Teoría de lo efímero

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Sinopsis

Kate carga con preguntas que no tienen voz y silencios que pesan más que palabras. En su búsqueda de consuelo, tropieza con una presencia que parece entender su dolor... pero no todo lo que calma viene a sanar. Entre recuerdos que duelen y misterios que envuelven el alma, descubrirá que a veces el mayor peligro es aquello que anhelamos con el corazón roto.

Genero:
Drama
Autor/a:
Day
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Una noche de invierno, donde el silencio reinaba en los rincones más oscuros y peligrosos de la ciudad, una chica caminaba sin rumbo. Sus audífonos sonaban a un volumen elevado, la música retumbaba en su cabeza al ritmo de sus sollozos, al compás de sus lágrimas.

Se replanteaba su existencia una y otra vez, a pesar de que no tenía razones evidentes para sentirse así. Su vida no era complicada, no había conflictos familiares, nadie había jugado con sus sentimientos, ni había sufrido por amor. Tenía amigos maravillosos. Y, sin embargo, se sentía tan vacía...

Kate quería sentir. Las risas con su familia y amigos le parecían superficiales, momentos huecos llenos de una alegría forzada. Aquellos días insustanciales en su habitación la estaban desgastando lentamente, como una vela que se consume en la oscuridad.

Sus piernas se movían por pura inercia, sin dirección. Sus medias caían lentamente por el trote, como hojas marchitas agitadas por el frenesí de su andar errático. La tierra húmeda hacía un sonido sordo bajo sus zapatos, un crujido monótono que acompañaba su soledad.

Kate solo deseaba volar...

De pronto, sus pasos se detuvieron. Su respiración acelerada comenzó a calmarse sin que lo notara. Estaba frente a un gran portón gris. Su mirada atravesó los barrotes y lo que vio al otro lado le pareció extrañamente hermoso. Aquel lugar fúnebre, silencioso, con tumbas de mármol que parecían brillar bajo las farolas, rejas oxidadas y altos árboles deshojados, proyectando sombras que danzaban con el viento frío.

Sintió una punzada de envidia por los cadáveres que reposaban ahí.

La vida le parecía absurda, tanto esfuerzo, dolor, lágrimas y humillaciones... solo para acabar en un lugar desolado, rodeada de otros cuerpos que fueron alguien... o tal vez nadie. Quizás desconocidos en vida.

Sumergida en sus pensamientos, no percibió las pisadas que se acercaban desde atrás. La música violenta y ruidosa le robaba cualquier sentido de alerta.

Una mano fría se posó sobre su hombro descubierto. Kate emitió un jadeo ahogado y un escalofrío le recorrió la espalda. Se giró bruscamente, encontrándose con una figura oscura, de gran estatura y silueta masculina.

–¡Disculpas!– dijo el desconocido en un suspiro. –¿Estás viva?–

Kate lo observó, confundida por la oscuridad.

–¿Disculpa, estás bien?– repitió la sombra mientras retiraba lentamente su capucha. Dejó ver un rostro joven, de ojos grandes y piel clara como el amanecer. Su cabello castaño oscuro, con mechones rebeldes, parecía encajar a la perfección con la brisa invernal.

Kate, con el rostro húmedo y lágrimas negras dejando un rastro en sus mejillas, permaneció inmóvil.

–No creo que sea muy seguro que una chica camine sola a estas horas– dijo con tono sincero.

Sin responder, Kate se quitó los audífonos lentamente.

–Te juro que al verte frente al portón, tan pálida y quieta...– sonrió levemente. –Pensé que eras un fantasma–

–Estoy viva. Desgraciadamente, lo estoy– murmuró Kate, sus labios apenas se movieron, pero sus ojos estaban fijos en el misterioso chico.

A pesar de su aspecto intrigante su necesidad de soledad era más fuerte, así que se giró y comenzó a alejarse.

–¿Te irás sola?– preguntó él, con la voz entrecortada.

–Déjame en paz–

–Perdón si te asusté– respondió con nerviosismo. –Me llamo Oliver, vivo cerca de aquí–

–Gracias, pero no es necesario– replicó Kate, sin entender la preocupación del chico.

–Ya terminó mi turno– añadió rápidamente.

Kate se detuvo. Se arregló el cabello con un gesto suave y giró para mirarlo con cierta curiosidad.

–¿Tu turno?–

–Sí, trabajo cerca de aquí, un trabajo de medio tiempo para cubrir mis gastos– explicó, sonriendo con torpeza.

–Entiendo, suerte con eso–

–Te acompañaré– dijo con seriedad. –Voy en la misma dirección, o eso creo–

–Haz lo que quieras, pero no esperes conversación. De todas formas los muertos no me harán daño–

Caminaron. El trayecto fue tenso, envuelto en un silencio espeso como la niebla que los rodeaba. Oliver intentó iniciar conversación más de una vez pero Kate respondía con monosílabos, cortante. Aun así, él no se desanimaba.

La media hora de camino pasó en lo que parecían segundos. Las farolas apenas iluminaban sus rostros, como si la noche no quisiera revelar del todo quiénes eran.

–Ya puedes irte, vivo cerca– dijo ella, deteniéndose.

–¿Estás segura de que no necesitas que te acompañe hasta la puerta?–

–No es necesario, gracias por acompañarme... aunque no te lo pedí– agregó en un murmullo.

Oliver sonrió con calidez, sin ofenderse por su actitud.

–Entonces, nos veremos algún día. Espero que estés bien. Fue un placer conocerte, señorita...–

Kate lo miró con expresión cansada, pero finalmente cedió a su expresión de duda.

–Kate. Me llamo Kate–

Él asintió con una sonrisa leve. Se cubrió nuevamente con la capucha y comenzó a alejarse, pero antes de que la distancia los separara del todo, se detuvo.

–Nos vemos, Kate. Definitivamente... nos volveremos a ver–

Kate se quedó quieta, viendo cómo su figura se perdía en la niebla, y por un segundo, solo uno, algo dentro de ella cambió de ritmo. No era emoción, no era alivio...era una sospecha.