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No es para siempre

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Sinopsis

Él lo perdió todo hace años y no encontró la manera de salir adelante. Sigue sin encontrarla porque los sueños suelen escapar de los corazones rotos. Ella vive con el alma rota, pero ha sabido blindarse lo suficiente como para no dejar que nadie vuelva a hacer un nido en su corazón. Ha dedicado todos sus esfuerzos para triunfar a nivel profesional y lo ha conseguido, pero quiere más y lo conseguirá de la mano de su más reciente enemigo. Dos corazones rotos, promesas personales y un pacto. Una historia destinada a triunfar porque, ¿qué puede salir mal cuando ambos saben que no es para siempre?

Estado:
Completa
Capítulos:
5
Rating
4.8 (6 reseñas)
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Desde hacía tiempo, Marc apreciaba que su vida no podía ser mejor.

Si bien siempre se sintió un tipo con suerte, su verdadera felicidad llegó cuando conoció a Marcela y en un mes descubrió que ella era la mujer de su vida. Cinco años pasaron juntos y, en ese tiempo, Marcela se convirtió en su compañera, en su mejor amiga y en su amor.

Mientras ella estudiaba Psicología, él trabajaba en una empresa de construcción dedicada a la reforma de viviendas; y por las tardes, al igual que los fines de semana, se reunía con sus amigos Javier y Lola para ensayar. Hacía un par de años que habían formado un grupo. Al principio solo tocaban covers, pero con el paso del tiempo se atrevieron a escribir sus propias canciones.

La suerte los alcanzó cuando una discográfica contactó con ellos para firmar su primer contrato, siendo uno de los temas que Marc compuso para Marcela, el puente al éxito.

Una noche, Marcela le confirmó lo que suponían desde hacía semanas: estaba embarazada. Él vendió su apartamento para disponer de algún dinero extra hasta percibir las regalías de la discográfica. Se mudó al de Marcela y usaron el dinero para hacer algunos arreglos. Marc, enamorado como estaba, le propuso matrimonio y, en dos meses, se casaron.

La vida le sonreía.

Amueblaron una habitación para la bebé con muñecos tejidos, mantas en tonos pastel y una cuna de barandas blancas. Marc solía sentarse en la mecedora y se imaginaba acunando a su hija. Ya no era tan importante la música ni triunfar. Marcela y su bebé se habían convertido en el centro de toda su existencia. Con ellas se sentía triunfante.

Una noche, mientras que apoyaba el oído en el vientre de su esposa para percibir los movimientos de su pequeña, pensó que todavía no habían elegido un nombre. Le dio un beso en los labios, la recostó en el sofá y comenzó a masajear esos tobillos que debían dolerle a morir. Pero Marcela era increíble, jamás se quejaba, ni daba señales de cansancio.

—Deberíamos elegir un nombre —dijo él dándole una mordida en el arco del pie y haciéndola reír.

—Yo había pensado un nombre por si era niño.

—¿Qué nombre es? —Se recostó a su lado.

—Pensaba en Marc. Me encantaría tener un niño que lleve tu nombre. —La confesión fue premiada con un beso.

—Cuando estemos un poco mejor económicamente, compraremos una casa y nos pondremos en marcha para tener otro bebé. Si quieres.

—Claro que quiero. Te amo. —Lo tomó del cuello de la camiseta para acercarlo y lo besó—. Ahora te toca pensar el nombre de la niña.

—Fácil —se encogió de hombros—: Marcela.

—No, por favor. —Ella se cubrió el rostro con las manos. Las siguientes palabras apenas se escucharon—: Es un nombre horrible y sabes que no me gusta. Pensemos en otro —suplicó, con un mohín, cuando Marc la tomó de las muñecas y le separó las manos del rostro.

—Está bien, déjame ver qué opina ella. —Colocó nuevamente la oreja en el vientre de su esposa y se concentró—. A ver, bebé, te toca ayudar a tus papás que no se deciden con tu nombre. Si te gusta Marilyn, da dos pataditas. —Nada—. ¿Valeria? —Nada—. ¿Princesa?

—¡No podemos ponerle Princesa!

—Tienes razón. ¿Sabes qué nombre me gusta? —Levantó el rostro para mirar a su mujer a la cara.

—No, ¿cuál? —Le acarició la mejilla y de paso le acomodó el cabello que siempre llevaba descuidado.

—Paula. Mi abuela se llamaba así y la quería tanto…

—Es un nombre precioso.

—¿De verdad te gusta?

—Me encanta, mi amor.

El tiempo pasó rapidísimo y una noche de luna llena, Marcela comenzó con contracciones. Marc buscó el bolso que ya tenían preparado con todo lo necesario, la ayudó a acomodarse en el coche y condujo al hospital.

El trabajo de parto fue largo, pero él no se separó de su mujer en ningún momento. Todo salió bien y, al día siguiente, tenía a su hija en brazos, y a su esposa, hermosamente cansada, recostada en la cama y recibiendo todos los mimos que él le profesaba.

La casa se transformó en un ir y venir de amigos y familiares, todos impacientes por conocer a la pequeña. Por las noches, se ocupaba él de levantarse cada tres horas para alimentar a Paulita, ya que Marcela no podía darle el pecho. Preparaba el biberón y acunaba a su hija hasta que volvía a dormirse. Disfrutaba tanto de ese ritual que, muchas veces, se quedaba horas sentado en la mecedora, aprendiendo de memoria cada gesto, cada movimiento, cada rasgo de su dulce rostro. Y cuando le apretaba un dedo con toda la fuerza de su manita, él sabía que podría pasar la vida entera con ella en los brazos.

Una tarde, en la que Paula apenas tenía tres meses, llegó a su apartamento y se llevó una alegría inmensa cuando encontró allí a su primo Fernando. Sostenía a la niña en brazos y la miraba con una sonrisa, mientras ella bostezaba despreocupada.

—Fer, ¡qué alegría verte!

—Le has puesto el nombre de la abuela —dijo a modo de saludo.

—Sí, Marce estuvo de acuerdo. —Le dedicó una mirada a su mujer y la vio retorcer una servilleta con las manos.

—Le queda bien. —Fernando le devolvió la niña a la madre—. Me marcho.

—¿Tan pronto?

—Sí, Marc. —Lo miró durante un par de segundos y luego desvió la vista al suelo—. Lo siento —pronunció las palabras con pesar—. Marcela, haz lo que te pedí, por favor. —Ni siquiera se despidió de ella.

Marc vio a su primo salir y se centró en su mujer. No quería pensar. Así que preguntó:

—¿Qué es lo que quiere que hagas?

—Nada, cariño, no te preocupes.

Dos semanas más tarde, cuando regresaba de dar un paseo con Paula, encontró de nuevo a Fernando en su casa. Los ojos de Marcela parecían estar llenos de miedo y dolor, y Marc se temió lo peor.

—¿Se lo dices tú o lo hago yo? —le soltó Fernando a Marcela cuando lo vio aparecer en la sala.

—Por favor —respondió ella, llorando.

—¿Qué ocurre? —preguntó Marc, a la vez que sacaba a Paula del carrito porque había comenzado a lloriquear.

—Marc, por favor —insistió Marcela—, vete hasta que yo pueda solucionar esto.

—¿Solucionar qué? —continuó Marc, acunando a su bebé que lloraba aún más.

—Marcela, hay una única solución y es la verdad —sentenció Fernando y dejó sobre la mesa un papel—: Paula no es tu hija —le confesó a Marc.

—¿Qué dices? —Marc tragó para deshacer el nudo que se le formaba en la garganta.

—Lo siento. —Marcela intentó acercarse a su marido—. Ocurrió solo una vez y te juro que me arrepentí al instante.

—No entiendo… —Marc tuvo que limpiarse las lágrimas con la manga del abrigo—. Por favor, dime que está mintiendo.

—Paula es mi hija —persistió Fernando—; y quiero ocuparme de ella.

Marc y Paula lloraban, al mismo tiempo que él la abrazaba y ella se agarraba con fuerza a uno de sus dedos.

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Trama absorbente

Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

2

Diálogos potentes

author

¡Qué comienzo impactante! ¡Me he quedado sin palabras! Me ha encantado la introducción, sabes cómo me gusta el drama, especialmente cómo lo escribes tú, con todos los condimentos del romance, suspenso, intriga y emoción. 👏👏👏

un año
1
author

¡Iniciando a leer tu nueva obra! Desde ya puedo ver que tiene mucho de lo que me gusta, ¡que emoción!

un año
1
author

Que impactante comienzo. Escribes muy lindo, me encanta

un año
1

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