"éxtasis" •Moon Woo [2023] por JAQUIIALEWORLD13 en Inkitt
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"Éxtasis" •MoonWoo [2023]

Sinopsis

♦Advertencias: •Fanfic del Webcómic "Strangers From Hell". •Contenido homosexual/gay. Si eres homofóbico o no te gusta la pareja entonces no leas algo que no te guste. •Pareja principal: Jong-woo & Moon-jo. •Leves errores de ortografía. •Mencion de drogas. •NO ROMANTIZAR ninguno de los escenarios dentro de la obra. •Lectura para mayores de 16 años. Habrá fuerte contenido sexual/adulto. Palabras obscenas y vulgares. Si eres menor y quieres leerlo queda bajo tu responsabilidad, con advertencia no hay engaño. •No se aceptan copias ni plagios o serán gravemente denunciado. •Historia meramente porno. •One-Shot/Historia de una Sola Parte (+6000 palabras) •No se aceptan copias, plagios ni adaptaciones. Comentarios de Spam y Odio serán eliminados y denunciados.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
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Clasificación por edades:
18+

Éxtasis

⊙⃝⃤⃞ ...

Después de ese evento, nunca más volví a ser el mismo. Mi actitud cambió drásticamente de la noche a la mañana. Decidí internamente en ese lapso que guardaría silencio y de mi boca jamás salió una palabra.

Las personas de mi alrededor poco a poco fueron alejándose. A Pesar de que no causaba ningún problema, el trato hacia mí era distinto la mayor parte del tiempo. Traté de seguir con mi vida ignorando lo que ocurría sobre mi relación con ellos, de conocer a nuevas personas y olvidarme de ello.

Todas las noches llegaba al dormitorio e iba directamente hacia él, que me daba un abrazo y un beso de bienvenida. Nunca sentí tanto consuelo cómo cuando él me brindaba refugio en sus brazos. Realmente era el único que lo hacía, el único que me escuchaba y me hacía compañía.

Dejé de temer. Los acontecimientos extraños sucedían con menos frecuencia y por breves momentos me sentía muy bien, cómo nunca.

Me sumergí en mi propia burbuja abstrayendome de la realidad. En una relación caótica con un hombre alto, con una melena larga y pelinegra, con su forma de vestir y actuar tan extravagantes. Todo era, desde luego, excéntrico.

Una vida totalmente nueva para mí en un ambiente muy diferente a lo que estuve acostumbrado.

Cada vez que veo su rostro, veo a una persona completamente diferente de aquél monstruo que tanto aborrecía. En cambio, hay un hombre aparentemente lindo que me sonríe con ternura cada vez que me mira.

Por la calle robaba miradas y suspiros de personas de su misma calaña. Me parecía muy curioso y a la misma vez me sentía estúpido por no haberlo notado antes. Llegué a creer que alguien más suplantó su identidad... No quedaba nada de aquella persona aterradora que atormentaba mis sueños y mi estadía.

Teníamos momentos íntimos todas las noches. No exclusivamente sexo, sino algo más que eso. Desarrollé una fuerte atracción hacia él sin entender el verdadero porqué, si se suponía que le temía y mi corazón le pertenecía a una bella mujer.

Ya que lo analicé a fondo llegué a la conclusión de que era imposible no enamorarse de él en ese punto. Me estaba ofreciendo algo que jamás había relucido a lo largo de mi vida.

Mi excusa fue que era su culpa, que me había atrapado y me sentía incapaz de dejarlo. Así quitaba de mis hombros la gran parte del peso que llegué a experimentar, dándosela a alguien más.

De vez en cuando puedo sentir su penetrante mirada cuando me espía por el pequeño agujero de la pared, que divide nuestras habitaciones.

Eso dejó de molestarme. Ya que le había mostrado mi intimidad, mi estadía se convirtió en algo agradable, o más bien, pasable. Me tratan con un poco más de respeto.

Estoy feliz de verlo por la calle. No pierdo el tiempo, tomo su brazo y caminamos juntos. Aunque no lo demuestre abiertamente estoy perdidamente enamorado de él.

El tamaño de esos pequeños cuartos me volvían loco, pero, la simple presencia de él era suficiente para volver a tener un rayo de vida.

Deposité tanta confianza en él que me dejé caer totalmente en sus brazos y creía todo lo que me decía. Sentía que era un Dios...

Ese día en especial no tuve problemas en huír a su lado. Perdernos por ahí e ir a beber y tal vez bailar un poco. Era la primera vez que consideraba un día de fiesta algo más cercano a una cita.

Nunca cuestioné algo sobre su edad, en realidad me ahorraba mis preguntas todo el tiempo. Al ver que lo dejaban entrar a la discoteca sin ningún problema, confié en que era alguien contemporáneo. De todos modos no se ve exactamente muy viejo.

Afortunadamente la noche era joven y no me importaba dejar que un pez más pequeño volviera al mar si eso significaba atrapar uno más grande, por así decirlo.

Él tenía derechos sobre mí que nadie más tenía, pero, dentro de mí todavía estaba confundido. Sabía muy bien que éramos un tipo de pareja sentimental por todo lo que habíamos pasado. Igualmente tenía impulsos de vez en cuando de tal vez conocer a alguien más y huir.

Por supuesto, esto nunca sucedió. No tengo demasiado interés por alguna chica, o ahora, chico.

Seo parecía estar cansado por el trabajo y yo igual lo estaba. Aunque tenía ganas de convivir, él no quería. Trataba de convencerme en vano de quedarme donde estábamos.

Desobedecí totalmente. Al fin y al cabo soy un chico joven... Estaba ansioso de explorar.

No tuvo más remedio que seguirme a donde quiera que fuera. Incluso al baño. No tenía muchos motivos para hacerlo, podía cuidarme solo, pero, tampoco le vi lo malo.

Pasamos las próximas horas circulando entre el bar y la pista de baile, donde lo incitaba a bailar y divertirse. Era un poco gracioso verlo esforzarse en eso, también me pareció muy tierno. Aunque no lo hizo por mucho tiempo. Me hubiera gustado haber bailado con él un poco más, enseñarle, quizá.

Tuve la oportunidad de acercarme a algunas personas más. De todos modos nada evolucionó a nada más que una pequeña charla gracias al desinterés de formar un vínculo.

Hubieron algunas cuantas chicas interesadas en mí y en mi querido acompañante. No les correspondí demasiado y no me arrepentí de rechazarlas.

Igualmente Seo les daba la vuelta. Su manera de hacerlo era interesante... No escuché lo que les decía, pero terminaban por irse por su cuenta, con una expresión de desconcierto o incomodidad.

No lo entendí muy bien en ese momento. Pensé que las había asustado con algún comentario fuera de lugar. Él podía fácilmente ser un celoso y yo no lo sabría.

No éramos tan abiertos cómo para que sospecharan que teníamos algún tipo de relación íntima, pero tampoco mantuvimos distancia. Parecíamos muy buenos amigos y nos lo hicieron saber en algunas ocasiones.

Ésto parecía molestarle. Por breves momentos se ponía muy cariñoso conmigo, me daba algunos cuantos besos y me abrazaba por mucho tiempo. No duraba mucho así por razones externas; gente que quería llevarme a otro lugar, charlatanes y mi propia energía.

De todos modos sostuve su mano por bastante tiempo.

Noté que miraba de maneras muy cuestionables a quienes se me acercaban. Se mantuvo muy callado durante esos ratos donde algunos chicos y chicas se me acercaban.

Creí que era normal que él los mirara tan mal. Después de todo, supongo que yo también miraría mal a quien quisiera llevarse a otro lugar a mi pareja.

Ni siquiera estaba borracho todavía y estaba listo para regresar al dormitorio y llamar a la noche cómo una salida cómo cualquier otra.

Hasta que una chica energéticamente se acercó a mí. Emanaba confianza y tiraba mucha personalidad. La acepté inconscientemente. Solamente se presentó conmigo y me preguntó mi nombre. No note ninguna amenaza, así que me quedé charlando con ella.

Seo, quién estaba a mi lado, desapareció de repente. No me dí cuenta.

Al estar charlando con la chica, su tema de conversación me atrapó y no dudé en seguir a su lado. Sentía cómo si fuera una amiga más, lo cuál no era común que pasara.

Después de varias horas, la chica comenzaba a acercarse mucho más a mí. Bailamos juntos y bebimos. En cierto punto empezó a ser cariñosa conmigo y no me molestaba. Pensé que así era su personalidad.

Entonces se acercó a mi rostro. Antes de que pudiera reaccionar, ella miró por encima de mi hombro y con una mirada temerosa se despidió. Salió huyendo despavorida zapateando torpemente con sus altos tacones.

No tuve la oportunidad de despedirme. Tampoco noté que algo estuviera mal, solo me sentí confundido por su extraña huída.

Me quedé sólo por al menos una hora. No había señales de Seo. Creí que estaba fumando afuera o que estaba el algún otro lugar y que llegaría pronto. Permanecí muy tranquilo, ya que vivíamos en el mismo lugar. Tenía el suficiente dinero para irme cuando quisiera y no me preocupé.

Durante ese tiempo me dediqué a intercambiar algunas palabras con el cantinero. Rato después entregó en mis manos una bebida cristalina con un muy leve color rosado, de lo que él llamó un admirador secreto. Lo tomé con curiosidad y miré a mi alrededor para ver si podía encontrar a la persona, pero en la sala llena de gente eso era imposible.

Técnicamente sabía que no debía beber algo que no había estado ordenando yo mismo o que no había vigilado en todo momento. Probablemente debería haber dicho que no, gracias, y regresar corriendo al dormitorio. Quizás eso me hubiera permitido pasar la noche sobrio y estar consciente de todo. Pero no lo hice.

Antes de beberlo, lo olí tratando de percibir el aroma que le eludía, pero, solo inhalé el alcohol que me ardió desde la nariz hasta los lagrimales. Con todo y los ojos llorosos, le di un sorbo y sabía sorprendentemente bien. Dejando un gusto peculiar y enigmático en mi paladar que no pude reconocer.

Escéptico de aquella delicia, no me tomó mucho tiempo en acabar con ella. Traté una vez más de encontrar a quién que me había comprado la bebida, pero tuve que rendirme cuando mis ánimos comenzaban a bajar.

No me di cuenta en ese momento de que estaba demasiado cansado para estar realmente cansado de forma natural.

Gracias a la gran fuerza del universo, de Dios, o no sé quién, mi querido acompañante se apareció a mi lado cómo por arte de magia.

Se había quitado el saco y lo llevaba cuidadosamente doblado en su brazo. Es el único detalle que recuerdo sobre su aspecto en ese momento, ya que se veía muy sexy y elegante... Esa imagen tan agradable se quedó tatuada en mi mente.

Decidí hacerle saber que quería irme. Él no me preguntó el porqué, simplemente asintió, tomó mi brazo y salí a trompicones del lugar.

Al estar fuera, sentí que aceleró el paso y me iba arrastrando junto con él. Traté de seguir su ritmo, pero no llegué muy lejos. A solo unos cientos de pies del establecimiento, tuve que detenerme por un momento. Puse una mano contra una pared y cerré los ojos por unos pocos segundos tratando de hallar alivio. Un dolor extraño nació en mi pecho y eventualmente se extendió por todo mi cuerpo.

No podía identificar el malestar que me estaba invadiendo. Tampoco, pude saber exactamente qué me dolía. Y, de un segundo a otro, el dolor se convirtió en un tipo de impulso sexual.

Me sentía muy excitado, muy débil a la vez. El calor de mi cuerpo provocaba una desagradable fatiga que provocaba una falla en mis piernas, al no tener la fuerza suficiente para levantarlas. Por curiosidad miré el rostro de mi quizá, ahora novio, que me miraba muy fijamente con una gran sonrisa.

Tomó mi brazo y trató de convencerme de seguir caminando para irnos lo antes posible. Me sorprendió el comportamiento errático de su parte. Me volví loco. A mis ojos, lo vi cómo el hombre más guapo jamás creado y un fuerte deseo de que él me tomara apareció. Obligándome a mí mismo a obedecer y a poner a prueba mis síntomas para así poder seguirlo.

No recuerdo todo, sí lo suficiente. Supe después que fui drogado, aunque, nunca supe si él fue quién lo había hecho.

Estoy bastante seguro de que tocó mi trasero durante la caminata, pero realmente no comenté al respecto. Ni siquiera estaba seguro de no haberlo soñado o si yo mismo había llevado su mano a mi trasero. Sin embargo, tuve que detenerme ya que casi me desmayo por el cansancio.

Rapidamente, él, en ese momento, el amable hombre, me rodeó con ambos brazos y se aseguró de que no me cayera. Claro que no me caí de bruces en la acera.

Iba muy feliz a su lado. Me gustó estar cerca de él y poder sentirlo en mis manos. Le acaricié sus partes íntimas y le ofrecí mi cuerpo, de lleno, a mitad de la calle. En mi mente solo existía Seo y nadie más. Todo era color de rosa. Aunque siendo realista, iba literalmente tocándole el pene por encima del pantalón todo el tiempo, acción que ninguno de los dos intentó tan siquiera disimular o detener.

Cómo cualquier hombre, reaccionó con los estímulos. Acariciaba a su ahora gigante y poco disimulada erección con cierto cariño. Lo abrazaba, besaba su mejilla y le repetía que lo amaba cada vez más... O al menos eso quería expresar diciéndole que ansiaba follarlo y dejarlo seco.

Los transeúntes nos miraban cómo sí estuvieran presenciando un asesinato. Adultos mayores me escaneaban de arriba a abajo y seguían con la mirada. Sabía que en el fondo de su podrida cabeza pensaban que era algún tipo de sexo servidor. Si había alguna probabilidad de eso, no me extrañó que lo hicieran. No me esforcé en demostrar lo contrario.

Nadie intervino, solo nos miraron existir.

Lo siguiente que viene a mi memoria es la acción de nosotros dos entrando a un taxi. Me derrumbé dentro, sobre los asientos traseros, y mi hombre me ayudó a acomodarme mucho mejor. Después él entró seguido de mí y cerró la puerta.

El taxista emprendió camino y Seo dio una dirección de un lugar que no reconocí. Durante el camino nunca se despegó de mí, rodeaba mi cuerpo con su brazo ofreciéndome un lugar cómodo en donde poder recargar mi cabeza. Actuaba tal cual cómo una pareja; tan preocupado y considerado.

Esa sensación confortable de ser abrazado revive cada vez que lo recuerdo.

Me acurruqué en sus brazos. Durante el camino mantuve mis ojos cerrados, pero, sin dejar de luchar contra la asquerosa fatiga y la sensación de desmayo.

Los minutos de camino se hicieron eternos. Mi acompañante hablaba con el taxista sobre ciertos temas que, no podía comprender y me di cuenta de que tenían códigos en su charla.

No pensé nada malo sobre ello, quizá solo se conocían y querían hablar tranquilos usando un doble sentido para poder sentirse cómodos en mi presencia.

Al llegar, observé curioso por la ventana, y me topé con un lujoso hotel situado a las afueras de la ciudad. Un lugar al que no estaba familiarizado. De inmediato me puse nervioso y mi borrachera bajó en un instante.

Aún así esa sensación de pesadez y cansancio seguían molestando mi existir. Al bajarme del vehículo veía estrellas y estuve a punto de caer. Seo todo el tiempo estuvo ahí para mi rescate.

Recuerdo haber estado tan nervioso que no fui capaz de mirar al frente. No supe qué habrá pasado en el trayecto dónde caminábamos por el largo pasillo hasta llegar a la habitación, o antes de eso. Lo único que sabía era que él me guiaba tomando mis hombros y de mí caer rendido sobre la gran y cómoda cama, dejando que el mundo rodara.

No pasó mucho tiempo cuando se apresuró a quitar mi ropa. Al bajar mi ropa interior, se reveló la erección de la que ni siquiera tenía idea. Estaba tan duro cómo una piedra y al momento de mirarla, el dolor de tenerla se vino de cantazo.

Igualmente presencié cómo se quitó la ropa para exponerme su atractivo cuerpo. Fue un espectáculo digno de ver, su gran polla dura se veía jugosa y apetitosa.

Se abalanzó sobre mí y desesperado tomó mi cuerpo, tratándome cómo su presa. Se concentró sobre todo en mis pezones, pecho, cuello e incluso levantó mis brazos y lamió mis axilas. Me dejó atónito, aunque, cualquier toque era suficiente para hacerme temblar, así que jamás me quejé de sus aparentes fetiches.

Estaba tan excitado que la vergüenza no existía en mi criterio. Se metió entre mis piernas e hizo lo mismo con mis muslos. Mordió y succionó la sensible piel de mis ingles, para después lamer mi pene energéticamente e introducirlo en su boca. Practicó sexo oral con tanta hambre que me provocaba un escalofrío tras otro.

Me retorcí. Era tan intenso que deseaba que se detuviera y me dejara respirar. Recuerdo haber apretado levemente su cabello con ambas manos, más no lo empujé cómo quise haberlo hecho... No tenía la suficiente fuerza para hacerlo, fue patético.

Sacó mi pene de su boca y fuertemente dijo que me quedara quieto, que él se encargaría de todo. No estuve muy contento con la condición, pero no tenía más opciones, así que asentí tímidamente. Me dolían las bolas.

Él se arrodilló sobre la cama, a una distancia considerable cerca de mi cara. Quería que viera su gran polla masturbándose, era hipnotizante. No sería tan malo, pero se veía tan jodidamente sexy. Últimamente se cubre todo el cuerpo con su ropa, pero de alguna forma muestra su figura que hace alarde a sus encantos. Se excitó mucho poniéndome duro... ¡Tenía unas increíbles ganas de montarlo lo más pronto posible! Me desesperaba no poder levantarme para hacerlo.

Acercó su gran miembro a mis labios y no dudé en usar mi lengua. Lamí en círculos y besé la punta a mi ritmo. Poco a poco fue introduciéndose. Extrañamente, estaba babeando mucho. Con ayuda de mi excesiva saliva, se deslizó hasta el fondo de mi garganta sin dificultad.

Nunca supe qué clase de droga era, ya que con mis pocos conocimientos sobre drogas supuse que mi boca debería estar más seca que un desierto. Quién sea que haya creado esa mezcla, había convertido mi persona en una enorme zona erógena.

Usó mi cabeza cómo un juguete sexual mientras follaba, abusaba de mi boca sin piedad. Estocadas fuertes, rápidas y desesperadas de apagar su lujuria, utilizando lo que le quedaba a la mano.

No tuve arcadas. Estaba tan relajado que los fuertes empujones por mi garganta parecían suaves caricias, una muestra de amor sincero. Esa sensación de su pene rozando en mi lengua y entrando por mi esófago era gratificante como tan satisfactoria.

No quería que se acabara. Estaba experimentado lo que era entrar al paraíso. Tenía mucho placer... Quizás demasiado. Mi pecho dolía por mi corazón latiendo con rapidez y mis extremidades hormigueaban con cada roce. Creí que moriría de un ataque al corazón.

Entonces, una gran carga de semen fue depositado en mi garganta, el cuál tragué sin ningún problema. Caliente, abundante y de un sabor salado como amargo.

Acarició mi piel y me masturbaba. Estaba obsesionado con acariciar mi polla dura mientras me besaba, no le importaba mezclar fluidos en lo absoluto.

Su preferencia al tener intimidad es muy sucia...

En un momento cerré mis ojos y al mirar nuevamente, pude presenciar cómo pasaba su lengua en la punta de mi miembro una vez más. Se subió a horcajadas sobre mí, haciendo alusión con señas y leves movimientos de que iba a montarme. Después se rió y se apartó. Fue muy extraño, pero en ese momento lo vi cómo lo más excitante del mundo. Ahora me parece curioso, tal vez un poco gracioso... No lo llamaría espeluznante, solo un gusto extravagante...

Fueron pocos segundos en donde se apresuró para abrir mis piernas, lo hizo más que pudo. Se puso en posición y sin pensar penetró fácilmente. No hubo necesidad de dilatar mucho antes, pero no fue algo que se cuestionó. Ya que, casi inmediatamente, comenzó follarme como un animal en celo en busca de impregnar a su hembra.

Sus movimientos no se limitaron en lo más mínimo, entraba y salía introduciendo hasta el último centímetro de su gran trozo de carne. Su pubis golpeaba contra mi trasero muy fuerte, fue cómo dar fuertes nalgadas sin usar las manos, ¡era fantástico!.

En medio de todo ese placer experimenté por primera vez una amnesia. Olvidé por completo en donde estaba. De repente estaba desnudo teniendo espasmos y orgasmos sin parar debajo de él.

Mi sudoroso cuerpo y mis sensaciones fueron llevados hasta un nivel tan extremo que no podía apretar ni reaccionar. Cada estocada bombeaba mi recto y me orgasmeaba con cada movimiento, bombeo y golpe.

Se sentía tan bien que no quería separarme de Seo y tampoco se me pasó por la mente esa posibilidad. Cómo pude lo envolví con mis piernas y lo acerqué a mi rostro, empujando su cabeza hacia mí.

Él, cómo un hombre obediente, se dejó caer suavemente. Le hice parar y lo abracé con intenciones de no soltarlo jamás. Le repetí tantas veces que lo amaba que perdí la cuenta...

Lo amaba tanto que quemaba y me seducía la idea de que fuera de mi propiedad.

Quería morder su cara, apretarlo, rasguñar su piel, quería gritar de éxtasis... No lo entendía.

Me pidió que sacara mi lengua y yo gustoso lo hice sin dudarlo, e introdujo la suya en mi boca. No le importaba que acabaramos de practicarle sexo oral al otro, solo me besó y fue el beso más húmedo e incómodo de ver que experimenté hasta ahora.

El olor y el sabor a alcohol venía perfecto con el ambiente.

Chupó y succionó mi lengua cómo si de una paleta se tratase. Escupió y batió nuestra saliva dentro de mi boca, derramándola por mi mentón y sobre mi pecho. Ahora lo que pienso, es asqueroso, pero no me importa.

Unió sus labios con los míos y me besó una vez más antes de separarse de mí agresivamente. Se reincorporó y siguió embistiendo mi trasero sin piedad. Ya no pude contenerme. Comencé a rasguñar mis propios muslos por la ansiedad.

En ese momento, mis músculos perdieron la gran parte de su fuerza y me comencé a sentir muy mal. Me faltaba el aliento. Estaba a punto de desmayarme también. Todo lo que había hecho antes me estaba pasando cuenta. Dejé de moverme completamente.

Su ritmo aumentó y me desmayé por unos cuantos segundos, gracias a esos horribles síntomas. Mis músculos y articulaciones se volvieron de goma. Cuando menos me di cuenta, mis rodillas estaban al costado de mi cabeza. Me faltaba el aire por la presión de nuestro peso combinado contra mi pecho.

Él estiraba y tiraba de mis músculos sin tomar en cuenta sí mi condición física me lo permitía. Mis músculos se quemaban, quemaba mucho. Entonces, soltó mis piernas y me sometió con fuerza... No tenía mucho sentido, ya que no podía ir a ningún lado, pero pensé que era parte de su papel.

Aún así gemía cómo podía y rogaba por más. Era humillante, sin embargo, no lo veía así. Golpeaba sin parar mi punto más sensible, provocando que eyaculara muchas veces con sus constantes estocadas.

En ese punto no entendía del todo lo que me decía, lo único que podía recordar claramente eran unas cuantas frases, cómo: “te amo, cariño” y que repitió más de una vez: “ojalá se vaya al infierno” y me abrazaba con fuerza, pasando su lengua en mis orejas, empapandolas por completo...

Sin saber qué era a lo que se refería en cuanto al infierno, yo sonreía y le devolvía los cumplidos en medio del placer y los orgasmos.

Llenó mi rostro de besos y repetía que me amaba. Con eso me sentí deseado, amado... Mucha seguridad. Ignoré el hecho de que me apretaba con fuerza con sus manos, abriéndome lo más que podía con su enorme verga y que estaba experimentado mucho dolor físico.

Perdía poco a poco la conciencia mientras él manipulaba mi culo a su antojo. Mi vista se nubló. Lo último que recuerdo fue que me volteó y hundió mi pecho sobre la cama, sosteniendo uno mis brazos por detrás de mi espalda.

No había nada que someter, estaba muy débil y no podía hacer tan siquiera el esfuerzo de mantenerme firme. Mis piernas finalmente perdieron la batalla y mi cuerpo entero quedó aplastado bajo el suyo.

Me acercaba a mi clímax y empujó su polla lo más adentro posible. Se corrió profundamente dentro de mí. Dio unas cuantas estocadas más antes de sacar su pene y dejarme exhausto.

Recuerdo haber experimentado tanta ansiedad por no poder seguir. Sin moverme de mi lugar, me quedé profundamente dormido y no supe nada más.


Cuando desperté al siguiente día alrededor de las cuatro de la tarde, me encontraba en mi habitación, recordando por partes lo que había pasado. Mi espalda dolía y era doloroso sentarme. Estaba desnudo. Por la sensación, supuse que me habían violado mientras aún estaba inconsciente y mi cama lo comprobaba.

El suelo de mi pequeña habitación era un desastre. Prendas de ropa esparcidas por todos lados, mis zapatos y demás pertenencias hacían bulto en una esquina. No recordaba lo que había pasado en mi propia habitación y eso era un problema.

Al incorporarme con la intención de levantarme para ordenarlo todo, mis piernas y mi espalda dolieron tanto que me frenaron al instante, pero había algo más... Algo se filtró.

Lo toqué con mis dedos, y esperaba que solo fuera semen...

Para mi sorpresa, mis dedos se habían manchado de sangre. Manchando mis sábanas también.

Me desplomé de nuevo en la cama, consternado y muy confundido. Lloré durante mucho tiempo en silencio, hasta que pude calmarme. Después de ponerme de pie con dificultad, decidí lavarme antes de vestirme y volver a dormir...

Antes de que me arrastrará hasta el suelo, Seo entró en mi habitación sin previo aviso. Se ofreció a ayudarme, más no especificó en qué. Me negué rotundamente ya que mal interpreté su oferta, pensé que quería hacer algo más conmigo y no estaba dispuesto.

Además estaba muy afectado, avergonzado por la sangre y todo lo que había pasado hace pocos minutos. Se lo oculté hasta que no insistió más. Terminó por salir, cerrar la puerta y dejarme en paz, o eso creía.

Sin embargo, resultó ser mucho menos simple de lo que quería que fuera. Cualquiera que fuera la droga que había estado en mi bebida todavía no estaba fuera de mi cuerpo. Algo tan simple cómo caminar hasta la ducha y tallar mi cuerpo tomó mucho tiempo. Aparte del dolor, aún tenía ese fuerte impulso sexual.

Froté mis partes íntimas un par de veces hasta convencerme de no hacerlo. Tenía que limpiarme.

Al ponerme de pie mi cabeza dio vueltas. Mi estómago aún dolía y tenía mucha necesidad de vomitar. No permití que eso me detuviera, así que tomé mis cosas y salí con una toalla alrededor de mi cintura.

Mientras me duchaba pude ver los enormes moretones en mis piernas, torso y brazos, al igual que las mordidas. Dolía. Estaba masacrado totalmente y cualquier movimiento me parecía una tortura. Mis piernas temblaban, sentí que en cualquier momento me caería.

También, estaba cubierto de pegajosos fluidos y el semen mezclado con mi propia sangre se chorreó en mis piernas y recorrió camino hasta llegar a las pantorrillas. Me dio la impresión de que había actuado en una película porno muy violenta y surrealista. Definitivamente vació sus bolas dentro de mis entrañas. Mi culo chorrea varios fluidos, especialmente su semilla caliente y abundante.

Froté mi vientre con curiosidad, imaginándome lo que pasaba ahí dentro. Me puse a pensar cosas sin sentido mientras lavaba mi cuerpo demacrado. Me pregunté si lo que me estaba pasando era en realidad lo que se vivía con una pareja...

¿Acaso estaba mal en pensar que la vida en pareja era color rosa y llena de romanticismo? Fue un incrédulo.

No lo entendía. Llegué a pensar que todo lo que me enseñaron en casa y creí firmemente hasta ser un adulto, era una farsa.

De repente tuve ese presentimiento de que alguien me estaba observando. No le dí prioridad. Estaba tan concentrado en ducharme que no me di cuenta cuando volvieron a tomar una de mis prendas.

Sabía que había sido él, así que no me alarmé. Necesitaba sentirme cerca suyo en todo momento, según él. No me molestó en lo absoluto, podía quitárselo después. Estaba muy agotado para reclamar o pararme frente a su puerta. Ya me acostumbré a que él robara mis prendas más íntimas y en mis sospechas, las huele. Al principio me resultaba asqueroso, pero ahora me excita un poco, me hace sentir sucio.

Al salir, tuve que envolver la toalla alrededor de mi cintura una vez más, ya que lo que me había robado fue mi pantalón de pijama.

Llegué a mi habitación con la intención de descansar un poco. No tenía apetito, al contrario. Las nauseas y mareos persistieron.

Al entrar, me topé con Seo dentro de mi habitación; había cambiado las sábanas y ordenado un poco. Ahora, mis pertenencias estaban en su lugar. Me extrañó mucho, nunca me había ayudado a hacer eso. Cuando le pregunté, según él, el motivo fue que “había sido su culpa” y tenía que remediarlo.

Solo asentí y me recosté nuevamente mientras él recogía las cosas que quedaban. Me di la vuelta hacia el lado de la pared, dándole la espalda y me quedé dormido.

Pasaron las horas y dormía plácidamente, sin malestar alguno. La temperatura por debajo las cobijas era perfecta. Entonces, en un punto de la madrugada, desperté y me mantuve así unos cuantos segundos buscando a Seo en la habitación. Me di cuenta de que ya era muy tarde, y volví a quedarme dormido en tiempo récord.

Tuve lo que pensé que era un sueño húmedo... Dónde lamían mi polla...

Hasta que desperté nuevamente. Yacía boca arriba y seguía muy cómodo. Estuve consciente, más no abrí los ojos. Sentía el cuerpo muy pesado y el placer de recibir una felación...

En un intento de saber qué pasaba, abrí mis ojos y me encontré recibiendo sexo oral por parte Seo... Chupaba con energía. Lo bombeó y lo lamía cómo si fuera experto en el tema.

No era un sueño, en verdad pasó...

No podía ver su cara ya que su rebelde cabello me lo impedía, pero podía sentir su boca aún hambrienta comiéndome el pene. Que no se recogiera el cabello me hizo sentir un poco mal, ya que mi lado más morboso quería verle a la cara...

Tímido, aparté su cabello de su rostro. Se veía excelente cómo lo sospeché.

Sentí un cosquilleó y se me erizó la piel. Él dejó caer saliva sobre mi polla y comenzaba a mover su lengua hacia arriba hacia abajo sobre mis testículos y la base de mi pene... Mientras tanto, comencé a jadear y a gemir.

Después mi pene estaba a una buena media pulgada en su garganta, eso se sentía muy bien. Me disculpé antes de poner ambas manos sobre su cabeza y empecé a violar su boca cómo una bestia.

Mi deleite fue casi igual al de él cuando lo tomé firme de su cabello, empujé una última vez y eyaculé en su boca. Todo mi cuerpo hormigueaba por el orgasmo. Tragó la sustancia pegajosa y limpió su barbilla.

Llevó su dedo índice a sus labios y al chistar me pidió que guardara silencio.

Se levantó y comenzó a desnudarse frente a mí una vez más. La luz de madrugada era tenue, pero podía ver su esbelta silueta frente a mí. Tuve la fuerza para levantarme y hacer lo mismo que él. Lo único que tenía que hacer era quitarme la playera, ya que del resto se había encargado él.

Desnudo, me senté sobre la cama... Se colocó frente a mí y sacudió su gordo, venoso y pesado pene en mi cara. Repetí sus patrones de hace unos instantes... Aturdido y un poco inseguro, escupí en su polla y comencé a chuparla, la cual desprende un aroma de macho y sudor. Moviendo mi lengua de un lado al otro, pero, asegurándome de que él pudiera verlo en todo momento.

Sentí cómo su cuerpo tenía espasmos y oía su fuerte jadeo. Supe de inmediato que eso le excitaba un poco más en vez de simplemente empujarla por mi garganta. Seguí escupiendo y envolviendo su pene con mi lengua. No podía distinguir su pre-esperma de mi “gran trabajo”.

Con ayuda de mis manos, lo chupé profundamente y lo masturbé usando mis dedos.

–Tu lengua es perfecta, cariño~ —le escuché gemir mientras acariciaba mi cabeza.

Estuve chupando su polla durante buen rato, moviendo mi lengua en círculos en la punta, besándola y restregando en la comisura de mis labios. Succioné sus redondos testículos y los acaricié con mis manos. Ya dentro de mi sucio papel, me fui abriendo camino hasta sus glúteos, que apreté y empujé sus caderas hacia mí para ayudar a introducir su miembro hasta el fondo de mi garganta lo cuál me provocaba lagrimear debido a la profundidad de su falo en mi cavidad oral.

Me detuve un momento a contemplar el conjunto, centrándome en varios detalles... Lo único que pensaba era “por Dios, fóllame”. Se me hace agua la boca. Éste hombre es realmente perfecto en mi mente.

Volví a tomar su miembro con mis manos y poco a poco lo fui introduciendo en mi garganta una vez más.

Al encontrar su gran polla dentro, me tomó con firmeza y supe que venían los golpes finales. Mi boca estaba siendo jodida con fuerza y no pude hacer nada para detenerlo.

Mi cabeza fue sostenida con fuerza mientras mi cavidad oral estaba siendo violada. Había tomando revancha. Podía olerlo y sus bolas se balanceaban, golpeando contra mi barbilla repetidamente.

De hecho, estaba disfrutando la experiencia y me encontré deseando una comida de semen, quería que me empapara con su esperma tan profundo y sucio. Mantuve mi lengua fuera durante el proceso para seguir complaciendo, tratando de no raspar con los dientes. Estaba en mi habitación con ese hombre cachondo y desnudo, empujando mi cabeza para que me tragara su miembro antes de correrse. Mi ansia de verga era mucha.

Al final, tiró hacia adelante, bombeando una espesa ráfaga de semen en mi boca. Lo tragué rápidamente, tragando el desastre, y varias cargas más de esperma salpicaron en mi garganta, donde las tragué con avidez. Sacó su pene gastado de mi boca y volvió a meterlo casi inmediatamente.

Una vez más, mi garganta fue follada sin piedad. Sacó, tomó su grueso pene y me abofeteó varias veces. Traté de chuparlo mientras él estaba haciendo esto, pero me lo ocultó haciéndome rogar antes de alimentarme con su polla.

No me gustan los juegos, y mi expresión se lo hizo saber muy rápido. Se detuvo un momento y jalé su brazo para obligarlo recostarse en la cama.

Me recosté a su lado, de una manera en la que él quedara boca arriba. Me inciné hacia su cara y comencé a besarlo con dulzura al principio. Entre todo el cariño, llevé mi mano a su abdomen. Abrí camino hasta llegar a su aún empapado pene y comencé a masturbarlo.

Una cosa llevó a la otra y nuestros besos se convirtieron en una batalla de lenguas. Introduje la mía dentro de su boca, explorando cada rincón de ella.

Fue justo en ese instante cuando un fuerte gemido salió de su garganta... Rápidamente trató de ahogarlo para que no fuera tan evidente, pero fue demasiado tarde; había descubierto su debilidad. Estuve decidido a acabarlo en ese momento.

Comencé a masturbarlo más rápido, mientras lamía su mejilla y dejaba un rastro de saliva en su haber. Él se quejó por ésto y gemía sin control. Podía sentir su corazón latir con fuerza, sus breves movimientos tratando de calmarse, su sexy voz gimiendo y quejándose me había puesto duro de nuevo.

Observé detenidamente a sus grandes y perfectos pectorales. Se convirtieron en mi siguiente víctima. La situación se convirtió en una excusa para hacer lo que tanto anhelaba desde hace un rato.

Bajé mi cabeza y me acerqué a uno de ellos. Pasé mi lengua por el jugoso pecho, decidido y extasiado. La sensación de mamar su lindo pectoral era increíble. No pude resistirme y lo mordí. Él volvió a quejarse pero no me detuve.

Me prensé en su rosado y apetitoso pezón, succionando con todas mis fuerzas, su piel tronó con mis labios en una linda melodía al separarme con rapidez.

Lo hice una sin bajar la velocidad. Me estaba cansando pero sentí que valía totalmente la pena si podía “comerlo” entero y hacer lo que quería con él. El poder que sentí al escucharle gemir y quejarse fue maravilloso, lo fue aún más al saber que era por mí.

Cada vez que cubría su boca me molestaba, quería escucharlo fuerte y claro. No me importaba sí los demás escuchaban, o más bien, eso dejó de importar hace tiempo.

El calor que emanaban nuestros cuerpos era impresionante, me resbalaba con nuestro sudor.

No pude soportarlo más. Me subí encima de él y me rodeó con sus brazos. Tener su piel desnuda contra la mía era increíble.

Quise aprovechar su piel resbaladiza para frotar mi cuerpo con el suyo y así lo hice. Él instintivamente abrió sus piernas. Aprovechando ésto, comencé a moverme de atrás hacia delante y en círculos velozmente, me sentí pequeño a comparación de él, pero era maravilloso. No dejaba de abrazarme mientras nuestras pollas se frotaban entre sí.

No me detuve ni un segundo. Seguía cansado y a punto de venirme, pero, no tenía la capacidad de detenerme y él tampoco lo hizo. Fue más temprano que tarde cuando eyaculé en su abdomen.

Hundió mi cabeza en su pecho, moviendo su cuerpo a mi ritmo buscando experimentar mi mismo placer.

No me reconocí en lo absoluto. Apreté su suave pectoral una vez más, eso me encantaba y no podía negarlo.

Cuando volví a mirar, él se veía exhausto, pero al mismo tiempo extasiado. Su pecho iba de arriba a abajo tratando de tomar aire apresurado. Aunque, en su rostro estaba dibujada una gran sonrisa y eso me fue suficiente para darme cuenta de que estaba haciendo un buen trabajo.

–Q-que nada cambie entre nosotros, cariño~ —dijo.

Yo solo pensé en que nos pertenecemos el uno al y otro, que nos volvimos adictos a nuestras caricias y roces hasta llegar al éxtasis.

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