Chapter 1: Socios indeseables
En un invierno frio en Moscú, donde la nieve parecía eterna y el silencio cortaba, las paredes de la oficina de mármol negro ardían en tensión.
La nieve golpeaba las ventanas, formando remolinos blancos, donde no se escuchaba ningún ruido de la ciudad. Dentro, el aire estaba impregnado del aroma del café oscuro y una amenaza latente, como si el peligro inminente se colara entre cada respiro. Leo se mantenía en su oficina, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla, los brazos cruzados y la mandíbula firme.
-Genial. Justo lo que me faltaba-
Leo murmuró, con su acento ruso marcando cada palabra mientras observaba al recién llegado.
El tipo entró como si el lugar le perteneciera. Usando una chaqueta oscura, una sonrisa arrogante y caminaba con pasos seguros, casi felinos. Su piel contrastaba con la piel blanca de Leo y con el invierno entero. Era fuego contra hielo. Y Leo lo odió al instante.
-¿Este es Leo?. Pensé que sería más... accesible-
dijo el desconocido, deteniéndose frente a él con una media sonrisa.
-Y yo pensé que los socios sabían tocar la puerta antes de entrar-
replicó Leo, sin moverse.
-pero no todos tenemos lo que queremos-
Un silencio invadió la oficina.
Los ojos de Alonso lo estudiaron, sin miedo.
-Me llamo Alonso. Soy tu nuevo socio. Lo quieras o no-
Con un suspiro, Leo prendió un cigarrillo, inhaló lentamente y lo soltó, dejando escapar columnas de humo de sus labios.
-Rusia no es un país para los confiados. Ten cuidado más con tus palabras.-
Alonso levanta una ceja y miro curioso a Leo sin deshacer su sonrisa del todo.
-¿Eso es una amenaza?.-
Leo fija la mirada en Alonso con seriedad, odiando esa actitud sonriente que tanto le irrita.
-Eso es un consejo.-
Se midieron durante largos segundos. No se caían bien, ni debían hacerlo. Pero algo invisible ya se había tensado entre ellos, como una cuerda a punto de romperse.
Leo se giró hacia la ventana, el humo de su cigarro dibuja figuras en el aire.
-Solo procura no estorbar.-
-Y tú, procura no aburrirme-
respondió Alonso, con una sonrisa más amplia y arrogante.
Cómo Alonso sale de la oficina de Leo con su sonrisa que tanto lo irritaba después de unos minutos Leo fastidiado por la sonrisa de Alonso dijo en susurros
-para ser mi socio es muy irritante-
La puerta se cerró con un leve clic cuando Alonso por fin se fue. Leo se quedó quieto unos segundos, mirando el lugar por donde había pasado, como si el aire todavía guardara un poco de su arrogancia.
Leo apaga su cigarrillo con firmeza contra el cenicero de mármol blanco.
-mierda-
Illendose como un murmura
Se levantó de su silla con movimientos calculados, ajustando el abrigo de un rojo oscuro sobre sus hombros. Caminó hasta el minibar en la esquina de su oficina. Sirvió un trago de whisky con hielo y lo sostuvo entre los dedos, dejando que el aroma amaderado le limpiara la mente.
Desde el ventanal, el horizonte de Moscú parecía un abismo de hielo. Blanco, implacable, frío, Como Leo. Pero ahora, ese tal Alonso había llegado como una chispa en la dinamita, y eso lo irritaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
El timbre de su teléfono interrumpió el silencio. Una notificación encriptada.
-El transporte está asegurado. El paquete llega mañana al club.-
Leo respondió con rapidez, usando solo una palabra.
-Perfecto.-
Volvió a su silla, recostandose contra el respaldo, y justo cuando pensaba que tendría unos minutos de calma, la puerta volvió a abrirse sin tocar.
-Y buenas tardes, volví a aparecer aquí-
dijo Alonso, apoyándose con descaro en el marco de la puerta.
Leo lo miró con una mezcla de incredulidad y fastidio.
-¿Qué parte de "no estorbes" no entendiste?-
Alonso sonrió aún más.
-Lo tomé como una invitación a quedarme cerca. Además... hay un problema.-
Leo entrecerró los ojos, su voz baja y afilada.
-Habla, antes de que me arrepienta de soportarte más.-
Alonso dice con una sonrisa.
-Uno de tus hombres me interceptó en el pasillo. Cree que no tengo permiso para moverme libremente por tu edificio y Casi termino con un balazo.-
Leo se masajeó el puente de la nariz, intentando contener el impulso de estrellar el vaso en su cabeza.
-Es porque no tienes permiso.-
-Además, que pesar que no te hayan dado un balazo en la cabeza-
Alonso ríe levemente.
-Entonces será mejor que lo tengas listo- replicó Alonso, sin perder la calma. -Porque si vamos a trabajar juntos, tendrás que acostumbrarte a verme mucho. A todas horas.-
Leo se levantó una vez más, caminando hacia él, deteniéndose a pocos pasos, invadiendo su espacio personal sin pudor. Lo mira directo a los ojos.
-Escucha, español arrogante-
Gruñó
-No me interesa tu carisma, ni tus contactos, ni tus malditas sonrisas. Aquí mando yo, y si cruzas la línea, no dudaré en enterarte bajo esa nieve sin que nadie pregunte por ti, ¿Entiendes?-
Alonso mantuvo la mirada. No se movió ni un milímetro. De hecho, su sonrisa se hizo más sutil, más peligrosa.
-Y tú, ruso de hielo, vas a tener que entender que hay cosas que no puedes controlar. Como a mí.-
La tensión se volvió insoportable por un instante. Si alguno de los dos hubiera llevado un arma desenfundada, quizás esa oficina se habría convertido en una escena de crimen. Pero en cambio, Alonso soltó una suave risa.
Alonso dice relajado.
-Relájate. Solo vine a decir que iré al club esta noche. Quiero ver cómo manejas el negocio.-
Leo gruñe y aprieta los puños y aún tensó.
-No soy niñera, ve bajo tu propio riesgo.-
Alonso sonríe.
-Perfecto. Me encantan los riesgos.-
Y se marchó esta vez cerrando la puerta con un golpe seco.
Leo soltó un suspiro áspero. Se pasó la mano por el cabello con desesperación contenida. No sabía qué demonios era ese hombre, pero ya estaba colándose por las grietas que tanto le había costado cerrar.








