Sin Escapatoria

Sinopsis

La obsesión de Jeon JungKook solo será detenida cuando su presencia sea descubierta por la otra persona. Advertencia ⚠️ -Contenido Homosexual -Pareja Taekook -Alto contenido sexual +18 -Ligeros temas D/S (Dominante/Sumiso) Se tocan temas de acoso y relaciones obsesivas, por favor si no te gustan estos temas NO LEAS ESTÁ HISTORIA. Solo es ligero pero están advertidos.

Genero:
Romance
Autor/a:
KikaUchiha
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

El amor.

Una palabra tan sencilla, pero un concepto que siempre había sido un laberinto sin salida para Jeon JungKook. Desde que tiene memoria, su corazón había estado envuelto en una maraña de decepción y dolor.

A los cinco años, el eco de una puerta cerrándose marcó el inicio de su soledad. Su madre, con una sonrisa más brillante de lo habitual, se despidió.

–Cariño, mamá necesita encontrar su propia felicidad.

Había dicho, mientras se desvanecía con un hombre más joven, más rico, en busca de la vida de lujo que siempre anheló, lejos de las tediosas responsabilidades de esposa y madre.

Dos años más tarde, el abandono volvió a golpear. Su padre, incapaz de soportar el creciente parecido de JungKook con la mujer que lo había dejado, lo depositó en casa de su abuela. "Cuídalo, madre," fue todo lo que dijo antes de desvanecerse también.

JungKook sintió un nudo en el estómago, un vacío que ninguna sonrisa forzada podía llenar. Aun así, por su abuela, intentó pasar página.

Ella era su único ancla, la única persona que, hasta ese momento, no lo había abandonado.

Luego llegó la pubertad y trajo consigo un nuevo tipo de anhelo. Los suspiros, los sonrojos, el deseo de dar y recibir amor por fin.

JungKook posó su atención en un chico dos años mayor, alguien que parecía inalcanzable. JungKook nunca imaginó que sentiría algo así por alguien de su mismo sexo, pero la fuerza de sus emociones lo arrolló.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, comenzó a escribir. Cartas, llenas de confesiones y deseos ocultos, que dejaba furtivamente en el casillero de su primer amor. Cada nota, cada pequeño obsequio anónimo, era un pedazo de su alma.

La emoción de saber que sus palabras eran leídas lo llenó de un valor desconocido.

–Deberías decírselo –Le insistió su mejor amigo un día, empujándolo suavemente –No puedes vivir así, ocultando tus sentimientos en las sombras. Eres libre de amar y ser amado.

JungKook, impulsado por esa pequeña chispa de esperanza, finalmente se armó de coraje. Pero la confesión fue un error, un error doloroso y cruel.

–Eres un rarito –espetó aquel chico, su primer amor, con una mueca de asco– No puedo creer que fui acosado por un chico, ¡qué asco! No te acerques a mí.

Las palabras cayeron sobre JungKook como un balde de agua helada, quemando su piel. No solo fue rechazado, sino que sus sentimientos fueron catalogados como algo repulsivo, solo por ser él. Ese día, su corazón se hizo añicos, y una verdad se grabó a fuego en su mente: el amor recíproco no era para alguien como él.

¿Cómo un sentimiento que le había traído tanta felicidad pudo, al final, lastimarlo tan profundamente?

¿Qué había hecho mal?

La respuesta llegó, fría y clara: su error fue confesarse.

No fue amar, sino esperar ser amado.

Abrió su corazón, y al hacerlo, les dio el poder de destrozarlo. Era mejor, pensó, experimentar el amor no correspondido desde la distancia que arriesgarse a un nuevo rechazo.

Y así vivió los años siguientes. Ahora, a los 25 años, JungKook había experimentado varios amores, y su forma de vivirlo había mutado. Se había convertido en un experto acosador. Las reglas eran sencillas, un escudo autoimpuesto contra el dolor:

1. No enamorarse de alguien muy cercano.

2. Siempre llevar una cámara. Para capturar cada momento, para atesorar futuras fotos.


3. Si el objetivo se enamoraba de otro, debía alejarse y borrar cualquier rastro de aquel sentimiento.


4. Nunca ser descubierto. Si lo era, la única opción era huir.


5. Y, lo más importante, nunca, nunca confesarse.


JungKook seguía estas reglas al pie de la letra, sabiendo que las consecuencias de romperlas serían graves.


Una vez, se enamoró de un compañero de trabajo y, a pesar de sus precauciones, fue descubierto. El pánico lo invadió. Sin pensarlo dos veces, abandonó el empleo y huyó, aterrado ante la posibilidad de ser rechazado nuevamente o, peor aún, de enfrentar una denuncia por acoso.


Fue así como JungKook se vio buscando un nuevo empleo. Un mes después, gracias a la recomendación de su mejor amigo, consiguió un puesto en una de las empresas más importantes de Corea del Sur.


Y entonces, su mundo se detuvo.


Se convirtió en el secretario de Kim TaeHyung, el nuevo CEO, un hombre cuya belleza era legendaria en toda Corea.


El impacto fue instantáneo. Un flechazo que disparó las palpitaciones de su corazón, anunciando el inicio de un amor, o quizás, algo mucho más oscuro.


Al principio, JungKook se resistió con todas sus fuerzas. Su primera regla gritaba en su mente: no enamorarse de alguien cercano.


Pero cada vez que sus miradas se cruzaban, cada roce accidental de sus dedos al entregar un documento, era gasolina pura para la hoguera que comenzaba a arder en su interior.


El ciclo había comenzado de nuevo.


Como secretario personal de TaeHyung, JungKook tenía privilegios al alcance de su mano. Lo veía todos los días, observaba sus movimientos, capturando con su mente cada imagen del azabache cuando estaba desprevenido. Conocía su rutina, sus gustos, dónde vivía y quiénes eran sus conocidos y familiares más cercanos.


Lo sabía todo.


El acoso de JungKook se duplicó cuando las llaves del hogar de TaeHyung fueron depositadas en su mano. La primera cosa que hizo fue robar algunas prendas del hombre para sí mismo, y hasta uno de sus perfumes. El aroma de TaeHyung se convirtió en su obsesión, en un dulce tormento que lo envolvía por las noches.


Incluso se mudó cerca de él, "por si se presentaba algo importante del trabajo", justificó ante sí mismo.


Cada día, después de una jornada laboral, JungKook sacaba su nuevo telescopio y espiaba a su jefe. Era algo adictivo, una droga que lo consumía.

Sus sentimientos se habían salido de control, y con ello, nuevas emociones se añadieron a la mezcla.


JungKook comenzó a sentir deseo, pasión, lujuria. Cada vez que miraba a su jefe, la necesidad de tocarlo, de ser poseído por aquel hombre, era una corriente eléctrica que nunca antes había experimentado.


¿Era amor u obsesión?


No lo sabía. Pero tampoco podía detenerse. La única cosa que lo detendría sería si TaeHyung comenzara a salir con alguien; le dolería, lo sabía, pero un hombre así no estaría soltero por mucho tiempo.

O, lo que era peor, cuando su identidad fuera descubierta.

¿Qué sucedería primero?

Lo descubriría muy pronto.

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Fin del capítulo.

¿Quieren una continuación?