1: carteles
Félix
Nunca imaginé que este día llegaría.
Hace apenas un mes, mis amigos y yo pensábamos que sería imposible asistir al concierto de Stray Kids. Pero lo imposible solo tarda un poco más.
Después de buscar trabajos a medio tiempo, juntar cada centavo y recibir un empujón final de mi papá, hoy estamos aquí: formados frente al estadio, con nuestros corazones latiendo al ritmo de una emoción que no se puede explicar con palabras.
Mis manos tiemblan un poco mientras sostengo el cartel.
“¿Quieres ser mi profesor de coreano?”, dice con letras grandes, rodeado de estrellitas dibujadas. No es un mensaje cualquiera. Es una esperanza, una locura, un sueño con nombre y apellido: Hwang Hyunjin.
—¿Ustedes creen que Hyunjin acepte? —pregunto, más para calmar mis nervios que esperando una respuesta.
—No lo sé, Lix. Sería una locura... —dice Jeongin, el más joven del grupo, encogiéndose de hombros—. Pero nada es imposible, ¿no?
—Tal vez soy solo un fan más, perdido entre miles —susurro, mirando al cielo—. Pero... ¿y si pasa?
—Ten fe —responde Han con una sonrisa tranquila, como si creyera en eso más que nadie.
Jeongin levanta su propio cartel, con letras llamativas: “¿Quieres ser mi instructor en el gym?”
—¿Tú crees que Changbin me diría que sí? —pregunta con una carcajada—. Aunque no lo necesito, obvio.
—Sí, claro. Estás en forma, In —dice Seungmin—. Pero si vas al gimnasio con él, ¡yo me anoto!
Han sostiene el suyo con orgullo: “¿Minho, me enseñarías a bailar como tú?”
—¿Y si Min se ríe? —pregunta con una mezcla de miedo y emoción.
—O te invita a practicar con él —le contesta Seungmin, levantando su cartel con una sonrisa. El suyo dice: “¿Chan, podrías enseñarme a cantar como tú?”
—De aquí no salimos sin ellos —declaro, levantando mi puño al aire.
—¡Sí! ¡Nosotros podemos! —responde Jeongin, lleno de energía.
—¿Y si no pasa? —pregunta en voz baja, bajando un poco el cartel.
—Entonces nos quedamos con el recuerdo más bonito de nuestras vidas —dice Han, con una mirada sincera—. Verlos ya es mucho más de lo que soñábamos.
Nos miramos unos segundos, sin hablar. Luego, todos levantamos nuestras manos al centro, una sobre otra.
—¡Nosotros podemos! —gritamos al unísono.
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Una hora más tarde, la espera termina. El estadio estalla en luces, gritos y música. El corazón se me va a la garganta cuando los cuatro miembros de Stray Kids aparecen en el escenario: Hyunjin, Chan, Changbin y Minho. Justo ellos. Justo nuestros biases.
Abren con Chk Chk Boom, y la multitud canta como si la vida les fuera en ello. Nosotros también. Saltamos, lloramos, reímos. Agitamos nuestros lightsticks, abrazamos nuestros peluches SKZOO y dejamos que la emoción nos arrase como una ola.
A mitad del show, algo sucede.
Los cuatro se acercan al borde del escenario, con sonrisas gigantes. Empiezan a leer los carteles. Uno por uno. Y entonces…
Hyunjin se detiene. Mira el mío. Sus ojos recorren las palabras, y luego… levanta la vista.
Me mira. A mí.
Sonríe Y asiente.
Me congelo. Siento que dejo de respirar. Han me agarra del brazo. Jeongin grita. Seungmin suelta una carcajada entre lágrimas.
—¡¿Lo viste?! ¡¿Lo viste?! —grita Seungmin, sacudiéndome.
—¡Hyunjin te respondió! ¡Lix, te respondió!
Y en ese momento, entendí algo.
Esa noche no iba a ser como las demás.
Esa noche podía cambiarlo todo.








