01:¿Arreglarte en ganar o perder
She’s not a bad kid
She’s not a bad kid
But she had to do it
She had to do it
They’re not a bad kid
But they had to do it
They couldn’t not
They had to face off
Hayloft II - MotherMother.
Tadashi Yamaguchi, siempre había sido el chico que solía ser el ejemplo a seguir, el perfecto, el amable, el atento. Aunque eso era solo una tapadera, nadie es tan perfecto como desearían. Y eso, hace tiempo cambio.
— ¡Tú!
Una voz penetrante y grave sonaba en un callejón con final cerrado. Estaba atrapado. El peliverde se tambaleo en su lugar mientras sacaba un arma de su bolsillo y apuntaba sin piedad a quien lo perseguía.
— ¡Muevete o disparo!
Amenazó, intentando verse aterrador, mostrando que no bromeaba mientras colocaba su dedo índice en el gatillo. Embozo una sonrisa mientras disparaba y susurraba un “Ups” comenzando a trepar el muro. Sus piernas y manos estaban cansadas, pero no podía perder ahora, no.
Había llegado muy lejos como para rendirse ahora. Guardo el arma en su cinturón con bolsillos y siguió trepando, intentando no ser atrapado. Su corazón latía a mil por segundo y las ampollas en sus manos ardían levemente.
— ¡Ven aquí!
Escucho para casí al instante sentir como le tiraban del pie intentando hacerlo caer. ¡No, no, no! Comenzó a patear, sosteniéndose del borde de la pared con las manos.
— ¡Muerete!
Grito cuando niveló una patada al rostro del hombre encapuchado, saliendo a correr como nunca antes por encima del techo que había tras aquella pared en el callejón.
Respiraba agitadamente mientras se sostenía el estómago aguantando el dolor que provocaba hacer tanto movimiento sin haber comido en días. Los rugidos que emitían su cansado, hambriento y adolorido cuerpo no los podía explicar. Se retorcia en el hecho de alguna casa de Japón mientras sostenía su estómago.
¡Por Moisés, dolía como el infierno! Las municiones de alimento se habían acabado hace días y su cuerpo se había dado cuenta. Apenas podía vivir de algunas aves que lograba cazar, pero era difícil a mano propia.
— ¡Mocoso, ven aquí!
¿Acaso no se cansaba? Corrió como pudo por el techo sosteniendo sus estómago intentando que el dolor no lo detenga. Sus entrañas se revolvian mientras corría sin parar. Sus cabellos verdes se escapaban de la capucha que llevaba puesta para tomar aire. Estaba transpirado y cansado, por suerte, al haber disparado en la pierna a aquel hombre, no podría llegar hasta allí arriba.
El frío viento de la ciudad golpeaba su rostro mientras se tambaleaba en el techo. Había logrado conseguir algo de comida; nada más que unas patatas fritas y algo de agua. Mentiría si dijiera que había pagado por ellas, pero tampoco las había robado. Una linda señora lo vio rondando por las calles, cubierto, y según ella “desnutrido”, entonces se prestó para darle comida, algo que le pareció extraño.
Al principio, no quería comerla, tenía miedo de que tuviese veneno o algo así, por suerte, no. O quizás ya había desarrollado mithridatización por haber consumido pequeñas cantidades de veneno, aunque no creía.
— Hey, hey, hey.
Oh... ¿Por que ahora? Se quedó frío, aunque no completamente estático, por costumbre para que no lo ataquen cuando no este en giardia.
— Yo...Ya sabes, no puedo.
— Ya sabes las reglas. ¡Lo juraste, Yamaguchi! ¡Con pactó de sangre!
— Juro que lo intente, solo que...
— ¡Siempre malditas excusas! No se porque confíe en tí para este trabajo. — Hizo un espacio, sacando un arma. — Ojo por ojo, pierna por pierna.
No. No. No. Por favor, ahora no. Lo observo sacando su arma también mientras le sacaba la traba de Seguridad y ponía su dedo en el gatillo observandolo fijamente.
— Creo que olvidaste porque me contrataste.
Le guiño un ojo apuntándole con la pistola mientras veía como el otro chico soplaba la punta simulando que era un vaquero del viejo Oeste. Ese hombre era rarísimo.
— Ya sabes, disparas y disparó. — Se le quedó mirándolo mientras se acercaba de a poco. — Y si no disparas, también.
Se quedó estático, pero en guardia. No podía hablar en serio, así que hizo lo único que sabía: Correr. Correr sin parar. Huir.
Pero no fue lo suficiente rápido, una bala llegó rápidamente e impacto contra su pierna, haciéndolo caer. ¡No, ahora no!...Pero ya era tarde. Estaba acabado.
— Sabías las reglas. No las cumpliste.
Un fuerte dolor invadía su pierna, lo extraño era que no sólo en la zona afectada por el balazo, sino en todo su cuerpo, como si se hubiese expandido. De repente, lo que sentía desapareció, y sus ojos se cerraron.
No podía esperar más, eran niños. Por eso podía aprovecharse de su inocencia, de sus ganas de volver a vivir como antes, para su propio bien. Y eso haría, sin lugar a dudas.
Encapuchado, acechaba los frías y putrefactos callejones de Miyagi. Sus pasos dejaban marcas celestiales, casí mágicas, mientras que sus manos, cubiertas por una túnica, estaban esperando su momento para hacer lo que tanto ansiaba.
Solo necesitaba a tres almas sucias que quieran arreglar sus problemas para ser felices. Al ser tan curiosamente inocentes, no se podrán negar, el deseo lo impedirá.
Abrió su pequeña libreta de hojas cafes por la antigüedad, los bordes estaban algo doblados y poblados por un poco de moho, seguro se había mojado en algún día de lluvia.
Bokuto Kotaro, encontró primero en su lista. Él no le tiene miedo ni al pasado ni al futuro, le tiene pánico al hoy.
Yamaguchi Tadashi. Él odia su pasado. Así que lo reescribirá.
Y por último, Hinata Shoyo. Finge estar feliz con su pasado, presente y futuro, así que, como el único que quedó disponible es el futuro, allí irá.
Les deseaba mucha suerte. O quizás le daba igual. Volteo la parte escrita de la libreta mientras arrancaba bruscamente tres hojas y tomaba su pluma, sacando el pequeño frasco de tinta que siempre llevaba de repuesto.
“No sabréis quien soy, tampoco van a querer enterarse, o a menos no ahora. ¿Quieren que todo sea flores vivas y no cenizas marchitas? Entonces consigais lo que habéis perdido en su tiempo indicado, y podréis huir de la tristeza que los atormenta.”
Escribió en las tres el mismo mensaje, pero algo modificado. El de Yamaguchi tenía un tono más antiguo. Solo esperaba que lo entienda. Aguanto una risa amarga mientras dejaba la tinta y pluma tiradas en el piso, excepto por las “cartas”. Sacó sus manos nuevamente del abrigo y tocó cada hoja con el dedo índice. Se tiñeron de color negro oscuro mientras desaparecían. Trabajo sencillo.
Sonrió de lado con un “as” de maldad bajo las mangas, de forma literal. Luego siguió caminando hasta el final del callejón y desapareció.
Esos tres chicos tenían algo en común.
Lo más importante para ellos se había perdido en el tiempo, y ahora debían encontrarlo.










omg, no tengo palabras