Prólogo: Primera vez
Cuando el Sol cae y la Luna sube, la luz y la oscuridad colapsan entre sí.
Cuando el alba entra, la noche oscurece en la profundidad del cosmos.
El viento ululaba entre los templos en ruinas mientras un adolescente de tez morena con una capa cubriendo todo su cuerpo se arrodillaba sobre un suelo manchado de sangre. Su respiración era errática, sus manos temblaban alrededor de la empuñadura de su katana. A su alrededor, los cuerpos de los guerreros yacían inmóviles, sus ojos vacíos reflejando la luz de una luna escarlata con un gran cráter en la parte superior derecha.
—No puede ser… —susurró.
El eco de su voz se perdió en la vastedad de la noche. Sabía que algo estaba mal, que esto no había sido solo una batalla. Algo lo observaba. Algo que no debía existir.
Una sombra se movió entre los escombros. No hizo ruido, pero Naē lo sintió en su piel, como si la misma oscuridad respirara junto a él.
Entonces, una voz susurrante se filtró en su mente:
“la profecía se cumplirá, los deseos del rey se hará realidad, solo queda esperar a que el verdadero heredero consiga la piedra, y así el mundo caerá …”
Naē se giró de golpe, pero no había nadie allí. Solo el frío y el peso de una presencia invisible que le erizaba la piel.
Y entonces, su largo cabello castaño cubrió sus ojos, los cuales se alejaron de cualquier brillo y cayó inconsciente.








