba a dejarse amedrentar.

-Está intentando asustarme.

-No, sólo estoy intentando protegerlo. A usted y a mí sobrino. 

Aquel hombre parecía querer hacerse responsable de todo... al contrario que JooWon. ¿Podían dos hermanos ser más diferentes?

-¿Y cómo sé que no es usted como él? 

-¡Como quién, como JooWon? — SeHun sonrió, irónico —. No tengo nada que ver con mi hermano, se lo aseguro. Ni con mi padre. 

LuHan se preguntó qué querría decir con eso pero, por su expresión, sospechaba que había una historia amarga detrás de esas palabras. Una historia que él no quería conocer.

-Lo único que sé de usted es lo que JooWon me contó.

-¿Y qué le contó mi hermano?

-No sé si es buena idea que yo... 

-Muy bien, a ver si lo adivino. JooWon le dijo que no tengo corazón y que soy un déspota, aburrido y tremendamente ambicioso.

LuHan hizo una mueca. 

-No sé sí usó esas palabras concretamente, pero se refirió a usted como un hombre con el corazón de hierro. Decía que era despiadado. 

-Despiadado —repitió él —. Ese es el adjetivo que me faltaba. Y tenía razón, puedo serlo. No me dejo engañar ni convencer por nadie. Pero dígame, si fuera absolutamente frío y cruel, ¿Cree que me importaría la seguridad del niño?

Eso era cierto, pensó LuHan. Pero seguía poniéndole nervioso.

-No sé...

-¿Qué le dice el instinto sobre mí?

-La verdad, no me fío mucho de mi instinto.

Él lo miró, enigmático. 

-Entonces, tiene que tomar una decisión. Puede confiar en esos tipos que aparecen en su casa y que no van a dejarlo en paz... o puede confiar en mí. 

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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Uy que delicado que es Sehun 😤 odioso

2 años
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Zapatilla de conejitos aaaawww me imagino. A luhan todo furioso pero con sus zapatillas de conejitos me daria ternura

2 años
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Mocoso, como te atreves a morder a mi luhan? 👹

2 años

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