El Regreso
El resonar de las suelas de unos botines de tacón alto quebraba el silencio del pasillo de la casa de vacaciones familiar. Tras un brillo de ausencia, Jeon Wonwoo había regresado de su periodo académico en los Estados Unidos. El tiempo, inexorable, había transcurrido con celeridad, pero el hogar conservaba aquel encanto añejo que tanto apreciaba.
En su mano derecha, un volumen recién adquirido en la librería del aeropuerto reposaba con delicadeza. Con la izquierda, mordisqueaba una manzana verde, sustraída del frutero en su efímero encuentro con su nona, le encataba la manzana verde de temporada, no habia sabor como ese en otro lugar.
bajo las escaleras en pasos cortos, el aroma a cedro, tan característico de la mansión, envolviéndolo en una cálida bienvenida. De pronto, una presencia y un aroma intenso a vino tinto irrumpieron en su percepción. Los pasos, ligeramente estruendosos, anunciaban la llegada de su hermano mayor, Seungcheol, cuya figura imponente se materializó a su lado. Una mirada fuerte se posó sobre Wonwoo, siempre ha sido bueno dando sopresas muy carcateristicas.
La relación entre los hermanos era distante, casi inexistente. Tras su partida a Yale, el contacto se había diluido, y los intentos esporádicos de comunicación de Wonwoo habían sido recibidos con indiferencia. Comprendía la situación: su llegada tardía a la familia, como el hijo menor y una revelación, había generado una brecha indiscutible entre ambos hermanos.
—Hola —saludó Wonwoo, con una sonrisa forzada.
—Finalmente regresaste. ¿Qué tal Yale? ¿Te gustó? —preguntó Seungcheol, con un tono neutro.
—Me encantó. Ahora estoy cursando una maestría.
— ¿Significa que volverás a irte?
—No, me quedaré en Daegu con los abuelos mientras termina la maestría.
Seungcheol arqueó una ceja, sin interés aparente en prolongar la conversación. No existían temas en común entre ellos. Wonwoo, con su intelecto y educación, lo hacía sentir inferior, a pesar de su propia carrera en economía y finanzas. Siempre se sintio como una persona no ejemplar para su hermano menor que parecia tener una vida perfecta y eso hasta cierto punto lo aterrorizaba un poco.
—Ah, ya veo. Eso suena bien —respondió Seungcheol, con indiferencia.
Un aroma desconocido se filtra en el ambiente. Wonwoo giró la cabeza y descubrió a un omega rubio, un rostro ajeno a su memoria.
—Oh, él es mi esposo, Jeonghan —anunció Seungcheol.
La sorpresa se reflejó en el rostro de Wonwoo. Su hermano mayor se había casado sin su conocimiento ni invitación. Una punzada de dolor, apenas perceptible, se manifestó en su pecho.
—Hola, un placer —saludó Wonwoo, con una sonrisa incómoda.
La incomodidad del omega rubio era palpable.
—Lamento no haberte invitado —se excusó Seungcheol—. Perdí tu contacto y solías rechazar nuestras invitaciones.
—No tienes que darme explicaciones. Lo entiendo. De todas formas, seguramente estaba ocupado ese día —respondió Wonwoo, con cortesía.
Seungcheol movió su dirección y se retiró, dejando a los omegas solos.
Jeonghan observó al omega pelinegro frente a él. Su esposo no había exagerado al describirlo como un joven apuesto y elegante. Su aura irradiaba educación, y su aroma floral era exquisito.
—Hola, Wonwoo —saludó Jeonghan, extendiendo su mano—. Lamento que nos conozcamos en estas circunstancias. Intenté convencer a Seungcheol de que te avisara, pero él mencionó que no volverías pronto.
Wonwoo estrechó su mano, esbozando una sonrisa.
—No te preocupes. No soy muy cercano a ellos. Además, tiene razón, rechacé sus invitaciones para volver.
— ¿Entonces vienes hoy a la cena por el compromiso de tu hermana? —inquirió Jeonghan.
Wonwoo parpadeó, desconcertado.
—¿Mi hermana se va a casar?
Jeonghan lo invitó a caminar hacia la sala de estar.
—Sí, se casa con su novio. Se conocieron hace un año. Ella se encaprichó con él, y tu padre está encantado con la unión.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Wonwoo, con curiosidad.
—Es hijo de los dueños de una de las constructoras más importantes del país. A tu padre le conviene tener lazos familiares con cualquiera que pueda ayudar a expandir Queens.
—¿Eso influyó en la decisión?
—Por supuesto. Tus padres hablaron con los padres del prometido, y pronto llegaron a un acuerdo. Después de todo, el alfa no estaba casado ni comprometido.
— ¿Cómo sabes todo eso? —inquirió Wonwoo.
—Me lo dijo Seungcheol.
—Ya veo.
Jeonghan admiró la figura de Wonwoo, más alta que él y con una tez atlética.
—Linda chaqueta —elogio Jeonghan.
—Es un Versace de la colección pasada. Fue amor a primera vista —respondió Wonwoo, con una sonrisa.
—Tu hermana siempre envidió tu sentido de la moda. Ahora entiendo a qué se refería.
—Ella también se viste muy bien.
—No, cariño. Ella lo intenta. A ti se te da naturalmente.
—No le gusta que le digan eso. Se siente comparada, y como es hija adoptiva, eso la agobia un poco.
—Es una beta encantadora, y también posee la elegancia de los Jeon.
Wonwoo sonrió.
—Y ¿qué hay de ti y Seungcheol? —preguntó Wonwoo.
—Nos conocemos por amigos en común. Él me buscó y me hice del rogar un poco, pero le encantó el juego del gato y el ratón. Después de que nos hicimos novios, les caí muy bien a tus padres y al año me propuso matrimonio.
—Qué lindo es el amor correspondido —comentó Wonwoo, con un dejo de melancolía.
— ¿Qué pasa contigo? Seguramente tuviste muchos alfas guapos y ricos en Yale —inquirió Jeonghan.
—No, eso no va conmigo.
—No digas eso, eres joven aún.
—Claro, pero no está en mis planes. No por ahora...
—Claro, tómalo con calma. Yo me casé con tu hermano a los veintiocho, tú apenas tienes veinticuatro.
—No hablemos de eso. Es el único fracaso en mi vida —respondió Wonwoo, con un suspiro.
—Sabes que tu padre está muy orgulloso de ti, ¿verdad? —aseguró Jeonghan.
Wonwoo lo miró con sorpresa.
—¿Por qué lo dices?
—Siempre habla de ti. Eres su mayor orgullo. Podría jurar que tu hermano y tu hermana están celosos de ti.
—Bueno, al menos tengo el amor de papá —respondió Wonwoo, con una sonrisa amarga.
—Nunca deja de hablar de su increíble y talentoso hijo inteligente —reiteró Jeonghan.
Ambos sonrieron. El timbre resonó, interrumpiendo la conversación.
Una mujer mayor apareció en el campo de visión de ambos.
—La familia Kim está aquí, junto con Somi —anunció la nona.
—En un momento vamos —respondió Jeonghan.
Wonwoo se levantó, acomodando su saco. Su mirada se posó en unas botellas de vino tinto.
—¿Bebes? —preguntó Jeonghan.
—Un compromiso por bienes en común, unos hermanos que no me quieren, una madre que parece haber olvidado mi existencia. Lo ameritan —respondió Wonwoo, con ironía.
Jeonghan soltó una carcajada.
—Me vas a gustar mucho más que Somi —comentó Jeonghan, rodando los ojos.
—Es mi hermana de quien hablas —reprochó Wonwoo, con una sonrisa.
—Oh, lo siento —se disculpó Jeonghan, con una sonrisa traviesa.
—Pero a partir de ahora, serás mi mejor aliado en esta casa... —sentencia Wonwoo, con una mirada cómplice.








