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Al Ritmo del Motor y del Corazón

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Sinopsis

Hunter Quinn es una de las mayores estrellas de la Fórmula 1 y mayor talento de su generación, título que le discute Bruno da Silva. Dos rivales sobre la pista, pero ¿Qué pasa cuando baja la bandera a cuadros? Bruno está dispuesto a hablar sobre ello conmigo y yo estoy deseando descubrir todos los secretos que quiera contar sobre Hunter

Genero:
Romance
Autor/a:
Cristina
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Aquí está Bruno da Silva, el piloto portugués más laureado de la historia de la Fórmula 1. Muchos definieron su movimiento como extraño, pues se retiró a la corta edad de 32 años y aún le quedaba calidad. Aunque eso pasó hace ya diez años.

-Buenos días, señorita González - me tiende la mano.

-Buenos días señor da Silva - respondo a la vez que aprieto la suya. Es firme y fuerte. - Gracias por recibirme.

-Tome asiento - dice señalando un sillón justo en frente del que se sienta él.

Su rostro es sereno y muestra lo que está pensando. Durante su período como piloto se había caracterizado por hablar lo justo y necesario. Su apodo era la Pantera de Lisboa. Era sigiloso de cara al público, pero fiero detrás del volante.

-En primer lugar, me gustaría agradecerle que accediera a dar la entrevista para el documental sobre Hunter Quinn. - asiente - sé que a usted no le gustan demasiado los medios.

-Cuando eres ex piloto de Fórmula 1 es difícil que te gusten - responde con una sonrisa austera. - Digamos que alguien me convenció.

Recuerdo que cuando me dijeron que iba a entrevistarle, me sorprendí bastante. Creía que nos íbamos a quedar sin una de las piezas claves. Prometíamos contar lo que nadie sabía sobre Hunter, pero sería difícil hacerlo sin la ayuda de su mayor rival sobre la pista.

-¿Puedo saber de quién se trata?

-En algún momento lo sabrás y, por favor, tutéame, así la conversación será más fluida.

-Claro - respondo un tanto avergonzada. Es diez años mayor que yo - hablas muy bien español. Se nota que pasaste un par de años en la F4 española.

-No sólo eso, sino que la gané por la mayor diferencia de puntos hasta ese momento.

-Cierto. Por eso llamaste la atención de Williams y empezaste la F3 en su academia.

-Así es. Veo que has estudiado - dice con satisfacción - pero no estamos aquí para hablar de mí, sino de Hunter.

Asiento.

-¿Por dónde quieres que empiece?

-Mmm… por el principio. ¿Cómo os conocisteis?


No tiene mucho misterio. Los dos acabamos en Prema. Él era miembro de la academia de Ferrari y yo ya había completado un año en la F3 y había terminado sexto. Muy buen resultado para ser novato. No tenía dinero suficiente para subir a F2 y Williams no estaba dispuesto a subirme si no demostraba más. Prema vio una oportunidad y decidió cogerme junto con Hunter y Osvaldo Gutiérrez. No sé si lo conoces. Era buen tipo, terminó en los GTs. A Osvaldo ya lo conocía de haber coincidido el año pasado en F3, también era su segundo año. Él era mexicano y cómo hablaba español, enseguida nos hicimos buenos amigos. En cuanto a Hunter, había oído hablar de él. Era la nueva joya de Ferrari y era británico. Por aquel entonces él tenía dieciséis años y yo dieciocho.

Recuerdo la primera vez que le vi. Fue en los entrenamientos de Bahréin para la F3. Teníamos una reunión de equipo. Nos iban a dar indicaciones sobre lo que teníamos que probar y que no y una pequeña introducción al coche. Hunter llegó a la reunión diez minutos antes y bastante malhumorado. A mí me llamó la atención su estilo urbano, aunque ya usaba marcas de lujo antes de que le patrocinasen. Lo recuerdo bastante bien porque, hasta ese momento, no era consciente de que existía un naranja tan chillón.


Tiene sentido, pensé para mis adentros. Hunter había sido un icono de la moda desde que pisó por primera vez la Fórmula 1. Era guapo, extrovertido e iba a la última moda. Todo lo contrario de Bruno, que siempre iba con su polo de equipo. Creo que existen dos fotos en total en las que no aparezca de azul.


Se sentó con nosotros en la mesa y ni siquiera nos miró, como si fuéramos menos que él, o así es como yo lo interpreté, al menos.


-¿Se podría decir que os llevabais mal desde que os conocisteis? - le pregunto.

-No. Creo que Hunter ni siquiera reparó en ello. Le daba igual todo lo que no tuviera un motor - responde riendo, como si estuviera recordando algo gracioso.


Pasamos varias horas en esa reunión, en la que sólo Osvaldo y yo interveníamos por voluntad propia. Sólo oía la voz de Hunter cuando alguno de los mecánicos le preguntaba algo. La imagen que siempre ha transmitido de ser un chico abierto, era sólo fachada. En el trabajo él era una persona observadora, que prefería callar antes que soltar algo que pudiera ayudarnos. Él veía a todo el mundo como un rival. Su mentalidad siempre ha sido esa. Supongo que por la influencia de su familia.

Tras la reunión Osvaldo y yo nos acercamos a él para presentarnos. No dijo ni su nombre. Le invitamos a comer con nosotros y se negó. Me pareció raro y pensé que tenía poco sentido. Íbamos a pasar muchas horas juntos y podíamos ayudarnos entre nosotros. Al fin y al cabo, los tres teníamos el mismo coche. Pero como ya he dicho, él no lo veía así.


-No fue un encuentro muy agradable.

-Ni desagradable si lo piensas bien. Sin embargo, en ese momento me pareció un engreído. Había ganado la F4 británica en su primer año, cierto. Pero en los coches no sólo importa ser rápido. Ha habido muchos casos así. Pilotos que prometían y se quedaron en nada.

Reflexioné sobre sus palabras. Un par de casos aparecieron en mi mente.


Después de esa reunión le volví a ver en el box. Nosotros teníamos los test de pretemporada justo antes de la Fórmula 2. Recuerdo que me bajé del coche para descansar. Él estaba observando los tiempos y la telemetría a pocos metros de mí. Le miré y alcé la cabeza, presumiendo de los tiempos que había hecho. Había bajado en dos segundos los del año pasado con el AIX. No sólo el coche era mejor, yo también. Él puso los ojos en blanco y siguió concentrado en las pantallas. Su indiferencia me molestó más que si me hubiera respondido algo como “no es para tanto” o “lo puedo hacer mucho mejor”. Pero no, él estaba tan seguro de que era mejor que yo, que ni siquiera me tomó en serio. Como cuando apartas a una mosca que te está zumbando en el oído.

Después de mi turno y de la Fórmula 2 era el suyo. La pista estaba engomada y más caliente, pues ya había sol. Iba a marcar mejores tiempos, por supuesto, pero la diferencia era más de la que me esperaba. Era su primera vez en un F3. No era normal las décimas que se sacó de la chistera. Todo el mundo sonrió con satisfacción. Estaban seguros de que el campeonato de constructores ese año iba a ser suyo.

Osvaldo se me acercó y recuerdo que me dijo: -Nos va a dar en la madre este desgraciado prodigio. Siempre nos van a estar comparando con él-.

Le respondí que tampoco era para tanto. En el fondo yo tenía tanto miedo como él. Hunter era demasiado bueno. Tocado por una varita.

Cuando se bajó del coche, lo primero que hizo fue buscarme con la mirada y me encontró. Me sonrió con superioridad y vino hacia nosotros .

-Por algo yo estoy en Ferrari y tú en la academia de un equipo de segunda.

Noté como la furia crecía dentro de mí. Apreté los puños. En esa primera batalla me había ganado, pero me iba a asegurar de que no ocurriese una segunda vez. Osvaldo estaba cerca de nosotros y juro que también escuché como le rechinaban los dientes. Él no era parte de ninguna academia.

Después de esa pequeña charla, si se le puede decir de alguna manera, no volvimos a dirigirnos la palabra. Sólo nos subíamos al coche y observamos la actuación del otro. Apenas me fijé en Osvaldo, iba un paso por detrás. Aún no lo sabía, pero iba a aprender más de él en la pista de lo que jamás me había imaginado. No parecía humo lo que vendían de él en la prensa británica.

-O sea que eso fue lo que hizo que os declaraseis enemigos jurados.

Bruno sonríe y niega con la cabeza. Como un padre cuando su hijo responde mal a la pregunta que le ha hecho y cuya respuesta le es evidente.

-Esta anécdota que te he contado es la punta del iceberg de toda la historia de Hunter Quinn.

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