be mine again.
Antes de leer !
El contenido de esta historia ha sido escrito con el fin de entretener. Aborda contenido sexual lésbico leve.
Recuerda que esto es ficción y no tiene nada que ver nada con la vida real de los idols.
jennie top; jisoo bottom. (mención de infidelidad y del haesoo - haein, jisoo)

¿Infidelidad? Joder, están por todas partes, pero jamás imaginé que tendría que vivir una por parte de la mujer que, según yo, amaba y quería estar por el resto de mi vida.
Jodida mierda, Jennie, ¿Qué me has hecho?

Jisoo.
Hace algunos meses tuve que hacer un viaje imprevisto a Estados Unidos. Tenía que arreglar algunos asuntos relacionados con mi beca, así que me fui. Mi novia Jennie—corrijo, mi exnovia Jennie—, tan comprensiva con la situación, decidió en mi ausencia follarse a mi mejor amiga.
El pan de cada día.
Me enojé, ¿Cómo no? Me traicionó de la peor manera. Le otorgué mi confianza, ¿Y qué hizo ella? Meter a la primera culisuelta en nuestra cama mientras yo estaba en otro país, planeando parte de nuestro futuro juntas.
¡Y vaya! No pensé que gracias a eso conocería a un hombre amable y dispuesto a arriesgar todo para estar conmigo, Haein ha sido de gran apoyo para mí en esta situación, y como la vida sigue, decidí darle una oportunidad cuando se me confesó de manera inesperada, ¿Por qué no?
Aunque sin dejar atrás a Jennie. En estos últimos meses, desde que terminamos, ha estado buscándome, enviándome arreglos de flores, invitándome a salir, escribiéndome cartas… Pero nada de esto va a reparar el daño que me hizo. Y Haein está harto de sus pretensiones. Así que, un día, mientras me acompañaba al trabajo, nos encontramos con Jennie fuera de la oficina y él decidió que era un buen momento para ponerle un alto.
—¡Hey, tú! —gritó, haciendo que las personas a nuestro alrededor posaran su atención en nosotros—. Deja de estarle mandando regalos a mi novia, déjala en paz. ¿Qué parte no entiendes de que tú y ella ya terminaron? Deja que sea feliz con alguien más, suficiente tienes con el daño que le hiciste.
Jennie soltó una carcajada burlona que me descolocó, al igual que a Haein, quien no entendía el porqué de su reacción.
Haein me miró con cierta tristeza en el rostro. Dios… tiene razón.
—Jennie, si no te puse un alto antes, lo haré ahora —dije con firmeza—. Deja de estar mandando cosas a mi casa, por favor. Tú y yo ya no somos absolutamente nada, así que ahórrate el tiempo y el dinero que gasta en ello. Haein, vámonos de aquí.
Le di una última mirada a Jennie, quien seguía con esa expresión burlona. Tomé a mi novio de la mano y traté de salir del foco de atención de la gente, hasta que una mano me jaló bruscamente del brazo, arrancándome un pequeño gemido de dolor.
Era Jennie. Su mirada reflejaba ira. Observó a Haein y rió antes de decir:
—Hombre, Jisoo dejará de ser tu novia en menos de lo que canta un gallo. Así que sé feliz con ella los últimos días, porque ella —me señaló con el dedo— volverá a ser mía otra vez.
Y con eso, se fue por la calle, dejándome perpleja por sus palabras… Y sonrojada.
Cuando salí de mi trance, me di cuenta de que Haein también estaba colorado, pero de ira.
—No le creas ni caigas en nada de lo que dice —dije, intentando tranquilizarlo—. Es inmaduro de su parte. No terminaré mi relación contigo, y mucho menos por ella. Ahora vámonos, que se me hace tarde.
Él asintió, aunque no muy convencido, y luego plantó un beso en mis labios, haciéndome olvidar por un momento las palabras de Jennie.
¿Ser suya otra vez? ¡Já! En sus sueños.

Jennie.
Lalisa escupió su bebida cuando terminé de contarle lo que había pasado.
—Sigo sin creer que Jisoo me haya dicho eso.
Pero, por supuesto, no me voy a quedar de brazos cruzados.
—Dios, me da tanta pena por ese tipo. O sea, sin siquiera haber estado ahí, se nota que Jisoo te sigue amando —dijo mientras tomaba unas servilletas de la mesa y limpiaba el desastre en el suelo—. Jennie, no puedes desaprovechar esa oportunidad.
—Claro que no. He investigado un poco y sé que él suele trabajar por las noches. Debería tener en cuenta eso. Es la oportunidad perfecta.
—¿Piensas follártela mientras su novio trabaja? —preguntó, levantándose del suelo para dirigirse a los botes de basura y arrojar las servilletas.
—No, Lalisa. Te digo que quiero hacer las cosas bien. Sé que fui una estúpida al engañarla, pero estaba borracha y ella no quiso escuchar mi versión —respondí, un poco afligida.
—¿Y qué esperas? Deja de lamentarte. Lo que pasó, pasó. Ve a su casa ahora. Ya es tarde, tal vez ese tal Haein no esté. Es tu oportunidad, tigre.
Ambas reímos por el apodo. Me levanté, me despedí de ella dejando algunos billetes en la mesa y salí del lugar, dispuesta a recuperar a la mujer que amo.
Mientras caminaba, no muy lejos de mi destino, reflexioné y traté de preparar un discurso en mi mente para que Jisoo escuchara mi versión sin arrojarme algo o matarme en el intento.
Después de varios minutos, llegué al edificio donde vivía Jisoo. Me dirigí al vestíbulo, donde algunas personas estaban ocupadas en su trabajo. Jisoo había negado mi acceso a su departamento cuando terminamos, y con mucha razón.
La recepcionista, al notar mi presencia, me atendió de una forma no muy amable. Ella estaba al tanto de todo. Fue quien le dijo a Jisoo que yo estaba en el apartamento con otra mujer. Demasiado amigable de su parte.
—Buenas noches. ¿Qué se le ofrece?
—Buenas noches —respondí, no muy convencida de su amabilidad—. Por favor, infórmele a la señorita Kim Jisoo, del piso seis, que Jennie Kim está aquí y que no se va a ir hasta hablar con ella.
La mujer asintió.
—Deme un momento.
Me dirigió una mirada de arriba abajo y carraspeó antes de hablar por el intercomunicador.
—¿Señorita Kim?
—Diga. —se escuchó al otro lado de la línea.
—Aquí abajo se encuentra la señorita Jennie Kim. Insiste en hablar con usted y dice que no se irá hasta que acepte recibirla.
Se oyó un suspiro cansado a través del teléfono.
—Dile que pase, por favor. Gracias.
La recepcionista colgó la llamada y me miró sin mucho interés.
—Puede seguir.
—Gracias.
Llegué al elevador y presioné el botón del piso correspondiente. No voy a negar que me siento nerviosa. Jisoo ha sido una mujer muy importante en mi vida, y el hecho de que nuestra relación terminara de esa forma, sumado a que ahora estoy frente al que fue nuestro hogar, me llena de un sinfín de emociones. Muchas de ellas tristes, por recordar todo lo vivido en este lugar.
Pero de algo estaba segura: la iba a recuperar, a como diera lugar.
Temerosa, toqué tres veces la puerta. Al instante, fue abierta por una Jisoo en bata, recién salida de la ducha.
Carajo.
Incontables imágenes pasaron por mi mente sobre lo que podría haber debajo de esa bata, y aunque conocía ese cuerpo como la palma de mi mano, siempre se sentía como la primera vez.
—¿Jennie, me estás escuchando?
Salí de mi pequeño trance, sonrojada.
—Por supuesto que sí —mentí.
—Bien, entonces pasa.
Se hizo a un lado, y entré tal como lo indicó. Fruncí el ceño al notar que muchas cosas habían cambiado. Nuestras fotografías ya no estaban. En su lugar, había imágenes de Jisoo con Haein, demasiado felices a mi parecer. No me gustó para nada.
—Entonces, ¿Cuál era la insistencia de hablar conmigo? Pensé que todo estaba claro ya.
—Oh no, nada está claro, porque nunca me dejaste explicar mi versión de lo sucedido.
—¿Y qué tendrías que explicar? ¡¿El cómo te encontré en nuestra cama con otra, y lo peor de todo, con mi mejor amiga?!
—¡Jisoo!
Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Me acerqué y no dudé en atraerla a mis brazos. Si quería que me perdonara, el momento era ahora.
—Cuando eso sucedió fue el día de nuestra discusión. Estaba muy enojada y corrí al primer bar que encontré camino a casa. Me emborraché, no sabía lo que hacía. Sí, me enredé con ella, pero estoy segura de que se aprovechó de la situación. Si yo no hubiera estado borracha, esto jamás habría pasado, porque te amo. Eres la única mujer que quiero en mi cama, a ninguna otra.
Lentamente, se separó de mí.
—No sé si pueda volver a confiar en ti. ¿Qué tal si esto vuelve a pasar? ¿La excusa también será la misma?
—No. No lo será. Dame otra oportunidad. Haré las cosas bien, por favor.
—No te creo nada.
Su respuesta me golpeó más de lo que esperaba.
—Ahora estoy en una nueva relación con Haein y, aunque no lo parezca, soy muy feliz con él. Lo mejor es que te vayas. No quiero un malentendido con Haein.
Caminó hacia la puerta y me miró una última vez.
—Te perdono, Jennie. Pero no podemos estar juntas otra vez. Es lo mejor.
Avancé hacia ella, mirándola a los ojos.
—Jisoo...
—Jennie por favor, ya basta. No lo volveré a repetirlo, así que- —la callé uniendo nuestras bocas en un beso intenso. Y aunque al principio se negó, terminó cediendo de la misma manera. Ahora, ambas peleábamos por el control de eso, terminando yo como ganadora. Separó sus labios permitiéndole a mi lengua explorar su cavidad bucal de manera ansiosa. Nos separamos por la falta de oxígeno y pude ver en sus ojos lo que tanto he anhelado esta noche.
—Déjame demostrarte lo arrepentida que estoy, déjame demostrarte lo mucho que te amo, no te quiero perder. Por favor. —viéndola indecisa sobre que hacer, la besé de nuevo, pero esta vez, sin prisa, dándole a entender lo que pasaría si me aceptaba de nuevo. —Por favor... —susurré en un último intento.
—Demuéstrame lo mucho que me amas, demuéstrame que soy mucho mejor que cualquier otra chica.
Solo eso bastó para tomarla entre mis brazos y llevarla a nuestra habitación. Al entrar a pasos torpes nuestras bocas chocaron de nuevo y lentamente nos fui arrastrando hacia la cama. Mis manos se colaron a la cuerda de su bata, y sin apartar los ojos de la maravillosa mujer que tenía en frente, la jalo viendo como acaricia su piel al momento de caer a sus pies, y como deseé ser esa bata en ese momento.
Conectamos nuestras miradas, y supimos en ese momento que siempre seriamos nosotras dos. Nadie más.
La atraje hacia mí, enrolló sus brazos alrededor de mi cuello dándome total acceso al suyo y sin perder más el tiempo besé sus clavículas dejando una que otra mordida y marca. Bajé un poco más y tomé uno de sus pezones en mi boca lamiéndolo y chupándolo suavemente, sacándole suspiros de placer. Sus manos agarraron mi cabello con fuerza y gimió cuando pellizque su otro pezón de manera brusca.
—Jennie, ah. —gimió ante mis tactos. —Por favor...
—Por favor, ¿qué?
—Déjame quitarte la ropa, quiero verte. —sonreí con malicia. Solté su pezón y me enderecé mirándola.
—Quítamela, ni siquiera lo tienes que pedir. —antes de comenzar a desabotonar mi camisa dejó un corto beso en mis labios que sin duda me dejaron con ganas de más. La tela blanca cayó al suelo seguido de mi sostén.
—Te amo Jennie, y no creo dejarlo de hacerlo algún día. —me besó. Lo hizo como la primera vez, cómo cuando solo eramos unas adolescentes, y me di cuenta de que yo tampoco podría dejar de amarla.
Suavemente la arrojé a la cama y me posé encima de su cuerpo rozando nuestros pezones que sentí una corriente recorrer mi cuerpo por tal acción. Besándonos con frenesí en nuestra pequeña burbuja. Dispuestas a entregarnos la una a la otra.
Recorrí su cuerpo con mi lengua, trazando círculos y dejando besos por toda su piel, marcándola cómo mía.
—Eres tan hermosa, Haein tuvo suerte de encontrarte. —mencioné.
—Oh, Jennie, no lo menciones, no ahora. —jadeó.
Reí para mis adentros, sin quererlo, la situación se repetía, pero eso ya era un asunto que arreglar mañana.
Me dirigí hasta su húmedo centro y aspiré con ganas su aroma, joder, olía tan bien. Deje un beso allí para comenzar a lamer y a succionar todo de ella. —Ah sí, así. —gimió apoyándose sobre sus codos, conectamos nuestras miradas y una idea atravesó por mi mente. Entre mis dientes agarre su clítoris y mordisquee viéndola retorcerse de placer ante tal acto. —¿Piensas volverme loca, no es así? —preguntó agitada.
—Puede ser. Tenemos una larga noche para eso. —entre mis manos tomé sus muslos y los llevé hacia mis hombros dándome un mejor acceso a su entrada. Con las yemas de mis dedos separé sus pliegues, y con mi pulgar acaricié su pequeño botón. —¿Haein es bueno en la cama? —un poco de diversión no vendría nada mal.
—¿P-Por qué me preguntas eso?
—Curiosidad. —sonrió de lado. Oh no, definitivamente la respuesta no me iba a gustar.
—Es jodidamente bueno. —gruñí. En definitiva, no me gustó.
—¿Tan jodidamente bueno cómo yo? —de una sola estocada introduje dos dedos en su entrada moviéndolos frenéticamente, entrando y saliendo de golpe. Jisoo era un mar de gemidos. Inclinó su cuerpo en busca de más fricción entre mis dedos y su vagina, pero se lo negué, sacándolos bruscamente de su interior. —Te voy a demostrar que nadie es tan bueno como yo. —levanté una de sus piernas, y como si fuera un rompecabezas uní completamente nuestros sexos.
Agarré su cadera para sostenerme comenzando un vaivén intenso sobre las dos. Una oleada de calor invadía la habitación y lo único que se podía escuchar eran las suplicas de Jisoo, quién apretaba las sábanas con sus manos suprimiendo parte del placer que estaba recibiendo.
—Oh Dios... —gimió.
Me moví mucho más rápido, lo que más pudiese. Sentí mi vista nublarse, joder, voy a llegar.
—Jisoo, dime que eres mía, dime que a pesar de todo siempre lo vas a ser.
—Siempre voy a ser tuya, no importa lo que pase, mi corazón te pertenece a ti.
Y entres gemidos y una que otra maldición, solo eso bastó para acabar juntas.

escrito por: © jensoour