Capítulo 1
Da un paso fuera del ascensor y el móvil suena anunciando un mensaje, la Sra. Smith no la deja en paz ni en la hora del almuerzo, misma que utilizó para depilarse. Desde hace años es aficionada a la depilación íntima con figuras y este fue el único horario que encontró en la semana.
—¿Ya están listos los balances que te pedí? —Cecilia Smith pregunta al entrar a su oficina.
—Aquí están —la mujer se los arrebata de las manos y comienza a revisar los documentos.
—No me gustan estos números. No tenemos las ganancias esperadas —dice malhumorada la esposa del dueño mientras golpea la alfombra con la punta del pie, esto pone de nervios a Tara.
—Lo siento.
—¿A ti qué va a importarte? Con que tengas tu sueldo estás satisfecha, en cambio yo tengo que preocuparme por pagar los sueldos de toda la firma.
Tara intenta hacer caso omiso a esos y otros comentarios, pero no por eso dejan de incomodarla. Aunque trabaja junto a la esposa del jefe, no le reporta a ella y no hay día que pase sin que le ponga los nervios de punta, es una reacción natural cada vez que la tiene cerca, lo único que la reconforta es saber que el Sr. Smith es el único al que tiene que reportarle.
Fuera de la oficina Tara dedica el tiempo libre a hacer ejercicio, es algo que siempre ha disfrutado y si hubiera tenido la libertad de escoger, hubiera estudiado algo relativo a su pasión, pero su madre no lo permitió y como siempre cedió ante sus deseos.
Es de noche cuando por fin regresa a casa, al abrir la puerta del departamento encuentra a su novio recostado en el sofá. Hoy tuvo diálisis, esos días siempre está deprimido o de mal humor y por lo que puede ver en su rostro, es la primera opción.
—¿Cómo estás, amor?
—Mal, enfermo, en la clínica leí un artículo que no me dejó con muchas esperanzas de vida.
—¿Por qué lo dices?
—Voy a sufrir del corazón, no basta con que mis riñones no funcionen bien, ahora voy a morir — sumerge el rostro en el sofá, para que ella no lo vea llorar.
Tara conoció a JC al comienzo de la universidad, durante años fueron amigos, hasta que su ex compañera de departamento se fue a trabajar al extranjero y JC ocupó su lugar. Él sabe cómo ser encantador, en cuestión de semanas se metió en su corazón y cama. Eso tiene poco menos de un año, justo antes de que los problemas médicos comenzarán. Desde el día uno Tara vive con el sentimiento de impotencia al no saber cómo mejorar la vida de su novio.
—¿Qué te dice el médico?
—Mi única opción es un trasplante.
—Yo seré tu donadora —ya tenía algún tiempo pensando esto y qué mejor momento.
—¿Lo dices en serio?
—Claro, eres mi novio y quiero lo mejor para ti.
Antes de que pudieran decir más el móvil de Tara suena.
—Te habla tu madre —el fastidio en su voz es innegable—. Anda, contéstale, no queremos que se la pase llamando toda la noche.
Ella se levanta del sofá y camina hacia su habitación.
—Mamá, ¿cómo estás?
—Ya te dije que me llames Elizabeth, después de tantos años deberías saberlo niña —siente como el calor le sube a las mejillas.
—Dime.
—Quiero una tableta nueva, estoy entre tres modelos y necesito que me digas cuál es la mejor.
Al instante recibe por mensaje los enlaces de los artículos, pone la llamada en altavoz y cierra la puerta de la habitación para no molestar a JC. Sería una pérdida de tiempo decirle a Elizabeth que accedió a donarle un riñón a su novio,no quiere tener que dar explicaciones innecesarias así que se limita a explicarle las bondades de cada dispositivo. A su madre le gusta tener siempre lo mejor de lo mejor y esto incluye la tecnología.
Después de más de cuarenta minutos al teléfono, Elizabeth se da por satisfecha y corta la llamada sin decir gracias o siquiera despedirse, no es la primera vez y Tara sabe tampoco será la última.
Cuando por fin sale de su habitación encuentra el departamento a oscuras, se dirige a la habitación de JC y lo encuentra dormido, ella tenía en mente festejar las buenas nuevas, pero ya será en otra ocasión.
Los días previos a la operación fueron de gran estrés para Tara, tanto, que la idea de entrar a quirófano y que le extirpen un riñón, suena a vacaciones comparado con el estrés al cual la somete la esposa del jefe, ya que de la nada la Sra. Smith decidió hacerle una pequeña auditoría. Aunque Cecilia sólo estudió hasta el segundo semestre de la universidad, sabe leer muy bien los números.
—Sí le pidiera a mi hijo de trece años que hiciera estos reportes, tendría menos errores.
Con el corto tiempo que le dio para preparar la información, tuvo algunos errores y eso es mucho que decir, ya que está acostumbrada a entregar reportes perfectos. Su madre nunca permitió que sus calificaciones fueran menores a 95, Elizabeth no concebía que su hija fallara en nada, tenía que ser perfecta, a fin de cuentas es un reflejo de ella. Así que cuando Tara se graduó, fue una gran desilusión para ella que no hiciera el discurso en la ceremonia. Tara llegó a pensar que su madre no asistiría, pero se llevó una gran sorpresa al verla llegar enfundada en un llamativo vestido que robó el protagonismo a los recién graduados. Más de uno les ha preguntado sí son hermanas, a lo cual Elizabeth contesta con una melodiosa risa un «por supuesto que no», pero nunca aclara su relación. Tara aprendió desde pequeña a no meterse en las conversaciones de su madre, a menos de que ella lo pida.
Y la situación tampoco mejora en casa, JC ha pasado los últimos días de diálisis en casa de un amigo que vive cerca de la clínica, así que gran parte de la semana se la ha pasado sola y en lugar de quedarse en casa sale a correr. Va al parque más cercano, se coloca los audífonos y se olvida del mundo. De pequeña, cuando había alguna situación que le provocará estrés, pensaba que todo lo que estaba viviendo, le estaba sucediendo a alguien más y ella era una mera espectadora. No recuerda mucho de su infancia, aunque no cree que haya sido un mar de lágrimas. Desde pequeña aprendió que no se puede tener lo que se quiere, su madre se encargó de dejarle muy claro esto.
Tara se encuentra en la oficina cuando la puerta se abre y golpea contra la pared robándole un grito de sorpresa. En el claro ve a Cecilia Smith fúrica.
—¿Cómo que te vas de vacaciones?
—¿Disculpa?
—No te hagas la tonta, mi esposo me ha dicho que te vas de vacaciones en dos días. No puedes irte en este momento, eres una irresponsable, mira que pedir vacaciones cuando estamos a punto de la bancarrota.
—No me voy de vacaciones, me van a operar.
—Eso es mentira, no estás enferma, ¿de qué te habrían de operar?
—Voy a donarle un riñón a mi novio.
—Espero que al menos hayas sacado provecho de eso.
—¿Cómo dices?
—¿Te ha dado algo a cambio?
—No es necesario, lo hago por amor.
—Confirmo, eres una tonta. Estás dándole una parte invaluable de tu cuerpo y no obtienes nada a cambio. Al menos en el matrimonio se te retribuye de alguna manera, pero tú lo haces gratis —se queda sin palabras—. Como sea, no tienes permiso para tomarte esos días —esto la hace reaccionar.
—Siento mucho que esto te incomode. El Sr. Smith ha aprobado los días, además, no creo que pase mucho en cuatro días que me ausente —Cecilia sale de la oficina más molesta que cuando entró.
Él día de la operación JC y Tara llegan juntos al hospital, llenan los formularios y los separan con la finalidad de prepararlos para ingresar a quirófano. Ella lo busca para darle un beso antes de separarse, pero antes de que se dé cuenta él avanza por el pasillo junto a una enfermera, suspira con pesar, sabe que está haciendo lo correcto y se siente feliz por ello, es lo que se repite durante todo el procedimiento pre ambulatorio, sabe que todo mejorará para ellos después de esto.
Cuando Tara despierta lo hace sola en la habitación del hospital. Sobre su regazo encuentra panfletos de grupos de apoyo para donantes vivos de órganos, los hace a un lado y espera a que alguien le de noticias sobre la condición de JC. Cuando entra una enfermera a revisar su estado, Tara le pregunta sobre la condición de JC, pero esta no es de mucha ayuda, así que espera por el médico. Intenta calmarse, sabe que JC está bien, si hubiera pasado algo durante la operación le hubieran avisado de inmediato, ¿o no? La puerta de la habitación se abre y entra el médico, no le da oportunidad de que diga una sola palabra antes de bombardearlo con preguntas sobre el estado de su novio. El galeno sonríe y responde pacientemente. Después de la revisión le da las recomendaciones necesarias para su nueva vida.
—¿Tienes alguna duda?
—Sí, ¿JC tendrá que seguir la misma dieta?
—En este momento debes enfocarte en ti, tu recuperación va a ser más tardada que la de tu novio. Necesitas atención y cuidados durante los próximos dos meses, así que por favor, enfócate en ti.
—Lo haré.
—Veo que te han dejado el folleto sobre el grupo de donantes vivos, te va a ser de gran ayuda.
—No lo necesito.
—¿Cómo sabes?
—No perdí un riñón, gané la salud de mi novio —el médico no insiste y se retira de la habitación.
Los días siguientes fueron bastante complicados, los dos convalecientes y sin ayuda, fue bastante complicado para Tara, no tuvo mucho tiempo para reponerse, el miércoles tiene que estar de regreso en el trabajo y no quiere incomodar al Sr. Smith pidiendo más días. Físicamente se siente bien, gracias a su buena condición física, pero le ha costado conciliar el sueño y la sutura le causa mucha comezón.
El miércoles no inició como lo esperaba, el despertador no sonó y cuando se dio cuenta era media hora más tarde que lo habitual. Al meterse a la ducha solo salía una gota de agua, se bañó casi en seco. Se vistió rápidamente y al prender la secadora esta comenzó a incendiarse, la desconectó y arrojó a la bañera mientras fue por el extintor a la cocina. Después de un caótico inicio se fue sin desayunar. Así que ahora va con una hora de retraso, el cabello a medio secar y hambrienta. Le gusta salir temprano ya que a esta hora hay más tráfico, pero nada puede hacer, así que deja de estresarse y espera que el día fluya de mejor manera.
Cuando por fin llega a la firma, la recepcionista no le devuelve el saludo y todos guardan silencio al verla pasar. Contínua como si no le afectara, pero la pone nerviosa los cuchicheos y señalamientos de sus compañeros, todo la situación le provoca náuseas. Al abrir la puerta de su oficina encuentra a Robert y Cecilia Smith.
—¡Todavía tiene el descaro de aparecer! —vocifera Cecilia.
—Cálmate, dale la oportunidad de explicarse.
—¿Qué va a explicar?, ¿cómo nos robó?
Tara no tiene idea de lo que hablan, segundos después tiene a Cecilia sujetándola de los hombros mientras le grita, Tara no logra escuchar lo que dice. El Sr. Smith sujeta a su esposa de los brazos y hace que suelte a la chica.
—Vete, después te llamo —parece no escucharla— ¿Tara?
—¿Dígame?
—Vete a casa, después te llamo.
Los gritos de Cecilia Smith se escuchan hasta la recepción y todas las miradas escoltan a Tara hasta el elevador. Regresa a casa caminando, sabe que no debe hacer gran actividad física, pero necesita tiempo para pensar. Al llegar a casa, escucha ruido en la habitación de JC, deja sus cosas en el recibidor y va en busca de su novio para contarle la bizarra mañana que ha tenido. La puerta está entreabierta, escucha gemidos y se apresura a entrar, pero no estaba preparada para la escena que se desarrolla frente a sus ojos: su novio sentado en la cama con una chica de rodillas entre sus piernas dándole sexo oral.
—Sí, nena, sí…
—¿Qué es esto? —los dos giran hacia la puerta— Ana…
—¿Se te ofrece algo? —la chica aun arrodillada se limpia la boca con el dorso de la mano.
—¿Qué es esto?
—¿No lo ves? —a Tara le sube el calor a las mejillas.
—Jamás lo pensé de ti JC y menos después de todo...
—¿No me digas qué te enamoraste? —pregunta Ana—, no es posible que seas tan ciega para no te ama, nunca lo hizo —el chico se encuentra en silencio y cabizbajo—, todo esto fue...
—Cállate —JC se levanta de la cama, se dirige al armario, saca unas maletas y en ese momento Tara se da cuenta de que la habitación está desmantelada, solo queda la cama, algunos muebles y nada más.
—Lo siento Tara, nunca quise lastimarte —toma una maleta, Ana la otra y salen de la habitación.
El sonido del móvil la saca de su letargo, el Sr. Smith la llama, pero en este momento no está en condiciones de contestar.
Es de noche cuando su móvil vuelve a sonar, pero apaga el aparato y se va a la cama. Al día siguiente despierta poco antes de medio día, no pudo dormir hasta entrada la noche intentando recordar algún indicio de la traición de JC. Se levanta de la cama y dirige a la cocina, no tiene hambre, pero necesita comer para tomarse las medicinas ya que el día anterior no lo hizo. Está terminando el desayuno cuando el teléfono del departamento suena.
—¿Diga?
—Señorita Richardson, me tenía preocupado.
—¡Señor Smith!
—¿Se encuentra bien?
—Sí, ¿dígame? —en ese momento Tara recuerda el incidente de ayer por la mañana—. Oh, Dios, ¿qué fue lo que sucedió ayer?
—De eso quería hablar contigo. El lunes se hicieron tres retiros de la cuenta bancaria, en total sacaron $150,000 dólares.
—El lunes me estaban operando.
—Lo sé.
—¿Han hablado con el banco?
—Sí, lo hicimos, hoy por la mañana me confirmaron que no pueden hacer nada, ya que los movimientos son válidos. Cayó a tres bancos diferentes y de ahí lo movieron fuera del país, haciendo imposible su rastreo. Según el banco no hay manera de recuperar el dinero.
—Pero deben hacer algo.
—Nos dicen que no pueden hacer más.
—¿Qué va a pasar?
—Solamente tú y yo tenemos acceso a esa cuenta.
—Y la Sra. Smith.
—Sí, ella también, pero nosotros no movimos ese dinero.
—Le juro que no lo hice —la voz se le quiebra al hablar y los ojos se le inundan de lágrimas.
—Quiero creerte, pero no es conveniente que regreses a la oficina. La policía se encuentra investigando, se van a contactar contigo. Voy a mandar un mensajero a tu casa para que entregue tus cosas —una lágrima rueda por su rostro y rápidamente la limpia.
—Muy bien.