Prólogo

En treinta años de carrera, jamás pensé verme en la posición desde la cual cuántos hombres me han visto a mí. Ahora puedo entender un poco el sentimiento de completa pérdida de control, credibilidad, de ser objeto de juicio. Comprendo lo molesto que es el sonido del reloj y ese zumbido de mierda de las luces blancas, además del vacío inerte que adorna la sala de interrogatorios.
—Realmente desearía no tener esta conversación aquí, pero son órdenes de arriba y…
—Y el protocolo, lo sé —digo con aire resignado.
Peter al fin toma asiento frente a mí luego de estar dando vueltas por la sala por cerca de diez minutos, tratando de ordenar sus pensamientos y ser lo más profesional posible. En el fondo lo entiendo, no todos los días le tomas declaración a tu supervisor en jefe para ser llevado a juicio por la Corte Marcial. Al menos tuvo la gentileza de no esposarme.
—Hijo… no tienes que ser tú quien haga esto.
—Alguien debe hacerlo. ¿O acaso esperabas a Emily? —Rastros de decepción y rabia tiñen su voz.
Dios, Emily… Desde el incidente no sé nada de ella. Es una agente fuerte y capaz, pero… todo lo ocurrido… quiebra a cualquiera.
—Ella no sabía nada, les pido que la dejen fuera —traté de que la desesperación no se notara en mi voz, pero no puedo dejar que una agente tan joven eche por el caño su carrera en la Agencia por errores de un viejo perro como yo.
—Agente Blair —Peter me corta con dureza y completa seriedad mientras deja caer una serie de carpetas sobre la mesa, llenas de la evidencia y atrocidades de lo ocurrido en los últimos seis meses—. Le recuerdo que en este momento usted se encuentra bajo interrogatorio por cómplice de los hechos ocurridos en Skyville. Lo mismo ocurre con la agente Cameron. Creo que está de más recordarle que usted ya no cuenta con ningún tipo de beneficio ni poder, en especial por la gravedad de los hechos.
En el momento que abre la primera carpeta y despliega las fotografías de aquellas chicas, sé que todo ha llegado hasta aquí. Las mismas imágenes que miré por meses tratando de encontrar respuestas.
—Vamos a dar inicio al interrogatorio —repite las palabras que por décadas salieron de mi boca—. Necesito que, por favor, mire a la cámara y diga sus datos.
Mis ojos aún están fijos en los rostros desfigurados de aquellas jóvenes. Les fallé. Les fallé a ellas, a sus familias, a la institución que juré servir… a todas aquellas personas que fueron víctimas de este macabro juego.
—Soy David Blair. Cincuenta y ocho años. Nací el veinticinco de junio de mil novecientos sesenta y seis en Washington D. C. Ejerzo, o bueno, ejercía como jefe de unidad del Departamento de Crímenes Organizados, pero en los últimos años, tomamos casos de la Unidad de Análisis de Conducta, Quantico, Virginia. —Un sabor amargo me deja repetir todo aquello.
Peter me mira con dureza, la misma que yo le enseñé que debe usar en estas instancias, pero veo en sus ojos el dolor, la pena y, sobre todo, el cuestionamiento de cómo acabé metido en esto. Créeme, muchacho, que yo me pregunto lo mismo.
—Agente Blair, para el registro. En este momento se le está tomando declaración que será presentada al Estado Mayor para decidir el proceso judicial que seguirá su caso. —De entre las carpetas saca un papel que se nota fue arrugado varias veces—. La razón por la que se encuentra bajo custodia del FBI y bajo investigación es por la serie de hechos ocurridos en lo que llamamos «La masacre de Skyville», caso en el cual usted se vio involucrado y que estaba bajo la investigación de su equipo.
»El incidente terminó con más de una decena de fallecidos, entre los que encontramos administrativos de la Universidad de Skyville y alumnos de la misma, estos rondando entre los veinte y veinticinco años. Se presume que este no es el cómputo final. Dentro de los crímenes cometidos que engloba esta investigación están: secuestro, tortura, delitos sexuales y homicidio. También consideramos a los fallecidos por suicidio.
El agente Morris baja el papel con un ligero temblor en sus manos. Siento cómo la garganta se me cierra y el corazón se acelera. Eran jóvenes… todos tenían una vida por delante, sueños y metas por cumplir que quedaron sepultadas por culpa de una sociedad podrida, donde el silencio y el egoísmo dominan la moralidad torcida de los renglones de Dios, si es que ese ser existe, cosa que dudo en estos momentos. Todos ellos víctimas del caldo de cultivo que permite la creación de monstruos disfrazados detrás de sonrisas, que viven e imitan nuestro actuar.
»Y mi misión era precisamente dar caza a esos monstruos, aquellos que no se esconden debajo de las camas ni detrás de las puertas. Mi deber era estudiarlos, adelantarme a los hechos, meterme en sus cabezas para evitar que estas cosas pasen. Pero ¿hasta qué punto podemos entender las retorcidas mentes de estos seres? ¿Acaso necesitaba renunciar a mi propia humanidad para entender la carencia de la suya?
—Ahora, David… necesito que me cuente cómo fue que, un agente con años en el campo como usted, dejó que este desastre ocurriera.
»Hábleme de «El Lobo de Skyville».

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Otdessa 🖤