Prólogo
Dicen que algunos destinos están escritos con sangre.
Él nació para mandar. Ella, para obedecer.
Pero el universo -cruel y caprichoso- decidió cruzar sus caminos no con amor, sino con una guerra silenciosa hecha de miradas, amenazas y cicatrices invisibles.
Aby Sánchez era una flor envenenada, atrapada desde niña en un jardín de lujuria disfrazado de lujo. Sumisa a la fuerza, perfecta por mandato, su vida no le pertenecía ni siquiera en los sueños. Su cuerpo era moneda de cambio. Su silencio, la herencia familiar.
Vladimir Romanov era hielo vestido de hombre. El heredero de la Bratva, un rey sin corona visible pero con sangre en las manos. Nunca quiso una esposa. Mucho menos una que temblara al mirarlo. Pero el fuego que vio en Aby fue distinto. No era rebeldía. Era desesperación disfrazada de fuerza.
Un matrimonio sellado con amenazas.
Un país que no es hogar para ninguno.
Un trato que oculta contrabando, poder... y condena.
Ella no quería pertenecer a nadie.
Él no sabía cómo amar sin destruir.
Y aún así, el infierno se desató cuando ella habló en ruso por primera vez...
Porque hay heridas que no sanan. Solo aprenden a sangrar en silencio.








