Ojos en el 32

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Sinopsis

Melissa nunca imaginó que un simple partido cambiaría su vida. Fanática del Barça y su pasión por el fútbol, acepta la invitación de su mejor amiga para asistir a un partido inolvidable. Lo que no esperaba era terminar con un pase VIP que la llevaría directamente al campo... y frente a Héctor. En Montjuïc, en medio de luces, emociones y celebraciones, sus miradas se cruzan. Hay algo entre ellos: una conexión instantánea, una chispa que ninguno puede ignorar. Pero el momento pasa, y ninguno se atreve a dar el primer paso. ¿Puede una sola mirada cambiarlo todo? ¿Y si el destino no ha dicho su última palabra? Ojos en el 32 es una historia de encuentros inesperados, silencios que lo dicen todo y sentimientos que se niegan a desaparecer. Un romance juvenil tierno, vibrante y lleno de magia futbolera.

Genero:
Romance
Autor/a:
ann
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Melissa


Son las 11 de la mañana, me desperté súper tarde debido a los nervios que tengo, ayer mi mejor amiga Olivia me llamó para decirme que había conseguido entradas para ir a ver jugar al Barça hoy. Nunca he ido a ningún partido y mucho menos a un estadio, de ahí mis nervios, gracias a que mi mejor amiga sabe lo aficionada que soy del Barça y ha decidido regalarme una entrada como regalo de cumpleaños adelantado, voy a poder cumplir uno de mis sueños.

Después de estar un rato con el móvil navegando por las redes sociales, me doy cuenta que llevo una hora en la cama así que me levanto y voy directa a desayunar y a ducharme, el partido es a las tres de la tarde, así que tengo aproximadamente unas dos horas para prepararme y estar lista antes de que llegue Olivia a por mi.

Una vez he hecho todo, me siento en mi tocador para empezar a maquillarme, tengo media hora exacta, hubiese tenido más tiempo si no me hubiera quedado pensando 40 minutos que ropa me podía poner, al final decidí obviamente usar mi camisa del barça azulgrana, unos vaqueros blancos y mis zapatos de confianza, unas converse negras. Me pongo mi música y empiezo a maquillarme, como el partido es temprano decidí no maquillarme mucho ya que probablemente haga mucho sol así que me pongo un poco de corrector, colorete y rímel, me pinto los labios de rojo y me echo mi perfume.


- Melissa, ¡Olivia está abajo!- Me grita mi madre desde la cocina.

Gracias a dios que terminé justo a tiempo, pienso.

Bajo las escaleras hacia la cocina para despedirme de mi madre y salgo por la puerta antes de que Olivia me vuelva a llamar.

- Menos mal, ya pensaba que iba a tener que subir a buscarte yo misma- Dice Olivia nada más entro en el coche.

- Siempre eres tan exagerada, llegué a tiempo, no llevas ni cinco minutos esperándome-

- ¿Preparada para el mejor regalo de cumpleaños?- Dice mi mejor amiga con emoción.

- Y más si es a tu lado- La abrazo como agradecimiento.

Nos ponemos rumbo al estadio, mis nervios aumentan cada vez más, sobretodo cuando terminamos acercándonos al estadio y veo la multitud de gente que hay haciendo cola para entrar, todavía no me lo creo, pienso que en cualquier momento voy a despertarme y que todo es un sueño. Olivia me agarra la mano y nos adentramos entre la gente. Cuando llegamos a la seguridad, nos ponen unos collares azules y nos invitan a entrar.

- Vamos rápido, tengo que ver a mi novio- Dice con una sonrisa y empezando a caminar hacia nuestros asientos.

- ¿Cómo que novio? Que no me has contado-

- ¿Te acuerdas el otro día que te dije que iba a ir a una fiesta?- Asiento con la cabeza. -Pues ahí conocí a Alejandro, Balde como lo conocen los culés, no es mi novio oficial, pero nos estamos conociendo- Dice guiñándome un ojo.

Me quedo con la boca abierta, literalmente, justo cuando voy a responderle empieza todo el mundo a aplaudir y ahí me doy cuenta que esto no es un sueño, que es una realidad, por fin después de 18 años deseándolo, voy a ver un partido de mi equipo favorito, tendré que dejar la discusión que iba a empezar con Olivia para después y centrarme en el juego, esto no hace nada más que empezar.

Los jugadores comienzan a salir al campo uno por uno, el estadio estalla de emoción. Los cánticos retumban en el aire como olas que vienen y van. Me acomodo en mi asiento, sintiendo que el corazón se me va a salir por la boca. Estoy rodeada de miles de personas, pero por alguna razón, me siento sola con mis pensamientos. Me inclino hacia adelante, con los codos en las rodillas, como si eso me acercara más al césped, a ellos...

—¡Vamos Barça! —grita una señora a mi lado, agitando una bufanda enorme. Me contagia su energía.

En ese momento, la pantalla gigante enfoca a los titulares. Mi mirada se detiene automáticamente en uno.

Número 32 — Héctor Fort.

No lo había reconocido de inmediato. Tal vez por los nervios, o porque no esperaba que alguien tan joven estuviera en la alineación titular. Pero ahí está. Alto, con el pelo oscuro algo despeinado por la cinta que le sostiene, serio, concentrado, con ese tipo de mirada que solo tienen los que nacieron para esto.

—Ese es tu regalo extra —dice Olivia sin apartar la vista de la pantalla—. Me lo agradecerás después.

—¿Quién es? —pregunto, aún sin poder quitarle los ojos de encima.

—Héctor Fort. Lateral derecho. Mejor amigo de Alejandro, hoy es su primer partido en el primer equipo, dicen que juega como si le hubieran puesto fuego en los pies.

Sonrío, porque suena exagerado, pero cuando el árbitro pita el inicio del partido y lo veo correr por la banda, me doy cuenta de que no mentía. Tiene esa velocidad precisa, ese control calculado que parece fácil, pero no lo es. Cada vez que toca el balón, algo en el público cambia. Hay un murmullo distinto, como si todos supieran que en cualquier momento, puede pasar algo.

Me sorprendo a mí misma siguiéndolo a él más que al balón. No porque sea guapo (aunque, vale, lo es), sino porque parece vivir el partido desde otro lugar. Como si el fútbol no solo fuera un juego, sino su lenguaje.

Pasados veinte minutos, hay una jugada peligrosa cerca del área. Héctor intercepta un pase imposible, dribla a uno de los delanteros de la Real y saca el balón limpio como si fuera fácil. Todo el estadio se pone en pie. Yo también.

—¡Qué locura! —grito junto a Olivia aplaudiendo.

El primer gol llega antes del descanso. Un centro de Héctor que acaba en la red gracias a un cabezazo. El estadio explota. Yo también.

Me abrazo con Olivia, gritando como si se nos fuera la vida, como si esa jugada la hubiera hecho alguien que conocía desde siempre.

Cuando me siento de nuevo, con las mejillas rojas por la emoción, le digo bajito a Olivia:

—Nunca había sentido esto.

—Y lo mejor aún no ha pasado —responde con una sonrisa traviesa.


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El partido termina 2-1. Barça gana. El estadio entero se levanta como una ola humana. Cánticos, abrazos, gritos, bufandas en el aire... Es imposible no contagiarse. Yo estoy de pie, con la voz ronca de tanto gritar, con las manos doloridas de aplaudir, y el corazón completamente fuera de control.

No quiero que esto se acabe.

Pero entonces Olivia se gira hacia mí con una sonrisa que ya me da miedo.

—Ahora empieza lo bueno.

—¿Qué? ¿Aún hay más

— Tú sígueme.

Nos levantamos de nuestros asientos y bajamos entre la gente que comienza a irse. A medida que nos acercamos a una zona restringida, empiezo a sentir mariposas en el estómago. Un chico de seguridad nos ve con los collares azules y nos hace una seña. Nos abre una puerta.

Entramos a un pasillo con paredes decoradas con fotos de momentos históricos del club. El murmullo del público queda atrás. Aquí, los sonidos son distintos. Pasos, voces, alguna risa, el sonido de una botella de agua destapándose. Me cuesta tragar saliva.

- No puedo creer que vaya a conocer a jugadores del Barça. Estoy a una pestaña de desmayarme.

- Relájate - dice Olivia, divertida - que no quiero cargar contigo hasta el coche.

Un empleado del club nos guía hasta una pequeña zona donde ya hay otros invitados VIP. La espera se me hace eterna, hasta que empiezan a entrar ellos. Uno a uno. Sonríen, dan autógrafos, saludan.

Y entonces... él.

Héctor entra con el pelo aún húmedo por la ducha, la camiseta ya cambiada por ropa del club, una mochila colgando del hombro. Está riendo con otro jugador, pero cuando levanta la mirada, su vista se cruza con la mía.

Por un segundo, el ruido del mundo se apaga.

Su expresión cambia. No demasiado, pero lo suficiente como para que lo note. Sus ojos se clavan en mí como si reconociera algo que no sabe que estaba buscando. Yo siento calor en la cara. Trago saliva.

- Respira - me susurra Olivia, sin dejar de sonreír.

Él se acerca. No a la multitud. A mí. Directo.

- ¿Todo bien? - me pregunta con una voz que suena más cercana de lo que esperaba.

- Sí. Bueno... más o menos. O sea, sí - respondo, torpe, intentando no parecer una fan más. Spoiler: fracaso.

Él sonríe. Y esa sonrisa va directa al pecho, como un gol en el minuto 90.

- ¿Primera vez en el estadio?

- ¿Tanto se nota?

- Un poco - ríe-. Pero también se nota que disfrutaste.

- Muchísimo. Fue increíble. Sobre todo tu asistencia. Ese centro fue de otro planeta.

- Gracias. Me alegra que te gustara. Siempre es mejor jugar cuando hay alguien especial mirando.

Silencio. Me muero. Literalmente. Olivia se gira de espaldas para no interrumpir, pero sé que se está aguantando la carcajada.

- ¿Tienes nombre o te sigo llamando "collar azul"?

- Melissa.

- Héctor - responde, aunque no hace falta. Ya lo sabía.

Nos quedamos unos segundos más en ese instante raro, como suspendido, donde nadie sabe muy bien qué decir, pero tampoco quiere irse. Me siento flotando, como si el estadio entero se hubiera encogido y solo quedáramos él y yo.

- ¿Nos hacemos una foto? - pregunta él, sacando su móvil.

Asiento. Él se acerca. Clic.

Y cuando se separa, me guiña un ojo.

- Nos veremos pronto, Melissa.

Y se va.

Yo me quedo ahí, con el corazón acelerado, las mejillas encendidas y la sensación clara de que algo ha empezado.

Olivia vuelve a ponerse a mi lado, levantando una ceja.

- Bueno... ¿te gusto tu regalo?

Yo no respondo.

Solo sonrío.