Sólo quedó el frío invierno

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Sinopsis

Al ser testigo del gran caos que provocó el ejercito chino, tomó cartas en el asunto y se dispuso a resolverlo directamente por si mismo. La primavera finalmente había terminado mas solamente el frío toque de aquella ausencia cubrió tenuemente la nostalgia que había provocado su partida.

Genero:
Adventure/Romance
Autor/a:
Krileus
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Sólo quedó el frío invierno

A inicios de primavera un aroma floral inundaba la pequeña cabaña, en ella habitaba un eunuco conocido como "el Perro Fiel del Rey"; el apodo surgió de la gran lealtad y obediencia que este eunuco le brindaba a su majestad desde temprana edad. Pronto así, se convirtió en el ayudante del Eunuco Mayor. Aquel viejo y arrugado señor brindó de gran sabiduría al joven promiscuo, le instruyó sobre los pasos y cuidados que debería tener con su alteza y las concubinas.

Esa misma tarde, el rey del reino Koguryo, tuvo una audiencia con el gobernador y el General Mayor. Ante tal asunto de importancia les provocó una gran sed. El eunuco viendo la oportunidad de poder ver al rey, cogió la bandeja y entró.

─Mi señoría, me temo que debemos hacer uso de los militares del sur, nuestra frontera ha sido duramente atacada, los suplementos se escasean y han habido demasiadas pérdidas. Me temo que de no hacerlo, nosotros...

─Lo entiendo, toma a 100 mil soldados, sí, sé que no son suficientes pero nos dará tiempo de planear una estrategia y poder contraatacar. Gobernador, pediré que envíes recursos y suministros suficientes emergentes de Kuson y Taechan.

El eunuco después de repartir las cuencas, partió. Ya en su habitación escogió un pequeño sobre y en este guardó una nota, decía así:

"La luna brillaba en el cielo,

como un reflejo de tu hermosura.

Mi corazón latía con pasión,

por el caballero de mi vida.


En los jardines del palacio,

caminábamos juntos, en silencio.

Tu risa, como una melodía,

envolvía mi alma con alegría.


En la corte de Joseon,

mi amor por ti era prohibido.

Pero mi corazón no podía mentir,

era tuyo para siempre.


Aunque estemos lejos, mi amor,

sabes que mi corazón te pertenece.

En los sueños, me abrazas,

y mi alma se llena de felicidad".


Al día siguiente, el rey encontró en el buró de su habitación el sobre que tanto anhelaba, cada mañana al despertar un envoltorio de distinto color se posaba ante sus ojos. Su majestad sabiendo de quién se trataba, cada vez que comenzaba a leer la poesía redactada con una exquisita caligrafía, su corazón se alegraba.

La hora de partida había llegado, tres días después de aquella conversación, el rey dispuso de su presencia para contraatacar al ejército chino, ya que era sumamente necesario que esta vez dirigiera por sí mismo para poder vencer.

Cinco días ya habían pasado desde que el rey marchó a las afueras de la capital, el eunuco seguía a la espera de ver cruzar a su majestad con la cabeza del enemigo en manos. Esa misma noche la añoranza proclamaba, la preocupación reinaba; consiguiendo tinta y papel, trazaba línea por línea cada inquietud que tenía.

"Mi voz no tiene espada ni fuerza,

mas late en mi corazón tu nobleza,

te pido que guíes con sabiduría,

y lleves al reino hacia la victoria.


Los tambores de guerra suenan fuertemente en el horizonte,

y tu ejército se prepara para el combate y la contienda,

te pido que recuerdes a todos aquellos que lucharán,

y que los guíes con sabiduría, honor y humanidad.


Oh majestad, mi rey amado,

mi voz se eleva hacia ti, sin haber sido llamado,

te ruego que guíes a tus soldados con prudencia y valor,

y que regreses victorioso a nuestro reino de amor".


Día y noche soldados bañados en sangre peleaban por su vida, cuerpos comenzando el estado de descomposición yacían en el campo de batalla, compañeros heridos y hermanos caídos. El décimo día el ejército chino lanzó una fuerte ofensiva que obligó a las fuerzas del Reino Koguryo a cruzar al otro lado del río Yalu que separaba a China de Corea.

Esta noche helada con la simple iluminación de fogatas, tiendas llenas y el Médico Imperial trabajando sin cesar, era decisiva para el reino, cualquier decisión que se tomara pondría en juego su futuro. Todo el peso recaía en manos del rey, mientras su corazón entristecía con inquietud por una sola persona.

─General, sabe lo que tiene que hacer. ─Tomando un sorbo de té Nokcha, su abanico se desplomaba y azotaba contra la mesa con decisión─.

El General Mayor asintió, realizó una reverencia mostrando respeto hacia su monarca; con impotencia y de mala gana montó al caballo, tomando así las riendas y partiendo. Paulatinamente desapareció ante la vista del rey. Su sombra siendo parte de la misma niebla, los demás ejecutaron la orden de su majestad.

No pasó más de un día cuando llegó la noticia que el ejército chino ya había tomado la ciudad de Anju con intenciones de llegar a Pyongyang, esto los ponía en una gran desventaja ya que si tomaban a Pyongyang sólo bastarían dos días para conquistar un tercio de su territorio.

Era un momento crucial, así que tomó personal de Hamgyong y Hwanghae. Juntos hacían la cantidad de más de 9 mil millones de militares que pelearían por recuperar su territorio y defender a su alteza.

Sólo bastaron tres días más para que ambos bandos se defendieran y atacaran. China, perdiendo más de la mitad de su ejército se retiró a regañadientes, y así, la eterna y cálida primavera continuó. Pero algo era diferente, distinto, ¿por qué parecían tan desanimados? La respuesta era la siguiente: Aproximadamente hubo como resultado un total de 554 mil fallecidos que iban desde militares, hasta los propios civiles; sin embargo, la gloria y el honor de la victoria llegó y alegró al reino.

Personas heridas en carruajes entraban a la capital, caballos y demás militares ensangrentados, unos cojeando y otros faltados de extremidades fueron recibidos por el reino, siendo atendidos por los ciudadanos con gran entusiasmo.

Gente de los reinos vecinos brindaron su hospitalidad y enviaron materiales de construcción junto con personal para demostrar su apoyo ante tal adversidad, pronto levantarían nuevamente la ciudad de Anju. Así, después de celebrar, las personas comenzaron a cuestionarse sobre la salud del rey, puesto a que nunca lo vieron cruzar el gran portón.

Esa misma noche el siguiente texto se posó sobre la cómoda del monarca.

"En la época de Joseon

un eunuco servía con lealtad

al rey que gobernaba con justicia

y en quien yo depositaba mi amor.


A pesar de mi castración

mi corazón late con pasión

por mi rey, mi señor, mi vida

a quien serviría hasta la muerte.


Con cada orden que él da

mi alma se llenaba de alegría

y con cada sonrisa que me brindaba

mi corazón se llenaba de amor.


Aunque no pueda ser su consorte

ni darle hijos varones

yo le ofrezco mi lealtad

y mi amor incondicional.


En la corte de Joseon

un eunuco servía con amor

al rey que gobernaba con justicia

y a quien él amó con devoción".

El gayageum sonó cada noche sin falta. Aquella melodía melancólica y llena de amor, en invierno concluyó.