TALKING TO THE MOON ━━ rengoku kyojurou

Sinopsis

𝐓𝐀𝐋𝐊𝐈𝐍𝐆 𝐓𝐎 𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐎𝐎𝐍 ➥ ᵏⁱᵐᵉᵗˢᵘ ⁿᵒ ʸᵃⁱᵇᵃ ❝ 𝐍𝐎 𝐈𝐌𝐏𝐎𝐑𝐓𝐀 𝐂𝐔𝐀𝐍𝐓𝐀𝐒 𝐕𝐄𝐂𝐄𝐒 hable con la luna, estoy seguro de que tú nunca regresarás ❠ [a kimetsu no yaiba oneshort] female!reader x rengoku 2020© littlehawksfeather

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

capítulo único

— Ya es de noche— un hombre de cabellera rubia con mechones rojizos se acercó hacia la ventana de su habitación, sus orbes denotaban una profunda tristeza, pero en su rostro aún mantenía una sonrisa.


  Rengoku trababa de mantenerse al margen en cualquier momento del día, se mantenía fuerte cuando su padre siempre lo recrimina con insultos, cuando no lograba proteger a alguien, cuando su trabajo no le permitía ver a su hermano menor pero, a pesar de tratar de mantener un rostro despreocupado sus sentimientos siempre salían a flote.


  Unas pequeñas lágrimas sobresalieron de sus ojos, las estrellas siempre lo acompañaban en sus malos momentos.


— (T/N), hoy gané una batalla contra dos demonios— anunció el rubio, justo cuando sus orbes dorados se encontraron con una luna brillante—. Nadie salió ileso, había una chica que se llamaba igual que tú. Se que te prometí que estos sentimientos nunca se me saldrían de las manos, perdón. Hay promesas que nunca logré cumplir.


  Su mano pasó sobre sus cabellos de manera frustrada, nunca había sentido tanto dolor cada vez que pronunciaba tu nombre y solo eso. Los intentos que hacia Rengoku para tratar de aliviar su dolor eran en vano, no podía olvidarte, no podía sacarte de tu mente.


— Ni siquiera se si ahora me escuchas, donde quiera que estés— Rengoku apretó sus dientes—. Sabía que no debía llevarte conmigo ese día.



— ¡Esto está sabroso!


  Observaste a Rengoku con una ligera risa, su actitud ante la comida siempre te parecía graciosa, aunque frente a una batalla su actitud parecía ser la de otra persona. Él rubio te observó de igual forma para después sonreír, ambos irían a una misión debido a que ambos trabajan juntos, tú estabas con él como un secuaz.


  Lo conociste desde hacía mucho tiempo atrás, tú madre y la de él eran amigas y aunque Rengoku tenía tres años más que tú, ambos seguían teniendo un vínculo especial.


  Te habías unido a los cazadores de demonios después de ver morir a tu madre, una sensación de amargura te había atormentado desde ese día, tu madre era la única familia que te quedaba y cuando la perdiste, algo dentro de ti te había impulsado a seguir adelante, porque eso era lo que tu madre quería. Entraste a los cazadores de demonios porque decidiste que era lo mejor, porque no querías ver a más personas perder a sus seres queridos.


  Rengoku estaba contigo en cada momento, al igual que su hermano pequeño, aunque no podías decir lo mismo de su padre. Él siempre te apoyó en cada cosa, no importaba si estaba en desacuerdo, después de todo era lo que querías.


  No eras tan fuerte, ni un pilar como él, pero, Kyojuro siempre mencionaba que eras muy fuerte y decidida por lo que no tardarían en reconocerte como una, siempre te alentaba.


— Uhm... disculpen, Rengoku.


  Un joven se había acercado al rubio con una expresión de vergüenza, él tenía los cabellos castaños rojizos y una gran marca en su frente que llamó tu atención, lograste ver cómo es que el joven venia acompañado por otras dos personas. Rengoku lo observo con la misma expresión en su rostro, para después repetir las mismas palabras acerca de su comida.


— ¡Que linda!— exclamó el joven rubio, mientras picaba tu mejilla con el dedo índice.


  Probaste otro bocado de tu platillo para después observar al joven de cabellos rubios, quien te observaban con una mirada de completo enamorado. Aquello te comenzaba a molestar pero, esperarías hasta terminar tu comida. Alado tuyo también se encontraba un joven con una máscara de jabalí, él se encontraba observando la ventanilla con curiosidad, el único que se mantenía quieto era el joven Tanjiro, quien hablaba con Rengoku.


— Ten cuidado cuando termine su comida— aconsejó el pilar hacia el rubio a tu lado, quien se confundió pero, al instante recupero su postura aunque aún seguía observándote con la misma expresión—. ¡Esta es la primera vez que escucho sobre "el baile del dios del fuego"!




— ¡Aliento de flamas, primer estilo: mar de fuego!


  Rengoku se acercó al demonio cortando su cabeza increíblemente rápido, casi no te había dado tiempo de reaccionar cuando la cabeza del demonio cayó entre tus pies.


— ¡Eso fue increíble hermano mayor!— exclamó Tanjiro con una gran sonrisa para acercarse al rubio—. ¡Por favor hazme tu discípulo!


  Guardaste tu espada mientras observabas como es que los jóvenes se acercaban a tu compañero con la misma expresión que el joven Tanjiro, no se equivocaban Rengoku era alguien simplemente extraordinario, sus simples hazañas eran maravillosas y tu tenías el completo honor de estar con él.


— ¡Por supuesto, te haré un buen espadachín!— respondió alegre Kyojuro al momento de guardar su espada.


— ¡A mí también!— gritarón los dos jóvenes restantes animados.


— ¡Cuidaré de cada uno de ustedes!


— ¡Rengoku hermano mayor!— exclamarón los jóvenes con gran alegría, para comenzar a saltar.


— ¿No va a ser muy frustrante entrenarlos a todos?— le preguntaste para regresar la mirada hacia los menores.


— No seas celosa (T/N), siempre serás mi mejor compañera— aquello provocó que un rubor atacara tus mejillas, así que simplemente bajaste un poco la mirada avergonzada por tu comportamiento—. Me encantaría ayudarles a ellos también.


  Una ligera sonrisa sobresalió de tus labios, observaste el rostro del mayor aún con tu sonrojo. Él era una gran persona, alguien tan maravilloso que sería capaz de salvarlos a todos antes que a si mismo y siempre estarías en deuda, debido a algunas técnicas que te había enseñado.


  Aquella persona que se robó tu corazón, la única persona que te demostró que el amor si existía.


  Era una lástima que nunca serías capaz de decírcelo de frente, no podrías, tu corazón aún estaba triste debido a lo que sucedió con tu madre y te llevaría mucho tiempo recuperarte de una caída como esa, tampoco arruinarías la amistad de ambos por unos sentimientos impulsivos que posiblemente tú solo tenías.


  Casi sin que te percatarás, Rengoku había tomado tu mano con aquella gran sonrisa. Dejaste de verlo para observar sus manos, él siempre solía hacer eso como una muestra de afecto amistoso, su simple tacto provocaba que tu corazón latiera con fuerza.


— ¡(T/N) también será nuestra hermana mayor!— exclamó Zenitsu para acercarse a ti.




  Abriste los ojos una vez que te habias clavado una espada en el cuello, aún sentías el filo de tu espada traspasando tu garganta en un movimiento. Habías tenido una pesadilla, en donde todo los recuerdos de la muerte de tu madre nuevamente se manifestaron atormenatandóte, aunque algo estaba mal, había una persona observando desde lejos con una sonrisa, fue allí cuando descubriste que algo estaba mal.


  Asesinaste a aquella persona en tus sueños y fue así como lograste abrir tus ojos, los cuales se encontraban húmedos después de la pesadilla que habías vuelto a recordar. Estabas apunto de pensar en tu madre, pero tus ojos se habían encontrado con la mirada preocupada de Rengoku. No había tiempo para pensar, ambos estaban en una misión.


— ¿Estas bien (T/N)?— preguntó el rubio con estima.


— Si— te giraste a tus alrededores buscando tu espada—. ¿Dónde están los mocosos?


— Despertaron antes que tu— Rengoku río—. Será mejor que nos preparemos para la batalla.


  Por algún motivo tu mirada se había centrado en sus labios, los cuales estaban algo rojizos, no era normal en él ya que sus labios eran en un tono rosado. De pronto recordaste tu brillo labial el cual tenía un cierto parecido de color.


— Puede ser otra cosa— murmuraste tratando de negar tus pensamientos, quizás solo se mordió el labio.


— ¿Dijiste algo?— Kyojuro se giró observándote, a lo que sólo negaste.


  Ambos eran amigos, no había la necesidad de hacer ese tipo de cosas.




— ¿Seguro que estás bien?— le preguntaste al joven de cabellos castaños, quién se encontraba en el suelo.


  Habían logrado encargarse del demonio, bueno lo había hecho Tanjiro, mientras que tu estabas encargándote de los demás demonios que se encontraban dentro del tren, afortunadamente todo había terminado. Aunque tu preocupación aumentó tras ver al joven en el suelo con una herida en su abdomen bajo.


— ¡No hay nada de que preocuparse! ¡Él mismo detuvo su sangrado!— exclamó Kyojuro con una sonrisa orgullosa.


— Debería revisarlo para asegurarme— murmuraste al momento de acercarte al joven.


  Habia aprendido ciertas cosas acerca de la medicina y era momento de ponerlas a prueba, después de todo la sangre en el uniforme de Tanjiro no te daba confianza, quizás si había detenido su sangrado como lo dijo Kyojuro pero, debías asegurarte después de todo era casi un niño.


  Tanjiro solo ejerció una pequeña sonrisa, como si tratara de aceptar el que lo revisarás. Cuando tomaste ciertas cosas de tu bolsillo un estruendo había llamado su atención, alguien había aterrizado frente a ustedes y justo cuando el polvo que levanto desapareció, una silueta se habia hecho visible.


  Y en sus ojos podía leerse "Luna superior tres".


  El primero en reaccionar fue Kyojuro, quien sacó su espada deteniendo el golpe que estaba destinado a Tanjiro por parte de la luna superior. Nunca habías visto una Luna superior, siempre de trataba de alguna luna inferior.


  Aquella luna superior se había presentando como Akaza, primero dio un breve discurso acerca de los humanos denominando los como seres inferiores incapaces de vivir una vida llena de gozo, debido a la existencia de la muerte y el tiempo. Al poco tiempo Akaza le ofreció a Kyojuro ser un demonio incapaz fé envejecer y seguir con esas reglas, por su parte Kyojuro declinó aquella oferta y allí fue cuando las palabras cesaron, comenzando una batalla entre ambos.


  Kyojuro siempre decía que si alguna vez lograban verse las caras con una luna superior tú menos que nadie, debía de alejarse de la batalla, tu debías sería proteger a los demás mientras que él, como el respetable pilar de fuego, se encargaría de la luna superior por si solo.


  Aquello simplemente no te agradaba y con o sin el apoyo de tu amigo irías a acudir a su ayuda si lo necesitaba, no podrías quedarte de brazos cruzados a ver como él tenía una batalla a muerte.


— ¡Rengoku!— exclamó Tanjiro mientras intentaba ponerse de pie por si solo.


— No seas idiota, no te levantes— le pediste tratando de que este se recostará en el suelo.


— Pero... él.


— Yo lo ayudaré— te levantaste del suelo tomando tu espada con firmeza, Tanjiro logró ver tus movimientos decididos desde el suelo, algo en él tenia la corazonada de que esto no acabaría nada bien.


  Te acercaste rápidamente una vez que Kyojuro estaba apunto de recibir un ataque fatal por parte de Akaza, colocando tu espalda y cuerpo en medio de ambos. Aquel ataque había sido tan veloz que Tanjiro no logró visualizarlo.


— ¡Te he dicho que...!


— Ahora mismo no me interesa lo que digas— murmuraste después de que la Luna superior retrocederá del ataque—. Ningún humano va a morir hoy.


  Cuando Akaza fue capaz de visualizar una presencia femenina en el lugar no tenía ninguna intención de asesinarla, incluso fue capaz de acercarse a Tanjiro y eso que estabas más cerca de él. Estaba evadiendóte, sabía que serías un gran problema pero quería él seguiría ignorandóte.


  Así fue durante el combate contra la luna superior Akaza estuvo evadiendóte por completo, lo que en ciertas ocasiones resultó favorable para ti.


— ¡Noveno estilo purgatorio!— exclamó Akaza una vez que se encontraba a una distancia de Rengoku, estabas más cerca de Tanjiro que del rubio lo que te preocupo—. Matanza destructiva, estilo de destrucción.


  Tu don se trataba de velocidad, siempre eras veloz con tus ataques y a la hora de proteger a un ciudadano, aquello siempre te beneficiaba. Por lo que no dudaste en llegar antes que Akaza y recibir el ataque que estaba destinado a Rengoku, al menos él estaría bien y eso era lo que te importaba.


  El rostro de Akaza había cambiado cuando descubrió que tu habías recibido el ataque, él no quería eso, no quería lastimar a una mujer, nunca había llegado a hacerlo y ahora su brazo estaba traspasando el pecho de una mujer, asesinandóla. Lastimosamente había roto su código, el cual le impedía atacar al sexo femenino.


— ¡(T/N)!— exclamó el rubio cuando visualizó demasiada sangre en tu cuerpo.


— No... huirás— tomaste ambos brazos de la luna superior, estabas dispuesta a esperar el amanecer que se aproximaba todo porque los demás no salieran heridos.


  Cuando Rengoku estaba dispuesto a ayudarte Akaza termino por cortar sus brazos para escapar de los rayos del sol del amanecer, estabas cansada, tu respiración estaba cortándose a cada segundo y ya no sentías tu abdomen ni pecho.


  No estaba dispuesto a dejarte a ir, no ahora que finalmente habia puesto en orden sus sentimientos, no ahora que finalmente se habia tomado el valor de confesartelo.


— ¡No, no!— Rengoku se acercó a tu cuerpo, este se mantenía de pie a duras penas, él sabía que ya no había nada que hacer—. ¡No puedes morir aún!


— ¿Estas bien?— tomaste su mejilla con suavidad, las lágrimas del rubio se amontonaban en sus mejillas—. ¿Todos lo están?


— Si, si todos están bien, gracias a ti— el pilar tomó tu mano, la cual se encontraba manchada por tu sangre, mientras que sus lágrimas no dejaban de sobresalir de sus orbes.


— No llores, no quiero que lo hagas— tu voz estaba debilitándose en cada palabra, pero aún tenías ganas de hablar con él.


— Ya no lo haré, lo prometo— sonreíste tras escuchar aquello—. Y-yo tenía algo que decirte hoy... quería que fueras mi pareja.


— Yo siempre estaré junto a ti— tu respiración comenzó a entrecortarse—. Te quiero Kyojuro.


  El rubio no logró dejar su impulso, por lo que se abalanzó hacia tus labios, depositando un corto beso en tus labios, tus labios tenían un diferente sabor a diferencia de varias horas atrás, un sabor metálico. Cuando él se separó de ti, se percató de que ya habías dado tu último suspiró, su última vez junto a ti. 




— Al menos espero que logres escuchar mi voz, donde quiera que estés (T/N)— formuló el rubio al momento de observar las estrellas y la gran luna que se mostraba frente a él.


  No podía evitar sentirse culpable de no haber hecho algo útil en tus últimos momentos con vida, quizás sus amigos los pilares tampoco hubieran tenido la fuerza para derrotarlo cada uh no por su cuenta. Él te extrañaba demasiado, no dejaría que el sacrificio que hiciste al protegerlo fuera en vano.