Prólogo — El Reino Fragmentado
Hace mil años, el mundo fue uno.
Un vasto continente donde los siete Elementos Primordiales —Fuego, Agua, Viento, Tierra, Rayo, Hielo y Sombra— coexistían en equilibrio, gobernados por un linaje de reyes sabios y magos inmortales. Su nombre era Elaria, y su centro, el Manantial del Origen, una fuente mística que nutría la magia del mundo entero.
Pero el equilibrio es una ilusión cuando el poder se convierte en deseo.
Fue el Octavo, un elemento prohibido y olvidado —el Vacío—, quien rompió la armonía. Surgió de lo más profundo del Manantial, despertado por un traidor entre los Siete Arcanos. En una noche sin luna, el Vacío devoró el corazón del reino, fracturando Elaria en siete grandes fragmentos flotantes, esparcidos por un cielo sin fin. El cataclismo fue llamado el Cisma del Manantial.
Desde entonces, el mundo nunca volvió a ser uno.
Cada fragmento se volvió un pequeño mundo aislado, sostenido por raíces de magia pura que cuelgan del abismo. Se formaron nuevas casas nobles, nuevas leyes, nuevas guerras. La comunicación entre fragmentos se volvió rara, y los vuelos entre ellos, peligrosos. Los viejos pactos fueron olvidados. Y del Vacío, nadie volvió a hablar… al menos, no en voz alta.
Pero las antiguas profecías no murieron.
Se dice que cuando el Vacío despierte por segunda vez, elegirá a un portador nacido sin estrella, sin elemento, sin linaje. Un niño marcado por la nada, que tendrá el poder de unir... o destruir.
Y en el fragmento más pobre de todos, en un rincón olvidado del mundo, un niño sin estrella está a punto de robar un grimorio prohibido.
Y con él, el destino del mundo comenzará a reescribirse.
![Eres mía [#1]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_4344f13bc3a0abb8b1c504d5bd3ac0a3.jpg)







