Prólogo
🔹 Disclaimer 🔹
Esta historia es una obra de ficción creada por mí, pero los personajes pertenecen a Marvel Comics/Marvel Studios. No tengo ningún derecho sobre ellos, y esta es una historia sin fines de lucro, hecha con amor y dedicación para los fans.
📌 Universo Alterno - Guideverse 📌
Este fanfic se desarrolla en un universo alterno (AU) dentro del Guideverse, donde la humanidad ha evolucionado con la aparición de espers y guías. Aquí, Steve Rogers es un esper de clase S, el más fuerte de su generación, y Tony Stark un guía no registrado.
⚠️ Nota: Esta historia contiene elementos de acción, batallas, tensión emocional y una dinámica única entre los protagonistas. Si te gusta el poder desbordante, las conexiones intensas y un mundo lleno de peligro, ¡entonces esta historia es para ti!
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Prólogo
La Luz blanca de la luna se colaba por las cortinas corridas de aquel lujoso penthouse, donde las luces titilantes de los demás edificios se reflejaban en amplios ventanales y el murmullo distante del tráfico se filtraba suavemente al silencio interior. En medio de aquel silencioso estado, un gemido profundo rompió la suavidad del momento, el cuerpo trabajado y cincelado de Steve Rogers se hallaba en un estado casi deplorable para su situación. Su rostro, endurecido por incontables batallas, ahora se mostraba con los ojos cerrados y los dientes apretados, la piel tersa contrastaban con la tensión de su musculatura, el sudor recorría cada curva y cicatriz que moldeaba su cuerpo. Una mujer de cabellos castaños extendía la boca mientras su grueso miembro entraba y salía de ella, dejando fluidos salivales a lo largo del tallo. Aun con aquel acto tan problemático, sus ojos rojos, intensos y brillantes, aún eran el reflejo de una concentración de poder devastador que no estaba siendo drenado de manera eficaz. Cuanto más rojos y brillantes se ponían, más cerca estaba de perder la cordura y el control de sus ondas, si su poder explotaba definitivamente podría convertirse en una bomba que pondría en peligro a todo el país, arrasaría todo en un radio de muchos kilómetros.
Steve miró el reloj holográfico en su muñeca observando como el porcentaje de poder disminuya en cortos pasos. Mostró los datos de la mujer guía que estaba orientando, su porcentaje de compatibilidad solo era de un 60%.
Corrió la pestaña holográfica para ver su propio estado. El número 80% con el fondo rojo escarlata denotaban aún un alto riesgo para todos.
Un chico de bonita figura se acercó y trepó a la cama. Con movimientos seguros y calculados, se acercó y depositó sus labios sobre los de Steve. El contacto fue abrupto y cargado de una energía: era una necesidad impuesta por la sincronización que los unía la energía parecía ser absorbida, cuanto mayor contacto mucoso había más potente era la guía, este chico tal vez era un guía de clase A. Y su cuerpo drenaba mejor, sin embargo, la reacción de Steve fue inmediata: sus facciones se contrajeron en un gesto de disgusto, una repulsión instintiva ante la intromisión en su espacio persona, como si la guía del chico dejara un sabor amargo en su boca. Aun así, bajo ese velo de desdén se escondía la conciencia de que ese toque, aunque forzado y obligado, era indispensable para mantener el equilibrio de la fuerza que existía en su interior. Solo esperaba que el chico no vomitara sobre él, cómo la mayoría casi lo hacía. Nadie podía aguantar drenar su energía en su totalidad, su oscuridad interna, qué devoraba a quien osaba meterse en su área, nunca dejaba a nadie en buen estado.
Hace unos años, el mundo se vio sacudido por el surgimiento de lo inimaginable.
Steve aún recordaba cómo todo comenzó el día en que se abrió el primer portal. Nadie estaba preparado para aquella grieta en el cielo: una fisura interdimensional que apareció sin previo aviso, escupiendo criaturas que los niños veían solo en sus pesadillas. En cuestión de horas, ciudades enteras quedaron reducidas a escombros, arrasadas por bestias imposibles de clasificar como criaturas terrestres. Los gobiernos se tambalearon, el pánico se propagó como un veneno y la humanidad, por primera vez en mucho tiempo, sintió el verdadero terror de la extinción.
Aquel suceso marcó el inicio de una nueva era. Las ondas multidimensionales que emanaron del portal tuvieron efectos devastadores y, a la vez, milagrosos en la población. Por un lado, miles de personas perecieron, incapaces de sobrevivir a los cataclismos que se desataron en la Tierra. Por otro, un reducido grupo despertó habilidades excepcionales. Así nacieron los nuevos centinelas llamados
espers
: individuos capaces de manipular la energía psiónica qué se concentraba en su cuerpo de formas tan variadas como poderosas. Algunos desarrollaron fuerza y resistencia sobrehumanas; otros, la capacidad de controlar elementos o de alterar la percepción de la realidad. Con el tiempo, se establecieron clasificaciones para medir la magnitud de sus dones, desde la más básica -clase C- hasta la más temida -clase S-, e incluso, los cientificos aseguraban que las energias esper podrian evolucionar y llegar a una posible clase S+.
Sin embargo, los espers no fueron la única respuesta de la naturaleza a la amenaza dimensional. Paralelamente, emergió otro grupo de individuos, aparentemente ordinarios, pero con una afinidad especial para sintonizar la energía psiónica de los espers. Se les llamó
guías
. Si los espers eran la fuerza bruta, los guías eran la brújula que dirigía esa potencia desbordante. Desde el instante en que se reconoció la importancia de este equilibrio, la relación entre ambos colectivos se volvió indispensable. Un esper poderoso podía volverse inestable, incluso autodestructivo, como una bomba atómica, sin la influencia de un guía que le ayudase a canalizar sus capacidades, a ordenar y orientar la energía para que esta no consuma a su portador. Por el contrario, un guía, sin un esper, carecía del vínculo necesario para desplegar todo el potencial de su sincronización mental y emocional.
Conforme el mundo aprendía a convivir con los portales -que seguían apareciendo esporádicamente-, se establecieron centros de entrenamiento y organizaciones para regular y coordinar a los espers y guías. Se adoptaron protocolos de registro, se construyeron academias especializadas y se fundaron escuadrones de élite encargados de vigilar, estudiar y, cuando fuese necesario, combatir las amenazas que seguían surgiendo del otro lado de las fisuras. La necesidad de una cooperación absoluta llevó a la creación de métodos de "
guía u orientación"
más efectivos, algunos de los cuales se basaban en el porcentaje de compatibilidad entre espers y guías. La guía incluía un acercamiento físico que intensificaba la conexión psiónica, desde darse las manos hasta la combinación de mucosas salivales o el sexo en caso necesario. En muchos casos, los guías utilizaban dispositivos tecnológicos diseñados para medir y equilibrar las fluctuaciones de energía en los espers, reforzando así la simbiosis entre ambos o incrementando el porcentaje de compatibilidad, esto drenaba más rápido la energía del guía, pero lograba mejores resultados.
Esta relación simbiótica no estaba exenta de controversias ni abusos. Si bien algunos espers y guías forjaron lazos basados en la confianza y el respeto mutuo, otros vieron en estas conexiones la oportunidad de someter o explotar al contrario. Los guías de alto rango, capaces de estabilizar espers de clase S, se convirtieron en piezas codiciadas por corporaciones y gobiernos. Al mismo tiempo, los espers más poderosos exigían un tributo de energía constante, y quienes no estuvieran a la altura sufrían las consecuencias. Así, la línea entre la necesidad y la manipulación se volvió tenue, y en muchos rincones del mundo se gestaron tensiones que amenazaban con romper la frágil armonía.
Con los años, se establecieron organizaciones como el
Consejo Mundial de Seguridad
y unidades de élite tales como S.H.I.E.L.D. -que había evolucionado para abarcar estos nuevos desafíos- se convirtió en la entidad que centralizaba la mayor parte del entrenamiento y la investigación. Bajo su techo, se reunían los mejores espers y los guías más talentosos, con el objetivo de perfeccionar sus habilidades y desarrollar nuevas tecnologías capaces de enfrentarse a las criaturas que seguían emergiendo de los portales. Y, por supuesto, también existían los laboratorios donde se creaban armas de soporte y artefactos de contención
como Reserva Científica Estratégica,
para aquellos casos en los que el poder de un esper amenazaba con desbordar cualquier límite
El conflicto entre el orden y el caos definía aquella época tumultuosa, manifestándose tanto en los campos de batalla como en los aspectos más personales de la vida. La escena en el penthouse, con su combinación de erotismo, poder y repulsión, reflejaba la compleja dinámica de esta nueva era. En esta época, la vulnerabilidad y la fuerza se entrelazaban, creando alianzas inesperadas y desencadenando conflictos que moldearían el futuro de la humanidad.
Cada roce, cada encuentro y cada desaire que Steve sentía en ese momento, llevaban consigo el peso de lo que había sido y la promesa de un futuro incierto, de un día más, sin sucumbir ante su propio poder.
Steve observaba su reloj con impaciencia: la pantalla pasaba del
80%
al
75%
, luego al
70%
, bajando finalmente a un
65%
. Desde que había llegado del último portal habían pasado tres horas de intensa guía, y en ese intermedio había cambiado de pareja en tres ocasiones, dejando a algunos al límite necesario. En ese preciso instante, luego de cambiar a la guía femenina anterior, el chico que le estaba ofreciendo sexo oral, un muchacho flaco, pelirrojo y al borde del desmayo, recibía la desaprobación silenciosa de Steve, guía de clase B, compatibilidad del 50%. El chico moriría si seguía con su trabajo, el nivel de compatibilidad era demasiado bajo para que hiciera aquel trabajo.
Con un gruñido áspero, Steve lo apartó.
-¡Basta! -sentenció Steve, con voz firme y autoritaria-. Esto es suficiente. Puedes irte niño. Si seguimos así te quedarás sin labios.
El chico, confundido y tambaleante, apenas logró murmurar alguna excusa antes de ser empujado hacia la salida. Con cada paso vacilante, se alejaba arrastrándose, mientras Steve observaba con una mezcla de fastidio y disgusto. Sabía que haber bajado un 15% era aún una cifra baja, pero su paciencia había llegado a su límite.
Suspirando profundamente, Steve se dirigió al baño. Cerró la puerta tras de sí y se despojó de las últimas impurezas de la noche, intentando, en cada gota de agua, lavarse el rastro del olor de tantas fragancias efímeras. Mientras el agua caía sobre su piel endurecida, el pensamiento se repetía en su mente con amargura, detestaba todas y cada una de las guías que había recibido, lo detestaba hasta el punto en que sentía la boca entumecida y la saliva agria.
Steve detestaba tener que ser guiado, también a aquellos que se atrevían a invadir su intimidad.
En ese instante, en el silencio húmedo del baño, Steve se miró al espejo, sus ojos rojos le devolvieron la mirada. Suspiro agotado preparándose para enfrentar un nuevo día.
Steve se plantó frente al espejo, ajustando el cierre de su cuello alto negro con la misma disciplina con la que solía encarar cada uno de sus días. No era el uniforme oficial de los espers, pero hoy tocaba práctica de combate, y le bastaba con un atuendo más flexible para moverse con libertad. Una camiseta ceñida de cuello alto, resaltando la musculatura de sus brazos y hombros, y unos pantalones tácticos con múltiples bolsillos que, más allá de la estética, resultaban muy prácticos para llevar todo tipo de herramientas y dispositivos.
Se colocó el arnés cruzado sobre el pecho, ajustándolo de modo que no estorbara en sus movimientos. Sus botas, de un negro impoluto, tenían suela antideslizante para permitirle desplazarse con seguridad tanto en interiores como en exteriores, golpeó la punta de la suela contra el piso para acomodarla en un ruido sordo.
Aunque aquel día no estaba de servicio oficial, Steve mantenía la misma mirada fría y concentrada de siempre. Aquel atuendo era casi una segunda piel para él: funcional, sobrio y sin detalles superfluos. Observó su pulsera holográfica que marcaba la hora y un aviso en rojo. Un instante y con un gesto rápido se aseguró de que todo estuviera en su sitio antes de salir ocultando el aviso aún en rojo que marcaba que estaba por encima del rango normal de energía.
Un día de práctica no lo eximía de la responsabilidad.
Steve condujo su deportivo de lujo a través de la amplia avenida que desembocaba en la sede central de entrenamiento de los espers del gobierno, un complejo de edificios modernos que se alzaban como imponentes torres de acero y cristal. Desde lejos, el logo de S.H.I.E.L.D. brillaba en la fachada principal, reflejando la luz de la mañana. A medida que se acercaba, los guardias le abrían paso sin titubear, acostumbrados ya a la presencia de su vehículo de alta gama y a la silueta firme.
Al estacionar en el lugar reservado exclusivamente para él, gruñó al notar la multitud de reporteros agolpados a pocos metros, cámaras en mano, listos para disparar preguntas y flashes. Como si fuera una estrella de cine o alguna estrella de escenario, lo fotografiaban desde todos los ángulos, buscando capturar sus ojos rojos, vestigio de la enorme concentración de poder que fluía por su cuerpo. Steve se colocó las gafas oscuras para evitar titulares amarillistas y atravesó con paso decidido la entrada principal, donde la seguridad lo dejó pasar de inmediato.
Dentro, el ambiente era mucho más tranquilo, aunque la tensión de los entrenamientos resonaba en cada pasillo. Su mirada se posó de inmediato en su equipo, que ya lo esperaba en la zona de práctica. Natasha Romanoff, con el traje negro ceñido que resaltaba su porte letal, le dedicó una ligera inclinación de cabeza a modo de saludo. Bucky, luciendo un atuendo táctico similar al de Steve, dejaba ver sus imponentes brazos metálicos, listos para el combate. A su lado, Sam desplegó sutilmente sus alas cubiertas de plumas al percibir la presencia de Steve, un gesto casi inconsciente que demostraba su naturaleza de esper alado. Por último, Wanda, enfundada en un traje oscuro muy parecido al de Natasha, pero con detalles rojos en puños y costados, le sonrió con amabilidad mientras levantaba la vista del aparato celular, antes de saludarlo con un suave ademán.
Con el equipo reunido, Steve resalto el motivo de su visita: probar las nuevas mejoras de armas de soporte, recién traídas por el equipo de ingenieros de la Reserva Científica Estratégica a comienzos de semana.
Justo cuando estaba por acercarse a ellos, sintió un golpe repentino contra su espalda. No fue fuerte ni ofensivo, pero lo suficientemente inesperado para que su cuerpo acostumbrado a la batalla se tensara por reflejo. Giró sobre sus talones con el ceño fruncido, listo para fulminar con la mirada a quien fuera lo bastante descuidado como para empujarlo.
-¡Ah! Lo siento, lo siento, no vi por dónde iba -la voz masculina sonó apresurada, aunque sin un verdadero matiz de miedo o disculpa genuina.
Steve bajó la vista y se encontró con un muchacho de cabello castaño despeinado, sus mechones enmarañados cayendo sobre su frente y enmarcando un rostro anguloso. Sus ojos eran grandes y de un color marrón profundo, aunque difíciles de distinguir tras los gruesos lentes de marco negro que cubrían la mitad de su rostro. Llevaba puesta una bata blanca demasiado larga para su figura delgada, y en sus manos sostenía un fajo de planos arrugados, junto con lo que parecían ser pequeños dispositivos electrónicos que tintineaban con cada movimiento torpe que hacía.
-Estoy un poco apurado -continuó el chico, acomodando la carga en sus brazos y sin mirarlo realmente a los ojos-. En serio, disculpa.
Steve mantuvo el ceño fruncido, estudiándolo por un momento. A pesar de su postura algo desgarbada y de la evidente prisa con la que se movía, había algo en él que no cuadraba con la imagen de un simple ingeniero atolondrado. Quizá era la confianza con la que se había disculpado, como si no le importara estar frente al Capitán Rogers, el esper de clase S más poderoso de la unidad.
-Está bien -respondió Steve finalmente, con un leve asentimiento de cabeza.
El chico le dedicó un medio gesto con la cabeza, como agradecimiento, antes de girarse rápidamente sobre sus talones y continuar su camino. Steve lo observó alejarse con pasos apresurados, esquivando a otros soldados y técnicos con la misma torpeza calculada.
-¿Quién es ese? -preguntó Bucky en voz baja, cruzándose de brazos mientras seguía con la mirada al desconocido.
-No lo sé -respondió Steve, frunciendo aún más el ceño-. Probablemente uno de los nuevos ingenieros.
-Parece un crío jugando a ser científico -añadió Sam, sacudiendo sus alas con un gesto de indiferencia.
-Es lindo -comentó Wanda sin mucho interés, aún distraída con su celular.
Steve bufó y se dio la vuelta para enfocarse en su equipo nuevamente, desechando el encuentro de su mente. Pero justo en ese momento, algo extraño sucedió.
Una sensación ligera, casi imperceptible, descendió por su garganta y se deslizó hasta su estómago. Como un eco vibrante en su interior, un resabio dulce y cálido se esparció entre su saliva, expandiéndose con lentitud por su cuerpo. Su respiración se volvió más profunda por un instante, y sin saber por qué, sintió como si su energía se hubiera ordenado de forma sutil, sin la tensión latente que siempre lo acompañaba.
Parpadeó, confundido por la sensación.
-¿Cap? -Bucky lo miró con curiosidad-. ¿Pasa algo?
Steve negó con la cabeza rápidamente, recomponiéndose de inmediato.
-Nada -dijo, pero su mandíbula se tensó mientras su lengua presionaba inconscientemente su paladar, buscando rastros de aquella dulzura intangible que todavía persistía en su boca.
En estos tiempos, muchas cosas no tenían sentido, menos aún dentro de su cuerpo.
Continuará...
Espero que este prologo sea lo suficientemente interesante para atraer la atencion de los lecores! me gustaria bastante conocer sus opiniones sobre como ven esta introduccion de universo alterno.
✨ ¡Bienvenidos a un mundo donde el poder lo es todo... y nunca es suficiente! ⚡🔥
💥 Batallas épicas, tensión al límite y un vínculo que desafía todas las reglas.
📖 El primer capítulo llega en una semana 📖
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nos veremos la proxima semana, con amor...
Lin Maxwell








