La habitación al final del pasillo
El hospital olía a desinfectante, a café viejo y a rutinas repetidas. Las luces frías del pasillo no dejaban lugar para la nostalgia, y sin embargo, Jungkook la sentía en cada rincón. Era su primera semana como pasante de medicina, y aunque había esperado ese momento durante años, nada lo había preparado para la soledad que habitaba entre las paredes blancas.
Él caminaba con el estetoscopio colgando del cuello, como si eso lo hiciera parecer más seguro, más médico. Saludaba con tímidas inclinaciones de cabeza, revisaba historiales con las manos sudorosas y memorizaba protocolos como si su vida dependiera de ello.
Pero ese día, algo fue diferente.
La vio por primera vez cuando el doctor a cargo lo envió a entregar unos formularios al ala de oncología. Era una habitación al final del pasillo, con la puerta entreabierta y una luz suave escapando por la rendija. Dentro, un chico de rostro sereno estaba sentado junto a la ventana, escribiendo en un cuaderno desgastado. Llevaba un gorro de lana gris que apenas disimulaba su calvicie, y una bata de hospital demasiado grande para su cuerpo delgado.
Jungkook se detuvo un segundo antes de entrar. No sabía por qué.
—Perdón —dijo, asomándose con cautela—. ¿Jimin Park?
El chico levantó la mirada. Sus ojos eran inmensos. Oscuros, pero no tristes. Más bien tranquilos, como un lago en invierno.
—Ese soy yo —respondió con voz suave.
Jungkook le explicó que solo venía a dejar unos documentos. No esperaba quedarse, pero tampoco se fue.
—¿Te gusta escribir? —preguntó, mirando el cuaderno.
Jimin cerró la tapa con lentitud, como si protegiera algo frágil.
—Escribo para no desaparecer del todo —dijo. Luego sonrió—. Y tú pareces nuevo.
Jungkook asintió, un poco avergonzado. Se acercó sin saber si debía sentarse o marcharse, y finalmente optó por quedarse de pie, fingiendo revisar los papeles que ya no le interesaban.
—¿Te molesta que me quede un momento? —se atrevió a decir.
Jimin negó con la cabeza, y sin decir más, volvió a mirar por la ventana. Afuera lloviznaba.
Pasaron varios minutos en silencio. Y cuando Jungkook finalmente se despidió, Jimin lo detuvo con una sola frase:
—Si vas a volver mañana… podrías traerme un libro.
—¿Qué tipo de libro?
—Uno que no tenga un final feliz —dijo Jimin, sonriendo como si fuera una broma, aunque ninguno de los dos rió.
Y así comenzó todo.