La Luz en los Caminos

Sinopsis

Después del Retumbar... solo quedó el silencio. Y nosotros. En un mundo donde los titanes ya no existen pero las heridas no han sanado, los últimos vestigios de Eldia intentan sobrevivir entre alianzas frágiles, ejércitos divididos y secretos que podrían volver a encender la guerra. Elian Noarel nunca fue soldado durante la gran lucha, pero conoce el hierro, la pérdida y el precio de seguir en pie. Ahora, como cadete de una fuerza jaegerista en reconstrucción, deberá enfrentarse a algo más peligroso que los monstruos: la desconfianza entre los vivos. Junto a un grupo de aliados enviados desde Nueva Trost, entre ellos la estratega Ren Danae, la mordaz Nifa y la indomable Sasha, Elian se verá atrapado en una red de tensiones, lealtades rotas y decisiones imposibles. Lo que parecía una misión rutinaria pronto se convierte en un juego de máscaras. Y alguien está dispuesto a sacrificar todo por silenciar la verdad. Una historia sobre lo que queda cuando se apaga el rugido. Sobre los vínculos que aún resisten. Y sobre las cosas que arden... incluso después del fin.

Genero:
Drama
Autor/a:
Elian Noarel
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capitulo 1: Una fuente en Nueva Trost

Introducción

Han pasado tres años y medio desde el Retumbar. Los titanes desaparecieron, pero las heridas de la humanidad no han sanado. Las viejas murallas cayeron y, con ellas, también los ejércitos que alguna vez protegieron a la humanidad: el Cuerpo de Exploración, la Policía Militar y la Guarnición ya no existen. En su lugar, el mundo intenta reconstruirse entre alianzas frágiles, desconfianzas y recuerdos de una guerra demasiado reciente.

En la costa continental, lejos de Eldia, surgió una nueva ciudad: Nueva Trost. Fundada como bastión aliado, Nueva Trost es hogar de soldados, técnicos y civiles supervivientes de muchas regiones. Allí conviven antiguos miembros de los tres ejércitos, aliados internacionales y refugiados, todos buscando un sentido a la paz tras la catástrofe. La ciudad funciona como puente entre el viejo mundo y el nuevo, aliada pero independiente tanto de los Jaegeristas de Trost como de los remanentes eldianos.

Entre quienes llegaron a Nueva Trost están Ren y Elian, ambos originarios de la antigua Trost y marcados por la época de los titanes. Ren sirvió como Policía Militar y ahora trabaja como técnica en logística para las nuevas fuerzas aliadas. Elian, antes herrero junto a su padre, fabricaba cuchillas y equipos de maniobras para los soldados; tras el Retumbar, terminó en Nueva Trost buscando su lugar en un mundo distinto. Ambos arrastran las cicatrices de lo perdido y, como tantos otros, intentan construir sentido en esta ciudad que aún guarda ecos del pasado.

La luz de la tarde acariciaba la plaza de Nueva Trost, alargando las sombras sin disipar el silencio que la habitaba. La fuente murmuraba en el centro, inalterable, como si el tiempo no hubiera pasado.. Ren llegó al estanque con paso firme. Llevaba el pelo recogido con desgana y los guantes colgando del cinturón. Allí estaba Elian, sentado en el borde de piedra, con la mirada perdida en el agua.

-Hola, Elian —dijo Ren, deteniéndose a su lado—. Hace días que no sé nada de ti. ¿Cómo estás?

Elian levantó la vista, aliviado al verla.

-Hola, Ren… Todo lo bien que se puede. Aunque… aún me cuesta asimilar todo lo que ha pasado.

Ella se sentó a su lado sin decir nada durante unos segundos, dejando que el murmullo de la fuente hiciera de puente.

—A veces también me pasa. Me despierto esperando oír alarmas... o gritos. Y solo hay viento. Silencio. Da miedo lo mucho que se acostumbra uno al horror.

Ren bajó la mirada.

-Todavia me pregunto si hice lo correcto… Aquella reunión antes del ataque a Liberio… A veces sigo dándole vueltas—suspiró—.

Elian la miró con seriedad, luego bajó la voz.

- No te castigues por eso. No tienes que vivir con esa culpa…

Ren lo miró de lado, con un brillo extraño en los ojos.

-Gracias, Elian… necesitaba oír eso. Nos toca aprender a vivir con todo esto… pero sin dejarnos arrastrar por el pasado. -Lo miró de frente-.

Ren esbozó una sonrisa suave, casi imperceptible.

-No tienes que ser fuerte todo el tiempo, ¿vale?

Hizo una pausa breve, y luego añadió más bajo:

-Prometí proteger a los míos… y tú eres uno de ellos.

Elian tragó saliva.

-Gracias Ren…

Un chirrido de suelas mal apoyadas cortó la calma de la plaza. Nifa apareció al fondo, derrapando literalmente entre los adoquines. Casi se lleva por delante a un vendedor de fruta.

-¡Uooooooopa! -gritó mientras recuperaba el equilibrio-. ¡Estoy bien! ¡Casi me mato!

Ren la vio venir y se llevó una mano a la frente.

-No puede ser…

-¡Hola guapos! -saludó Nifa, acercándose a paso ligero con una sonrisa enorme-. ¡Qué alegría veros juntos! Me ha costado esquivar a un par de gatos y un cubo, pero lo conseguí. Y no he roto nada, creo.

-¿Estás segura? Porque si te veo empezar con tus chistes malos, te arranco la lengua y la cuelgo de la torre del distrito -dijo Ren, cruzándose de brazos.

—¡Ey, ey! ¡Qué agresividad! —rió Nifa, llevándose las manos al pecho fingiendo estar herida—. Solo iba a contar el del titán que fue a…

-Nifa,no.

-Vale, vale, ya lo dejo -dijo alzando las manos con teatralidad.

Elian no pudo evitar reírse.

-Nifa -intervino Elian, sonriendo-. Qué alegría que estés aquí.

Nifa sonrió con sinceridad mientras se dejaba caer en el banco a su lado.

-¡Elian! Qué monos sois. Me alegra mucho vernos por aquí, estar con vosotros me da un poco de paz. Aunque pensar en cómo vamos a reconstruir todo me da entre risa y miedo….. -Rió con suavidad.

Ren resopló.

-No te emociones, que todavía nos queda mucho trabajo por hacer.

-Lo sé, lo sé… -añadió Nifa, acomodándose-. Pero es bueno tenernos los unos a los otros. En serio.

Elian se volvió al oír una voz que resonó desde una esquina de la plaza.

-¡¿HE OÍDO MI NOMBRE?! -gritó Sasha mientras se acercaba corriendo-. ¿Hay comida en esta reunión? o es solo para gente que no sabe apreciar lo que realmente importa en la vida?

Nifa se levantó medio segundo antes de que Sasha llegara corriendo.

-¡Te estábamos esperando, Sasha! Ven que te he guardado sitio, pero no te emociones mucho, ¿eh?

Ren, que la observaba con una mezcla de resignación y afecto, cruzó los brazos.

Como empieces a hablar de patatas, me piro.

-¡No te preocupes, Ren! -contestó Sasha con una gran sonrisa-. Pero si no hablamos de cosas deliciosas ¿cómo voy a mantener el nivel de calidad en este grupo de élite?

Nifa soltó una carcajada.

-¡Eso es lo que me gusta escuchar, Sasha! Si no nos traes comida, al menos tráete historias épicas.

Ren asintió, con una sonrisa más relajada.

-Yo con que no se vaya todo al cuerno, me conformo… Aunque sí, algo de diversión no nos vendría mal.

Durante un momento, nadie dijo nada. Solo se oía el murmullo de la fuente.

-Al final… seguimos aquí -dijo Elian, en voz baja, como si aún le sorprendiera.

Nadie respondió enseguida. Nifa asintió en silencio. Sasha se estiró y soltó el aire por la nariz, sin decir mucho. Ren bajó la mirada un segundo.

-Y estamos vivos -añadió Nifa al cabo de un rato-. Que ya es decir bastante.

Sasha chasqueó la lengua, medio sonriendo.

-Despues de lo que hemos pasado, tener una tarde así… ya me parece un lujo.

-Y teneros a vosotras -dijo Elian, mirando al grupo-. Me costaría seguir sin esto… Sin vosotras.

-Ay, venga ya -respondió Sasha, fingiendo que se abanicaba con dramatismo-. Que como sigas así, me emociono y no tengo pañuelos.

Ren no dijo nada. Se limitó a mirar al suelo y luego a Elian.

-Gracias -dijo simplemente-. Con ser útil me basta.

-Eres mucho mas que eso -dijo Nifa-. Estás ahí, siempre, aunque no digas mucho. Y eso también cuenta.

-Lo eres… más de lo que crees -dijo Sasha, sin bromear esta vez.

Ren se encogió un poco de hombros, como quitándole peso a todo aquello. No parecía cómoda con tanta atención, pero tampoco se alejaba.

Ren asintió, muy leve.

Elian se frotó las manos, nervioso.

-creo… que necesitamos algo que nos saque un poco de la rutina. Aunque sea solo una noche.

Sasha entrecerró los ojos, intrigada.

-¿Qué tramas, Elian?

-La fiesta de mañana…va a ser la oportunidad de volver a ver a muchos compañeros y ademas,celebrar que seguimos adelante… ¿Qué os parece si vamos juntos y nos reunimos con el resto?

Sasha dio un pequeño salto en el sitio.

-¡Yo tambien lo había pensado! Elian. No vendria mal un poco de diversión y una cena rica junto a una hoguera..

Nifa asintió con una sonrisa serena.

-Eso suena perfecto…

Ren se quedó pensativa un instante, sorprendida.

- No sé…supongo que podría estar bien.

-¡Exactamente! -dijo Sasha, señalándola con el dedo-. Vamos, Ren, no te hagas la dura. Será divertido.

-Supongo que sí… -Ren dejó escapar una pequeña risa-. Está bien, acepto la invitación… Tenemos que ir encontrando la normalidad poco a poco…

-¡Eso es! -celebró Sasha-. Vamos a disfrutarlo y a relajarnos un poco.

-Y seguro que la compañía será de lo más interesante -añadió Nifa, lanzándole una mirada cómplice a Elian.

Ren se ruborizó apenas y rodó los ojos con una sonrisa resignada

Oye, Elian -dijo Nifa, con tono pícaro-. ¿Tú crees que esta vez va a dejar el escudo en casa? .

Ren frunció ligeramente el ceño con una media sonrisa.

-¿Me estoy perdiendo algo?

-¡Nada de eso! -rió Sasha-. Solo estamos especulando sobre cómo va a ser la noche…

-Claro -añadió Nifa, lanzando una mirada a Elian-. Disfrutar… y ver si flota la magia en el ambiente…

Ren negó con la cabeza, sonriendo con resignación.

-Genial. Estoy rodeada de idiotas.

-Y lo peor es que lo sabes -remató Sasha.

Nifa se estiró con un leve quejido y puso cara de falsa urgencia.

-Vale… necesito ir al baño —dijo, con una sonrisa descarada hacia Elian—. ¿Me acompañas? Así me libro de cruzarme con algún borracho… y de paso, te robo un par de minutos sin que Ren lo note.

Sasha ladeó la cabeza con gesto pícaro.

-¡Ajá! Eso suena a emboscada.

-No lo niego -replicó Nifa con una sonrisa-. Pero de las buenas.

Ren negó con la cabeza, divertida.

-No tardéis. Si os vais demasiado, voy a asumir que Nifa está tramando algo.

-¿Y cuándo no? -dijo Sasha riendo.

Nifa lanzó una mirada exageradamente inocente.

-Solo necesito aire… y buena compañía. Vamos, Elian, anda.

Caminaron entre las calles de piedra hasta que se alejaron del bullicio. Nifa se detuvo junto a una esquina poco iluminada y se apoyó en la pared con los brazos cruzados, la sonrisa aún flotando en los labios

-Bueno… ahora que estamos lejos de miradas indiscretas… -dijo bajando el tono-. A ver, Elian…¿Tienes algo que contarme?

Él la miró, confuso.

-¿Algo… de qué?

-Algo interesante -respondió ella con picardía-. Ya sabes, de esas cosas que se notan aunque no se digan.

-Nifa…

-Vamos, no te hagas el loco. Soy buena observadora, y tú… no eres precisamente discreto.

Elian suspiró, llevándose una mano a la cara.

-Tía… si me lo estás diciendo es porque lo has notado, ¿no?

-Claro. No estás soltando una bomba, ¿eh? Solo estoy confirmando lo que llevo tiempo viendo. Las miradas, los gestos, ese tono tuyo cuando hablas con cierta persona…

Él se apoyó en la pared de enfrente.

-¿Todo eso ves?

-Para quien sabe mirar, sí. Pero tranquilo, que no pienso ir gritándolo. Solo digo que si tú lo sabes, y yo lo sé… ya va siendo hora de que alguien más lo sepa, ¿no?

-Venga ya, no seas tan sutil. Dímelo.

-¿Te gusta Ren, sí o no?

Elian bajó la cabeza, rió por lo bajo.

-Ay,virgen del Muro Rose…

-¡Jajajaja! Tendrías que ver tu cara ahora mismo -dijo Nifa, divertida-. Tranquilo, no es para tanto.

-Pues sí. Joder, sí. Claro que me gusta pero no sabía que se notaba tanto…

-¡Vaya! Estás más colado de lo que pensaba… pero escúchame bien: si no haces nada, te vas a arrepentir.

¿Y qué quieres que haga? Es Ren… y conmigo siempre ha sido como una especie de hermana mayor.-. No sé ni por dónde empezar.

-Pues empieza por dejar de pensar que estás frente a una figura intocable. No es de piedra. Si te tiene cariño, lo va a entender. Y si no… al menos lo sabrás. Pero no sigas escondiéndolo.

-¿Tú crees que ella…?

-Creo que ya sospecha algo -respondió Nifa, bajando la voz-. No lo va a decir, pero Ren no es tonta. Te observa. Y tú no disimulas tanto como crees.

Elian se rascó la nuca otra vez.

-Uff… qué vértigo me da todo esto.

-Pues lánzate, idiota. Que si te quedas esperando, el tren pasa y luego te veo llorando en una esquina con una cerveza en la mano. -Le guiñó un ojo-. Ya sabes que si te quedas sin palabras, puedes tirarme un cable.

Elian asintió, más aliviado.

-Gracias Nifa… De verdad.

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Gracias por leer.

Este capítulo se escribió con los restos de algo que aún duele, pero ya no sangra.

Nos seguimos leyendo.

— Elian