Hielo y Herencia
Hace ya varios inviernos, cuando el oro aún brillaba en el cuello de Victor Nikiforov y su nombre era sinónimo de perfección en el hielo, un deseo persistente comenzó a germinar en su corazón: no uno de medallas, sino de amor. A sus veinte años, su alma —entrenada para deslumbrar en cada coreografía— anhelaba ahora una nueva clase de desafío. Uno que no viniera con aplausos, sino con silencios compartidos, risas sinceras... y responsabilidad.
Fue en un orfanato de San Petersburgo donde sus pasos lo guiaron aquella fría mañana. Las paredes olían a papel viejo y galletas horneadas. Entre los niños que jugaban, una pequeña de cabello negro azabache y ojos intensos dibujaba en silencio. No necesitó más.
Victor se agachó, colocándose a su nivel, con esa sonrisa que, según muchos, podía detener guerras.
—¡Hola! —dijo con calidez.
La niña alzó la mirada, algo tímida.
—Ho-hola, señor...
—Me llamo Victor. Victor Nikiforov —dijo, sin esperar reconocimiento. Se fijó entonces en el dibujo.
—Me llamo Tn —susurró ella con la voz suave, como la nieve que cae sin ser notada.
—Es un dibujo hermoso —dijo, observando a detalle los trazos infantiles que representaban a una familia sonriente.
—Es mi antigua familia... —agregó, con una sombra cruzando su rostro.
Victor sintió un nudo en el pecho. Supo que debía llevarla a casa. No como un capricho, sino como una promesa.
Horas después, tras llenar los documentos, escuchar su historia trágica y saber que su madre había muerto joven y su padre estaba desaparecido, Victor firmó. Aquella noche, se llevó a casa no una hija, sino un pedazo de sí mismo que aún no sabía que le faltaba.
Edad: 10 años
La risa de Tn resonaba como campanas en invierno. En la parte trasera de su hogar, sobre una pista de hielo natural, la pequeña deslizaba con movimientos torpes pero entusiastas. Su cabello ondeaba como una bandera, y sus mejillas, rosadas por el frío, contrastaban con su abrigo blanco.
Victor la miraba desde la ventana, sosteniendo una taza de chocolate caliente. El hogar estaba lleno de calidez, no sólo por la chimenea encendida, sino por los lazos que poco a poco habían tejido entre juegos, películas y aprendizajes.
Ella descubrió su pasión por el patinaje artístico antes de aprender a multiplicar. Y Victor, quien había dominado el hielo por años, no dudó en convertirse en su maestro.
—¡Tn! Es hora de entrar —gritó con voz firme pero afectuosa.
—¡Ya voy! —corrió dentro, sacándose los guantes.
—¿Cocinamos o pedimos comida hoy?
—¡Sushi! Pero lo pedimos. Cocinar me da flojera ahora —respondió con una sonrisa astuta.
Victor soltó una carcajada y revolvió su cabello.
—Eres más inteligente de lo que pareces, pequeña estratega.
Ella corrió hacia la consola de videojuegos mientras Victor pedía la cena. Así eran sus días: simples, brillantes, irreemplazables.
Edad: 19 años – Actualidad
El calendario marcaba enero. Afuera, el mundo era un lienzo blanco. Dentro de la casa, el aroma de especias y verduras llenaba el aire.
—¿Qué preparamos hoy, querida? —preguntó Michelle, la madre de Victor, hojeando su libro de recetas con las gafas al borde de la nariz.
—¿Lasaña de pollo? Como la que hacías cuando tenía doce —dijo Tn, sonriendo con nostalgia.
—Perfecto. Tu padre llega hoy después de competir en Canadá.
Tn se detuvo. Una emoción cálida recorrió su pecho.
—¿En serio? ¡Al fin!
—Y deberías contarle lo que has decidido —dijo Michelle con una mirada cómplice.
—¿Crees que se enoje?
—Él te ama, no hay nada más que necesites.
Entonces, con las manos aún húmedas por preparar la pasta, Tn escribió un mensaje.
Chat con Mikasa
Tn:¡Hola Mikasa! Por favor, anótame en las competencias del Grand Prix de este año. Estoy lista.
Mikasa:¿¡QUÉ!? 😱 ¡Esto es enorme! ¡Victor se infarta cuando lo sepa! ¡Por fin vas a sacar esos pasos Nikiforov™!
Tn:Jajaja. Mañana a las 7 AM en la pista de Yakov. Ya sabes 😉
Mikasa:¡Allá estaré!
Esa noche, cuando Victor entró por la puerta, Tn y Makkachin corrieron a abrazarlo como niños pequeños.
Durante la cena, Michelle dejó caer la bomba con sutileza.
—¿Viste el registro de patinadores?
Victor, curioso, revisó su celular. Cuando vio el nombre, su rostro se transformó.
—¡¿Vas a competir?! —preguntó, con mezcla de sorpresa y orgullo.
—Tada~ No te enojes —pidió ella, ocultando su rostro tras sus manos.
Victor suspiró. Luego sonrió.
—Mientras te diviertas y no te lesiones, estoy completamente de acuerdo. Eres una Nikiforov, después de todo.
Día siguiente – Pista de Patinaje
La mañana helada apenas comenzaba a teñirse de azul claro. Tn, vestida con su ropa térmica, llegó a la pista acompañada por Michelle. El lugar vibraba con recuerdos del pasado y del futuro.
Mikasa la recibió con una palmada en el hombro. A su lado, Yakov y Eren charlaban.
—¡Buenos días! —saludó Tn con una reverencia firme.
—A la pista —ordenó Yakov sin perder tiempo.
Tn ejecutó una coreografía creada por Victor años atrás. Mikasa la observaba con atención felina, corrigiendo postura, giro, intensidad. Yakov gruñía indicaciones, pero en sus ojos se adivinaba el respeto.
—Eres mejor que tu padre recibiendo órdenes —dijo con una ceja alzada.
—Gracias... creo —rió Tn.
Al salir de la pista, escuchó una voz detrás de ella.
—¡Oye tú! ¿Estás sorda?
Tn se giró, encontrándose con un joven de cabello negro, mirada cortante y expresión agria.
—¿Quién eres? —preguntó, casi como una orden.
—Soy Tn Ni— —pero Mikasa le dio un codazo sutil.
—Sólo Tn —dijo, tragando saliva.
—Hazte a un lado. Tengo que hablar con ese viejo —refunfuñó Levi Ackerman, pasando junto a ella como un vendaval helado.
—Qué encanto de chico —murmuró Tn. Eren soltó una carcajada.
—Es pariente de Mikasa. Todo un caso. Hijo de una empresaria famosa, con la misma obsesión por el orden que por ganar.
Mikasa asintió.
—Y es bueno... pero insoportable.
Al caer la tarde...
Tn caminó sola hacia el puente de San Petersburgo. El atardecer bañaba el río congelado en tonos naranja y azul. El viento le trajo recuerdos de sus primeras caídas sobre el hielo, de las manos cálidas de Victor ayudándola a levantarse, de los sueños que nacieron junto a las auroras boreales que alguna vez vieron juntos.
Se detuvo.
—Estoy lista —susurró al viento, con los ojos brillantes.
Al llegar a casa, se tiró en la cama. Exhausta. Satisfecha.
El celular vibró. Una notificación de Instagram: Victor, en Japón, con Yuri Katsuki. “Entrenando al futuro campeón”, decía el pie de foto.
Tn sonrió y le dio like. Cerró los ojos.
Mañana sería otro día. Pero hoy... hoy había dado su primer gran paso.
...