CAPÍTULO 1: EL PRIMER ENCUENTRO
Tebas, capital del Alto Egipto. Año 1285 a.C.
La guerra aún no terminaba.
Desde hacía años, el faraón libraba una lucha contra invasores en las fronteras del reino. La última batalla, en las tierras cercanas al delta del Nilo, había sido una de las más feroces jamás vistas. Los soldados que regresaban no lo hacían con gloria, sino con cicatrices invisibles que pesaban más que las físicas.
El pueblo estaba inquieto. La guerra había desgastado a todos: campesinos, mercaderes, nobles. Egipto necesitaba unhéroe.
El faraón lo sabía.
Por eso, ordenó que la historia del guerrero más letal del ejército fuera escrita y preservada para la eternidad.
Shadow, el guerrero del desierto.
El hombre que había regresado con vida tras incontables batallas. El que luchaba sin descanso, sin temor. El que nunca hablaba de sus victorias.
Si el pueblo escuchaba su historia, encontrarían esperanza en ella. Creerían que la guerra tenía sentido. Que todo este sacrificio no era en vano.
Pero había un problema.
Shadow no quería ser recordado.
Dentro del palacio real, más allá de los patios llenos de columnas y los templos adornados con estatuas de los dioses, se encontraba la Gran Biblioteca Real.
Era el corazón del conocimiento, donde solo los más sabios y poderosos podían entrar. Allí, entre papiros antiguos y estanterías de madera oscura, Sonic esperaba.
Su función en la corte era clara él escribía la historia de Egipto.
No era un simple escriba, de los que copiaban documentos o hacían cuentas para los comerciantes. Sonic era el historiador personal del faraón, el encargado de registrar los eventos más importantes del reino. Sus relatos no eran solo informes; se convertirían en la voz del pasado, inmortalizados en papiros y muros de piedra para que las generaciones futuras los leyeran.
Cada palabra que escribía tenía peso.Podía transformar a un hombre en leyenda o hacer que su nombre se desvaneciera en el olvido.
Por eso, cuando el faraón le ordenó documentar la vida de Shadow, Sonic supo que esta historia no iba a ser fácil de contar.
Vestía un shenti de lino blanco con detalles en azul y oro, un símbolo de su alto estatus en la corte. En su cuello descansaba un collar de lapislázuli y oro, un regalo del faraón en reconocimiento a su talento. Brazales dorados adornaban sus muñecas, reflejando la luz de las antorchas, y un fino cinturón de hilo dorado ajustaba su túnica con elegancia.
Su pelaje azul contrastaba con la sobriedad de la biblioteca, pero lo que más destacaba eran sus ojos: verdes como el Nilo, brillantes, inquisitivos, siempre en busca de la verdad.
Y ahora, esos ojos estaban fijos en el papiro en blanco, esperando las primeras palabras.
Pero Sonic no escribió.
No aún.
Unos pasos firmes resonaron en el mármol.
Sonic alzó la mirada justo cuando una figura oscura cruzó la entrada del salón.
Era él.
Shadow.
Su presencia era imponente.
Vestía la armadura de un soldado egipcio de alto rango: un faldellín de lino blanco, asegurado por un cinturón de cuero con inscripciones doradas que marcaban su posición en el ejército. Sobre su torso, una coraza de bronce reflejaba la luz de las antorchas, marcada por cortes y arañazos, testigos de incontables batallas. Brazales de cuero envolvían sus antebrazos, y en su cinto descansaba una espada con el filo gastado.
Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos.
Rojos como la arena bajo el sol del desierto, ardientes como llamas ocultas en la noche.
Sonic sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Shadow avanzó hasta detenerse frente a él. No se sentó. No habló. No lo miró a los ojos.
Por un momento, Sonic pensó que tal vez iba a darse la vuelta y marcharse.
El guerrero tomó aire y cerró los ojos un instante, como si necesitara recordar por qué estaba ahí.
Finalmente, habló.
—¿Tú eres el que escribirá mi historia? —su voz era grave, seca, con el tono de alguien que no quería estar ahí.
Sonic sostuvo su mirada sin vacilar.
—Si me permites, sí.
Shadow desvió la vista, como si la respuesta no le gustara. No respondió.
El silencio se hizo pesado.
Sonic esperaba que dijera algo más. Pero Shadow permaneció de pie, mirando las estanterías como si fueran más interesantes que la idea de contar su vida.
No quería hablar.
Sonic mojó la pluma en la tinta con calma.
—El faraón ha sido claro. Quiere que tu historia quede escrita para las futuras generaciones.
—No hay nada que contar —respondió Shadow al instante.
Sonic levantó una ceja.
—¿Nada? ¿Ni siquiera de la última batalla en el delta?
Shadow apretó la mandíbula.
—Nada importante.
Sonic dejó la pluma sobre la mesa.
—¿Entonces por qué crees que el faraón quiere que hable contigo?
Shadow respiró hondo y, por primera vez, lo miró directamente. Sus ojos rojos no solo mostraban cansancio, sino algo más profundo... algo que Sonic no pudo descifrar.
—Porque necesita un héroe.
Sonic parpadeó. Había algo en la manera en que lo dijo... como si no creyera que lo fuera.
El escriba apoyó un codo sobre la mesa y entrelazó los dedos.
—Quizás. Pero a mí no me interesa escribir sobre héroes. Quiero escribir sobre la verdad.
Shadow no respondió.
Pasaron varios segundos antes de que, con una mirada resignada, finalmente bajara la cabeza y se dejara caer en la silla.
Pero su postura lo decía todo.
No quería estar ahí.
No quería hablar.
No quería ser recordado.
Sonic volvió a tomar la pluma y esbozó la primera línea en el papiro.
—Las mejores historias no se escriben con prisa —murmuró, sin levantar la mirada.
Shadow no respondió.
Y así comenzó todo.
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¡Hola de nuevo! Les comparto otra historia que, al igual que la anterior, escribí en ese año. Esta vez será diferente, ya que tendrá seis capítulos. ¡Espero que la disfruten! La portada es sencilla, pero prometo mejorarla. Sigo aprendiendo y estoy abierta a cualquier error que encuentren. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!