Capítulo 1
Don’t you know I’m no good for you?
I’ve learned to lose you, can’t afford to
Tore my shirt to stop you bleedin’
But nothin’ ever stops you leavin’
When the party’s over — Billie Eilish
Eric está moviendo cosas en la planta superior, quizá las esté arrojando o rompiendo. Aura se debate entre quedarse con nosotros o marcharse a ver a su esposo, Henrik le aconseja que le otorgue un poco de espacio para procesar la noticia.
El aroma de la comida prevalece en el aire, es ridículo el toque hogareño que añade a la escena. Los sobres continúan sobre la mesa, la bola de papel en las escaleras. Nadie ha querido recogerla, a pesar de que fue el centro de nuestra atención por unos eternos instantes.
—¿Cómo…? —empieza Dimas, se pregunta lo mismo que yo, ¿cómo supieron?
El vocalista se sienta a mi lado, recoge las hojas para volver a leerlas. Me parece que le cuesta tanto como a mí creer que es verdad, en el fondo todavía no lo creo. Poseo cientos de anécdotas con Eric, imágenes suyas atrapadas en mi subconsciente. Él siempre me hacía compañía cuando Mike se desaparecía para ver a Nidia a escondidas después de una presentación. Él bebía su cerveza mientras mirábamos a la siguiente banda tocar, casi no hablábamos, solía ser muy reservado.
—Cuando te vi en la prueba de sonido, Cristal —Mi nombre consigue que enfoque la mirada en Julieta, de lo contrario no podría; no controlo lo que siente o hace mi cuerpo—. Tenías las raíces del cabello largas, casi no se apreciaba el tono claro. Por un momento creí que eras Eric de pequeño.
¿Eric de niño lucía como yo?
Un leve mareo embiste el presente, nadie lo nota.
—Debiste decirme —murmura Henrik—. Estuvo mal cómo actuaste, Julieta… ¿No se supone que conoces a Eric?
—Yo también necesitaba saber… No puedes llegar y soltarle algo así a Cristal —añade Dimas—. ¿Por qué no nos dijeron?
Aura desvía la vista de las escaleras hacia su amor de la infancia y responde:
—No estábamos seguras. No podíamos decir nada hasta tener los resultados.
—¿Quién más sabe sobre esto?
—Sólo Charly y nosotros… Charly tenía los contactos para conseguir la muestra de sangre de Fernando. Mike sólo sabe que podría haber encontrado a un familiar, por eso me ayudó —explica la cirujana—. Con Aura, bueno, no quería que se enterara, pero ella también notó el parecido.
—¿Parecido? —Mi voz es pastosa, anegada por un llanto débil que en apariencia ha cesado, pero que continúa internamente, no sé si algún día pare.
Si me pareciera a Eric alguien más lo habría notado, ¿no? Tenemos cientos de fotografías en internet y amigos que nos han visto juntos en muchas ocasiones, no tiene sentido.
—Todavía lo conservas un poco —sonríe Julieta—, con el cabello oscuro eres muy parecida a él cuando tenía unos trece o catorce años.
—En la fotografía, que dije que me inspiró para una historia, eres muy parecida a Eric de adolescente. Tengo varias fotos suyas de esa edad, mi primera impresión fue que era una foto de él, pero eras tú…
Mi cabello ya no tiene esas raíces negras, no tengo forma de mirarme en el espejo para comprobar si tienen razón o no. No encuentro ninguna superficie reflectante alrededor. No puedo creer que intento verificarlo.
—Cristal casi siempre está cabizbaja, es muy difícil mirar a los dos de frente cuando están cerca —agrega la escritora—. Tal vez por eso nadie había notado que se parecían.
—No —espeta Dimas. Quiero mirarlo, pero pierdo la fuerza en el cuello, sólo puedo mantener la vista baja—. Lo noté, también Minerva, pero creímos que era un simple parecido, no prestamos más importancia. Es decir, Nico se parece a un primo de Mina y no son familiares.
Henrik se acerca a grandes pasos para envolverme en un fuerte abrazo que me hace daño. Dimas le pide que se calme, el rubio lo ignora.
—Somos primos. Después de todo, sí somos primos. Somos familia, Cris, ¿lo notas?
Me figuro como una muñeca de papel en medio de los enormes brazos de Henrik. Un títere del destino que no encuentra un sitio donde descansar de la vertiginosa violencia que ha existido en su vida. En unos minutos he descubierto que tengo una familia de verdad. Tengo un medio hermano y un primo al que quiero mucho, no estoy sola.
—Sí…
—No tengo relación genética con Eric —me recuerda y entorna los ojos—, pero ignoremos esos detalles.
Logro responder el abrazo bajo la mirada preocupada de Dimas. El chico me conoce, sabe que estoy sacando fuerzas extras para moverme.
—Te dije que no estabas sola —murmura Henrik—. Aunque no fuéramos familia sabes que te apoyaré y que soy tu amigo. Sólo que ahora me puedes incluir en tu testamento sin complicaciones.
Dimas ríe por lo bajo al tiempo en que el rubio deposita un beso en mi mejilla.
—Es una buena noticia, Cris. Una muy buena.
Lo sé, Henrik.
Una guitarra se rompe justo arriba de nuestras cabezas, en el estudio de Eric. Reconozco el sonido que hacen las cuerdas al tensarse hasta desprenderse del mástil, el sonido de éste partiéndose en dos. Algunas bandas principiantes suelen tener ataques repentinos de adrenalina y rompen sus instrumentos en el escenario, aunque cinco minutos después están casi al borde de las lágrimas en el backstage porque saben que no tienen el dinero para comprarse otros.
—Iré a ver —decide Aura.
—No, Aura… —intenta persuadir Henrik sin resultados.
Dimas parece a punto de detenerla, pero calla. Igual creo que debería subir porque presiento que Eric será de los que se arrepientan de romper sus guitarras, deduzco que es lo mismo que pensó Dimas.
La escritora sube de dos en dos los escalones, la brisa que provocan sus pies hace caer la bolita de papel arrugada hasta la planta baja. Nuestras miradas están en las escaleras, como si ahí estuviera el matrimonio hablando, pero sólo podemos escuchar los sonidos que llegan hasta nosotros.
Aura habla en voz baja, Eric permanece callado un momento hasta que la chica dice algo que parece no gustarle, entonces grita. Me sobresalto en mi asiento, Julieta quiere subir, pero Henrik se apresura a detenerla del hombro. Aura continúa murmurando, Eric vocifera cosas que no comprendo no sé si porque es imposible hacerlo o mi cerebro no quiere procesarlas. Empiezo a sentirme lenta, adormecida, el aire se vuelve gris y hormiguea cuando baja por mis pulmones.
El portazo en el estudio es tan fuerte que probablemente la puerta se rompió. Unos segundos después Aura baja con el rostro cubierto de lágrimas. Henrik se precipita hacia ella para abrazarla mientras le ruega a Julieta que permanezca abajo.
—Déjenlo solo, ¿por qué no pueden respetar su privacidad un momento? —reclama Henrik.
Nadie vuelve a moverse o a hablar, sólo se escucha el llanto de Aura en los brazos del rubio.
No sé qué piensen ellos, sólo tengo conocimiento de mis sentimientos y mis recuerdos. Las veces que le pregunté a mamá si podía tener un hermanito, ¿cómo iba a saber que tenía un hermano mayor? ¿Cuántos años tenía en ese entonces? ¿siete? Eric tendría doce o trece años, ¿en dónde estaba él? ¿qué estaba haciendo? ¿cómo era su vida? ¿alguna vez se preguntó cómo sería tener una hermana menor? ¿Cuántas probabilidades teníamos de encontrarnos en algún punto de nuestras vidas? La tristeza en su mirada lo ha acompañado siempre, no se disipaba ni cuando le miraba irse con diferentes chicas; incluso ahora en algunas ocasiones todavía la percibo en sus pupilas. Su vida ha sido difícil, por fin empieza a construir algo bueno. Se ha casado con Aura, tiene una linda casa, amigos que lo quieren, un futuro prometedor en la música, las cosas marchan como deberían… hasta que llego yo con mis propios demonios colgando de los hombros.
Él debe atormentarse por los mismos recuerdos que yo, por todas esas ocasiones en que nos miramos a los ojos en un bar o club nocturno con las luces de colores bailando arriba nosotros. Yo preguntándome por qué siempre parecía tan triste, él preguntándose exactamente lo mismo sobre mí.
La bolita de papel en el suelo es aplastada por la punta del zapato de Aura, ni se ha percatado. El llanto de la chica se ve sustituido por el silbido del silencio. Mis mejillas están mojadas, percibo las lágrimas cayendo, la respiración rápida, las exhalaciones bruscas por la boca, pero no puedo escucharme.
Julieta se precipita hacia mí, sujeta mi rostro, sus movimientos me parecen lentos como si se difuminaran y dejaran estelas tras de sí. No escucho nada de lo que me está diciendo, no sé si grita o sólo me pide que haga algo. Dimas la aparta, pega su frente a la mía sin que comprenda que no tenga idea de qué me está diciendo.
Percibo un entumecimiento helado en la nuca, estoy a punto de dejar las cosas en piloto automático. Estoy cansada de tanto dolor mermando mis pocas alegrías. Estoy exhausta de sobrevivir, no vivir. Sólo quiero que todo se detenga, que el dolor se marche en las lágrimas, que se drene toda la toxicidad que he albergado por años en el pecho.
Una punzada de dolor explota en mi sien derecha. No sé quién me sujeta, no puedo ver. El ardor en el cráneo me ha cegado o quizá sólo mantengo los ojos cerrados, el entumecimiento gana terreno a grandes pasos. Siempre he temido que al desconectarme no pueda regresar… ¿Y si simplemente me rindo y no quiero volver? ¿Qué pasaría?
En una ocasión Eric olvidó las llaves dentro del automóvil y pasamos la madrugada intentando abrirlo. Mike y yo aprendimos muchas técnicas de robo gracias a él, aunque ninguna funcionó. Tuvimos que llamar a un cerrajero. No sé por qué he recordado eso…
Otra punzada, más intensa que la interior, azota en el mismo sitio. No sé quiénes manejan mi cuerpo, o qué hacen con él. Ya no puedo apartar las tinieblas que me rodean, sólo atino a sostener la mano de alguien, creo que es Dimas.
El cansancio gana y una oscuridad líquida me engulle.
—¿Por qué reaccionó así?
—No lo sé…
—Eres su primo. Creí que lo conocías bien.
—Es decir, lo conozco, entiendo que no le agrada que las personas se inmiscuyan en su vida privada, pero no sé por qué actuó así frente a Cristal…
—¿No sabía nada sobre su padre biológico?
—No, su madre jamás habló sobre él.
—¿Cómo…?
—Eric siempre sospechó que su padre fue algún chico irresponsable del que su madre jamás quiso saber, pero si fue Fernando… tal vez no habló de él por otro motivo…
—Maldición…
—Exacto… —Henrik me descubre en el pasillo del departamento que conduce a la sala—. ¿Cristal? ¿Cuánto llevas ahí?
—Acabo de despertar —miento.
Dimas abandona el sofá para venir hacia mí. No sé por qué tiene la necesidad de sujetarme de las manos para ayudarme a tomar asiento. Henrik me entrega un vaso de agua y galletas de chocolate.
No sé qué pasó, no sé si me marché al rincón donde no siento dolor o qué. Desperté hace un momento en mi habitación rodeada de los tonos claros que eligieron Henrik y Paolo. Permanecí unos momentos ahí, intentando destejer la maraña de recuerdos. Pensé que todo fue un sueño, pero mi mochila vieja estaba al pie de la cama con las pruebas de paternidad adentro. El nombre de Eric me provocó deseos de volver a llorar, sólo desistí al creer que lo escuché hablar en la sala. Confundí su voz con la de Henrik, ni si quiera puedo diferenciar la voz de mi medio hermano.
—Te desmayaste —informa Dimas, ha adivinado que temí desconectarme de la realidad—. Preferimos traerte a casa…
—Si te llevábamos al médico podría atraer la atención de la prensa, dedujimos que fue por el estrés.
Asiento, es una buena noticia. Desmayarse no está del todo bien, pero es mejor que desconectar mis emociones.
—¿Cómo te sientes? —pregunta el vocalista.
Muy vacía, sola.
—Cansada…
—Ve a dormir un rato, Cris… —sonríe Henrik—. Mañana salgo de viaje hacia Torreón, pero sabes que estoy a una llamada de distancia.
Las presentaciones…
—No, Cristy —Dimas me toma por la barbilla con suavidad, creo ha notado mi alarma—. Puedo hablar con Mike y entregar las presentaciones faltantes a MalaVentura. Gabriel y los demás estarán de acuerdo, no…
—Imposible —interrumpo—. Es la última semana, es decisivo, no puedes hacer eso.
—No te dejaré aquí.
—Iré contigo —digo con un hilo de voz—. No subiré al escenario, pero estaré ahí… No es correcto que mis problemas perjudiquen a Gray más de lo que ya hacen.
No puedo permitir que el rechazo de Eric me afecte. Nadie puede culparlo… ¿Quién iba a querer a una hermana como yo? Tenerme como amiga es muy diferente a poseer una relación sanguínea conmigo. Comprendo su reacción, eso no significa que duela menos.
—Estoy seguro de que existe una explicación para que Eric reaccionara así —musita.
Me sorprende que Dimas ya pueda leer tan bien mis emociones, aunque quizá influya que he comenzado a llorar sin aparente motivo.
—Hablará cuando esté listo, Cris —añade Henrik—. También es complicado para él.
Si las sospechas que han tenido, sobre por qué la madre de Eric jamás mencionó a Fernando, son verdaderas; entonces dudo mucho que alguna vez mi medio hermano me acepte. Mi cara se convertiría en un recordatorio del calvario que atravesó su mamá, el mismo por el que yo pasé. Encontraría en mis miedos los mismos que poseyó su madre cuando lo cargaba a él en el vientre. Las fotos tendrían otro significado, ya sabría que esas sonrisas escondían mucho dolor, que levantarse por las mañanas requería un esfuerzo sobrehumano, y que la soledad te podía susurrar palabras muy amargas al oído sin que nadie más esté ahí para pedirte que no las escucharas.
Jamás me pregunté cómo sería tener un hermano, es un cariño desconocido, no sé lo que es querer alguien de ese modo. Sé que quiero mucho a Henrik, Mike y también a Eric, pero no sé si como hermanos porque no tengo idea de cómo debe ser ese tipo de amor.
Quiero creer que Henrik tiene razón, que con los días Eric me hablará, pero últimamente quiero creer muchas cosas que se alejan de la verdad.eza a escribir aquí...









omg pobre cris y sumarle otra raya al estres.. esperemos eric reaccione pronto..