Obsessed.

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Sinopsis

“Desde el primer momento en que chocamos miradas supe que no habría otros ojos que pudieran obsesionarme tanto cómo los tuyos.” KookMin TS

Genero:
Horror/Romance
Autor/a:
Hee♡
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
5.0 5 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Parte I

PRIMERA PARTE.


Jungkook, ¿me estás escuchando?

Jungkook suspiró pasando su teléfono de un lado a otro observando la oscura calle en ambas direcciones antes de cruzarla deteniéndose cerca de su moto. Odiaba hablar por teléfono y más aún odiaba que a pesar de eso su familia lo llamara.

Te escucho fuerte y claro, hermano —respondió sin tono buscando las llaves entre los bolsillos de su chaqueta —. Ya le dije a Yoo que iría a la estúpida cena, ¿por qué estás tan alterado, Jin?

Seokjin suspiró. —Sólo necesito que estés ahí, es algo importante.

Dije que iré, relájate.

Bien —un silencio repentino vino después de esa corta palabra, Jungkook blanqueó los ojos colocando la llave en el bombín una vez la encontró —. ¿Has sabido algo de Yoongi?

¿Por qué debería saber algo de él?

Jungkook… —otro suspiro salió de los labios de su hermano —. Sigue siendo tu hermano mayor.

¿Eso qué tiene que ver? No sé nada de él —su tono fue tosco hacia su mayor —. Tengo que irme, nos vemos en la cena del viernes.

Está bien. No te metas en problemas hasta entonces…

Claro.

Sin más alejó el aparato de su oreja terminando la llamada, guardó el teléfono en el bolsillo delantero de su pantalón subiéndose a la moto después de ponerse el casco listo para irse de allí.

Seokjin, aunque era el mayor de los tres, era considerado el más blando y el menos Jeon de los Jeon. Yoongi, que era el hermano de en medio era simplemente un dolor de cabeza constante para Jungkook; y por supuesto, él siendo el menor era muchas veces llamado «el verdadero monstruo» de la familia Jeon.

Extrañamente Seokjin intentaba llevar una relación fraternal con él, a pesar de que sabía la clase de persona que era el pelinegro, no obstante, ese no era el caso con Yoongi, quién constantemente solía decirle lo mucho que lo odiaba y lo feliz que sería si un día de repente decidía abandonar el apellido Jeon y largarse de la familia.

Por supuesto eso no pasaría en ningún tiempo pronto, Jungkook adoraba hacer uso de su apellido, de su posición y de su dinero sabiendo que Yoo lo apoyaría y cuidaría en caso de que algo se le saliera de las manos. Eso hasta ahora no había sucedido, Jungkook desde pequeño fue alguien bastante inteligente y maduro para su corta edad, sabía hasta donde podía ir sin meterse en grandes problemas y cómo salirse con la suya siempre que lo necesitara.

Era, aunque de forma bizarra, el tesoro más preciado de Jeon Gong Yoo.

—Joven Jeon —la voz de su asistente llegó a sus oídos una vez estacionó su moto en la entrada del club —. Está todo listo.

—¿Dónde está Seung?

—Cómo usted lo ordenó, se llevó a los dos chicos que intentaron pelear con usted la última vez que estuvo aquí —musitó recibiendo el casco que Jungkook le extendía —. Sus indicaciones fueron claras, romperles alguna extremidad sin ser demasiado grotescos.

—Si, Yoo me advirtió que la última víctima se suicidó —soltó un tarareo viendo a Taehyung sacar la cajetilla de cigarrillos —. ¿Acaso Seung aprendió nuevos métodos de tortura?

—Sólo hace lo que usted le enseña, joven Jeon.

—Suena bien para mí —Jungkook encendió el cigarrillo recostándose en su preciada moto —. Oye, Taehyung, estoy aburrido.

Taehyung se encargó de amarrar el casco a la moto con el pulpo, el pelirrojo le dedicó una mirada curiosa a su maestro viéndolo observar la bulliciosa calle sin interés alguno. Jungkook era alguien difícil de complacer, quién solía permanecer la mayor parte del tiempo aburrido cuando no adquiría un peculiar hobby.

El último había sido golpear sujetos con un stick de hockey. Recordaba perfectamente que, todo se debía a que un chico de alta alcurnia se había metido con él durante una reunión que habían tenido las grandes casas de Corea; a pesar de que Jungkook no había hecho nada en ese momento más que ignorar al hombre, al finalizar la fiesta pidió que se averiguara toda la información del tipo llegando a su conocimiento el hecho de que era un jugador de hockey becado en la universidad más grande de Seúl.

Jungkook había jugado bastante bien con ello lesionando a todos los jugadores del equipo siendo así la pérdida de estos en la liga deportiva. Podía recordar también lo mucho que el pelinegro disfrutó golpeando a los jugadores con una sonrisa cínica en su rostro en todo momento.

Él mejor que nadie sabía quién era el monstruo para el que trabajaba y dedicaba su vida, aun así, no habría mejor lugar en el que estar que al lado de Jungkook quién le había salvado la vida cuando era más joven.

—¿Qué desea hacer, joven Jeon?

—No lo sé —admitió soltando el humo en dirección al cielo mirando las estrellas brillar en el manto nocturno —. Hoy hay muchas estrellas —murmuró al aire.

Taehyung levantó la mirada. —Eso parece. A usted le gustan mucho las estrellas.

—Si, algo así —su tono de voz cambió ligeramente ante aquella declaración, Taehyung se tensó —. Está bien, estoy bien.

—Lo siento, Joven Jeon…

—No te culpes, hombre —Jungkook sonrió de aquella manera falsa y torcida en la que solía sonreírle a todo mundo —. Ya debería superar algo tan absurdo, ¿no lo crees?

Taehyung decidió no responder.

—Uff, maldición. Ahora quiero una copa —Jungkook se empujó lejos de la moto estirándose en su lugar antes de tirar la colilla del cigarrillo al suelo —. Vamos adentro, Taehyung.

—Después de usted, joven Jeon.

Jungkook resopló una risa burlona guardando las manos en los bolsillos de su chaqueta. De repente algunos gritos resonaron en medio de la ruidosa calle llamando su atención, su mirada se dirigió a la dirección de los histéricos sonidos observando un auto que venía descarrilado a toda velocidad deslizándose por la carretera hacia su propia dirección.

Jungkook reaccionó a tiempo empujando lejos de sí a Taehyung quién soltó un grito tratando vanamente de sujetarlo. Sonrió divertido dispuesto a recibir el golpe cuando en última instancia un cuerpo más pequeño que el suyo chocó con él haciéndolos caer en el asfalto contra algunas motos que se encontraban estacionadas cerca de la entrada; un alarido salió del pequeño cuerpo mientras Jungkook sacudía la cabeza gracias a la jaqueca. Se había dado un fuerte golpe al caer.

—Joder —gruñó entre dientes levantando la mirada hacia el auto estrellado en la pared del club.

El capo estaba lleno de humo impidiéndole ver al conductor dentro del vehículo. Apretó los dientes bajando la mirada hacia el cuerpo que descansaba sobre el suyo ignorando el intenso pitido que resonaba en sus oídos empeorando la jaqueca.

—¿Qué demonios…?

Su oración se cortó cuando la cabeza de aquella persona se levantó en su dirección mirándole con unos profundos ojos dorados llenos de alivio y temor.

—Estás bien, me alegro mucho —susurró parpadeando con lentitud cómo si le costara mantenerse consciente —. De verdad me alegro mucho.

—Oye…

El chico cerró sus ojos soltando por completo su cuerpo en una clara señal de haber perdido la consciencia. Jungkook se quedó pasmado allí observando al chico inconsciente enredado en su cuerpo, sus ojos lo escanearon lentamente percatándose hasta entonces del brazo ajeno acomodado en una anormal posición.

—¡Joven Jeon! —el grito de Taehyung lo trajo de vuelta a la realidad notando el cúmulo de personas alrededor del auto —. ¡Joven Jeon!

—No grites, me duele la cabeza —advirtió en cuanto el pelirrojo se dejó caer bruscamente en el asfalto frente a él —. ¿Llamaste a emergencias?

—¿Eh? Yo ¡Ah, sí! —jadeó echándose el cabello hacia atrás, su frente estaba sangrante. Jungkook frunció el ceño —. No es nada, me golpeé al caer con una piedra del asfalto. ¿Está usted…?

La mirada de Taehyung recayó sobre el pequeño cuerpo ladeando la cabeza en aparente confusión dejando su pregunta a medias al notar la forma sobreprotectora en que Jungkook abrazaba el cuerpo.

—¿Qué…?

—Necesitamos que llegue emergencias rápido, este ángel tiene el brazo roto y es posible que alguna otra lesión.

—Si… —Taehyung sacudió la cabeza —. Perdón, ¿quién?

—No sé cómo se llama —aclaró mordazmente sin atreverse a mover un solo centímetro de su propio cuerpo —. Sólo sé que saltó en medio de la situación para salvarme la vida.

—Oh… —Taehyung parpadeó —. Oh, ya entiendo. Lo lamento, Joven Jeon. Yo debí…

—Te necesito vivo y bien, Taehyung. No lamentes nada.

Taehyung asintió ante las toscas palabras de su maestro.

—Taehyung, llama a Seung. Quiero toda la información de quién está tras el volante… —su mirada regresó al cuerpo ajeno que apretaba entre sus brazos —. Y también quiero toda la información de este ángel. Dónde vive, con quién vive, qué edad tiene, si estudia o trabaja, cuántas veces al día come, sus amistades, sus sitios frecuentes, en donde sale de compras —sus ojos se alejaron reticentemente del ángel en dirección a Taehyung quién tenía una mueca en blanco escuchando su orden —. Todo, quiero saberlo todo de él y lo quiero para ayer.

—Entendido, lo llamaré de inmediato.

Taehyung se levantó con cuidado alejándose unos pasos de él para hacer la llamada. Era la primera vez que veía aquella oscura mirada en su maestro, la primera vez que parecía tener un interés genuino por un ser humano; no estaba seguro de qué significaba, pero no es que pudiera decir mucho al respecto. Él sólo existía para cumplir las órdenes de su maestro y eso era todo.

Las sirenas se escucharon a lo lejos haciendo que Jungkook soltara un suspiro de alivio, a pesar de que su cuerpo dolía por el golpe contra las motos, no era eso lo que lo tenía preocupado si no el pequeño ser que descansaba entre sus brazos todavía inconsciente.

Necesitaba que abriera los ojos, así podría cerciorarse de que lo que había sentido al conectar sus miradas había sido real.


[…]


—Estará bien, pero… —el doctor torció el gesto apretando entre sus manos la tabla con los datos del nuevo paciente. Jungkook arqueó una ceja con irritación —. No puedo darle más información a alguien que no es familiar del paciente, lo siento señor…

Jungkook ladeó la cabeza. —Yo lo traje, es mi ángel. Así que puede darme toda la información de él.

—No, así no funciona esto —el doctor suspiró alejando su mirada de la intensa e incómoda del pelinegro —. Verá, como profesional no tengo permitido…

—No me interesa lo que tenga o no permitido, doc —interrumpió toscamente Jungkook peinando sus cabellos ondulados hacia atrás —. Sólo deme la información en este momento que todavía estoy siendo amable, puedo hacerlo por las malas, pero no será bueno para usted.

La amenaza era clara, el doctor se tensó observando a los hombres de traje que descansaban de pie tras el pelinegro. Su cuerpo se sacudió en un estremecimiento claro de advertencia como si le indicara que, desobedecer las órdenes de aquel tipo le causaría un inimaginable dolor por todo su ser.

—Yo… —su voz salió como un susurro temeroso mirando los papeles con nerviosismo. Carraspeó —. Su nombre es Park JiMin, tiene veinte años y según su registro es un becado de la universidad estatal de Seúl. La dirección que aparece en el sistema es de un pequeño apartamento cerca de la zona lúgubre de Seúl, lo encontramos gracias a sus múltiples trabajos dado a que el señor Park no tiene seguro médico.

—¿No tiene seguro médico? —Jungkook frunció el ceño —. ¿En cuántos trabajos registra?

El doctor apretó los labios. —Aparece un registro de más de veinte sitios en los que ha trabajado, actualmente tiene registro en dos lugares. La tienda de conveniencia de la universidad y un club.

Un club.

Jungkook tuvo el recuerdo fugaz de haber visto semanas atrás un aviso sobre la búsqueda de un nuevo barman en el club que visitaba con regularidad. Ahora tenía sentido pensar porqué estaba allí en ese momento y porqué nunca lo había visto con anterioridad.

—Veinte sitios… Ha trabajado en veinte sitios y aun así no tiene seguro médico —el doctor asintió lentamente, Jungkook se cruzó de brazos —. Hábleme de su salud.

—Uhm, bueno… —el doctor miró hacia la habitación donde JiMin dormía conectado a un par de máquinas —. Tiene algo de desnutrición y también está deshidratado. Parece tener algunos hematomas viejos que se están curando en su piel y un par de cicatrices, no sabría decirle si son restos de evidencia de maltrato o es debido a todos los trabajos que ha tenido.

Jungkook tensó la mandíbula. —¿Desnutrición? ¿Mi ángel no come bien?

—No —negó con la cabeza soltando un largo suspiro —. Parece que se salta muchas comidas, también es posible que se haya desmayado debido al cansancio. Tarde que temprano hubiera colapsado por agotamiento.

—Haga algo al respecto —gruñó Jungkook, el doctor saltó en su sitio mirándolo con ojos amplios —. Encárguese de los papeles para su seguro médico y su recuperación, yo asumiré todos los gastos. Sin importar cuánto sea, sólo hágalo.

—Debo pedir el consentimiento del paciente dado a que él ya es…

—Hágalo —repitió en un tono de voz bastante bajo que le causó otro escalofrío —. No le estoy pidiendo permiso, le estoy avisando que lo haré. Corre por cuenta de Jeon Jungkook.

El doctor palideció haciendo inmediatamente una reverencia de noventa grados hacia el pelinegro en cuanto reconoció aquel dichoso nombre.

—¡Lamento no haberlo reconocido maestro Jeon! —soltó en un bullicioso alarido apretando los ojos lleno de temor —. ¡Aun así hacer lo que usted me pide podría meterme en…!

Sus palabras fueron cortadas cuando el teléfono de Jungkook empezó a sonar, el pelinegro contestó inmediatamente la llamada poniéndola en altavoz.

¿Qué?

Joven Jeon, el hombre que manejaba el auto ha despertado —la suave voz del otro lado hizo que el doctor levantara la mirada encontrándose con los oscuros ojos de Jungkook —. ¿Qué desea que hagamos con el sujeto?

Mantenlo ahí, me encargaré de él yo mismo.

El doctor tembló sobre su sitio ante tales burdas palabras, un silencio extraño llenó la línea del otro lado antes de responder obedientemente con un simple: “Si señor”

—¿Qué me decía doc? —Jungkook guardó su teléfono después de finalizar la llamada dándole una mirada desapasionada —. Estoy seguro de que es un excelente doctor, pero dependerá de usted seguir siéndolo… ¿Me entiende?

—Si… —enderezándose lentamente bajó la mirada hacia sus zapatos sin atreverse a mirar en dirección al pelinegro —. Haré lo que pidió, maestro Jeon.

—Estupendo, dejo la salud de mi ángel en sus manos —Jungkook palmeó el hombro del hombre con falsa amabilidad dejando su mano sobre él por un par de segundos extra —. Si algo llega a ocurrirle, sabré a quién culpar. ¿No es así, doc?

—Haré lo mejor que pueda para estabilizarlo y curarlo, maestro Jeon. No se preocupe.

—Muy bien —alejándose del doctor miró a sus hombres de seguridad —. Kang y Yang se quedarán aquí, quiero que lo protejan. Vigilen los movimientos del doctor y repórtenme cada hora cómo se encuentra su condición, sin importar que sea la misma. ¿Entendido?

—¡Si, joven Jeon!

—El resto, andando. ¿Dónde está Taehyung?

Uno de los hombres se detuvo a unos pasos tras él inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.

—El señor Taehyung salió del hospital hace una hora, joven Jeon. Dijo que usted le había encargado una importante tarea y la realizaría de inmediato.

Jungkook resopló. —¿Se encuentra bien?

—Tiene dos puntos en la frente, es todo.

—Bien —asintió lentamente —. Llévame donde Seung, quiero ver al hijo de puta que hizo esto.

—Enseguida, joven Jeon.

Desquitaría toda su frustración y confusión en ese pedazo de mierda que intentó asesinarlo, porque sí. Estaba seguro de que aquel incidente no había sido un accidente, sino una situación premeditada que quería cobrar su vida en el proceso.

Y tenía a una persona en mente capaz de orquestar planes tan ridículos y poco seguros con tal de deshacerse de él.

—Parece que a la final sí tendré que asistir a la cena del viernes.




JiMin parpadeó un par de veces sintiendo como todo a su alrededor daba vueltas. Soltando un suave quejido trató de levantar la mano derecha para tocar su frente dándose cuenta de que no podía moverla como quería; frunciendo el ceño bajó la mirada, aun confundido, percatándose de que su brazo estaba escayolado[1] sobre su cuerpo.

—¿Qué…?

—Oh, despertaste —una voz monótona sonó dentro de la habitación advirtiendo a JiMin que no estaba solo —. Llama al doctor, Yang.

—Bien, tú encárgate de llamar al joven maestro.

¿Joven maestro? ¿quiénes eran ellos? ¿dónde estaba? ¿qué había sucedido con él? ¿por qué su brazo estaba enyesado?

—Disculpa…

—Shh —el peligris le dio una mirada aburrida haciendo una seña de silencio con el teléfono pegado a su oreja —. Joven maestro, el chico ha despertado… si, ya lo llamamos… si… de acuerdo.

—Uhm… ¿disculpa?

—Ah, sí. Lo siento —el peligris hizo una pequeña reverencia sobresaltando a JiMin ante la inesperada acción —. Tus dudas serán resueltas por el doctor, sólo espera ahí.

Unos minutos después el mismo hombre de antes ingresó acompañado de otro hombre de cabellos castaños y mirada cansada. La bata sobre su cuerpo le indicaba que era el médico, sin embargo, sus dudas recaían en esos dos sujetos de miradas apagadas y trajes negros que permanecían cerca de la puerta de la habitación en una posición militar de descanso bastante impersonal.

—Hola señor JiMin, soy el doctor Choi —la sonrisa del hombre era tensa mientras se acercaba a la camilla registrando los datos de las máquinas a su alrededor —. ¿Cómo se siente?

—Doctor Choi… estoy algo mareado.

—Es por la medicación, tuvimos que operarle de emergencia debido a su brazo —señaló el yeso continuando con su labor de revisar sus signos —. ¿Algún otro síntoma extraño?

—No… —parpadeó lentamente arrastrando su mirada a los dos hombres de traje —. ¿Quiénes son…?

—Señor JiMin —el doctor interrumpió su pregunta en un tono mucho más serio y tosco. JiMin brincó en su sitio mirándole con ojos grandes —. Tiene varios problemas de salud, señor JiMin. Dígame, ¿cuándo fue su última buena comida del día?

—¿Mi última buena comida…? —JiMin se removió en la camilla bajando la mirada hacia el yeso de su brazo —. No lo recuerdo, la última vez que comí fue en la universidad, una lonchera de la tienda de conveniencia que ya había pasado su fecha de caducidad.

El doctor suspiró. —Señor JiMin, esto es demasiado serio. No sólo tiene signos de desnutrición, sino también de deshidratación y agotamiento; si no hubiera sido por el accidente, tarde que temprano terminaría en el hospital por un colapso.

JiMin se removió en la camilla, no es que él quisiera ser tan descuidado con su salud, pero con todas las cosas que debía pagar, necesitaba hacer a un lado las prioridades básicas y encargarse de las económicas. Así había descuidado en su totalidad su propio ser pensando únicamente en cómo deshacerse de toda esa carga que ni siquiera le correspondía.

—Lo siento, tengo que seguir trabajando, yo…

—Señor JiMin, lamento decirle que en su estado de poca lucidez no puedo darle de alta. Tendrá que quedarse en el hospital unos días más descansando, a menos que su deshidratación y agotamiento se estabilicen, no hay manera de que lo deje ir en ese estado —dijo el doctor en tono serio mirándole de forma severa. JiMin se encogió en su sitio avergonzado de estar siendo regañado de tal forma —. Es por su bien, señor JiMin, si sigue así no podrá seguir trabajando.

El comentario fue perfecto para atrapar la atención de JiMin quién le miró completamente aterrorizado.

—¡No! ¡Tengo que seguir trabajando!

—Primero tiene que salir de su estado de agotamiento y deshidratación, después podemos ver un plan de dieta para mejorar el estado de desnutrición —empezó a enumerar el doctor cruzándose de brazos —. No olvidemos su brazo enyesado, no podrá hacer actividad física por un tiempo en lo que se recupera de la cirugía.

—Ay no… —JiMin parpadeó sintiendo como la angustia comenzaba a apoderarse de su cuerpo —. No puedo permanecer tanto tiempo inactivo, doctor Choi, yo…

—Lo lamento, señor JiMin —volvió a interrumpir el doctor mirando tras de él a los dos hombres de traje. JiMin también los miró —. Tengo órdenes directas de cuidarle, todo esto es por su bien.

El doctor se dio media vuelta en dirección a la salida, JiMin puchereó sin entender del todo de que se trataba esa extraña situación. Su mente seguía ligeramente confundida gracias a los medicamentos, por lo que, no podía plantear ideas del todo coherentes para explicar qué estaba sucediendo en ese instante.

—Vendré más tarde a verificar cómo sigue, si llega a sentir dolor oprima ese botón del lado derecho de la camilla y vendrá una enfermera a verle —explicó rápidamente mirando a los dos hombres de traje —. En una hora vendrá también una enfermera para ponerle suplemento vía oral, necesitamos empezar a alimentarlo de a poco antes de darle una buena dieta; su cuerpo podría rechazar el alimento si intentamos dárselo en su estado actual.

—¿Qué hay de los líquidos? —preguntó el rubio ladeando la cabeza —. Dijiste que el ángel está deshidratado.

¿Ángel? ¿acaso ese hombre acaba de llamarle ángel a él?

—Está recibiendo líquidos por intravenosa —señaló hacia la bolsa de suero a un lado de la camilla, JiMin observó la intravenosa en su brazo izquierdo con curiosidad —. También le estamos poniendo vitaminas en conjunto, de ese modo reforzaremos un poco su sistema.

—Bien, el joven maestro estará satisfecho con eso por ahora —declaró con una sonrisa socarrona el rubio —. Recuerda que te estamos vigilando, doc.

El hombre se estremeció. —Lo tengo claro, volveré en hora y media. Llámenme cualquier cosa.

Finalmente, el doctor abandonó la habitación dejando a JiMin completamente perdido acompañado de aquellos dos hombres. El rubio soltó un amplio bostezo antes de mirarle sonriendo de una manera que parecía amigable resaltando dos preciosos hoyuelos, JiMin le regresó tímidamente la sonrisa desviando la mirada hacia el otro hombre de cabellos grises que le miraba seriamente.

—Yo soy Kang y él es Yang —musitó el peligris señalándose a sí mismo primero y luego al rubio —. Puedes decirnos de ese modo.

—Uhm, disculpe señor Kang, pero ¿quiénes son ustedes?

—Sólo Kang, sin el señor —dijo toscamente haciendo que un silencio incómodo recayera entre ellos —. Trabajamos para el joven maestro —continuó con un ademán de manos restándole importancia al asunto —. Eres quién salvó su vida, así que, estamos aquí para cuidar la tuya.

—¿Salvar su vida?

JiMin recordó entonces lo sucedido. Había visto la situación de lejos escuchando los gritos y el pánico inundando el ambiente, su mirada se había desviado hacia el hombre que estaba de pie dispuesto a recibir el choque del auto; JiMin no podía estar seguro de porqué, pero su cuerpo se había movido por inercia saltando en dirección al sujeto quitándolos del camino. Su caída había sido bastante estrellada y al menos podía recordar haber sentido un intenso dolor antes de percatarse que el hombre lo miraba con curiosidad detallándolo con tanta intensidad que era imposible olvidar aquella oscura mirada sobre él.

Después de eso no tenía más recuerdos.

—¿Él…? ¿Dónde está él?

—El joven maestro está justo ahora yendo a un compromiso. Vendrá inmediatamente en cuanto salga de allí —dijo el rubio en un tarareo —. Lo tenías bastante preocupado.

—¿Preocupado? —sacudió la cabeza cuando una nueva duda surgió en su mente —. ¿Cuánto…? ¿Cuánto llevo inconsciente?

Los dos hombres se dieron una breve mirada antes de hacer una mueca mirándole con suspicacia, casi como si estuvieran meditando qué tan buena idea era responder aquella duda.

—El accidente ocurrió el domingo y hoy es viernes.

—¿Qué? —JiMin jadeó sorprendido sintiendo su estómago revolverse con malestar —. ¿He estado inconsciente cinco días?

—Si —asintió el peligris sin verse sorprendido por su reacción —. No es tan descabellado, el doctor dijo que sería normal dado a tu estado de agotamiento.

JiMin parpadeó un par de veces alejando su mirada de ellos hacia la habitación. Parecía una suite, una que claramente ni en un millón de años él podría pagar; sus ojos recorrieron cada rincón del lugar antes de arrastrarla hacia la ventana viendo las luces nocturnas alumbrar la ciudad.

—¿Dónde estoy?

—En la clínica privada de Seúl —JiMin apretó los puños sobre las suaves mantas sabiendo qué clase de clínica costosa era —. No sé lo que estás pensando, pero de todos modos no deberías preocuparte. El joven maestro se ha hecho cargo de todo durante estos días.

—Debe ser mucho dinero —murmuró para sí mismo —. ¿Cuándo podré pagarle mi deuda?

—Yo de ti no diría nada de eso delante de él —comentó Kang en monótono. JiMin le miró —. El joven maestro no hace esto esperando que le regreses el dinero, joven JiMin. Cómo te dije con anterioridad, eres quién salvó su vida, no estaría nada bien que te cobre por cuidar de ti después de lo que has hecho, ¿o acaso estás despreciando su amabilidad?

JiMin se sintió exaltado. —¡Claro que no! Yo tampoco espero que me pague por lo que hice, sólo lo hice porque quise.

—Bueno, es algo similar —Yang se encogió de hombros —. El joven maestro lo hace porque quiere. Así que relájate, si quieres seguir durmiendo puedes hacerlo.

JiMin decidió no decir nada más al respecto volviendo a recostarse lentamente en la camilla, sus ojos se sintieron pesados mientras se iba alejando cada vez más al estado de inconsciencia. Una duda flotó en su adormilada mente soltándola con voz somnolienta hacia los dos hombres que le custodiaban.

—¿Cómo se llama el joven maestro?

—Jungkook. Puedes decirle Jungkook.


[…]


—Realmente nos has iluminado con tu presencia, Jungkook.

El pelinegro dejó su abrigo en manos de Taehyung antes de tomar asiento en la otra punta de la mesa frente a su padre, sus dos hermanos se encontraban sentados a los lados mirándole con aparente impresión; seguramente habían pensado que cómo siempre, sacaría una excusa para faltar. Él nunca hacía acto de presencia en las dichosas cenas familiares que organizaba su padre dos veces al mes para compartir las novedades, odiaba integrarse de manera tan íntima con su familia, pero dadas las circunstancias había decidido que debía asistir.

Está vez tenía motivos para estar presente.

—Si bueno, parece que tenía que estar aquí —se encogió de hombros sonriendo de lado de forma burlona —. Jin me pidió encarecidamente que asistiera dado a que tenía una gran noticia para darnos.

Su padre arqueó una ceja mirando en dirección al pelinegro mayor quien sonrió nerviosamente hacia su progenitor.

—¿Es eso así, Seokjin?

—Sí, bueno… pensaba decirlo más adelante mientras la cena transcurría, padre.

Yoo asintió. —Ya veo, entonces, cenemos.

Jungkook tarareó ladeando la cabeza encontrándose con la oscura mirada de su hermano Yoongi, el pelinegro frunció el ceño apartando rápidamente la mirada de él como si el sólo hecho de cruzarlas fuera un mal auguro. Aquello le hizo sonreír divertido recibiendo la copa de vino que le ofrecía la ama de llaves.

La cena comenzó oficialmente.

—¿Qué novedades hay?

Yoongi carraspeó pasando con un poco de vino lo que tenía en la boca, limpió las comisuras de sus labios con una servilleta sonriendo hacia su padre ampliamente.

—He podido finalizar un nuevo negocio con unos importadores japoneses, podremos conseguir algunas mercancías poco concurridas de primera mano, padre.

Yoo movió su copa de lado a lado dándole una mirada de reojo al pelinegro de en medio.

—¿Qué clase de mercancía?

—Las últimas motocicletas que van a sacar al mercado —aclaró manteniendo su sonrisa —. Son motos de alto cilindraje, son algo exclusivas.

—Bien —Yoo le dio un trago a la copa mirando en su dirección —. ¿Le pediste a Jungkook que las probara?

La sonrisa de Yoongi cayó inmediatamente.

—¿Disculpe?

—Jungkook tiene una afición particular por las motos de carreras y de alto cilindraje —comentó en un tono bastante altanero dándole una mirada llena de desdén —. Sería bueno que él hubiese revisado las motos antes de cerrar el trato, ¿no lo crees?

Jungkook sonrió divertido. —Dudo que lo hubiese hecho, padre. Yoongi detesta tener que ver conmigo.

—Es una lástima, entonces, si es que las motos no valen la pena ha sido una inversión perdida —Yoo suspiró mirando hacia Seokjin —. ¿Qué novedades tienes tú, Seokjin?

Yoongi apretó los puños sobre la mesa dedicándole una mirada llena de odio que Jungkook se encargó de ignorar. No era su culpa que Yoo lo tuviera en tan alta estima a diferencia de ellos.

—Voy a comprometerme, padre —musitó nerviosamente jugando con su copa de vino —. El padre de Yongsun ha decidido que es hora de concretar nuestra unión.

—Es una buena noticia —declaró Yoo sin emoción alguna en su tono de voz —. ¿Ya has elegido el anillo y cómo harás la propuesta?

—A Yongsun le gusta la nieve, viajaremos a Japón para ir a esquiar y alquilé una cabaña privada en medio del bosque nevado; allí le pediré matrimonio.

—Felicidades, hermano —Jungkook alzó su copa en dirección al pelinegro mayor notando su sonrisa honesta y sus ojos brillantes —. Espero que duren mil años con Yongsun.

—Gracias, Jungkook. Deseo que mis hermanos sean los padrinos de mi boda —aclaró con un movimiento de mano vago y nervioso —. ¿Está bien para ti? Ah, pero conseguiré la compañera perfecta para que puedas…

—No, ya tengo a alguien en mente —aclaró toscamente interrumpiendo la emocionada oración de su hermano cuando un castaño de ojos dorados hizo aparición en su mente. Seokjin le miró con curiosidad —. No te preocupes, seré tu padrino.

—Yo igual —aclaró Yoongi sonriendo hacia el mayor de ellos —. Puedes elegir la compañera que quieras como mi acompañante.

Seokjin sonrió más amplio. —Gracias hermanos.

—Bien, salud por Seokjin y su pronto compromiso —comentó Yoo alzando su copa, los tres hermanos la alzaron al mismo tiempo —. ¿Qué novedades tienes para mí, Jungkook?

—¿Yo? —sonrió tratando de que la diversión no fuera tan obvia en su tono de voz —. Puede que haya decidido regresar a la universidad.

La mesa se silenció repentinamente escuchando los cubiertos de Yoongi caer estrepitosamente contra el suelo. Jungkook se mantuvo sereno sobre su asiento jugando con su copa de vino.

—¿Volver a la universidad? —preguntó Yoo con tono contundente, como si se esforzara en no explotar agresivamente sobre él —. ¿Puedes explicarme qué significa eso?

—Volver es volver, ¿no? —levantó la mirada hacia su padre notando la ira brillar en sus ojos oscuros —. ¿Debo explicarle al gran Jeon Gong Yoo algo tan simple como eso?

—Jungkook… —susurró preocupado Seokjin.

—¿De qué demonios estás hablando? —explotó colérico Yoongi golpeando con sus palmas la mesa de forma exagerada —. ¿Cómo osas a responderle de ese modo a…?

—Yoongi, silencio —gruñó Yoo cortando inmediatamente las palabras de su mayor —. Explícame, Jungkook.

Jungkook suspiró. —Dije que volveré a la universidad, todavía puedo hacerlo.

—Si, eso es cierto. Pero mi pregunta no es esa, ¿tengo yo que explicarte a ti a qué me refiero?

Jungkook sonrió. —Puede ser.

Su tarareó hizo que Yoo apretara la mandíbula con malestar, Yoongi con su odiosa mirada parecía querer clavar mil cuchillos por todo su cuerpo absteniéndose de hacerlo gracias a la abrumadora presencia de Yoo.

Abrumadora para muchos, no para Jungkook.

—Bien, no aguantan una broma —blanqueando los ojos se reacomodó en su asiento —. Hace unos días tuve un intento de asesinato —comentó en tono casual viendo las miradas sorprendidas de los presentes en la mesa —. Sólo busco un medio para pasar desapercibido, la universidad llena de adultos jóvenes y gente común parece ser un buen sitio.

—Jungkook… —Seokjin parecía genuinamente preocupado —. ¿Por qué no dijiste nada hasta ahora?

—No fue nada, no me pasó nada.

—¿Qué hay del perpetrador?

La pregunta de su padre pareció llamar la atención de sus hermanos, Jungkook le miró.

—Lo asesiné —declaró con aburrimiento encogiéndose ligeramente de hombros —. Y también a su familia —sonrió lentamente mirando hacia Yoongi por cortos segundos notando la tensión que irradiaba de su cuerpo —. No quiso decirme quién lo contrató a pesar de que torturé y maté a su esposa frente a él, fue patético y anticlimático en muchos aspectos.

Yoo suspiró. —¿Dejaste todo limpio?

—¡Padre! —Yoongi volvió a levantarse exaltado —. ¿A qué se refiere con eso? ¿Acaso está de acuerdo con que haya asesinado de forma tan vil y…?

—¿De forma vil? —se burló cínicamente Jungkook, Yoongi le miró —. Fue en defensa propia, hermano. Él intentó asesinarme primero, yo sólo le devolví el favor multiplicado.

Yoongi pareció estremecerse con sus crueles palabras.

—Respondiendo a su duda, sí, lo hice. Seung se encargó de todo —Yoo asintió lentamente —. Sólo vine a la cena para comentarles sobre esas dos cosas.

—Aguarda un segundo, ¿ya te vas? —preguntó Seokjin al verlo levantarse de su asiento —. Todavía no nos has dicho nada.

—Estoy bien cómo puedes ver, Jin —declaró vagamente auto señalándose —. En cuánto a la universidad, ya toda la documentación está en orden. Por supuesto, no soy tan estúpido para entrar con este llamativo apellido, así que lo he cambiado.

—Bien —Yoo se cruzó de brazos —. ¿Alguien irá contigo a la universidad?

—Seung lo hará, también está listo para iniciar clases en unos días.

—Eso ha sido rápido —musitó Yoongi mirándole con sospecha —. Demasiado rápido.

—Soy ágil con mis tareas —aclaró burlonamente, Yoongi apretó los dientes malhumorado por su altiva respuesta —. Tengo cosas que hacer, espero no verlos pronto.

—Jungkook —llamó su padre deteniendo sus pasos cerca de la salida, el pelinegro le dio una mirada de reojo —. ¿En qué universidad has ingresado?

Jungkook sonrió. —Universidad estatal de Seúl.

Sin más que decir salió de allí ignorando la algarabía que su respuesta dejaba tras él. No le importaba lo que tuvieran que decir sus hermanos al respecto, sabía que Yoo respaldaría sus acciones dado a que sin importar lo que hiciera siempre cumplía con sus funciones en los negocios que su progenitor le hacía desempeñarse.

Él sabía porqué razones se movía, necesitaba estar cerca de su nueva obsesión. Sentía su piel picar dolorosamente a pesar de llevar tan sólo unas horas sin verlo.

Taehyung caminaba unos pasos tras de él mirando la siempre erguida espalda de su maestro.

—¿Cree que ha sido buena idea decirlo frente al maestro Yoongi?

Jungkook le miró. —Por esa misma razón lo he dicho, Taehyung. Si algo sucede en la universidad, ambos sabremos de quién ha sido la culpa.

—Entiendo —Taehyung sonrió por lo bajo adelantándose hacia el auto —. ¿Lo llevo a la clínica, joven Jeon?

—Si, quiero ver a mi ángel.

La puerta fue abierta para él tomando asiento esperando pacientemente a que lo llevaran a su próximo destino. La ansiedad se aglomeró densa en su estómago recordando la voz de Kang dándole las buenas novedades, finalmente, después de tantos días su preciado ángel había abierto los ojos.

Estaba deseando ver pronto esas preciosas esferas doradas.




JiMin se removió en la camilla frunciendo el ceño ante los murmullos que escuchaba dentro de la habitación sacándolo de su preciado sueño.

—¿Algo más por notificar?

—Parecía muy angustiado por el hecho de estar internado aquí, joven maestro —la voz de Kang llegó a sus oídos. Parpadeó un par de veces notando una alta figura imponente de pie frente a los dos hombres de traje dándole la espalda a la camilla —. Creo que debería hablar con él sobre eso, el joven JiMin estaba desconcertado.

—Gracias Kang, lo tendré en cuenta —palmeando el hombro del peligris miró hacia el rubio —. ¿Qué hay de la seguridad de su…?

—¿Hola? —su voz fue baja llamando la atención de las tres personas hacia él —. ¿Quién es?

El imponente hombre se giró sobre sus pies mirándole con aquellos ojos profundos y oscuros que JiMin reconocería en cualquier lugar del planeta. Los ojos del hombre al que le había salvado la vida y lo había admirado con intensidad segundos antes de perder la consciencia.

—Ángel —el pelinegro en dos zancadas se encontraba cerca de la camilla inclinándose sobre él —. ¿Cómo te sientes?

—Saldremos para darles privacidad, joven maestro.

—Llamen al doctor y esperen afuera de la habitación —ordenó dándoles un asentimiento observándolos salir de allí.

—Yo… —JiMin tomó asiento lentamente sintiéndose relativamente cohibido al ver que el pelinegro no se movía —. ¿Es usted mi benefactor?

—¿Benefactor?

—Bueno… —JiMin se sonrojó —. Ha pagado por este lugar sólo por mí, también parece que se ha hecho cargo de mis gastos médicos.

—¿Eso me hace tu benefactor?

—Si señor —asintió —. Me ha dado todos estos beneficios gratis.

—Tú salvaste mi vida, es normal que yo te lo regrese como corresponde —aclaró sin haber alejado ni un por instante la mirada de él. JiMin se removió nervioso en la camilla —. ¿Estás incómodo, ángel?

—¿Por qué me dice ángel?

Decidió ignorar la pregunta dado a que no sabía cómo responderla. No es que estuviera incómodo, era difícil no sentirse escrudiñado o intimidado cuando aquellas esferas oscuras se posaban con tal intensidad sobre él, sentía su rostro caliente y su cuerpo nervioso ante la gran presencia que tenía aquel hombre en la habitación, a pesar de que no parecía ser mucho mayor que él era tan imponente que simplemente le hacía sentir diminuto.

—Eso eres —declaró alejándose unos momentos para jalar una silla cerca de la camilla —. Cómo un ángel salvaste mi vida.

—Oh —JiMin no tuvo como refutar aquello.

—¿Te incomoda que te diga ángel?

—Oh no, para nada —negó inmediatamente moviendo su mano libre de manera nerviosa —. Sólo me sorprende, es todo.

—Entonces, ¿no estás incómodo con mi presencia?

—¡No! —casi gritó alarmado de hacerle pensar tal cosa al hombre que se había preocupado por su bienestar durante todos esos días —. ¿Cómo podría sentirme de tan horrible modo con mi benefactor?

Jungkook se encogió de hombros. —Sé que es difícil sentirse cómodo a mi alrededor.

—Pues no es mi caso, ¿de acuerdo? —JiMin frunció el ceño haciendo el amague de cruzar los brazos a pesar de no poder hacerlo. Jungkook sonrió divertido admirándolo con un peculiar brillo en sus ojos que retumbó en el corazón del castaño —. ¿Sucede algo, benefactor?

—No —murmuró apartando la mirada de él —. ¿Cómo te sientes?

—Bien, no he tenido dolor en el brazo. El doctor Choi ha estado pendiente de mí desde que desperté.

—Es su trabajo —Jungkook sonrió de un modo torcido. JiMin ladeó la cabeza —. Es una buena noticia saber que estás bien.

—Todo es gracias a usted, benefactor.

—Puedes tratarme sin formalidades, ángel —comentó en tono suave el pelinegro retrocediendo en su asiento —. Es extraño para mí que seas tan educado conmigo.

—Ah, pero usted parece ser mayor que yo. No estaría bien que le hable de manera informal, benefactor.

—No importa, yo te lo estoy pidiendo.

JiMin mordió su labio inferior con timidez. —Uhm, no estoy seguro de que pueda…

—Por favor, JiMin.

Su nombre dicho de tal modo hizo que su piel se erizara y el sonrojo bañara su cuello. Había una extraña intensidad escondida tras aquel llamado que repercutió en todo su ser sacudiéndole el corazón de un modo en que no sabía era posible, levantando la vista hacia el pelinegro observó la profundidad de su mirada completamente embelesado asintiendo lentamente lleno de un desconocido sentimiento emocionante e inexplorado para él.

Jungkook era por mucho, un ser atrayente y misterioso.

—Como gustes, benefactor.

Jungkook sonrió. —Eso suena mucho mejor. ¿Quieres seguir descansando? Yo hablaré con el doctor.

—Oh, ¿ya te vas? —preguntó en voz baja apretando la sábana bajo su palma. Jungkook le apreció en silencio —. Es decir, seguramente estás ocupado, lo siento por molestarte, benefactor.

—No, no me voy, JiMin —Jungkook tomó su mano buena dándole una suave caricia acompañada de un apretón ligero —. Estoy preocupado por ti. El doctor dijo que tenías varios problemas, quiero saber si hay alguna novedad y aprovechando que estás despierto quiero encargarme de otros papeleos; pero si te sientes cansado puedes dormir sin problemas, de todos modos, estaré aquí contigo.

—Ah, pero el señor Kang y el señor Yang hablaron sobre un compromiso que tenías.

—¿Señor Kang y señor Yang? —preguntó ignorando el resto de su oración arqueando una ceja con sospecha —. No debes decirles de ese modo, trabajan para mí, ángel.

—Oh, lo siento —JiMin se encogió en su sitio avergonzado —. Eso mismo dijo el señor… —al ver como el gesto del pelinegro se endurecía por sus palabras se corrigió inmediatamente —. Quiero decir, eso mismo dijo Kang. No debería llamarles señor.

—No, no lo hagas —aclaró en un tono de voz bajo y grave. JiMin asintió lentamente —. Respondiendo a tu duda, mi compromiso eres tú, JiMin. No tienes que preocuparte por nada más.

—Entiendo —JiMin sonrió tímidamente —. ¿Te quedarás esta noche, benefactor?

Jungkook le miró por largos segundos antes de asentir lentamente.

—Si, me quedaré contigo toda la noche si así lo deseas, ángel.

—No quiero quedarme solo —susurró aún más tímido mirando lejos del pelinegro hacia la ventana —. Sé que están Yang y Kang, pero…

—Está bien, ellos están aquí para custodiar tu seguridad. Pueden hacerlo afuera mientras yo me quedo contigo —Jungkook le dio un último apretón a su mano antes de soltarlo levantándose de su asiento cuando dos golpes sonaron en la puerta —. Hablaré con el doctor y haré una llamada, ahora regreso.

—De acuerdo, gracias benefactor.

—Gracias a ti, JiMin.

Abriendo la puerta el pelinegro salió de la habitación dándole ingreso a Kang y Yang quiénes se detuvieron cerca de la entrada. El rubio le dio una mirada curiosa mirándolo con interés.

—¿Qué sucede?

—¿Te sientes mal?

—No —frunció el ceño lleno de confusión —. ¿Por qué?

—Tu ritmo cardíaco está alto —señaló el monitor. JiMin abrió los ojos ampliamente mirando hacia el lugar señalado viendo que lo que decía Yang era cierto —. ¿Debemos llamar al médico?

—¡No! —gritó sorprendiendo a los dos hombres de traje. Carraspeó sintiéndose repentinamente humillado por su exagerada reacción —. Es decir, no, no es necesario. Estoy perfectamente.

—Como digas —Yang le dio una mirada sospechosa a diferencia de Kang quién parecía mirarle con diversión —. Maldición, ese grito me ha sorprendido.

—Ugh.

JiMin se dejó caer de espaldas sobre la camilla cerrando los ojos queriendo olvidar aquel arrebato repentino que tuvo. Eso había sido muy vergonzoso, aún más sabiendo que, ambos hombres podrían pensar cosas extrañas de él por su alarmante reacción; esperaba que no le comentaran nada de eso a su benefactor, de otro modo no sabría como mirarlo a los ojos sin recordar tan humillante momento.


[…]


—Listo —Jungkook observó fijamente la cama de JiMin absteniéndose de torcer el gesto al notar lo destartalada y vieja que se veía —. ¿Estás cómodo, ángel?

—Mmh, si… —susurró removiéndose en su sitio paseando la mirada por el pequeño espacio —. Algo así.

—Si no te sientes cómodo entonces nos moveremos de sitio.

JiMin le miró con aquellas brillantes esferas doradas que lo tenían increíblemente hipnotizado y atrapado desde hace días atrás.

—No tengo otro sitio a donde moverme, benefactor. Estaré bien aquí.

Jungkook frunció el ceño. —¿Cómo que no? Está mi casa.

El castaño abrió los ojos ampliamente observándole como si de repente le hubiese salido una segunda cabeza, Jungkook mantuvo su expresión en blanco esperando pacientemente recibir una respuesta positiva de su adorado ángel.

Tenía planes para ellos, a pesar de que JiMin no era consciente de ese hecho.

—No, no —sacudió la cabeza en una exagerada negativa, su ceño volvió a fruncirse molesto por aquella reacción —. ¿Cómo podría molestar a mi benefactor con eso? ¡Imposible!

—No me estás molestando, JiMin. ¿Tengo que repetírtelo de nuevo? —JiMin se encogió en su sitio mordiendo tímidamente su labio inferior lleno de temor —. Ángel…

Sentándose en la cama cerca del menor, tomó su pequeña mano buena entre la suya dándole suaves caricias al dorso. JiMin le miró en una mezcla de timidez y vergüenza con sus mejillas sonrojadas y sus esferas doradas aún más brillantes de lo normal, aquello hizo retumbar algo monstruoso y aterrador en su pecho. Respiró hondo tratando de no demostrar lo afectado que podía estar con sólo una mirada de su adorado ángel.

Qué difícil era controlarse alrededor de él para no demostrarle que era un jodido monstruo.

—Quiero lo mejor para ti, y me preocupa que en este sitio no te sientas cómodo. Estoy cuidando de ti, ¿recuerdas a qué acuerdo llegamos?

JiMin no podría olvidarlo. Dado a que gracias a Jungkook ahora estaba protegido por un seguro médico y que, además, gracias a su intervención el doctor Choi le permitió salir más pronto de lo anticipado de la clínica, era imposible que no recordara las condiciones bajo las que todo eso se hizo posible.

—Sólo si estaba bajo tu vigilancia, en caso de que decidieras que no me estoy cuidando correctamente volvería a la clínica. Lo sé, lo sé —se quejó con un puchero en sus labios. Jungkook se abstuvo de inclinarse sobre él para tomarlo de las mejillas y besarlo —. Es que, ya estás haciendo tanto por mí, benefactor, no quiero darte más tareas de las que ya tienes. Parece que eres alguien importante.

—¿Alguien importante? —JiMin asintió dejando que Jungkook peinara un par de mechones tras su oreja —. ¿De dónde sacas eso?

—Escuché a Taehyung hablando por teléfono en la tarde cuando saliste y me dejaste a su cuidado —murmuró mirando hacia su mano enyesada —. Él estaba diciendo que habías tenido problemas por haber faltado a una reunión importante en la mañana.

—Ah, eso —Jungkook le restó completa importancia al asunto recibiendo una mala mirada del castaño —. Taehyung lo decía porque era una reunión con mi padre, pero ya solucioné eso anoche. No tienes de qué preocuparte, ángel, no descuido absolutamente nada de mis labores. Ni a ti, ni a mis deberes.

JiMin le miró fijamente, estudiando su atractivo rostro sintiendo su estómago lleno de tensión por aquellos abrumadores ojos que parecían querer absorberlo con una sola mirada. Suspirando asintió lentamente sabiendo que era una batalla perdida desde el principio, no podía quejarse cuando Jungkook en esos días había hecho tanto por él en una muestra sincera de preocupación por su persona.

Era curioso como sentía que no podía negarse en lo absoluto a las peticiones del mayor, como si su cuerpo le exigiera simplemente dejarse llevar permitiéndole cumplir con sus caprichos. Tal vez se debía a la intensidad de su mirada, al brillo tan encantador que tenían sus oscuros ojos cuando le observaban con fijeza. JiMin no podría saberlo, pero en esos días se sentía completamente envuelto en la red del mayor y ya no tenía idea de cómo salirse de ella.

—Así que… ¿tu casa?

Jungkook sonrió besando el dorso de su mano con delicadeza. JiMin contuvo la respiración ante tan dulce acto sintiendo la piel de sus mejillas calentarse en un claro sonrojo.

—Es un pent-house en una zona exclusiva cerca del centro de Seúl —musitó levantándose de la cama para dirigirse a su armario —. Ya he pedido que preparen una habitación para ti.

—¿Ya lo habías pedido? ¡Benefactor!

Jungkook mantuvo su sonrisa prepotente en su rostro.

—¿Qué? Sin importar en donde vivieras, igual planeaba llevarte al final del día a mi casa. Necesito tenerte donde pueda verte, JiMin.

JiMin resopló. —¡Eso es injusto!

—¿Lo es? —Jungkook arqueó una ceja abriendo el armario para sacar sus prendas de allí —. Se le llama estrategia, deberías de conocerla, ángel.

—¿Por qué? ¿por qué estudio marketing y finanzas? —preguntó de forma sarcástica haciendo reír al pelinegro.

—Exactamente por eso —el teléfono del pelinegro sonó llamando la atención de ambos —. Está en mi chaqueta ángel, puedes contestar, por favor.

—Claro.

JiMin jaló la chaqueta que descansaba en la orilla de la cama hacia él tomando el teléfono del bolsillo interno de la prenda. Deslizó el dedo por la pantalla notando el nombre de Taehyung en ella.

Estás en altavoz, Taehyung —fue lo primero que dijo Jungkook sin darle oportunidad alguna al pelirrojo de decir algo —. ¿Qué sucede?

Joven maestro, Seung está afuera de la dirección que… nos dieron en la clínica —soltó un carraspeó incómodo antes de continuar —. Está esperando que salga, aparentemente dejó su teléfono en la oficina y le pidió a uno de los chicos que me llamara para comunicarse con usted.

Ya salgo. Gracias, Taehyung.

La llamada se cortó después de eso.

—¿Seung?

—Si —Jungkook se acercó tocando con la punta del dedo su nariz en un gesto adorable —. Es mi guardaespaldas.

—Creí que Taehyung lo era.

—No, Taehyung es mi asistente. Son dos tareas distintas, ángel.

—Oh… —JiMin parpadeó sorprendido, pensando en el físico que Taehyung tenía le parecía curioso que fuera más del tipo oficinista y no de seguridad —. ¿A qué vino él?

—Bueno, a parte de custodiar mi seguridad, vino a ayudarme a mover tus cosas.

—¿Mover mis cosas? —Jungkook asintió saliendo de la habitación —. ¿Cómo que mover mis cosas, benefactor?

Su pregunta fue ignorada cuando la figura imponente de Jungkook desapareció de su vista. El pelinegro se dirigió al pasillo notando la alta figura de Heeseung del otro lado de la puerta, abriéndola observó a dos chicos acompañando al pelinaranja.

—¿Nuevos?

—Si, están en entrenamiento de campo conmigo —Heeseung suspiró cruzándose de brazos —. El señor Jeon me pidió encarecidamente que los llevara.

—Ya veo —Jungkook estrechó los ojos sobre ellos. Los dos chicos se tensaron bajo la intensa mirada —. Espero que no hagan nada estúpido, podría decirle a Yoo que perecieron cumpliendo su misión.

Ellos claramente no eran estúpidos, conocían los famosos rumores que había alrededor del maestro más joven de los Jeon. Jungkook era por mucho alguien con quien pensarías más de tres veces si valía la pena meterse, sabiendo lo sádico que podía ser en cuanto a venganzas y juegos, era mejor simplemente ser obediente y discreto a su alrededor.

Algunos incluso decían que era mucho más intimidante que el propio patriarca. La academia de guardias que criaba la familia Jeon era de las mejores en el negocio de élites; de los tres hijos, Jungkook fue el único que ingresó y se graduó con honores de la academia dejando registros increíblemente monstruosos tras su paso derivando de allí su intimidante apodo.

—No señor, no se preocupe. No le estorbaremos —declaró uno de ellos en una reverencia leve —. Si nos permite ayudarle, con gusto lo haremos joven Je…

Sus palabras fueron interrumpidas cuando Jungkook lo tomó de las mejillas silenciándolo. Sus miradas se encontraron notando la oscuridad en los ojos ajenos intimidándolo de una forma en la que nunca se había sentido, ni siquiera bajo el escrutinio del patriarca.

Tal vez los rumores no eran tan descabellados después de todo.

—No digas mi apellido aquí. Llámame joven maestro, nada más.

—Entendido —respondió por él, el otro chico en una reverencia —. Lo sentimos joven maestro, no sabíamos de eso.

—Bien —Jungkook lo soltó alejándose de ellos —. ¿Trajiste lo que te pedí, Seung?

—Está estacionado en frente, joven maestro. ¿Empezamos ya?

—Si, hay mucho que hacer antes de mañana.

Heeseung asintió dándole rápidas instrucciones a los dos nuevos quiénes se movieron de inmediato para cumplir con su deber de forma veloz.

Jungkook regresó sobre sus pasos hacia la habitación viendo a JiMin doblar su ropa de forma organizada, sonrió cuando sus miradas se cruzaron notando el reproche en las brillantes esferas doradas.

—¿Estás enojado, ángel?

—No… —JiMin suspiró —. Me dejaste con la pregunta a medias.

—Lo siento, no era mi intención —inclinándose cerca de él hizo que sus miradas volvieran a conectarse notando como las mejillas ajenas se sonrojaban intensamente —. Ya que estarás enyesado una temporada y que tienes unas indicaciones estrictas qué seguir, es mejor que te mudes conmigo, así podré cuidarte sin preocupaciones.

—Benefactor… —JiMin parpadeó lleno de incertidumbre —. ¿Estás seguro de que es una buena decisión? Es que yo…

—Estoy seguro —aclaró interrumpiendo las palabras del castaño —. Pero si te estoy incomodando con mis decisiones, puedes decírmelo y desistiré. Prefiero entonces que te quedes en la clínica.

JiMin negó inmediatamente. —Estoy bien con lo que tú decidas, benefactor. Sé que lo haces por mi bienestar.

—Correcto —Jungkook peinó sus cabellos castaños suavemente —. Únicamente por ti, ángel.

—Pero ¿cómo le haré con la universidad? Tengo que ir a clases a pesar de todo.

—Arreglaré eso, está bien —JiMin asintió lentamente —. Déjalo en mis manos, JiMin, yo me haré cargo de todo.

—Está bien, confío en ti, benefactor.

Jungkook torció el gesto. JiMin no debería confiar tan a la ligera en él, pero no le diría aquello y tampoco haría algo al respecto que pudiera asustarlo y alejarlo de él; confiaba en su autocontrol, suficiente era con que pudiera llevárselo junto a él al pent-house que había comprado específicamente pensando en ellos. Yoo parecía querer indagar en sus repentinas acciones, sabiendo que él no era la clase de hombre que se llenaba de propiedades y hacía compras exorbitantes sólo porque sí; era por eso por lo que había mandado a dos novatos de la academia bajo el cuidado de Heeseung con la excusa del entrenamiento de campo.

No es que Jungkook estuviera escondiendo a JiMin, pero por ahora estaba siendo receloso sabiendo que Yoo no era el único interesado en sus acciones; Yoongi seguramente estaría al tanto de su nueva adquisición, tendría que prepararse para recibir las nuevas amenazas de su hermano mayor.

Lo primordial para él era la seguridad de su adorado ángel, por eso también había decidido llevarlo con él. No podía darse el lujo de dejarlo allí sin importar a cuántos de sus hombres pusiera para custodiar su seguridad, sólo podría sentirse tranquilo teniéndolo bajo su mismo techo y bajo su estricta vigilancia. Para buena suerte de Jungkook, JiMin no parecía demasiado preocupado por la extraña situación y eso era una ventaja para él.

Mientras JiMin no preguntara o no sospechara, podría salirse con la suya.

—Eso es bueno, ángel —inclinándose aún más cerca besó la mejilla del castaño en un inesperado movimiento —. Continúa doblando tu ropa, yo iré a guardar otras cosas. Ahora traigo las valijas para guardar todo esto.

JiMin parecía congelado sobre su sitio con ojos grandes y brillantes mirándolo fijamente. Jungkook le sonrió antes de salir de la habitación bastante consciente de que, si seguía allí, no podría controlarse y terminaría encima de él besándolo salvajemente tanto como quería.

Aun no. Se recriminó.

Todavía no era momento de hacer sus movimientos. Una vez que estuviera completamente envuelto en la vida del menor, haciéndose indispensable para él, entonces, podría deliberadamente realizar su plan de acción. JiMin era suyo desde el momento en que chocaron miradas, desde el momento en que se arriesgó a salvarlo, desde el momento en que se aferró a su cuerpo aun en la inconsciencia.

JiMin era suyo desde que el monstruo que dormía plácidamente en el fondo de su corazón despertó sacudido por la brillante presencia del castaño.

No había nada ni nadie que pudiera evitarlo.

Ni siquiera el propio JiMin.



[1] Las escayolas se utilizan para tratar fracturas, dislocaciones, operaciones u otras lesiones. Están compuestas por dos capas: una suave de algodón que toca la piel y otra dura que impide que el hueso se mueva




Hola!

¿Cómo están?


He venido con un nuevo escrito en el que he estado trabajando durante mis tiempos libres para ustedes. Esto será un two-shot con un posible extra dependiendo de cómo le vaya. Espero que les guste y que lo disfruten tanto como yo disfruto escribirles a ustedes.


Eso es todo, ¡gracias por leerme!

Hee♡