Capítulo 1
“Nada se puede hacer, tenía que pasar tarde o temprano”
estas palabras fueron pronunciadas en el cuarto de un asilo para ancianos en alguna ciudad de Colombia, lleno de cuidadores tristes, enfermeros anonadados, y reporteros de varias cadenas televisivas tanto nacionales como internacionales.
“Nada puede hacerse, es así; tarde o temprano llega y no hay escapatoria”
continúa la voz con un tono tranquilo y algo decaído seguido por un profundo silencio que era sentido por todos en la habitación, incluso por los reporteros que solo venían a hacer su trabajo. Todos allí temían y en el fondo sabían lo que iba a ocurrir; hoy, a la edad de 300 años, muere Norma Esperanza, la mujer más vieja del mundo.
“¿Pero porque están tan decaídos?”
dice la suave y debilitada voz de norma entre risas y tos.
“No habrán creído que esto duraría para siempre ¿o sí?”
estás palabras provocaron algunas risas algo apagadas entre las personas, generalmente médicos y cuidadores quienes admiraban la jovialidad que aun mantenía, aun en estos momentos. Una felicidad que contrastaba con un cuerpo demacrado y esquelético que nunca paró de envejecer a pesar de la larga vida de su dueña. Norma vio ir y venir a generaciones enteras de cuidadores, y los que estaban presentes, en esencia los más mayores no podían creer que esto estuviera finalmente sucediendo. Norma siempre había sido alguien muy activa para su edad y esquelético aspecto, algo que en principio preocupaba a los cuidadores novatos, preocupación que desaparecía una vez crecían y a su vez envejecían con ella. Esta señora había Incluso llegado a involucrarse en asuntos como limpieza y mantenimiento del lugar, un rasgo peculiar y característico de ella.
La próxima voz que rompería el silencio provendría de la única cuidadora que estaba sentada en la cama de norma: Carol, quien la acobijó y cuidó una vez cayó en ese deplorable estado, eran bastante cercanas, fue de hecho norma quien, aun como otra residente del establecimiento, la guio y le aconsejaba en su trabajo, hasta el punto que parecía que norma entendía mejor su trabajo que cualquier cuidador del lugar. Se volvieron algo cercanas con el tiempo y hablaron de muchas cosas, pero había una pregunta que siempre rondaba por la cabeza de esta mujer, producto de ser testigo de la forma vivaz y optimista de norma. Una duda que le interesaba particularmente a ella:
“¿y…que tal? ¿co-cómo fue su vida? ¿se arrepiente de algo?”
Norma nunca había sido muy abierta con su vida antes de entrar al asilo, evadía cada pregunta y se limitaba a responder:
“pues, vengo del campo, allí me crie y allí estuve siempre”
nunca recibió visitas e ignoraba deliberadamente cualquier pregunta sobre familiares, o trabajo; era alguien muy concentrada en el presente, simplemente era fácil asumir que quienes fueran sus familiares, nunca tuvieron una buena relación con ella.
“Oh Carol, pequeña…”
norma mira a los tristes ojos de Carol un momento, para desviarlos hacia la multitud parada enfrente de su cama
“muchachos… estuve con ustedes y con aquellos que ustedes llaman ancianos… en este maravilloso lugar durante 220 años, vi a muchas personas crecer, cumplir sus sueños y tuve la maravillosa oportunidad de consolar a aquellos a quienes les hacía falta compañía, grandes y pequeños”
su voz se apagaba con cada palabra y sus ojos se entrecerraban
“es impre-impresionante como el tiempo cambia a las personas y sus actitudes desde que nacen hasta que se arrugan...como yo…”
ríe un poco
“solo me pregunto… como lo habrá hecho… mi hija”
desvía su mirada hacia abajo y sonríe un poco tras la mención de su hija
“supongo que no importa…siempre…será…mi…niña”
finalmente norma cierra los ojos y el silencio vuelve a retomar su lugar en el cuarto, dejando a un grupo silencioso y apenado. Así fue por unos minutos, nadie se atrevía a hablar; nadie se sentía lo suficiente mente digno para romper ese silencio, como si fuera sagrado; ni siquiera eran capaces de moverse.
De repente, simplemente el aura del momento cambia cuando la enorme cantidad de personas frente a la cama de norma empieza a moverse con notable confusión. Parece que alguien había llegado y se abría paso entre las personas desde la puerta y las personas enfrente de Carol solo giraban hacía atrás confundidas y estiraban tanto como podían sus cuellos para ver lo que sucedía; parecían estar dándole paso a alguien, ¿podría ser alguien importante? ¿otra visita del presidente quizás? La confusión de las personas más cercanas a la cama de norma se convirtió en algo de preocupación cuando se empezaron a escuchar algunos quejidos de dolor de parte de algunas personas entre todos los murmullos de confusión, no era el presidente, el no lastima a las personas, al menos no en frente de tantos testigos. Finalmente, el pequeño ruido; Carol no pudo escucharlo hasta que las personas más cercanas a ella empezaron a moverse y a hacerse a un lado, se escuchaba un sonido agudo y constante de pasos; lo que sea que estuviera produciendo esos pasos era pequeño y sobretodo pesado.
Cuando las personas de la última fila del grupo de gente que se interponía entre la entrada del cuarto con la cama de norma se separó para darle paso a “eso”, Carol pudo ver a algunos guardias de seguridad al fondo y otras personas (generalmente hombres) agarrándose con dolor una de sus manos, fueron ellos los que gritaron de dolor, también pudo ver a muchas personas confundidas, y sobre todo, pudo ver al responsable; o más bien, a la pequeña responsable de la ligera conmoción.
En la ciudad en donde Carol vivía se contaban muchos rumores y se expandían, el más reciente era el de una “cosa” que merodeaba por la ciudad. El qué era esa cosa varía según la versión, principalmente porque nadie podía verla bien, solo veían “algo de color verde que parecía estar hecho de hojas que se movía por la ciudad y que, de vez en cuando, se robaba cosas de la gente”. Había muchas teorías de qué podría ser; algunos creían que era un animal salvaje que de alguna forma llegó a la ciudad, otros opinaban que podía ser la Madremonte que salió del bosque para cobrar venganza robándose las más triviales y recuperables posesiones de los habitantes de la ciudad, y otros teorizaban que podía ser el presidente, claro que no podía ser, el presidente no se robaría las cosas de las personas, al menos no con tantos testigos. Algunas personas juraban ver a una niña y que las hojas eran, en realidad, su vestido. Cuando Carol se enteró de este rumor, su respuesta fue contundente:
“son estupideces, es imposible que una “cosa verde” merodee esta ciudad, es científicamente imposible, ¡JA!, peor están aquellos que dijeron que era una niña, es aún más imposible que sea una niña; creer que una niña sea tan rápida y capaz de burlar el sistema educativo,las seguridades de los establecimientos e incluso las autoridades competentes es simplemente risible y solo habla de la poca capacidad visual que tiene aquellos que afirman esta última teoría”
Así lo afirmó entre burlas para después terminar con:
“¡Es imposible que una entidad verde como la que mencionan siquiera exista! ¡así lo digo yo! y si estoy mal… ¡que se muera Norma Esperanza!”
En aquel momento, con la longevidad de norma, esa frase era una muestra de seguridad; que claro, desapareció cuando la “cosa verde” se presentó frente a ella por primera vez. Eso fue hace unas semanas, poco después de esa última declaración, Carol se sintió algo mal, sintió que quizá fue muy ruda en ese momento, sentimiento que empeoró esa noche, cuando la observó por primera vez, a ella, acercándose a la cama, desafiando con su andar toda noción matemática, científica y religiosa.
Describir a la visita en cuestión era complicado y no por ser un terror de insondable maldad inimaginable más allá de toda percepción humana, ni por ser una entidad tan abstracta y complicada que provocara que todos los allí presentes se distorsionarán y se retorcieran por la atracción gravitatoria de sus propios ombligos, ni siquiera por ser una fuerza de enorme complejidad anatómica, sino por todo lo contrario; era ridículamente simple, tanto que daba miedo, lo primero que se llevó la atención de las personas, incluyendo Carol, fue la baja estatura de un individuo cuya cabeza era cubierta con lo que parecía ser una especie de casco largo que se extendía por su espalda, formando algo así como un caparazón verde, esta visitante (para pesar de Carol y su ya magullado orgullo) tenía el aspecto de una niña de piel blanca y un vestido verde hecho, como no, con hojas; parecía algo sucio y tenía algunas grapas uniendo una manga con el resto del vestido, seguramente de alguna engrapadora que se habrá robado por allí. Su paso era tan seguro y místicamente enigmático como chistoso, constante y decidido pero torpe; como si el mismísimo Peter Pan caminara por el cuarto (después de haberse inalado los polvos para volar.)
Solo una persona pudo ver su rostro, Carol, y no lo hizo hasta que esa niña, de un saltito, subió a la cama donde yacía el cuerpo de Norma haciendo estremecer la cama con su peso. Carol sintió su corazón hundirse cuando inclinó la cabeza para ver el rostro de la abominación verde mejor y se topó con sus ojos; eran saltones y grandes, muy grandes.

Este ser cruzó miradas con Carol durante unos instantes, vio las rojas pupilas de la pequeña pero pesada cosa que se había subido a la cama. Su rostro en sí, al igual que todo lo demás, era simple; otra vez, tan simple que simplemente inquietaba; era blanco como la nieve y su frente, así como parte de sus ojos, estaba cubierto por ese enorme casco y, además, lo más desconcertante; no tenía nariz.
La niña dirigió su mirada hacia el rostro de Norma y nuevamente, todo estaba en silencio, las personas se quedaron viendo fijamente a la pequeña criatura sin que a nadie se le ocurriera ni acercarse; como si estuvieran petrificados, varios pensamientos recorrían la cabeza de los allí presentes.
“diablos… se metió en la toma…” pensaban los reporteros.
“será algún familiar…” pensaban los médicos.
“no es posible que sea…” Pensaban los cuidadores, incluso Carol
“ugh…creo que me rompió la muñeca” pensaban los guardias de seguridad
Nadie estaba plenamente seguro de quien podía ser esta pequeña, pero el corazón palpitaba y el instinto latía, como si rogara por no acercarse a ella, y solo Carol tuvo el valor de acercarse un poco más a la pequeña niña de verde; entrenar en el ejército y estar en un millón de combates contra la guerrilla y narco trafico la hicieron lo suficientemente temeraria como para pasar el umbral del miedo que aparentemente impide al humano el estar cerca de aquella criatura; estaba mirando a la cara de norma fijamente, en silencio, ignorando todo lo demás, con la misma osadía con la que se abrió paso poco antes.
Casi un minuto pasó, las pupilas de la niña no se movían ni un centímetro del cuerpo de norma, y su rostro no reflejaba emoción. Carol estaba a punto de hablarle cuando ella finalmente hizo algo; levantó el brazo por encima de su cabeza y tensó el puño. Se quedó quieta un poco más antes empezar con el “espectáculo”; muchos se exaltaron y entraron en pánico cuando su mano descendió instantáneamente sobre el rostro de Norma en repetidas ocasiones. Muchos actuaron en el momento en el que pudieron asimilar la situación, en el momento en que el ente empezó a golpear el rostro de norma todos olvidaron su sorpresa y se lanzaron inmediatamente a detener a la pequeña. Como en el titanic, las mujeres primero; algunas se agacharon para llegar a su rostro e intentar detenerla razonando con ella, solo para ser ignoradas por la más fría expresión de indiferencia de su parte, los hombres se acercaron inmediatamente después para intentar detenerla por la fuerza poniendo sus manos en el hombro, brazo, antebrazo y muñeca del pequeño rufián, lo cual, como era de esperarse no mermaba de ninguna forma el ritmo de golpes de la criaturita. Los hombres luchaban solo para mantener su agarre en ese pequeño brazo mientras repetían la única palabra que todo hombre de mundo que vive más trabajando que con su familia repite cada vez que tiene que persuadir a un niño de no cometer una acción: “Caca, caca” unos hombres más cultos y reservados tomaban una variante más sofisticada: “pequeña mocosa malcriada, ¡detente en el nombre de nuestro señor Jesucristo!”las ancianas y jóvenes gritaban lo que los hombres no gritaban por orgullo, el clásico: “¡Llamen a la policía!” el cuarto se llenó de gritos de todo tipo, se podía escuchar incluso algunos: “¡Pequeña hija de perra!” entre el caos general. Uno de ellos, particularmente osado, logró aferrarse a la mano usando sus dos brazos y empezó a jalar con todo el cuerpo solo para quedar atrapado en el trayecto inamovible de sus golpecitos, quedando con la cabeza estampada contra la segunda almohada de Norma, lo que solo incrementó la confusión y el desconcierto, provocando que llegaran más personas a un lugar en el que ya no cabía ni una mosca. Un desastre que envolvía a todos menos a Carol quien parecía estar más concentrada en el rostro de su amiga Norma; desde su posición privilegiada en la cama fue testigo de un prodigio que los demás ignoraban; lugar donde caía el golpe, lugar donde las arrugas desaparecía y el color era recuperado. Golpeó la boca de norma, y de repente, la ya decaída y amarillenta dentadura de la anciana se encontraba enderezada y totalmente blanqueada, pasó un rato, y Norma ya era irreconocible; ya ni siquiera podía llamársele anciana, Finalmente un último golpe cayó al pecho del cuerpo y norma “despertó” de un salto, tenía una mirada perdida y totalmente desconcertada, como si despertara de una pesadilla, se miró a si misma atónita y miró a todos lados solo para ver a un grupo de personas tan estupefactas como ella.
“eh….q-¿que?” Norma no dirigió la mirada a su salvadora hasta que esta misma habló.
“Vaya, funcionó” Fue lo primero que escucharon de esa cosa.
La niña de verde solo vio a Norma a los ojos durante unos instantes antes de darse la vuelta para bajar de la cama y dirigirse hacia la salida. Una vez asimilado el shock inicial, los médicos se apresuraron a atender a norma con chequeos de pulso y preguntas a por montones, varios de los cuidadores casi se desmayan; los rumores eran obviamente ciertos, pero esto superó toda expectativa, y los medios ( más que nada estadounidenses) no sabían si entrevistar a norma o a la niña, quien pasó de “cretina fascista golpea ancianas y estandarte del comunismo woke de ultra derecha conservadora” a “ la pequeña heroína local que salvó a un venerable adulto mayor con el poder del amor y la compasión, PD: Jesús es un pendejo a su lado.”
Todos le abrieron paso, muchos dándole las gracias entre lágrimas, se escuchaba de todo, desde un: “¡gracias Dios padre por esta maravillosa bendición!” hasta un: “¡lamento haberte llamado hija de perra!” pero, solo una mujer fue lo suficientemente temeraria para acercarse ella, para acercarse a lo desconocido y hacerle una pregunta; Carol, quien llamó de inmediato su atención
“espera, ¡¿qu-quién eres?!” gritó Carol en un tono desafiante, aunque estaba tan entusiasmada por el regreso de su vieja amiga Norma como cualquiera en ese mismo lugar, su deber desde militar a cuidadora era siempre la vigilancia y la protección, y no podía dejar pasar simplemente que un “ente” halla atravesado a todo el mundo para acercarse sin siquiera unas respuestas, aunque en el fondo sabía que un combate sería inútil.
“¿umm?” el ser se detiene, y lentamente da la vuelva; no solo su cabeza, sino el cuerpo completo hasta quedar cara a cara con Carol, mirándola con la misma mirada perdida, la misma cara inexpresiva que tuvo desde que entro al cuarto y mientras golpeaba a Norma.
“me llamo Vital” dijo el extraño ser “Vital con v de vaca” agregó.
Finalmente volvió a darse la vuelta y se dirigió nuevamente hacia la puerta de la habitación, se chocó dos veces con el marco de esta antes de poder salir.
“tonta puerta” fue lo último que se escuchó de la voz aguda y robótica de vital antes de irse totalmente, dejando a una muchedumbre que se preguntaba si lo que vivieron era real o solo un sueño. Carol todavía quería seguirla y enfrentarla, aún quedaban muchas preguntas, pero, ese no era el momento; la mujer más vieja del mundo aun está viva y mejor que nunca, pero aún necesitaba a la más valiente a su lado.