Igloo (One-Shot)

Sinopsis

One-Shot inspirado en Igloo ✿Jultty (Julie X Natty) ✿Kiss of Life ✿ Smut no tan pronunciado ✿Esta historia me pertenece ✿NO SE PERMITEN ADAPTACIONES SIN MI PERMISO

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Lima
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El beso que derrite el hielo

La noche en Seúl era intensa y llena de vida. Las calles brillaban con luces de neón y la ciudad parecía moverse al ritmo de la música. En medio de ese ambiente, Julie se encontraba en un after-party tras una sesión de fotos. Con su mini falda rosa y una sonrisa confiada, caminaba entre la gente como si el mundo fuera suyo.

De repente, sus ojos se cruzaron con los de Natty. Mientras la fiesta seguía a su alrededor, Julie sintió que el resto se desvanecía. Natty, con su mirada tranquila y segura, parecía decirle que no había nada más importante en ese instante. Sin pensarlo dos veces, Julie se acercó.

—Dicen que puedo derretir un iglú, ¿te gustaría comprobarlo? –dijo Julie, con tono pícaro y voz baja.

Natty sonrió y, sin necesidad de palabras, ambas se retiraron a un lugar más apartado. Llegaron a una habitación discreta, donde no importa como se veía todo, lo único que importaba era estar solas. Ahí, la tensión crecía a cada instante.

Julie se acercó de nuevo y besó a Natty con fuerza, dejando claro lo que sentía. El beso era directo y lleno de deseo. Sin vueltas, poco a poco fueron dejando la ropa a un lado, sintiendo que cada prenda que caía las acercaba más, y las hacía más libres de ese calor ardiente que empezaba a emanar en ambas.

Dentro de esa habitación, con entusiasmo, las cosas se hicieron cada vez más intensas. Las manos de Julie comenzaron a recorrer el cuerpo de Natty de manera decidida, buscando cada rincón con curiosidad y deseo. Natty respondió de la misma forma, devolviendo besos y toques con la misma fuerza. No había espacio para titubeos: se dejaban llevar por el momento.

Cuando ya no quedaba nada entre ellas, Julie bajó sus besos por el cuello y la parte superior del pecho de Natty, quién sintió cómo cada caricia despertaba en ella un calor incontrolable, y sus manos se deslizaron para descubrir la piel de Julie. Con cada roce, el deseo aumentaba y ambas sabían que no podían y tampoco querían detenerse.

El encuentro se volvió muy directo. Sin tanta vuelta, se entregaron a besos profundos y a caricias que hablaban de necesidad. Julie tomó el control y, de forma sencilla y segura, comenzó a explorar el cuerpo de Natty.

Natty gemía y se dejaba llevar, sintiendo cómo cada toque la llevaba a un punto de no retorno.

En ese momento, el placer se hizo protagonista. Los cuerpos se movían de forma natural, con la sensación de estar juntas. Cada beso, cada caricia, se hicieron más intensos y claros. Las manos recorrían la piel, los labios se encontraban en lugares que pedían ser descubiertos, y las respiraciones se mezclaban en una armonía que parecía no tener fin.

Cuando llegó el instante más fuerte, ambas sintieron que el mundo se detenía. No había nada más que el calor, el deseo y la conexión sincera entre ellas. En ese clímax, todo fue real: cada toque, cada gemido, cada suspiro contaba la historia de dos mujeres que se entregaban sin reservas.

Horas después, con la luz de la madrugada asomándose por la ventana, Julie y Natty se quedaron abrazadas. Sus cuerpos aún temblaban por lo vivido y en el silencio se entendían sin necesidad de palabras. Esa noche, sin complicaciones ni adornos, las había marcado para siempre.








Al despertar, la tenue luz de la mañana llenaba la habitación con una calidez suave. Mientras el mundo seguía su ritmo, ellas permanecían juntas, sumergidas en la tranquilidad de un nuevo amanecer. Julie, con el cabello desordenado y una sonrisa apacible, acarició la mano de Natty y miró a su alrededor como si cada rincón de esa habitación llevara la esencia de la noche anterior.

Esa mañana tenía un aire especial, diferente a cualquier otra. Con la cercanía de San Valentín a la vuelta de la esquina, el ambiente se impregnaba de una sutil magia: la promesa de celebrar el amor en su forma más auténtica. Sin necesidad de palabras complicadas, sus miradas decían que lo vivido había marcado el inicio de algo profundo y sincero.

En silencio, se levantaron y se prepararon para el día, sintiendo en cada gesto la ligereza de un nuevo comienzo. Mientras se miraban en el espejo, cada reflejo parecía confirmar que el amor y el deseo se habían fusionado en algo real, algo que podía durar mucho más que una noche. Era el preludio de un amor que, como el Día de San Valentín, se celebraría con la sencillez de dos corazones que han aprendido a latir al unísono.

Con una caricia final y una sonrisa compartida, supieron que ese nuevo día era la continuación de una historia que apenas comenzaba, una historia donde lo vivido se transformaría en el recuerdo de una noche inolvidable y en la promesa de muchos amaneceres juntos.